2018-03-02

Por qué la Ciencia es Atea



"Bienvenida al Infierno de la Ciencia, profesora. Éste es Toño, una vez vio un video en Internet sobre su especialidad y pasará la eternidad explicándoselo."


Actualización, 5 de marzo 2018: Agregué algunos comentarios sobre cómo salió la plática al final de este artículo e hice algunas correcciones de dedo y estilo en el texto principal.
El ateísmo no es una filosofía; ni siquiera es una visión del mundo. Es simplemente un rechazo a negar lo obvio. Desafortunadamente, vivimos en un mundo en el que lo obvio es ignorado por cuestión de principio. Lo obvio debe ser observado, re-observado y argumentado. Este es un trabajo malagradecido. Lleva consigo un aura de irritabilidad e insensibilidad. Es, sobre todo, un trabajo que el ateo no quiere.

—Sam Harris, en su Manifesto Ateo (2005)
Lo que sigue es la versión escrita de mi plática Ateísmo: Justo y Necesario, presentada el viernes 2 de marzo de 2018 en el Instituto de Astronomía y Meteorología de la Universidad de Guadalajara. En este caso escribí el artículo antes de hacer las diapositivas de la presentación, a modo de un guión para la plática. Supongo que al momento de exponer se me ocurrirán cosas que no se me ocurrirán ahora al escribir, pero no descarto hacer cambios después o inclusive actualizar el texto para incluir las preguntas que me hagan al final de la plática (y mis respuestas). Todas las imágenes se pueden agrandar haciendo clic.



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Pre-Introducción

El año pasado le tomé la palabra a Alejandro Márquez, organizador de las pláticas, y aproveché la oportunidad de hablar de un tema que a mí me parecía importante y fácil de exponer. No he hecho un sondeo exhaustivo de la reacción a la plática aparte de recibir unos pocos comentarios muy halagadores de gente que no veía desde hace años, y otros tantos descalificándome por no ser la persona adecuada para hablar del tema o algo así (claro, esos fueron a mis espaldas). No sé si alguien abordó los argumentos que presenté pero, si lo hicieron, fue a mis espaldas también. En fin. Presenté argumentos lo mejor que pude y están disponibles para revisarse cuando quieran en una versión que hice por escrito de la plática, con todas las imágenes y referencias a un clic, así que ustedes mismos pueden ver mis posiciones y evaluarlas en base a sus méritos, como hizo el siguiente compañero:
Reacción de un amable escucha de mi plática sobre Ciencia y Religión (13/01/2016)

La incompatibilidad entre ciencia y religión fue algo fácil; solamente hubo que revisar las definiciones de cada una y comparar, luego revisar los argumentos a favor de la compatibilidad y demostrar por qué estaban mal. A diferencia del año pasado, esta ocasión quiero hacer algo más constructivo, aunque la mayor parte de la plática parecerá lo contrario. Lo pienso como si fuera la construcción de un edificio: primero hay que quitar escombro, escarbar, emparejar y poner los cimientos antes de realmente construir. Hubo momentos en los que pensé que me había metido en un problema al escoger el tema de esta ocasión, y pasé varias semanas de ansiedad y falsos intentos de componer la plática, borrando y empezando de nuevo varias veces. A fin de cuentas quedé satisfecho con el resultado, pero no fue sin sufrimiento.

Yo, preparando esta plática.
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Introducción

"Creo en el Karma. Eso significa que puedo hacerle cosas malas a la gente y suponer que se lo merecen."

Los creyentes de diversas religiones no creen en ellas porque consideran que éstas les proveen una buena teoría de química, cosmología o biología. Tampoco creen en ellas porque estando indecisos un día tomaron un libro de teología y quedaron convencidos por los argumentos presentados ahí. Las razones para creer son emocionales, familiares, culturales, psicológicas… de todo, excepto una cuidadosa consideración de la evidencia. Cuando uno pregunta a un creyente por qué cree, los “argumentos” que presenta son racionalizaciones, no razonamientos. Lo que más valoran los creyentes de sus religiones son la comunidad, el propósito o significado que obtienen para sus vidas, el sentido de pertenencia en y continuación de una comunidad o tradición, esperanza para lo que pudiera haber después de la vida (o añoranza de lo que hubo antes, en algunos casos) o en ocasiones una “explicación” para un evento impactante en sus vidas.

