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2020-02-29

Materialismo del bueno




No existe lo sobrenatural ni mucho menos lo divino. Decir que existe algo inmaterial es en el mejor de los casos un atajo del lenguaje y en el peor una incoherencia. No existe el propósito o significado de la vida, ni mucho menos alguna dirección moral en la que se mueva el Cosmos. Vivimos en un mundo amoral, puramente mecánico, y nosotros mismos somos robots hechos de carne. Todas estas son buenas noticias.

A excepción de la última frase, todas las anteriores son consecuencias directamente derivadas de lo que se conoce como naturalismo (no confundir con naturismo) que discutimos extensamente en los episodios 7 y 11 de AutóMata, y que se puede resumir como la postura de que no existe más que el mundo natural. A veces al término naturalismo se le intercambia con fisicalismo, que es algo más específico, o con materialismo, que es equivalente pero tiene otra connotación en el lenguaje popular, fuera de la filosofía y ciencia, como sinónimo del consumismo. En esta ocasión voy a hablar del materialismo como la postura de que no existe más que el mundo material; ya habrá oportunidad para hablar de consumismo y su papá, el capitalismo, más tarde en AutóMata.

*   *   *

No tengo recuerdo de haber creído en nada sobrenatural en mi vida, pero sí recuerdo haber creído que era al menos una cuestión debatible. Eso fue hace muchos años y, muchos libros, artículos, ensayos, debates, documentales y horas de cavilación después, ya no me parece que valga la pena tomar en serio la posición dualista de que existe algo aparte de lo material. Como mencioné antes, los argumentos a favor de que el mundo es puramente material los pueden encontrar en otros episodios. En esta ocasión quisiera enfocarme en las consecuencias de que esos argumentos sean correctos, desde mi propia experiencia como alguien que ha vivido asumiéndolos así desde siempre.

Sobra decir que mi posición es, y siempre ha sido, minoritaria. Recuerdo cuando era niño que siempre estaba confundido por tanto dios, espíritu y fantasma que todos veían menos yo. No solamente otros niños, sino adultos alrededor de mí, en persona o en los medios, hablaban de estas cosas como si fueran algo tan obvio. No sabía nada de lógica ni epistemología aparte de la que ya tenía programada de fábrica en mí, pero podía detectar que algo no cuadraba. Pocas veces me animé a decir lo que pensaba en voz alta—de por sí no hablaba de casi nada con nadie—y el resultado siempre fue... subóptimo. Incluso cuando encontraba a alguien que simpatizara con mi posición (casi siempre era específicamente con mi ateísmo) sus motivos para no creer eran ortogonales a los míos, pues solían estar motivados por la conspiración más que por la verdad. Que la religión sirviera para controlar a la gente o pagar los abogados de pederastas no me interesaba tanto como saber si era cierta, que es algo muy distinto y, curiosamente, relativamente más fácil de contestar (la respuesta es no).

Más frustrante para mí era la palabra "espiritual". Nunca entendí qué quería decir la gente que la usaba y me confundía más que ellas tampoco. Una cosa era que otras personas supieran algo que yo no y otra era que no lo supieran pero le pusieran nombre de todos modos. Hasta ahora no he encontrado un solo ejemplo del uso de esa palabra que caiga en el primer caso. En la mejor de las situaciones, la palabra "espiritual" colapsa a términos puramente terrenales como "reconfortante" o "recreativo". Para no decepcionarme de la gente, cuando dicen "hacer X es una actividad espiritual para mí" en mi mente lo traduzco como "hacer X me gusta"; no hay diferencia efectiva. Sin embargo, muchas veces la palabra designa un cúmulo de supersticiones y sinsentidos que me indican que la conversación va a ser muy corta, muy frustrante, o ambas. Ahora simplemente escucho lo mínimo necesario por educación y en cuanto puedo cambio de tema o me voy. La mayoría de las veces me voy.

Entre los artículos más antiguos aquí en AutóMata está uno sobre la inexistencia del libre albedrío, que próximamente grabaré en audio también y que tiene que ver con el título de este proyecto. Esta es otra cosa en la que mucha gente cree (incluso algunos ateos y otros materialistas) que a mí me parece, cuando mucho, una discusión sobre semántica. El argumento completo de que el libre albedrío no existe lo encuentran en aquel artículo y en muchos lados más; el resumen de mi postura es que tenemos albedrío en cuanto a que somos los autores de nuestas decisiones, pero éstas no son "libres" en el sentido de que estén mágicamente exentas de las reglas del mundo natural, porque la magia no existe. La palabra "decisión" es un atajo para procesos puramente mecánicos que, por más complicados y desconocidos que sean por ahora, no controlamos voluntariamente. La distinción entre mente y cuerpo no me es más significativa que la que hay entre software y hardware en una computadora.

*   *   *

Me levanto cada mañana por la mismas razones que todos: el sueño no me alcanza para suprimir la incomodidad de un estómago vacío y una vejiga llena, suena mi alarma o, más recientemente, un perro me mordisquea y me lame la cara o el pie. Incluso los admiradores más fanáticos de los existencialistas o nihilistas, esos que tienen pósters de Albert Camus y Nietzche en su cuarto, se levantan de la cama cada mañana por las mismas razones físicas. A estas alturas la gente como yo numeramos en los cientos de millones alrededor del mundo, y cada día nos levantamos a enfrentarlo como los demás. Si estuviéramos en la desesperación existencial, cometiendo actos de vandalismo y suicidio colectivo, ya se hubieran enterado. Basta con ver las noticias para notar que la mayor parte de los desmanes que sufre la humanidad es cometida por la gente que más cree en la magia. En palabras del neurocientífico Sam Harris, ninguna sociedad ha caído en la tiranía y el caos porque sus habitantes se volvieron demasiado razonables.

Una vez que ya me levanto de la cama sigo con la búsqueda de café y alimento y, dependiendo del día de la semana, me preparo psicológicamente para el tráfico que me espera. Hago cosas porque me gustan, porque me gusta suficiente lo que me pagan por hacerlas, o ambas. No necesito un amigo imaginario con un látigo que me diga que tengo que hacer estas cosas y otras más, como hacer una donación mensual a Save the Children o simplemente tirar la basura en su lugar. Es precisamente porque creo que este mundo es el único que procuro cuidarlo y mejorarlo. Si hago las cosas porque me gustan o me convienen eso es suficiente: de todos modos las hice y sus consecuencias son igual de reales. No gano nada con decir que estoy cumpliendo con mi propósito al hacerlas, en primer lugar porque no hay tal cosa y en segundo porque es innecesario. Decir que estoy haciendo mi deber sería todavía peor, porque no se puede ser virtuoso si solamente se está siguiendo órdenes, aparte de que no se puede seguir órdenes de un ser imaginario.

Cuando escucho música como Muerte y Transfiguración de Strauss o el final de la Segunda de Mahler se me pone el pelo de punta igual que a cualquier creyente, y tamborileo los dedos y hasta canto con una rola de Creedence. Disfruto del cine y del deporte, y he tenido mis momentos de felicidad, sublime o sencilla, por enorgullecer a mis padres o acariciar a mi perro. Nada de esto requiere nada más allá de lo mecánico y lo material.

Esta observación tiene un corolario importantísimo: lo material es mucho más interesante que cualquier superstición dualista que se le haya ocurrido a un humano "espiritual". La profundidad que ofrece no solamente es mayor que la de cualquier místico, sino que además tiene la ventaja de ser real y autoconsistente. Hay cosas que no sabemos, pero eso es muy distinto a decir que creemos cosas incoherentes o de plano falsas. De todas las preguntas que ha tenido la humanidad, sobre sí misma y su mundo, todas las que han sido respondidas han tenido una respuesta natural. No ha habido una sola explicación material de un fenómeno—ni una, en toda la historia—que haya sido desbancada por otra explicación sobrenatural mejor.

Esta es una visión, además, profundamente optimista: si el mundo es un mecanismo, lo podemos comprender. Si lo podemos comprender, lo podemos manipular a nuestra conveniencia. Sin dioses ni espíritus que nos impongan sus reglas somos libres de definir lo que nos conviene.

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En todo esto hay una desventaja que puedo resumir robándome el título de uno de los libros de la politóloga Francesca Polletta: la libertad es una junta sin fin. Al principio mencioné que es una "buena noticia" que el mundo sea puramente material e, inmediatamente, dije que este diagnóstico en sí no se puede derivar de que el mundo sea material. Un Cosmos amoral es incapaz, por definición, de decirnos qué deberíamos hacer, por más que lo comprendamos. En un sentido más literal, no debemos hacer nada. Todos los objetivos que nos planteemos son opcionales. No hay mandamientos escritos en las estrellas ni en las partículas fundamentales. Para marcar el rumbo que queremos seguir debemos ponernos de acuerdo. De ahí lo de las juntas sin fin.

Hay una complicación menor, que son las personas psicópatas que realmente quieren destruirlo todo al estilo Joker, por diversión, porque por qué no. Afortunadamente, entre los demás podemos ponernos de acuerdo para tratar a estos individuos de manera humana al mismo tiempo que los relegamos a instituciones o los ayudamos a aprender a convivir, de modo que todos ganamos o al menos no todos perdemos. El problema real son las personas que tienen creencias dañinas a pesar de que no son psicópatas, porque sufren la patólogía (curable) del pensamiento mágico, al que consideran una especie de virtud. Para efectos prácticos da igual si éste se manifiesta como Esoterismo, Ley de la Atracción, Islam o Comunismo: es una incomprensión del mundo que ve fuerzas y motivos sobrenaturales o al menos sobrehumanos donde no los hay. Los argumentos son miles y muy interesantes, pero para llegar a la conclusión basta con ver la evidencia de la realidad: si esta gente pudiera realmente divinar el futuro, ya se hubiera ganado la lotería; si estuvieran construyendo paraísos terrenales y utopías la gente no se les saldría nadando.

