2019-10-06

Aborto legal: un argumento sencillo



En este momento, en todo el mundo y seguramente en nuestra propia ciudad, alguien necesita urgentemente un donador de sangre. La vida de esta persona depende de que esta sangre sea recibida cuanto antes, y debe ser del tipo correcto además. Afortunadamente, existen personas que donan su sangre cuando pueden, ya sea para responder a una emergencia en particular o como parte de un ritual cívico-ético que practican con regularidad. Pueden sentirse algo mareadas o cansadas al terminar, pero al poco tiempo de donar se recuperan por completo y tienen la satisfacción de haber ayudado a salvar a alguien.

También en este momento, también en todo el mundo y en nuestra propia ciudad, alguien necesita urgentemente un donador de riñón. En general uno puede vivir con un solo riñón tan bien como con dos, aunque definitivamente no es tan fácil desprenderse de uno como lo es con la sangre. Los requerimientos de compatibilidad son aún más estrictos, y es mucha menos la gente que ofrece un riñón así nomás, por ayudar, pero sí la hay. Es un paso tan grande donar un órgano—inclusive uno que se tiene por duplicado—que mucha gente no lo hace ni cuando está muerta, aunque entonces ya no les sirva para nada y aunque haciéndolo pudieran salvar la vida de otra persona.

Habiendo estos actos tan claros de máxima virtud, y de dificultad tan baja en el caso de la donación de sangre, solo una proporción minúscula de la población los practica. Aunque se celebre merecidamente a quienes donan sangre, a nadie se le reprueba si no lo hace; y de negarse a donar un riñón, ni se diga. ¿Pero quisiéramos vivir en un país donde la donación de sangre o de un riñón fuera obligatoria, bajo pena de cárcel o siquiera una multa? Suponiendo que tal cosa fuera posible, ¿qué pasaría con la virtud que tenían esos actos? ¿La virtud debería ser obligatoria?

Si no podemos, y ni siquiera queremos, hacer que sea obligatoria la donación de sangre o de órganos, ¿cómo podemos estar a favor de que sí sea obligatoria la donación de todo el cuerpo de una mujer durante un embarazo que ella no desea, y que no dejará su cuerpo como estaba antes? No hace falta debatir embriología, ni el estatus del feto de estar vivo, de ser humano o ser persona o lo que sea. Ya concedemos todas esas cosas con personas que necesitan sangre u órganos todo el tiempo y no hacemos obligatorio, bajo pena de cárcel, salvarlas. Incluso cuando alguien resulta herido gravemente a propósito por alguien más, digamos en un crimen, no le pedimos a ese criminal que repare el daño con su sangre ni con sus órganos, ni para la víctima ni para nadie más. ¿Por qué para las mujeres embarazadas sí? Cuando se dice que la posición pro-vida es misógina, ésta es la razón.

Ahora, yo en lo particular no concedo que una docena de células sea un humano ni mucho menos una persona, pero me frustra que tanto del debate se estanque en este punto, por el argumento que expuse arriba: aún si se concede por completo el estatus de persona al producto del embarazo, esto es irrelevante para el argumento. Los argumentos a favor del aborto legal suelen ser algo abstractos, basándose en debatir lo que dicen o no la bioética o la embriología, o basándose en la autonomía sobre el propio cuerpo y la salud reproductiva. Sí, estos argumentos son correctos, pero siento que no tienen efecto sobre los opositores porque no conectan con sus intuiciones y, más importante, no les provocan disonancia cognitiva: esa sensación incómoda de que dos o más cosas que uno cree están en tensión o claro desacuerdo y que es el primer paso para cambiar de opinión.



Nota: Esta audiocolumna sí será pública, pero otras audiocolumnas de este mes serán solo para suscriptores en patreon.com/automataPodcast.