Esto pareciera a primera vista mantenerse a distancia de los descubrimientos y explicaciones que aportan las ciencias “duras”, pues éstas supuestamente se preocupan por describir lo que es, mas no lo que debería o pudiera ser. Sin embargo, hay creencias religiosas específicas que, de ser ciertas, deberían verse respaldadas de algún modo por observaciones en el mundo físico que estudian las ciencias. De hecho, este es el punto de vista de la teología natural, que busca encontrar evidencia de Dios en la naturaleza, tal que incluso un no-creyente estaría de acuerdo que esa evidencia realmente está ahí, y que la mejor explicación para ella es un dios con las características que el teólogo propone.

Entonces, lo que quiero hacer es un recuento panorámico de la ciencia que se cruza en el camino de lo sobrenatural y, específicamente, lo divino. No pretendo que esta sea una exposición exhaustiva de la no-existencia de Dios, aunque necesariamente tocaré algunos de esos argumentos tangencialmente. Sí quiero dar una idea general de qué tiene que ver la ciencia con la cuestión de la existencia de Dios, para motivar a la exploración más profunda del tema.

Definiciones

No se puede hablar claro sin definiciones y generalizaciones, y éstas son las que estaré usando de aquí en adelante:
Ciencia (RAE): conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales con capacidad predictiva y comprobables experimentalmente.
Otra definición expandida que propongo a modo de un “tip” es ésta: la ciencia es pensamiento crítico anclado a la evidencia. Esta definición tiene la bondad de capturar no solamente a las ciencias “duras” que ya todos conocemos, sino también a otras disciplinas que no son tradicionalmente conocidas como ciencias pero que aspiran a obtener conocimiento confiable para poder entender al mundo. En vez de hablar de “diferentes tipos de conocimiento” propongo pensar en lo que es conocimiento, lo que no, y ya. El pensamiento crítico anclado a la evidencia describe a las ciencias duras, pero también a la historia, la psicología, la sociología, la economía y otras disciplinas que procuran usar los mejores métodos para argumentar y documentar lo que saben y no saben (su estado de avance o éxito es otra cuestión que no alcanzaré a discutir aquí). No hay "distintas formas de saber", solamente está el saber y el no saber. Necesariamente, esto resulta en que hay cosas que no son conocimiento, aunque eso no necesariamente les quita valor (por ejemplo, las artes).

El pensamiento crítico consta de dos partes: un conjunto de habilidades y una actitud o disposición a aplicarlas judiciosamente. Las habilidades son la parte fácil: consisten en saber cómo armar un buen argumento y cómo reconocer uno malo. La parte difícil es ser consistente en la aplicación de estas habilidades a temas o personas que valoramos mucho, como nuestras familias, culturas, y nosotros mismos. (Para más sobre pensamiento crítico, ver por ejemplo a Boghossian, Peter: A Manual For Creating Atheists (2012) y otro artículo mío también.)

Cuando digo que el pensamiento crítico está “anclado” a la evidencia me refiero a que se razona a partir de, a través de, o para llegar a, la evidencia. Uno busca entenderla, predecirla o inclusive refutarla, pero a fin de cuentas en algún punto se debe tocar la tierra firme de la realidad, aunque sea para decir que la realidad es otra.

Evidencia, otra vez según la definición de la RAE tiene dos partes: 1) certeza clara y manifiesta de lo que no se puede dudar; 2) prueba determinante en un proceso. El sentido que estaré usando es más bien el segundo, agregando que no toda la evidencia es igual de buena. Por ejemplo, en una disputa de paternidad una sola prueba de ADN es más contundente que cualquier testimonio.