Es precisamente porque los resultados del pensamiento materialista dan resultados materiales que cualquiera, sea de la religión, superstición o ideología que sea los puede ver. Hay solo una realidad y tiene solo un conjunto de reglas, que son las mismas que hacen que la física nuclear funcione y el comunismo no, sin importar lo que crean quienes los practiquen. Obviamente la política o la economía no se van a estudiar con física fundamental o biología, pero sí deben al menos ser consistentes con ellas. Fundamentalmente, no puedes crecer tu economía solamente imprimiendo billetes por la misma razón que no puedes doblar cucharas solamente pensando. Algunas cosas sí son realmente absurdas.

El hambre y el dolor son reales porque son fenómenos físicos. También lo son la saciedad y el placer. Como no hay nada metafísico que nos lo impida, podemos ponernos de acuerdo y procurar tener menos de los primeros y más de los segundos, para lo cual necesitamos resolver problemas como ya lo hemos hecho hasta ahora. Nungún problema que ha solucionado la humanidad—ni uno—ha tenido una solución inmaterial. Por otro lado, las preguntas que supuestamente no tienen una respuesta natural ni siquiera son coherentes, como el significado de la vida y otras tarugadas pseudoprofundas similares.

*   *   *

El filósofo y neurocientífico Joshua Greene tiene una analogía muy útil para el razonamiento moral que se dedica a estudiar. Una cámara fotográfica moderna tiene varios modos automáticos predefinidos que permiten configurar la cámara rápidamente para muchas situaciones comunes: un modo nocturno, retratos, interiores y cosas así. Por otro lado, si uno quisiera también se puede usar la cámara en modo manual, en el que uno mismo define una docena de variables cuidadosamente con los controles de la cámara y quizá recursos adicionales como iluminación o vestuario especial. Es más complicado que usar el modo automático pero a veces se requiere y puede dar resultados geniales en manos de un experto. De la misma manera, los humanos navegamos de una situación a otra pasándonos de modo automático a manual según sea conveniente, no solo en el razonamiento moral, sino en nuestras vidas profesionales y personales. Para la mayoría de las cosas el modo automático es suficiente, pero a veces tenemos que detenernos, poner el modo manual, y pensar cuidadosamente.

Si me preguntan cómo deberíamos tratar a un psicópata que ha cometido un crimen horrendo, entonces me paso a modo manual y recuerdo que nadie "escoge" ser un psicópata, con todo lo que eso implica en cuanto a encarcelamiento y rehabilitación. Lo mismo va para la legalización de drogas, política energética, violaciones a derechos humanos o mi voto en elecciones. Entonces sí, me paso a modo manual ultramaterialista y hago lo mejor que puedo por pensar en términos claros sobre qué existe y qué no, qué es una cuestión empírica y para dónde apunta la evidencia, qué suposiciones se están haciendo a escondidas y todo lo demás.

Pero la mayor parte del tiempo la paso en modo automático. Pienso sobre mi vida en muchos de los mismos términos que todos, incluyendo propósitos, logros, decisiones y deberes (aunque sin nada de religión ni espiritualidad). Si tuviera que calcular y justificar todo en términos de partículas fundamentales y sus patrones realmente no podría levantarme cada mañana. Cuando me invitan a comer y me preguntan qué quiero, lo digo; no me pongo a pensar sobre la incoherencia del libre albedrío. Si veo una película de horror o fantasía no me pongo a tratar de hacer una teoría de la ectoplasma. Simplemente me quedo en modo automático y disfruto la comida y la película como cualquiera.

Esta flexibilidad es permitida, precisamente, porque a la materia no le importa cómo viva uno su vida. Que la vida sea en sí un mecanismo permite imaginar que la podemos entender, ajustar y mejorar como queramos, cosa impensable bajo los dogmas y supersticiones de la religión. Sí, algunas cosas son imposibles pero, dentro de lo que sí es posible, tenemos mucho más control de lo que cualquier sacerdote o ideólogo pensaría. Y eso es una excelente noticia.

2019-11-25

Naturalismo



La ontología más general típicamente asociada al ateísmo es el naturalismo: existe solamente un mundo, el mundo natural, que exhibe patrones que llamamos "las leyes de la naturaleza", y que se puede descubrir mediante los métodos de la ciencia y la investigación empírica. No hay un mundo aparte con lo sobrenatural, espiritual ni divino; no hay tampoco una teleología cósmica o propósito trascendental inherente en el universo ni en la vida humana. "Vida" y "conciencia" no denominan esencias aparte de la materia; son formas de hablar de los fenómenos que surgen de la interacción de sistemas extraordinariamente complejos. El propósito y el significado en la vida surgen fundamentalmente a través de actos de creación humana, y no son derivados de nada fuera de nosotros mismos. El naturalismo es una filosofía de unidad y patrones que describe a toda la realidad como una red continua.

—Sean Carroll, en The Big Picture
Usando a la religiosidad como un indicador indirecto de creencia en lo sobrenatural, el naturalismo—no confundir con naturismo—es por mucho una posición minoritaria. Inclusive entre la relativamente minúscula población de ateos existen alusiones insistentes a la espiritualidad, a trascender, a descubrir propósito. Esto es un impulso humano, probablemente, y difícil de evitar. Aún así está mal y no aporta nada que sea mejor que la alternativa: la visión naturalista no solamente es la correcta, sino que es la que más prosperidad y bienestar ofrece.

Antes que nada, creo conveniente establecer que lo sobrenatural—sea espiritismo, telequinesis, brujería, clarividencia, vida después de la muerte, fantasmas, dioses o lo que sea—no solamente no existe, sino que no puede existir, porque es incoherente. Quienes afirmen haber detectado algún fenómeno sobrenatural, necesariamente lo habrán hecho por medios naturales, es decir, físicos : vieron algo, oyeron algo, sintieron algo. Lo que sabemos del mundo físico va creciendo continuamente y quizá sea todavía poco comparado con lo que queda por saber, pero ya es más que suficiente para descartar todo lo sobrenatural.

Si alguien propone que grabó un fantasma en video, supongamos, y si se supone que ese fantasma está hecho de alguna sustancia—ectoplasma, materia espiritual o como le quieran llamar—¿cómo llegó al video si no mediante un fenómeno físico? Los detectores CCD de una cámara digital los hicimos usando lo que sabemos de electromagnetismo o, más específicamente, de electrodinámica cuántica. Quien afirme que logró capturar en video a un fantasma está haciendo la declaración, quiera o no, de que la electrodinámica cuántica está mal, incompleta o que, sin querer, automáticamente incluye también a la electrodinámica ectoplásmica. Tenemos los libros con las ecuaciones detalladas que, los creyentes dicen, están mal o incompletas. Pero curiosamente nunca pueden decir cuáles, ni en qué.

Llama la atención, hablando de electrodinámica cuántica, cuánto las creencias en lo sobrenatural dicen basarse en ciencia, cuando es ésta la que más las contradice. En un debate en Caltech en 2006, el confundidísimo charlatán Deepak Chopra se la pasó vomitando ensaladas de palabras con aderezo cuántico y no se le ocurrió que había entrado a una madriguera de físicos teóricos. En la sesión de preguntas, el físico Leonard Mlodinow lo confrontó (muy amablemente), diciéndole "...entiendo lo que significa cada una de las palabras que dices, pero todavía no entiendo de qué estás hablando". Obviamente, Chopra no pudo hacer más que cambiar de tema con más ensaladas de palabras, sobre el infinito y quién sabe qué más:


La lección de la mecánica cuántica—que ya exploraremos aquí en AutóMata—no es, ni de cerca, que el materialismo esté limitado u obsoleto. Al contrario, como todos los descubrimientos científicos, la lección es que el mundo material es mucho más interesante que cualquier superstición "espiritual" que se le pudiera ocurrir a un humano. Una y otra vez, la explicación de un fenómeno resulta ser un patrón en el mundo natural. No hay una sola explicación natural de un fenómeno que haya sido reemplazada por otra explicación sobrenatural mejor. En toda la historia de la humanidad, ni una.

Cada vez que lo sobrenatural tiene la oportunidad de ganarse un Nobel de física, química o medicina, fracasa. Todo lo que se pudiera explicar proponiendo la existencia de lo sobrenatural puede explicarse, con menos suposiciones y muchísima más evidencia, proponiendo la existencia de gente confundida. Los videntes, por alguna razón, no se ganan la lotería; por la misma razón, los curanderos no se acercan ni por accidente a una sala de quemaduras o amputaciones en un hospital.

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Sobra decir que el alma no existe tampoco, siguiendo el mismo modo de argumentación aplicado a los fantasmas: ¿cómo puede una entidad física, como el cuerpo humano, interactuar con algo no-físico, como el alma? Algún componente físico es necesario para, digamos, mover un brazo o abrir los ojos, porque estos movimientos son físicos. ¿Cómo "empuja" o "jala" el alma a los mecanismos del cuerpo o el cerebro, si no está hecha de nada físico? ¿Qué está haciendo el alma que no haga por sí solo el cerebro?

Ya que andamos en eso, sabemos que la mente (a veces usada como sustituto del alma) es una función del cerebro. Es un proceso físico, o químico o biológico, si así lo prefieren, que es ejecutado por el cerebro. Faltan muchos detalles, pero aún lo más burdo de lo que sabemos es ya incontrovertible: dañas al cerebro y dañas a la mente. Si no, ¿qué creen que hace el Alzheimer? ¿Qué creen que hace una lobotomía? ¿Cómo creen que funciona la anestesia?

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Aunque todo se pueda reducir, en principio, a objetos y mecanismos de física fundamental, esto no siempre es lo más práctico. La física de partículas debe ser consistente con, digamos, la economía, pero sería imposible e impráctico tratar de derivar la economía a partir de la física de partículas. Afortunadamente, puede describirse el mundo en términos perfectamente naturales a distintos niveles, algo que el físico Sean Carroll llama naturalismo poético. Por ejemplo, podemos hablar de un smartphone como un dispositivo con un cierto sistema operativo y aplicaciones, o como una colección compleja de circuitos integrados y otros componentes electrónicos, o como moléculas y partículas fundamentales. Todas las descripciones son válidas y equivalentes. En el naturalismo poético, algo es "real" si juega un papel esencial en una descripción natural coherente.

Lo que conecta un nivel de descripción natural con otro es la emergencia, en el sentido de emerger, definida como la presencia de propiedades en una descripción natural que no se encuentran en otra descripción más fundamental. Un caso fácil de entender es la temperatura de un objeto, propiedad que emerge de la energía cinética de las partículas individuales que lo componen pero que no existe en ninguna de ellas (es un sinsentido hablar de la temperatura de una sola molécula). Una vez que uno se ubica en un nivel que en principio se puede derivar de otro más fundamental, puede tomar sus propiedades básicas como fundamentales y seguir describiendo al mundo en ese nivel sin problema. En principio, todas las propiedades de un nivel de descripción se podrían derivar de los niveles que le son más fundamentales (algo conocido como reduccionismo), pero no es necesario hacerlo para empezar a estudiar. El concepto de temperatura se usó, incluso de manera científica, mucho antes de que se supiera su origen en la energía cinética de las partículas.

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En nuestras vidas diarias, inclusive los naturalistas más radicales nos movemos con propósitos, tomamos decisiones, planeamos para el futuro, tratamos de darle sentido a lo que hacemos. Ninguna de esas cosas existe en las descripciones naturales del mundo, especialmente las más científicamente rigurosas, a ningún nivel. El filósofo Wilfred Sellars propuso que una visión moderna de lo que hace la filosofía es reconciliar, en la medida posible, el mundo como se nos manifiesta con el mundo como realmente es. Los humanos nos contamos historias, le atribuímos sentido a nuestra existencia y la de los demás, sentimos, pensamos, planeamos para el futuro. Las partículas fundamentales, obviamente, no.

Al principio mencioné que no había que confundir el naturalismo con el naturismo: la creencia de que lo natural es bueno y que es una falacia sumamente común, irónicamente, entre quienes veneran a lo sobrenatural. Saber cómo son las cosas no nos dice nada acerca de cómo deberían ser, y por lo tanto explicar que algún fenómeno sea natural no implica excusarlo : la violencia parece ser parte de la naturaleza de todos los primates, incluyéndonos a los humanos, pero hemos optado por usarla cada vez menos y, (casi) todos estamos de acuerdo, eso es bueno.  También hemos manipulado a lo natural para deshacernos de la viruela, y para aprovechar la física y la química para producir energía que de otra manera no existiría.

El filósofo y físico Tim Maudlin cuenta una parábola interesante. Imaginemos que hay dos jugadores de ajedrez, hombre y mujer, que son pareja  y tienen una hija. Deciden inculcarle el juego cuanto antes, enseñándole todo lo que pueden, llevándola con maestros e inscribiéndola en torneos. Tienen grandes visiones y ambiciones para su hija como ajedrecista y sí, la niña se hace muy, muy buena para el ajedrez. Pero hay un problema: a ella no le gusta el ajedrez. Le parece solo un juego aburrido e inútil. Ella quiere hacer otra cosa, dedicarse a algo más. Quizá las artes, o una ingeniería o lo que sea, menos ajedrez.

¿Concluiríamos que su vida carece de propósito, por haber rechazado el plan de sus creadores? ¿Y qué si hubiera sido libre, desde el principio, de hacer su propio propósito? En un mundo puramente natural, no existe propósito, ni bien ni mal, aparte del que nosotros hagamos. ¿Y para qué queremos más?

La gente creyente en espiritualidad o religiones no se imagina cómo sería vivir así, libre. Los filósofos existencialistas consideraban una especie de absurdo tener que enfrentar semejante situación (que, por cierto, consideraban la situación real). ¿Por qué levantarse por la mañana—preguntan—si todo esto es para nada? ¿Por qué vivir en lo absoluto, si todo terminará y, además, terminará en la nada? Como dijo Albert Camus, ¿debería suicidarme o tomarme un café?

Con una visión natural del mundo, uno se levanta por la mañana por la misma razón que todos los demás: porque tiene el estómago vacío y la vejiga llena. Eso, y para tomar café. Y para hacer cosas que nos gustan o nos pagan dinero. Inclusive la gente que tiene pósters de Camus y Nietzche en su cuarto lo hace. Conocer cómo funciona el mundo es lo que nos permite manipularlo a nuestra conveniencia y disfrutarlo, le importe o no a quien sea, o a nadie. Aparte de lo que digan las leyes fundamentales del universo, nada es obligatorio ni está prohibido. No tenemos que hacer nada aparte de lo que decidamos hacer.

Que nuestras vidas sean finitas no implica, de ninguna manera, que sean poco valiosas, sino al contrario. Deberíamos, ya que estamos aquí, aprovechar. Nadie escucha una pieza de música genial, como una sinfonía, y a mediados del tercer movimiento dice "Ah, pero esto no tiene caso, porque llegará el cuarto movimiento y luego se terminará. Buuu." Por otro lado, en la peor miseria humana, a nadie le consolará que le digan "Lamento lo de tu cáncer, niño, pero no te preocupes, porque es para nada y luego se acaba." Precisamente porque estamos en un mundo puramente físico, estas experiencias son reales. Cuando alguien muere, realmente se muere. La vida no es una ilusión, ni un ensayo para el número estelar que le sigue. Este es el número estelar. Tenemos todo por ganar—o perder—si lo entendemos así.

2018-10-28

Crónica de una apostasía anunciada

Como si fuera un mal chiste sobre el colmo de un ateo, a mí me bautizaron dos veces. La primera fue en el hospital pocos días después de nacer, porque iba a entrar a cirugía para corregir un píloro intestinal cerrado, y se tenía que hacer de emergencia y por si acaso (el bautizo, no la cirugía—esa era de rutina inclusive en 1982—). La segunda, ya formal, ocurrió unos meses después. Aparte de eso, ya no tuve contacto más con la fe católica, sino apenas por lo que oía de compañeritos en la escuela. Yo nací ateo como todos pero, a diferencia de la mayoría, yo así me quedé.

Así que imaginarán mi indignación unos años después cuando, al preguntarme mi madre si quería ir al catecismo y hacer mi primera comunión, yo, el ateo de ateos de siete años, contesté que obviamente no, y que era ridícula la pregunta dado que yo ni era creyente y ni siquiera estaba bautizado. Entonces ella me contó la triste historia del párrafo anterior y me indigné tanto como puede un chamaco de aquella edad. De todos modos mis padres honraron mi decisión y no tuve que hacer ningún sacrificio de mi infancia en el catecismo.

Muchos años después haría presencia en algunas pocas misas al año por acompañar a alguna novia, pero mi relación con la iglesia era solamente eso, presencial y bajo cierta coerción. En aquellas ocasiones, supuestamente por respeto, me sometía al humillante ritual de sentados-parados-sentados-hincados-parados... (en la iglesia nadie piensa en respetar a los feligreses, al parecer), pero ya de adulto solamente me quedaba sentado en silencio, lo que me valió uno que otro codazo femenino en las costillas. En fin, mi disimulo llegó a tal habilidad que, cuando lo encontré conveniente, pude disimular ser sumamente pendejo y hacer mi comunión y confirmación a la tierna edad de 28 años, para casarme (ese es otro artículo ya antiguo y lo pueden consultar aquí).

Dice la Ley de Poe que, entre un creyente sincero, alguien que está fingiendo, y alguien que meramente está insano, no hay manera de distinguir. También dice Woody Allen que lo bueno de ser inteligente es que cuando te conviene te puedes hacer pendejo, mientras que al revés es imposible. Hacerse pasar por católico es una combinación de estos dos preceptos, y sospecho que es común en otras religiones. Uno pensaría que la eterna salvación requeriría algo más de compromiso y sinceridad que lo que tuve que hacer yo, pero supongo que si subieran los estándares rápidamente se quedarían sin gente en el cielo. Así que pendejo me hice.