Por último, en lo que sigue estaré tratando con un teísmo mínimo que se ajusta a la definición propuesta por teólogos como Richard Swinburne: hay un solo dios, que es una persona incorpórea (un espíritu), que es eterno, perfectamente libre, omnisciente, omnipotente, perfectamente bueno y que creó y sostiene todo aparte de sí mismo (Swinburne, Richard. The Existence of God, Oxford, 2004). El ateísmo, sin abundar en más complicaciones, es no creerle al teísmo.

Cómo Procede la Ciencia

En general, la ciencia avanza por un proceso de eliminación. Las ideas que tienen poder predictivo y explicativo sobreviven y las que no son descartadas. En el camino además se acumulan observaciones empíricas como la masa del electrón, la descripción de reacciones entre ciertos reactivos, los genomas de organismos, la existencia y temperatura de la radiación cósmica de fondo, dinosaurios, etcétera. Una vez que estos hechos empíricos—la evidencia—son observados y confirmados permanecen prácticamente para siempre.

Proyección a dos dimensiones de la radiación cósmica de fondo.

Lo que sí cambia con el tiempo son las explicaciones (o sea, las teorías) con las que entendemos e integramos esos datos en una visión coherente. Cuando nos encontramos con evidencia que no embona bien en una teoría, nos vemos obligados a revisarla y, de ser necesario, proponer una nueva. Ojo que aunque la teoría cambie, la evidencia sigue siendo la misma. Por ejemplo, a los planetas les vale si describimos sus órbitas en términos aristotélicos, newtonianos o relativistas—ellos siguen moviéndose igual.

La precesión de la órbita de Mercurio es fácil de explicar con Relatividad pero no con Mecánica Newtoniana.
Después de algunos cientos de años de práctica, la ciencia ha aprendido la lección de que los humanos no somos suficientemente inteligentes para entender al mundo solamente pensando. Debemos salir al mundo y comparar lo que pensamos con lo que realmente hay (hacer experimentos) y estar atentos a los sesgos conscientes o inconscientes que tenemos. Por esto, la ciencia ha implementado mecanismos de control de calidad que, si bien no son perfectos, a la larga resultan en aproximaciones cada vez mejores de lo que “realmente” hay allá afuera. Ha habido varias ocasiones en la historia en las que los científicos estuvieron confiados de estar próximos a terminar de descubrir y entender todo para luego toparse con que estaban muy, muy lejos de ello. Por esto, se ha llegado en la ciencia a una regla general de abstenerse de hablar de tener la Verdad o la Realidad, así con mayúscula, en favor de simplemente discutir lo más probable o lo que funciona mejor.

Sin embargo, por más pequeño que pudiéramos considerar el total del conocimiento absolutamente sólido que haya acumulado la ciencia, la cantidad de datos empíricos que la ciencia sí ha descubierto y las teorías que sí ha descartado ya son más que suficientes para hablar sin rodeos sobre muchas cosas, entre las cuales se encuentra lo sobrenatural.

Naturalismo vs. Dualismo

En las ciencias “duras”, el debate sobre lo natural y sobrenatural ya se terminó: el naturalismo ganó. Acudan a un congreso de física, química, biología, medicina o neurociencia y notarán que nadie menciona para nada a ningún dios ni espíritu mas que metafóricamente, si acaso. Esto no es una casualidad, y no se debe a que los científicos hayan evitado el tema o se dediquen “solamente” a explorar el mundo natural (esto es conocido entre algunos apologistas creyentes como “naturalismo metodológico”, que es la exclusión en la ciencia de las explicaciones sobrenaturales en principio). Se debe a que se han estudiado las alternativas sobrenaturales, encontrándose que son incoherentes y/o fácilmente refutadas.

Un breve ejercicio mental: 1) piensen en una explicación natural para algún fenómeno y que haya sido reemplazada por otra explicación, también natural, pero mejor. Con un poco de esfuerzo se les ocurrirá algo (ya mencioné la trayectoria de mecánica aristotélica \(\rightarrow\) newtoniana \(\rightarrow\) relativista, por ejemplo. Otro ejemplo es la biología de Lamarck cediendo ante la de Darwin). 2) Ahora, piensen en una explicación natural que haya sido reemplazada por una explicación sobrenatural mejor (no pueden). 3) Finalmente, antes de que siquiera termine de describir el siguiente paso ya pensaron en uno o varios casos de explicaciones sobrenaturales reemplazadas por otras naturales. Y notarán que una vez hecho este cambio, nunca se regresa.