*   *   *

A casi diez años de ese acto de disimulo, por alguna razón—tal vez por la edad—me encuentro cada vez menos y menos dispuesto a hacerme pendejo. Para incomodidad de la gente a mi alrededor, me he dedicado a pequeños actos de heroísmo ético, como contestar honestamente en encuestas sobre el kinder de mi hijo que la directora es una estúpida; o recordarle calmadamente a vendedores por teléfono que la vida es corta y deberían buscar otro empleo después de que les cuelgue en 3,2,1...; mandar a mis vecinos fotos de sus perros cagando en jardines ajenos; y dar pláticas de divulgación en las que le recuerdo a la gente que dios no existe, entre otros actos de misantropía virtuosa.

Desde hace algunos años había escuchado un rumor—bueno, leído, más bien—en internet, respecto a cómo abandonar formalmente a la Iglesia Católica. El trámite se llamaba apostasía latae sententiae (algo así como "ya consumada") y era un trámite que uno podía hacer, al menos en Europa. En aquel tiempo me había parecido un trámite difícil, pues mencionaba la gente que uno necesitaba ir al templo donde lo habían bautizado por primera vez. Viviendo en Guadalajara, no veía manera de trasladarme a Ciudad de México para hacer el trámite, y además necesitaba sacar cita con los del arzobispado de allá, o tal vez los de aquí, o tal vez todos, y encontrar mi fe de bautizo original o una reciente o ambas. En fin, no estaba clara la información de cómo hacer el trámite y me parecía más difícil hacerlo que hacerme pendejo.

Pero ya no más.

Gracias a la atención que ganó el trámite de apostasía en Argentina hace unos meses en respuesta al voto fallido para legalizar el aborto, me puse a investigar y, para mi alegría, la apostasía ya es una realidad en México y en principio ya tenía todo lo necesario para tramitar la mía. Seguí las instrucciones que me encontré en varios sitios web, empezando por buscar mi fe de bautizo original (la tenía a la mano gracias a que la usé unos años antes cuando me casé) y luego hice algunas llamadas. Pensando que tendría que hacer el trámite en la Ciudad de México, llamé a la notaría del arzobispado de allá. Yo iba a ir a CDMX de todos modos por un par de semanas, así que estaba preparado para aprovechar, pero la mujer que me atendió me dijo que era posible hacer el trámite en Guadalajara, aunque mi bautizo no hubiera sido ahí.

Tras algo de investigación fui a dar con el teléfono del Pbro. Jesús García Zamora, Vicario General del Arzobispado de Guadalajara, con quien tuve una breve conversación por teléfono:

 —Hola, ¿Jesús García Zamora?

 —Sí, a sus órdenes.

 —Quiero hacer un trámite y todo parece indicar que es con usted.

 —Sí, ¿qué trámite?

 —Quiero tramitar mi apostasía.

 —Ah sí... eso. Bueno, pues tráete tus documentos y vente de lunes a jueves para platicar un rato, de 10:00 a 13:30...

Me explicó que la fe de bautizo sí debía ser reciente y que la podía pedir por paquetería llamando a la parroquia donde me bautizaron. Decidí aprovechar mi viaje a CDMX para acudir en persona por el documento. Quedé de aparecer en su despacho en tres semanas.

 —Ándele pues, aquí lo esperamos.

* * *

San Jacinto, San Ángel, Ciudad de México.

La parroquia de San Jacinto en San Ángel es un lugar bonito, si se deja de lado que es una parroquia. Tras algunas vueltas por fuera, al fin encontré la entrada a la notaría, donde una mujer bizca me preguntó en qué me podía ayudar. Le dije que necesitaba un acta de bautizo reciente y que traía la original con los datos.

 —¿Para qué trámite la quiere?

¿Para qué le importa? es lo que le iba a contestar, pero lo pensé mejor. En el registro civil uno pide un acta de nacimiento y no le preguntan para qué es. Pensé que sería así, pero meterse en la vida de las personas es la chamba de esta gente. Rápidamente busqué el nombre del trámite en mi teléfono y se lo mostré:

 —Es para una apostasía—dije, acercando el teléfono a ella—, se escribe en latín, mire...

Era evidente que no tenía idea de lo que era una apostasía ni sabía nada de latín, pero eso nunca había detenido a un católico de hacer lo que se le dicía antes, así que lo anotó en la solicitud.

 —¿Para qué parroquia es?

 —Es para el Vicario General en Guadalajara, Jesús García...

A la salida, me encontré en un edificio cuadrado con un bonito jardín en el centro, con pilares sosteniendo los pisos de arriba. Como mal guión de cine, encontré los clichés apropiados esperándome:

De qué sirve al hombre ganar todo el mundo, si al fin pierde su alma? Mateo 16:26.
El que es incrédulo, no tiene dentro de sí una alma justa. El justo, pues, en su fe vivirá. Habacúc 2:4. Curiosamente, el primer enunciado no está en el original, sino que se lo inventaron, supongo, los de la parroquia.  
Creo que el justo preferiría a sus niños sin violar, gracias. Yo me voy de aquí.

*   *   *

Junto con la fe de bautizo, a uno le piden llevar a la entrevista una copia de su identificación oficial (porque quizá un impostor podría darlo de baja de la Santa Iglesia, ha de saber usted) y una carta explicando los motivos para abandonar la iglesia.  Reproduzco íntegro el texto de la carta que llevé:

Pbro. Jesús García Zamora, Vicario General

Me dirijo a usted para manifestar mi deseo de formalizar mi apostasía de la Iglesia Católica, siendo que nunca he creído en ninguno de sus preceptos pero aún así fui bautizado, sin mi consentimiento, en mi infancia. Recaigo en los cánones 381.1 y 393 del Código de Derecho Canónico, con el objeto de solicitarle iniciar mi proceso de excomunión latae sententiae.

Esta es una decisión que he tomado y ratificado, mas no ejecutado, desde que tengo memoria. Yo nací ateo como todos pero, a diferencia de muchos más, así permanecí. Nunca he creído en ningún dios, la salvación, el pecado, ni nada más allá de lo material. Siempre he considerado a la Iglesia Católica una reliquia oscurantista del pasado supersticioso de la humanidad y, además, promotora de ideas altamente nocivas para nuestra sociedad.

Las revelaciones cada vez más frecuentes del encubrimiento deliberado de pederastas han sido lo que me ha llevado a, por fin, alinear mis acciones con mis convicciones. Dentro de muchos años, cuando la gente me pregunte qué hice mientras niños eran violados y sus victimarios protegidos, quisiera poder contestar con algo mejor que encoger los hombros. Habiendo ya hecho mi parte al no participar en el catolicismo en lo práctico, lo último que me queda es manifestar mi desacuerdo de manera oficial, terminando así con más de una treintena de años de desidia y conflicto interno. Haga lo que haga la Iglesia de aquí en adelante, no será a mi nombre.

El sustento legal de mi petición lo menciono por formalidad, ya que usted seguramente ya lo conoce. Primeramente se encuentran las normas nacionales e internacionales a las que está suscrito nuestro país y que declaran y protegen la libertad de creer o no según se desee, como por ejemplo el Artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas y el Artículo 18 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de las Naciones Unidas. Nuestra propia Constitución en su artículo 24 garantiza la libertad de credo. Entonces, ratifico que no deseo pertenecer a la Iglesia Católica Apostólica Romana, ni estar vinculado a ella de manera alguna, ni autorizar a esa institución a que lleve registro alguno sobre mis creencias ni mucho menos que me cuente entre los suyos.

Hasta aquí se cubre a lo que yo tengo derecho, pero además la Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de los Particulares indica qué procede de su parte, ya que protege los datos personales asentados en archivos, registros, bancos de datos, u otros medios técnicos de tratamiento de datos, informatizados o no, y considera datos personales sensibles a aquellos que revelen las convicciones religiosas, filosóficas o morales de las personas. Por esto, siendo no más un miembro de la Iglesia Católica Apostólica y Romana, tengo pleno derecho de solicitar la cancelación mis datos en posesión de dicha institución.

Agradeceré su respeto y atención para completar este trámite de forma expedita.

Pablo Héctor Mata Villafuerte
Tras más de dos horas de hacer fila, por fin me recibió el vicario en su oficina. Se había retrasado y ya eran más de las dos, por lo que yo tenía mucha hambre y estaba algo malhumorado, pero me comporté lo mejor que pude. Fue muy amable, me invitó a sentarme con calma a pesar de que ya era mucho más tarde que su hora de salida, y comenzamos a platicar mientras leía el texto anterior. Empezó por preguntarme varias veces si estaba seguro y me recordó todos los sacramentos a los que perdería derecho y todo eso. Yo dije que sí a todo. Luego preguntó:

 —Dime, ¿qué te llevó a querer hacer este trámite por escrito? Es decir, tú no crees ni nada, ¿no te basta con eso?

La misma pregunta harán muchos lectores e inclusive ateos: ¿Si no crees en la iglesia, por qué sí crees en su trámite? Y respondo lo que le contesté al vicario en ese momento y a lo que alude parcialmente la carta: no creo que escribir unas palabras en latín junto a mi nombre en alguna lista vaya a tener efecto en mi salvación o falta de ella. Pero la iglesia sí. Por eso lo estoy haciendo. Para llamarle la atención a ellos. Dentro de años, cuando mi propio hijo me pregunte qué hice yo mientras miles de niños eran violados y sus victimarios protegidos, quisiera poder contestar con algo mejor que decir "Uuu, pues yo qué hacía, al cabo no creía en eso." La iglesia sí cree que las palabras en latín son mágicas y, si no se reforma, la gente como yo usaremos esas palabras y otras para obligarla.