No hace falta usar lo más reciente o sofisticado en la ciencia para ilustrar este punto. Tomemos al dualismo cartesiano, por ejemplo, según el cuál hay una separación entre lo físico y lo no-físico, digamos entre el cuerpo y el alma o, si prefieren, entre el cuerpo y la mente. Esta visión inmediatamente se encuentra con un problema básico: ¿cómo puede lo no-físico interactuar con lo físico? Por ejemplo, cuando describimos los movimientos de nuestro cuerpo en términos de fuerzas, momentos y masas, o el funcionamiento del cerebro según impulsos eléctricos y conexiones neuronales, ¿qué hace falta en nuestra descripción para incluir el efecto “mágico” de la mente sobre estos? ¿En cuál ecuación voy a poner al alma, pues? Cuando logramos resultados experimentales espectacularmente precisos en cuanto a la correspondencia de lo medido con lo calculado “en teoría”, y cuando esa teoría no incluye nada sobrenatural, ¿qué podemos concluir sobre su existencia?

Cuando se afirma que existen cosas sobrenaturales que interactúan con, o inclusive dirigen a las naturales, se está haciendo la declaración implícita de que la física, química, biología etc. que conocemos está mal o al menos incompleta. En cierto sentido esa última parte ya la sabíamos (por eso gente como yo tiene chamba todavía) pero el problema para lo sobrenatural no es solamente que depende para su supervivencia de refugiarse en lo que no sabemos, que es cada vez menos—es que lo que sabemos, por poco que pudiera ser, ya es más que suficiente para descartarlo. Por ejemplo, sabemos que la mente es una función del cerebro. Dañamos al cerebro y dañamos la mente. Alteramos al cerebro con ciertas sustancias y alteramos también a la mente. Si no, ¿cómo creen que funciona la anestesia?

Es sólo una película.
El dualismo se enfrenta también al problema de que multiplica las entidades lógicas innecesariamente. Sin el dualismo, tenemos un mundo físico que es extenso y complicado de entender, y habrá cosas que no podremos explicar tan fácilmente—tal vez nunca, inclusive. Con el dualismo tenemos lo mismo, y además una serie de entidades adicionales (dioses, espíritus, vibras o como les quieran llamar) que no ayudan a comprender al mundo físico, y que traen sus propios problemas y misterios. Por ejemplo, ¿hay física para los espíritus? ¿Puede un espíritu empujar a otro, por ejemplo? ¿Hay algún principio de conservación del momento para la ectoplasma? Si cuando la gente muere se va al cielo, ¿a qué distancia está? ¿Qué trabajo está haciendo el verbo “ir” en “ir al cielo” entonces? Si no hay una distancia como en el caso de un “lugar” físico, ¿qué sentido tiene hablar de alguien que “está” en un lugar que no es un lugar? ¿Qué significa que un ser no-físico como el alma “vaya” a un “lugar” al que no se puede ir, ni es un lugar? Si “ir al cielo” es una metáfora para lo que realmente sucede, ¿qué es lo que realmente sucede? Y si saben qué es lo que realmente sucede, ¿por qué no nos dicen? ¿Qué clase de “explicación” es ésta y qué ganamos con ella?

Aún hay más. Por ejemplo, la idea de libre albedrío que tiene mucha gente y que es vital para la teología depende crucialmente del dualismo. Si el dualismo es falso, como todo experimento hecho en la historia de la ciencia demuestra, entonces ese libre albedrío dualista no existe. Inclusive entre ateos la cuestión de si existe el libre albedrío o no es contenciosa, pero están de acuerdo en que el libre albedrío “mágico” producto del dualismo, según el cuál nuestras decisiones mágicamente están exentas de las leyes de la física, no existe—porque nuestros cerebros son objetos físicos. Los debates entre ateos suelen centrarse alrededor de la importancia o no de procesos cuánticos o al menos aleatorios al nivel cerebral, pero casi siempre los argumentos a favor son solamente juegos de palabras y, crucialmente, suelen ser argumentos desde la ignorancia.
Quien encuentre el libre albedrío por aquí, favor de pasar por su premio Nobel.
En forma más compacta.