Quiso entonces el vicario cambiar de tema, preguntándome que qué era peor, si la pederastia o el aborto. Pensé por un momento en todos los argumentos al respecto, pero opté por la salida diplomática y dije:

 —Mire, podemos entrar en todos los argumentos uno por uno si quiere, pero ya es muy tarde y me quiero ir a comer, seguramente usted también. Pero órale, si quiere podemos empezar con algunos escenarios hipotéticos. Imagínese que...

Movió la mano, en ademán de decir "basta" y, a continuación, me despidió invitándome a buscar la verdad y reconsiderar (en esto se tardó varios minutos, explicando que debía ponerme a investigar y aprender más sobre el tema; logré contenerme y lo dejé terminar—por eso soy ateo, idiota, quería decir—). Finalmente, me firmó de recibido y reiteró que, si cambiara de opinión, sería bienvenido de regreso:


*   *   *

Lo que pasa a continuación es esperar al documento "oficial" en el que quedo formalmente excomunicado de la Iglesia Católica. Por lo que investigué esto puede tomar varias semanas (supongo que para darme oportunidad de reconsiderar). En cierto modo está fuera de mis manos el trámite de aquí en adelante, aparte de llamar o ir en persona a hacer presión. Cuando tenga ese documento lo agregaré a este artículo como una actualización. Aún así, espero que mi experiencia hasta este punto sirva a otros para tomar la iniciativa y hacer al mundo un poco mejor. Es más lío, al menos en México, sacar una licencia de conducir o tramitar el pasaporte.

Leí en algún lado a la gente del arzobispado en CDMX diciendo que eran cada vez más los que hacían este trámite, unos 10 o 15 al año. Para mí eso es escandalosamente bajo: deberían ser 10 o 15 diarios en cada parroquia en todo el mundo. Eso sí que los haría reaccionar. Pero no vamos a llegar a ese nivel encogiéndonos de hombros.

2018-03-02

Por qué la Ciencia es Atea



"Bienvenida al Infierno de la Ciencia, profesora. Éste es Toño, una vez vio un video en Internet sobre su especialidad y pasará la eternidad explicándoselo."


Actualización, 5 de marzo 2018: Agregué algunos comentarios sobre cómo salió la plática al final de este artículo e hice algunas correcciones de dedo y estilo en el texto principal.
El ateísmo no es una filosofía; ni siquiera es una visión del mundo. Es simplemente un rechazo a negar lo obvio. Desafortunadamente, vivimos en un mundo en el que lo obvio es ignorado por cuestión de principio. Lo obvio debe ser observado, re-observado y argumentado. Este es un trabajo malagradecido. Lleva consigo un aura de irritabilidad e insensibilidad. Es, sobre todo, un trabajo que el ateo no quiere.

—Sam Harris, en su Manifesto Ateo (2005)
Lo que sigue es la versión escrita de mi plática Ateísmo: Justo y Necesario, presentada el viernes 2 de marzo de 2018 en el Instituto de Astronomía y Meteorología de la Universidad de Guadalajara. En este caso escribí el artículo antes de hacer las diapositivas de la presentación, a modo de un guión para la plática. Supongo que al momento de exponer se me ocurrirán cosas que no se me ocurrirán ahora al escribir, pero no descarto hacer cambios después o inclusive actualizar el texto para incluir las preguntas que me hagan al final de la plática (y mis respuestas). Todas las imágenes se pueden agrandar haciendo clic.



*   *   *
Pre-Introducción

El año pasado le tomé la palabra a Alejandro Márquez, organizador de las pláticas, y aproveché la oportunidad de hablar de un tema que a mí me parecía importante y fácil de exponer. No he hecho un sondeo exhaustivo de la reacción a la plática aparte de recibir unos pocos comentarios muy halagadores de gente que no veía desde hace años, y otros tantos descalificándome por no ser la persona adecuada para hablar del tema o algo así (claro, esos fueron a mis espaldas). No sé si alguien abordó los argumentos que presenté pero, si lo hicieron, fue a mis espaldas también. En fin. Presenté argumentos lo mejor que pude y están disponibles para revisarse cuando quieran en una versión que hice por escrito de la plática, con todas las imágenes y referencias a un clic, así que ustedes mismos pueden ver mis posiciones y evaluarlas en base a sus méritos, como hizo el siguiente compañero:
Reacción de un amable escucha de mi plática sobre Ciencia y Religión (13/01/2016)

La incompatibilidad entre ciencia y religión fue algo fácil; solamente hubo que revisar las definiciones de cada una y comparar, luego revisar los argumentos a favor de la compatibilidad y demostrar por qué estaban mal. A diferencia del año pasado, esta ocasión quiero hacer algo más constructivo, aunque la mayor parte de la plática parecerá lo contrario. Lo pienso como si fuera la construcción de un edificio: primero hay que quitar escombro, escarbar, emparejar y poner los cimientos antes de realmente construir. Hubo momentos en los que pensé que me había metido en un problema al escoger el tema de esta ocasión, y pasé varias semanas de ansiedad y falsos intentos de componer la plática, borrando y empezando de nuevo varias veces. A fin de cuentas quedé satisfecho con el resultado, pero no fue sin sufrimiento.

Yo, preparando esta plática.
*   *   *
Introducción

"Creo en el Karma. Eso significa que puedo hacerle cosas malas a la gente y suponer que se lo merecen."

Los creyentes de diversas religiones no creen en ellas porque consideran que éstas les proveen una buena teoría de química, cosmología o biología. Tampoco creen en ellas porque estando indecisos un día tomaron un libro de teología y quedaron convencidos por los argumentos presentados ahí. Las razones para creer son emocionales, familiares, culturales, psicológicas… de todo, excepto una cuidadosa consideración de la evidencia. Cuando uno pregunta a un creyente por qué cree, los “argumentos” que presenta son racionalizaciones, no razonamientos. Lo que más valoran los creyentes de sus religiones son la comunidad, el propósito o significado que obtienen para sus vidas, el sentido de pertenencia en y continuación de una comunidad o tradición, esperanza para lo que pudiera haber después de la vida (o añoranza de lo que hubo antes, en algunos casos) o en ocasiones una “explicación” para un evento impactante en sus vidas.

Esto pareciera a primera vista mantenerse a distancia de los descubrimientos y explicaciones que aportan las ciencias “duras”, pues éstas supuestamente se preocupan por describir lo que es, mas no lo que debería o pudiera ser. Sin embargo, hay creencias religiosas específicas que, de ser ciertas, deberían verse respaldadas de algún modo por observaciones en el mundo físico que estudian las ciencias. De hecho, este es el punto de vista de la teología natural, que busca encontrar evidencia de Dios en la naturaleza, tal que incluso un no-creyente estaría de acuerdo que esa evidencia realmente está ahí, y que la mejor explicación para ella es un dios con las características que el teólogo propone.

Entonces, lo que quiero hacer es un recuento panorámico de la ciencia que se cruza en el camino de lo sobrenatural y, específicamente, lo divino. No pretendo que esta sea una exposición exhaustiva de la no-existencia de Dios, aunque necesariamente tocaré algunos de esos argumentos tangencialmente. Sí quiero dar una idea general de qué tiene que ver la ciencia con la cuestión de la existencia de Dios, para motivar a la exploración más profunda del tema.

Definiciones

No se puede hablar claro sin definiciones y generalizaciones, y éstas son las que estaré usando de aquí en adelante:
Ciencia (RAE): conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales con capacidad predictiva y comprobables experimentalmente.
Otra definición expandida que propongo a modo de un “tip” es ésta: la ciencia es pensamiento crítico anclado a la evidencia. Esta definición tiene la bondad de capturar no solamente a las ciencias “duras” que ya todos conocemos, sino también a otras disciplinas que no son tradicionalmente conocidas como ciencias pero que aspiran a obtener conocimiento confiable para poder entender al mundo. En vez de hablar de “diferentes tipos de conocimiento” propongo pensar en lo que es conocimiento, lo que no, y ya. El pensamiento crítico anclado a la evidencia describe a las ciencias duras, pero también a la historia, la psicología, la sociología, la economía y otras disciplinas que procuran usar los mejores métodos para argumentar y documentar lo que saben y no saben (su estado de avance o éxito es otra cuestión que no alcanzaré a discutir aquí). No hay "distintas formas de saber", solamente está el saber y el no saber. Necesariamente, esto resulta en que hay cosas que no son conocimiento, aunque eso no necesariamente les quita valor (por ejemplo, las artes).

El pensamiento crítico consta de dos partes: un conjunto de habilidades y una actitud o disposición a aplicarlas judiciosamente. Las habilidades son la parte fácil: consisten en saber cómo armar un buen argumento y cómo reconocer uno malo. La parte difícil es ser consistente en la aplicación de estas habilidades a temas o personas que valoramos mucho, como nuestras familias, culturas, y nosotros mismos. (Para más sobre pensamiento crítico, ver por ejemplo a Boghossian, Peter: A Manual For Creating Atheists (2012) y otro artículo mío también.)

Cuando digo que el pensamiento crítico está “anclado” a la evidencia me refiero a que se razona a partir de, a través de, o para llegar a, la evidencia. Uno busca entenderla, predecirla o inclusive refutarla, pero a fin de cuentas en algún punto se debe tocar la tierra firme de la realidad, aunque sea para decir que la realidad es otra.