Toda esta evidencia se puede extrapolar a dios mismo, por ejemplo cuando alguien dice que intervino para ayudar con algo como ganar un concurso. Gane quien gane, pierda quien pierda, los creyentes siempre se lo atribuyen a la voluntad de dios. Dejando de lado las razones por las que dios se pudiera inclinar a beneficiar a una persona u otra, ¿cómo podríamos distinguir un concurso donde dios influyó el resultado de uno en el que no? ¿Cómo puede distinguirse entre algo que existe pero no se manifiesta nunca, y algo que simplemente no existe? Cuando se hacen estudios serios como el de Benson en 2006, en el que gente en una condición médica seria recibe oraciones por su mejoría, y cuando los resultados son negativos (no hay diferencia entre los pacientes que reciben oración y los que no), ¿cómo debemos interpretar ese resultado? Es un ejemplo claro de un agente sobrenatural que se pone a prueba y no la supera. Dejando de lado por el momento qué nos dice esto de las cualidades teístas comúnmente atribuidas a dios, volvemos a la pregunta: ¿cómo distinguir entre lo indetectable y lo inexistente?

Por qué estamos aquí

Hubble Deep Field.
Nuestro universo observable tiene, hasta donde sabemos ahora, no menos de 7x10²² estrellas, repartidas en unos 100 mil millones de galaxias. Nuestra propia galaxia tiene alrededor de 100 millones de estrellas, de las cuales el Sol es relativamente mediana y en una posición media, con respecto al centro.  Viajando a la velocidad de la luz (300,000 km/s), la estrella más cercana está a cuatro años de distancia y el tiempo que tardaríamos en cruzar la galaxia de un extremo a otro es de unos 100 mil años. Hablando de distancias, el tiempo que nos tomaría  recorrer el universo observable que mencioné al principio es de unos 90 mil millones de años, de nuevo a la velocidad de la luz.

Esquema de la evolución del universo (Wiki)

En nuestro propio planeta la vida surgió hace no menos de 3,500 millones de años, según fósiles de microorganismos encontrados en fuentes hidrotermales. Durante los primeros 2,000 millones de estos años, no hubo más que bichos unicelulares y las primeras plantas terrestres aparecieron hace unos 450 millones de años, seguidas de los primeros animales terrestres hace 400 millones. Los dinosaurios se extinguieron hace unos 65 millones de años, oportunidad que entonces aprovecharon los mamíferos y algo que ya parecía un homínido se podía encontrar hace unos 6 millones de años.

Cronología de la vida comparada con el universo (Wiki).
En fin, ya saben el punto de esta cronología—o tal vez no. Sí, obviamente esto no embona con las visiones más literales de las diversas escrituras, pero eso no es el punto que quería hacer. Lo que sí quisiera es comentar cómo cada paso de lo anterior, y muchos más que omití por cuestiones de espaciotiempo, “embona” bien en el naturalismo. Hay procesos y patrones naturales que se van desenvolviendo a distintas escalas de tiempo, algunos son físicos, otros químicos, otros más biológicos. Seguro, nos faltan detalles, pero eso es de esperarse bajo un escenario naturalista en el que somos animales tratando de entender el Cosmos.

Si un agente divino, digamos un dios como el del teísmo mínimo que consideramos, fuera a diseñar un universo, ¿qué hubiera hecho diferente? En este punto la teología suele hacer todo lo posible por asimilar la mejor ciencia y tratar de hacerla reflejar lo que su dios hubiera hecho. (Noten que esto implícitamente establece que la religión se valida con la ciencia, porque concede que ésta última es la que rifa y no al revés.) Una vez que un dato aportado por la ciencia se solidifica, los teólogos se apuran a decir que todo es tal y como ellos habían dicho desde el principio, solo que realmente nunca lo dijeron. Para ser justos, algunos teólogos como el anteriormente mencionado Swinburne creativamente se safan de esto diciendo que, claro, lo que resulte científicamente correcto es lo que su dios hizo. Qué conveniente.

Ahora podemos, entonces sí, llegar al tuétano de la plática: no hay evidencia de una intención en nada de lo que ha descubierto la ciencia acerca del mundo natural. Si vamos a señalar lo adecuado que parece nuestro hábitat para que pudiéramos vivir y mantenernos en él, entonces tenemos que hacer una pequeña inversión de lógica y preguntar qué es más probable: ¿que el universo es como es porque así iba a ser de todos modos, y que nosotros nos adaptamos (por un mecanismo que ya todos conocemos), o que todo este desperdicio de espacio, vida y energía haya sido para nuestro entretenimiento? De nuevo, el primer escenario es fácil de absorber en el naturalismo, pero en el teísmo uno se tiene que preguntar por qué, si Dios es un agente perfectamente libre que todo lo puede hacer, escogió un camino donde su presencia fuera tan redundante. Insisto: ¿cuál es la hipótesis nula que propone el teísmo ante lo que sabemos del origen, estado actual y futuro de nuestro universo y nosotros mismos? ¿Cómo hubiera sido diferente un Cosmos sin Dios y, más importante aún, cómo lo saben?

Me lo robé de un artículo reciente en Quanta.
Si el teísmo va a proponer un universo natural, y adicionalmente un dios eterno que lo creó y lo sostiene, ¿qué logran explicar que no se explica si simplemente el universo mismo es eterno y ya? Aquí es donde entran los argumentos cosmológicos y teleológicos estándar, pero hay que recordar dos cosas: 1) que estos argumentos cambian según la ciencia, escogiendo a conveniencia lo que pudiera inclusive remotamente favorecerles e ignorando lo más obvio si es necesario; 2) que últimamente son argumentos inductivos que sugieren a dios como una posibilidad, no un teorema, y que dependen—como siempre—de nuestra ignorancia. Hay modelos cosmológicos cíclicos, de inflación eterna, abiertos, y todo tipo de combinaciones y variaciones. Todos embonan con los eventos básicos que sí observamos, pero tienen implicaciones físicas muy distintas. Sin embargo, en el teísmo solo se toma en cuenta a unos pocos de estos modelos. (¿Por qué será?)

En cuanto al origen de la vida, la evolución ya provee un mecanismo plausible: una molécula que se pueda replicar y que pueda tener pequeña variabilidad al hacerlo basta. Las moléculas no se fosilizan, así que no es tan fácil encontrar evidencia de que esto fue lo que sucedió, aunque ya hay gente trabajando en eso. Pero pasar de esta explicación incompleta o insatisfactoria a decir que fue un “milagro” no es una mejoría. ¿Por qué esperó Dios 10 mil millones de años para prender la “chispa” de la vida? Si debía esperar a las condiciones ideales para hacerlo, porque estaba cumpliendo con un propósito mayor (presumiblemente crearnos a nosotros), entonces no es omnipotente, porque se atiene a las leyes de la física que dieron forma al Cosmos. Aún si él mismo creó las leyes, ¿cómo sabemos que el propósito fuimos nosotros? ¿No pudo crear leyes mejores? ¿Han considerado que tal vez a dios le gusta la pirotecnia alrededor de los agujeros negros, y una consecuencia secundaria de la física que los produce son algunos bichos como nosotros en algunos planetas? Si Dios es eterno o absoluto o como le llamen, y en algún momento por alguna razón creó la física que dio lugar a nosotros, ¿por qué no ahorrarnos un paso y plantear absolutos físicos y ya? Si Dios planeó todo para que estuviéramos aquí, ¿por qué su plan es idéntico a un plan donde no hay plan?

Simulación magnetohidrodinámica de un agujero negro hecha por el equipo de John Hawley en la Universidad de Virginia.