Evidencia, otra vez según la definición de la RAE tiene dos partes: 1) certeza clara y manifiesta de lo que no se puede dudar; 2) prueba determinante en un proceso. El sentido que estaré usando es más bien el segundo, agregando que no toda la evidencia es igual de buena. Por ejemplo, en una disputa de paternidad una sola prueba de ADN es más contundente que cualquier testimonio.

Por último, en lo que sigue estaré tratando con un teísmo mínimo que se ajusta a la definición propuesta por teólogos como Richard Swinburne: hay un solo dios, que es una persona incorpórea (un espíritu), que es eterno, perfectamente libre, omnisciente, omnipotente, perfectamente bueno y que creó y sostiene todo aparte de sí mismo (Swinburne, Richard. The Existence of God, Oxford, 2004). El ateísmo, sin abundar en más complicaciones, es no creerle al teísmo.

Cómo Procede la Ciencia

En general, la ciencia avanza por un proceso de eliminación. Las ideas que tienen poder predictivo y explicativo sobreviven y las que no son descartadas. En el camino además se acumulan observaciones empíricas como la masa del electrón, la descripción de reacciones entre ciertos reactivos, los genomas de organismos, la existencia y temperatura de la radiación cósmica de fondo, dinosaurios, etcétera. Una vez que estos hechos empíricos—la evidencia—son observados y confirmados permanecen prácticamente para siempre.

Proyección a dos dimensiones de la radiación cósmica de fondo.

Lo que sí cambia con el tiempo son las explicaciones (o sea, las teorías) con las que entendemos e integramos esos datos en una visión coherente. Cuando nos encontramos con evidencia que no embona bien en una teoría, nos vemos obligados a revisarla y, de ser necesario, proponer una nueva. Ojo que aunque la teoría cambie, la evidencia sigue siendo la misma. Por ejemplo, a los planetas les vale si describimos sus órbitas en términos aristotélicos, newtonianos o relativistas—ellos siguen moviéndose igual.

La precesión de la órbita de Mercurio es fácil de explicar con Relatividad pero no con Mecánica Newtoniana.
Después de algunos cientos de años de práctica, la ciencia ha aprendido la lección de que los humanos no somos suficientemente inteligentes para entender al mundo solamente pensando. Debemos salir al mundo y comparar lo que pensamos con lo que realmente hay (hacer experimentos) y estar atentos a los sesgos conscientes o inconscientes que tenemos. Por esto, la ciencia ha implementado mecanismos de control de calidad que, si bien no son perfectos, a la larga resultan en aproximaciones cada vez mejores de lo que “realmente” hay allá afuera. Ha habido varias ocasiones en la historia en las que los científicos estuvieron confiados de estar próximos a terminar de descubrir y entender todo para luego toparse con que estaban muy, muy lejos de ello. Por esto, se ha llegado en la ciencia a una regla general de abstenerse de hablar de tener la Verdad o la Realidad, así con mayúscula, en favor de simplemente discutir lo más probable o lo que funciona mejor.

Sin embargo, por más pequeño que pudiéramos considerar el total del conocimiento absolutamente sólido que haya acumulado la ciencia, la cantidad de datos empíricos que la ciencia sí ha descubierto y las teorías que sí ha descartado ya son más que suficientes para hablar sin rodeos sobre muchas cosas, entre las cuales se encuentra lo sobrenatural.

Naturalismo vs. Dualismo

En las ciencias “duras”, el debate sobre lo natural y sobrenatural ya se terminó: el naturalismo ganó. Acudan a un congreso de física, química, biología, medicina o neurociencia y notarán que nadie menciona para nada a ningún dios ni espíritu mas que metafóricamente, si acaso. Esto no es una casualidad, y no se debe a que los científicos hayan evitado el tema o se dediquen “solamente” a explorar el mundo natural (esto es conocido entre algunos apologistas creyentes como “naturalismo metodológico”, que es la exclusión en la ciencia de las explicaciones sobrenaturales en principio). Se debe a que se han estudiado las alternativas sobrenaturales, encontrándose que son incoherentes y/o fácilmente refutadas.

Un breve ejercicio mental: 1) piensen en una explicación natural para algún fenómeno y que haya sido reemplazada por otra explicación, también natural, pero mejor. Con un poco de esfuerzo se les ocurrirá algo (ya mencioné la trayectoria de mecánica aristotélica \(\rightarrow\) newtoniana \(\rightarrow\) relativista, por ejemplo. Otro ejemplo es la biología de Lamarck cediendo ante la de Darwin). 2) Ahora, piensen en una explicación natural que haya sido reemplazada por una explicación sobrenatural mejor (no pueden). 3) Finalmente, antes de que siquiera termine de describir el siguiente paso ya pensaron en uno o varios casos de explicaciones sobrenaturales reemplazadas por otras naturales. Y notarán que una vez hecho este cambio, nunca se regresa.

No hace falta usar lo más reciente o sofisticado en la ciencia para ilustrar este punto. Tomemos al dualismo cartesiano, por ejemplo, según el cuál hay una separación entre lo físico y lo no-físico, digamos entre el cuerpo y el alma o, si prefieren, entre el cuerpo y la mente. Esta visión inmediatamente se encuentra con un problema básico: ¿cómo puede lo no-físico interactuar con lo físico? Por ejemplo, cuando describimos los movimientos de nuestro cuerpo en términos de fuerzas, momentos y masas, o el funcionamiento del cerebro según impulsos eléctricos y conexiones neuronales, ¿qué hace falta en nuestra descripción para incluir el efecto “mágico” de la mente sobre estos? ¿En cuál ecuación voy a poner al alma, pues? Cuando logramos resultados experimentales espectacularmente precisos en cuanto a la correspondencia de lo medido con lo calculado “en teoría”, y cuando esa teoría no incluye nada sobrenatural, ¿qué podemos concluir sobre su existencia?

Cuando se afirma que existen cosas sobrenaturales que interactúan con, o inclusive dirigen a las naturales, se está haciendo la declaración implícita de que la física, química, biología etc. que conocemos está mal o al menos incompleta. En cierto sentido esa última parte ya la sabíamos (por eso gente como yo tiene chamba todavía) pero el problema para lo sobrenatural no es solamente que depende para su supervivencia de refugiarse en lo que no sabemos, que es cada vez menos—es que lo que sabemos, por poco que pudiera ser, ya es más que suficiente para descartarlo. Por ejemplo, sabemos que la mente es una función del cerebro. Dañamos al cerebro y dañamos la mente. Alteramos al cerebro con ciertas sustancias y alteramos también a la mente. Si no, ¿cómo creen que funciona la anestesia?

Es sólo una película.
El dualismo se enfrenta también al problema de que multiplica las entidades lógicas innecesariamente. Sin el dualismo, tenemos un mundo físico que es extenso y complicado de entender, y habrá cosas que no podremos explicar tan fácilmente—tal vez nunca, inclusive. Con el dualismo tenemos lo mismo, y además una serie de entidades adicionales (dioses, espíritus, vibras o como les quieran llamar) que no ayudan a comprender al mundo físico, y que traen sus propios problemas y misterios. Por ejemplo, ¿hay física para los espíritus? ¿Puede un espíritu empujar a otro, por ejemplo? ¿Hay algún principio de conservación del momento para la ectoplasma? Si cuando la gente muere se va al cielo, ¿a qué distancia está? ¿Qué trabajo está haciendo el verbo “ir” en “ir al cielo” entonces? Si no hay una distancia como en el caso de un “lugar” físico, ¿qué sentido tiene hablar de alguien que “está” en un lugar que no es un lugar? ¿Qué significa que un ser no-físico como el alma “vaya” a un “lugar” al que no se puede ir, ni es un lugar? Si “ir al cielo” es una metáfora para lo que realmente sucede, ¿qué es lo que realmente sucede? Y si saben qué es lo que realmente sucede, ¿por qué no nos dicen? ¿Qué clase de “explicación” es ésta y qué ganamos con ella?

Aún hay más. Por ejemplo, la idea de libre albedrío que tiene mucha gente y que es vital para la teología depende crucialmente del dualismo. Si el dualismo es falso, como todo experimento hecho en la historia de la ciencia demuestra, entonces ese libre albedrío dualista no existe. Inclusive entre ateos la cuestión de si existe el libre albedrío o no es contenciosa, pero están de acuerdo en que el libre albedrío “mágico” producto del dualismo, según el cuál nuestras decisiones mágicamente están exentas de las leyes de la física, no existe—porque nuestros cerebros son objetos físicos. Los debates entre ateos suelen centrarse alrededor de la importancia o no de procesos cuánticos o al menos aleatorios al nivel cerebral, pero casi siempre los argumentos a favor son solamente juegos de palabras y, crucialmente, suelen ser argumentos desde la ignorancia.
Quien encuentre el libre albedrío por aquí, favor de pasar por su premio Nobel.
En forma más compacta.

Toda esta evidencia se puede extrapolar a dios mismo, por ejemplo cuando alguien dice que intervino para ayudar con algo como ganar un concurso. Gane quien gane, pierda quien pierda, los creyentes siempre se lo atribuyen a la voluntad de dios. Dejando de lado las razones por las que dios se pudiera inclinar a beneficiar a una persona u otra, ¿cómo podríamos distinguir un concurso donde dios influyó el resultado de uno en el que no? ¿Cómo puede distinguirse entre algo que existe pero no se manifiesta nunca, y algo que simplemente no existe? Cuando se hacen estudios serios como el de Benson en 2006, en el que gente en una condición médica seria recibe oraciones por su mejoría, y cuando los resultados son negativos (no hay diferencia entre los pacientes que reciben oración y los que no), ¿cómo debemos interpretar ese resultado? Es un ejemplo claro de un agente sobrenatural que se pone a prueba y no la supera. Dejando de lado por el momento qué nos dice esto de las cualidades teístas comúnmente atribuidas a dios, volvemos a la pregunta: ¿cómo distinguir entre lo indetectable y lo inexistente?

Por qué estamos aquí

Hubble Deep Field.
Nuestro universo observable tiene, hasta donde sabemos ahora, no menos de 7x10²² estrellas, repartidas en unos 100 mil millones de galaxias. Nuestra propia galaxia tiene alrededor de 100 millones de estrellas, de las cuales el Sol es relativamente mediana y en una posición media, con respecto al centro.  Viajando a la velocidad de la luz (300,000 km/s), la estrella más cercana está a cuatro años de distancia y el tiempo que tardaríamos en cruzar la galaxia de un extremo a otro es de unos 100 mil años. Hablando de distancias, el tiempo que nos tomaría  recorrer el universo observable que mencioné al principio es de unos 90 mil millones de años, de nuevo a la velocidad de la luz.

Esquema de la evolución del universo (Wiki)

En nuestro propio planeta la vida surgió hace no menos de 3,500 millones de años, según fósiles de microorganismos encontrados en fuentes hidrotermales. Durante los primeros 2,000 millones de estos años, no hubo más que bichos unicelulares y las primeras plantas terrestres aparecieron hace unos 450 millones de años, seguidas de los primeros animales terrestres hace 400 millones. Los dinosaurios se extinguieron hace unos 65 millones de años, oportunidad que entonces aprovecharon los mamíferos y algo que ya parecía un homínido se podía encontrar hace unos 6 millones de años.

Cronología de la vida comparada con el universo (Wiki).
En fin, ya saben el punto de esta cronología—o tal vez no. Sí, obviamente esto no embona con las visiones más literales de las diversas escrituras, pero eso no es el punto que quería hacer. Lo que sí quisiera es comentar cómo cada paso de lo anterior, y muchos más que omití por cuestiones de espaciotiempo, “embona” bien en el naturalismo. Hay procesos y patrones naturales que se van desenvolviendo a distintas escalas de tiempo, algunos son físicos, otros químicos, otros más biológicos. Seguro, nos faltan detalles, pero eso es de esperarse bajo un escenario naturalista en el que somos animales tratando de entender el Cosmos.

Si un agente divino, digamos un dios como el del teísmo mínimo que consideramos, fuera a diseñar un universo, ¿qué hubiera hecho diferente? En este punto la teología suele hacer todo lo posible por asimilar la mejor ciencia y tratar de hacerla reflejar lo que su dios hubiera hecho. (Noten que esto implícitamente establece que la religión se valida con la ciencia, porque concede que ésta última es la que rifa y no al revés.) Una vez que un dato aportado por la ciencia se solidifica, los teólogos se apuran a decir que todo es tal y como ellos habían dicho desde el principio, solo que realmente nunca lo dijeron. Para ser justos, algunos teólogos como el anteriormente mencionado Swinburne creativamente se safan de esto diciendo que, claro, lo que resulte científicamente correcto es lo que su dios hizo. Qué conveniente.

Ahora podemos, entonces sí, llegar al tuétano de la plática: no hay evidencia de una intención en nada de lo que ha descubierto la ciencia acerca del mundo natural. Si vamos a señalar lo adecuado que parece nuestro hábitat para que pudiéramos vivir y mantenernos en él, entonces tenemos que hacer una pequeña inversión de lógica y preguntar qué es más probable: ¿que el universo es como es porque así iba a ser de todos modos, y que nosotros nos adaptamos (por un mecanismo que ya todos conocemos), o que todo este desperdicio de espacio, vida y energía haya sido para nuestro entretenimiento? De nuevo, el primer escenario es fácil de absorber en el naturalismo, pero en el teísmo uno se tiene que preguntar por qué, si Dios es un agente perfectamente libre que todo lo puede hacer, escogió un camino donde su presencia fuera tan redundante. Insisto: ¿cuál es la hipótesis nula que propone el teísmo ante lo que sabemos del origen, estado actual y futuro de nuestro universo y nosotros mismos? ¿Cómo hubiera sido diferente un Cosmos sin Dios y, más importante aún, cómo lo saben?

Me lo robé de un artículo reciente en Quanta.
Si el teísmo va a proponer un universo natural, y adicionalmente un dios eterno que lo creó y lo sostiene, ¿qué logran explicar que no se explica si simplemente el universo mismo es eterno y ya? Aquí es donde entran los argumentos cosmológicos y teleológicos estándar, pero hay que recordar dos cosas: 1) que estos argumentos cambian según la ciencia, escogiendo a conveniencia lo que pudiera inclusive remotamente favorecerles e ignorando lo más obvio si es necesario; 2) que últimamente son argumentos inductivos que sugieren a dios como una posibilidad, no un teorema, y que dependen—como siempre—de nuestra ignorancia. Hay modelos cosmológicos cíclicos, de inflación eterna, abiertos, y todo tipo de combinaciones y variaciones. Todos embonan con los eventos básicos que sí observamos, pero tienen implicaciones físicas muy distintas. Sin embargo, en el teísmo solo se toma en cuenta a unos pocos de estos modelos. (¿Por qué será?)

En cuanto al origen de la vida, la evolución ya provee un mecanismo plausible: una molécula que se pueda replicar y que pueda tener pequeña variabilidad al hacerlo basta. Las moléculas no se fosilizan, así que no es tan fácil encontrar evidencia de que esto fue lo que sucedió, aunque ya hay gente trabajando en eso. Pero pasar de esta explicación incompleta o insatisfactoria a decir que fue un “milagro” no es una mejoría. ¿Por qué esperó Dios 10 mil millones de años para prender la “chispa” de la vida? Si debía esperar a las condiciones ideales para hacerlo, porque estaba cumpliendo con un propósito mayor (presumiblemente crearnos a nosotros), entonces no es omnipotente, porque se atiene a las leyes de la física que dieron forma al Cosmos. Aún si él mismo creó las leyes, ¿cómo sabemos que el propósito fuimos nosotros? ¿No pudo crear leyes mejores? ¿Han considerado que tal vez a dios le gusta la pirotecnia alrededor de los agujeros negros, y una consecuencia secundaria de la física que los produce son algunos bichos como nosotros en algunos planetas? Si Dios es eterno o absoluto o como le llamen, y en algún momento por alguna razón creó la física que dio lugar a nosotros, ¿por qué no ahorrarnos un paso y plantear absolutos físicos y ya? Si Dios planeó todo para que estuviéramos aquí, ¿por qué su plan es idéntico a un plan donde no hay plan?

Simulación magnetohidrodinámica de un agujero negro hecha por el equipo de John Hawley en la Universidad de Virginia.

No hay ninguna señal alguna de propósito o intención personal en el mundo natural, salvo la de nosotros y algunos otros animales (como un gato que tiene la intención de matarnos). Durante 13,800 millones de años no estuvimos aquí, y todo indica que al unvierso no le importó para nada ni le importará cuando ya no estemos. Si parece demasiada coincidencia que cosas tan fregonas como nosotros estuviéramos aquí, consideren que el universo ha estado lanzando dados atómicos durante todo este tiempo—a algo le tenía que atinar, y probablemente ya lo hizo múltiples veces.

Las buenas y las malas

No hay evidencia ni lógica suficientes para pensar que estamos aquí por algo además de patrones en las leyes del universo. No hay evidencia ni lógica suficientes para deducir, o siquiera inferir, un agente divino que haya diseñado o causado el universo que observamos, ni que espere cosas de nosotros. No hay evidencia ni lógica suficientes para pensar que haya algo después de la muerte, ni mucho menos para evaluar si será mejor o peor que lo que vivimos aquí y ahora. Sí hay una abundancia de evidencia de que el universo opera según leyes naturales y comprensibles, y de que los humanos inventan cosas con tal de no quedarse callados mientras (algunos de ellos) llegan a la comprensión. El Cosmos está hecho de partículas fundamentales que viven en el espaciotiempo y las cosas que pueden emerger de sus interacciones. No les importamos, porque no tienen la capacidad de reconocer la importancia, o la bondad, o la belleza.

Pero nosotros sí. Por accidente o inevitabilidad, ya estamos aquí. Si no hay una guía de cómo seguir adelante en este mundo, pues hagámosla. Existe una realidad y ya pudimos hacer con ella muchas cosas, algunas buenas y otras no tanto. Quedémonos con las buenas. Ya sabemos cuáles son. Hemos encontrado y descartado muchas cosas, pero no sabremos qué más podemos encontrar si no miramos. Algunas cosas serán útiles y otras no. Algunas cosas nos harán bien y otras podrían destruirnos. A diferencia de otros seres que han estado en este planeta hasta ahora, nosotros tenemos la oportunidad de decidir qué hacemos con él y con nosotros mismos. En una cadena de causas y efectos que se remonta al menos 13,800 millones de años, nosotros nos encontramos ante la posibilidad de entender cómo es que estamos aquí, y podemos usar ese conocimiento para seguir estándolo, si así lo queremos.



Recomendaciones:

1) Libro: Philipse, Herman: God in the Age of Science?, Oxford, 2012. Una queja constante de los creyentes es que a los ateos les falta sofisticación. Este libro demuestra lo contrario. Ojo: ¡no es para principiantes!

2) Si de veras les interesan los argumentos aquí hay para hartarse:



3) Un ensayo de Sean Carroll, Why (Almost All) Cosmologists are Atheists.

4) Peter Boghossian sobre la fe y "otras formas de saber" (~1.5 hrs.):


5) Sean Carroll sobre el Naturalismo (~10 min):

6) Sean Carroll vs. William Lane Craig (~2 hrs):




Nota Post-mortem
No se puede razonar con la gente religiosa. Si se pudiera, ho habría gente religiosa.
—Dr. House
Aunque el actor Hugh Laurie es ateo, eso no necesariamente significa que está de acuerdo con la frase anterior de su icónico personaje. Eso es bueno porque, en general, la frase está equivocada. La gente que lleva en esto de la divulgación de escepticismo y/o ateísmo muchos años más que yo tiene miles de miles de cartas (usualmente virtuales) de gente creyente que evaluó los argumentos que se les presentaron y dejaron de creer. Una muestra pequeña la pueden ver, por ejemplo, en el sitio de la Fundación Richard Dawkins. No todo mundo responde a los argumentos al mismo ritmo y se necesita una variedad de estilos, estrategias y personalidades para poder encontrarse con cada creyente en donde él o ella esté y partir desde ahí. Pero una vez que se llega a ese punto, hay esperanza. Casi toda la gente sí puede ser persuadida con buenos argumentos y paciencia.

Ah, pero los que no… ¡cómo se esmeran en darle la razón al Dr. House! Es por esa gente que la cita, aunque técnicamente equivocada, sigue siendo graciosa.

A grandes rasgos la plática salió muy bien. La asistencia fue excelente (lamentablemente esto significó que mucha gente se quedó de pie, en los pasillos o afuera), todo estuvo en su lugar al momento que debía estar y, salvo un par de excepciones, los asistentes se comportaron con decoro y respeto. La sesión de preguntas también fue nutrida, aunque como era de esperarse el tiempo era poco y el tema daba para mucho, así que me encontré cortando las preguntas y comentarios de la gente, por más provocativos o halagadores que fueran. Como suele suceder, en el camino a casa se me ocurrieron las cosas que debí decir en lugar de las que dije. Esperé un par de días antes de escribir esto, para estar seguro de lo que quería agregar, si es que acaso. Al final me decidí por tres comentarios que quisiera hacer sobre unas preguntas específicas que hubo:

1)  Un compañero hizo la observación de que, si bien le gustó mucho mi presentación, no logré justificar su título. Tiene toda la razón. Como mencioné al principio, lo que quise decir pasó por varias mutaciones en el transcurso de que me comprometí al título Ateísmo: justo y necesario y de que por fin concreté el mensaje que, era mi intención, quedaría bien implicado por un bonito monólogo que había pensado para la última diapositiva, parecido al final del ensayo aquí arriba. Justo en la transición a esa última diapositiva, una señora muy alterada (y que ya había interrumpido a gritos antes a media plática, dejándonos pasmados brevemente) decidió que era su momento de invocar a toda voz a Dios, Jesús y el Espíritu Santo como explicación del por qué estamos aquí y cómo eso le daba sentido a nuestras vidas. La reflexión optimista e inspiradora que dejaría claro cómo se conectaba el contenido de mi plática con “justo y necesario” quedó algo mutilada y no me salió del todo bien. Lección aprendida: ejecuta o al menos define el contenido de la plática antes del título. Un título ideal hubiera sido La Ciencia es Atea.

2)  Otra compañera psicóloga mencionó que la falta de religión en la vida de las personas y el vacío existencial resultado de contemplar nuestra insignificancia dejaría a la gente sin sustento emocional. No formuló alguna pregunta hacia mí específicamente y yo tenía prisa por darle más oportunidad de preguntar a más personas. Le dí la palabra a ella porque acababa de cortar la pregunta/discusión de otra compañera (esto lo comento en el punto que sigue) y tenía prisa, así que acabé por tomar su aportación solo como un comentario y no respondí.

Lo que sí debí contestar es que ya hay millones de personas alrededor del mundo que vivimos sin creer en ningún dios y nuestras vidas siguen adelante, gracias. El número de ateos que “quisiera creer” pero no puede es minúsculo y lo que extrañan no es lo sobrenatural, sino las comunidades y familias que perdieron (o que los desterraron) cuando perdieron la fe, si es que alguna vez la tuvieron (yo nunca he creído, así que no sé lo que se siente dejar de hacerlo). Los ateos alrededor del mundo son gente con vidas plenas y muchas cosas que hacer—no necesitamos encontrar razones para evitar suicidarnos diariamente al estilo Camus, ni lamentamos la pérdida de la superstición que mantenía el orden moral al estilo Nietzche. Aprovechamos el tiempo que tenemos al máximo porque entendemos que la vida es frágil y este no es un ensayo para lo que viene después, sino que es el acto único y principal. Creo que en algún punto mencioné que esta visión se llamaría algo así como ‘bueno-ya-que-estamos-aquí-ismo’. Lección aprendida: detente a pensar si hay algo que contestar aunque no te hagan una pregunta con la puntuación indicada, "¿…?".

3) Una compañera musulmana inauguró la sesión de preguntas y aprovechó al máximo, soltando lo que en estrategias de debate se llama un Gish Gallop (no necesariamente lo estaba haciendo a propósito). Esto consiste en decir un montón de cosas o preguntas rápidamente, dejándole la responsabilidad al oponente de refutarlas todas y, si no lo hace, cantar victoria. Como es más fácil y rápido decir cosas que explicar por qué esas cosas están mal, esto lo deja a uno en desventaja de parecer lento, confundido por las preguntas o simplemente de no saber qué decir. El problema no fue ese—en cierto modo estoy acostumbrado y me ha pasado antes. El problema fue que, para mi desgracia, ella inició sus comentarios declarando así nomás que yo no había leído suficiente (el Corán, las Hadith y la Sunna, me imagino) y por eso yo decía las cosas que decía. Esto fue sumamente desquiciante para mí, pues aparte de que estoy familiarizado con los textos islámicos y la religión en general, ahora resultaba que telepáticamente ella concluyó que no. Contesté las preguntas que hizo punto por punto (aunque inmediatamnte después de cada una ella hacía otra, continuando con el galope) y acabé por cortarla en favor de pasar a otra persona. Otros asistentes del público siguieron discutiendo con ella, pero ya no supe en qué quedó todo porque le presté mi atención a la psicóloga del punto anterior.

Sus preguntas se centraban en malas representaciones de la cosmología actual y en la idea de que el Corán supuestamente anticipa conocimiento científico, incluyendo al Big Bang (que se decidan de una vez, ¿no? Por un lado dicen que la cosmología moderna tiene ideas absurdas (“ustedes creen que todo apareció de la nada”) y por otro dicen que claro, eso es lo que ellos han estado diciendo todo el tiempo). Esto es ridículo (ver las referencias de abajo) y, aunque lo que expliqué de cosmología era correcto y respondía directamente a sus preguntas, otras respuestas hubieran sido mejores.

Por ejemplo, pude haber dicho que, si vamos a contar las "predicciones" acertadas de un texto religioso como puntos a su favor (véanlas, verán que convenientemente son tan ambiguas que pueden "predecir" lo que sea), entonces debemos 1) considerar las "predicciones" de otras religiones como puntos a su favor también; y 2) debemos considerar las predicciones fallidas y contradicciones en los textos como puntos en contra, además de preguntar por todas las cosas que no fueron predichas o explicadas para nada. Por ejemplo, en los Vedas de los hindús se habla de que el universo tiene millones de años de antigüedad. Les falló por un factor de mil, pero ellos también lo presumen como una anticipación de la ciencia. Si de veras su tiempo y masoquismo les alcanza para meterse en esto del islam y la ciencia, con esto tienen para rato:

https://infidels.org/library/modern/theism/islam/
https://infidels.org/kiosk/article/predicting-modern-science-epicurus-vs-mohammed-362.html
http://www.skepticsannotatedbible.com/quran/
https://infidels.org/library/modern/richard_carrier/islam.html
https://infidels.org/library/modern/denis_giron/islamsci.html
https://mm-gold.azureedge.net/Articles/super_scientific_scriptures.html
https://rationalwiki.org/wiki/Qur%27anic_contradictions
https://kafirgirl.wordpress.com/archive/

...y el genial podcast de los Secular Jihadists.

Lección aprendida: identificar el galop y no tener miedo a pensar dos segundos antes de contestar. Debí mantener desapego emocional (se dice fácil) porque no se trata de ganar, sino de tener una conversación productiva. Alternativamente, pude contestar con "¿Cómo sabes lo que he leído y lo que no?" Tip: la forma más rápida de hacerse ateo es leer por sí mismos las escrituras de las distintas religiones y el Corán lo pueden terminar en un fin de semana.

En fin, todo lo demás salió bien y parece que a la gente que sí le gustó la plática le gustó mucho. Como expliqué ahí, preferiría no salir de mi cubículo y/o mi casa a encontrarme con gente, pero el tema es importante y alguien tiene que decir lo que se tiene que decir.

Via SMBC comics.