No hay ninguna señal alguna de propósito o intención personal en el mundo natural, salvo la de nosotros y algunos otros animales (como un gato que tiene la intención de matarnos). Durante 13,800 millones de años no estuvimos aquí, y todo indica que al unvierso no le importó para nada ni le importará cuando ya no estemos. Si parece demasiada coincidencia que cosas tan fregonas como nosotros estuviéramos aquí, consideren que el universo ha estado lanzando dados atómicos durante todo este tiempo—a algo le tenía que atinar, y probablemente ya lo hizo múltiples veces.

Las buenas y las malas

No hay evidencia ni lógica suficientes para pensar que estamos aquí por algo además de patrones en las leyes del universo. No hay evidencia ni lógica suficientes para deducir, o siquiera inferir, un agente divino que haya diseñado o causado el universo que observamos, ni que espere cosas de nosotros. No hay evidencia ni lógica suficientes para pensar que haya algo después de la muerte, ni mucho menos para evaluar si será mejor o peor que lo que vivimos aquí y ahora. Sí hay una abundancia de evidencia de que el universo opera según leyes naturales y comprensibles, y de que los humanos inventan cosas con tal de no quedarse callados mientras (algunos de ellos) llegan a la comprensión. El Cosmos está hecho de partículas fundamentales que viven en el espaciotiempo y las cosas que pueden emerger de sus interacciones. No les importamos, porque no tienen la capacidad de reconocer la importancia, o la bondad, o la belleza.

Pero nosotros sí. Por accidente o inevitabilidad, ya estamos aquí. Si no hay una guía de cómo seguir adelante en este mundo, pues hagámosla. Existe una realidad y ya pudimos hacer con ella muchas cosas, algunas buenas y otras no tanto. Quedémonos con las buenas. Ya sabemos cuáles son. Hemos encontrado y descartado muchas cosas, pero no sabremos qué más podemos encontrar si no miramos. Algunas cosas serán útiles y otras no. Algunas cosas nos harán bien y otras podrían destruirnos. A diferencia de otros seres que han estado en este planeta hasta ahora, nosotros tenemos la oportunidad de decidir qué hacemos con él y con nosotros mismos. En una cadena de causas y efectos que se remonta al menos 13,800 millones de años, nosotros nos encontramos ante la posibilidad de entender cómo es que estamos aquí, y podemos usar ese conocimiento para seguir estándolo, si así lo queremos.



Recomendaciones:

1) Libro: Philipse, Herman: God in the Age of Science?, Oxford, 2012. Una queja constante de los creyentes es que a los ateos les falta sofisticación. Este libro demuestra lo contrario. Ojo: ¡no es para principiantes!

2) Si de veras les interesan los argumentos aquí hay para hartarse:



3) Un ensayo de Sean Carroll, Why (Almost All) Cosmologists are Atheists.

4) Peter Boghossian sobre la fe y "otras formas de saber" (~1.5 hrs.):


5) Sean Carroll sobre el Naturalismo (~10 min):

6) Sean Carroll vs. William Lane Craig (~2 hrs):




Nota Post-mortem
No se puede razonar con la gente religiosa. Si se pudiera, ho habría gente religiosa.
—Dr. House
Aunque el actor Hugh Laurie es ateo, eso no necesariamente significa que está de acuerdo con la frase anterior de su icónico personaje. Eso es bueno porque, en general, la frase está equivocada. La gente que lleva en esto de la divulgación de escepticismo y/o ateísmo muchos años más que yo tiene miles de miles de cartas (usualmente virtuales) de gente creyente que evaluó los argumentos que se les presentaron y dejaron de creer. Una muestra pequeña la pueden ver, por ejemplo, en el sitio de la Fundación Richard Dawkins. No todo mundo responde a los argumentos al mismo ritmo y se necesita una variedad de estilos, estrategias y personalidades para poder encontrarse con cada creyente en donde él o ella esté y partir desde ahí. Pero una vez que se llega a ese punto, hay esperanza. Casi toda la gente sí puede ser persuadida con buenos argumentos y paciencia.

Ah, pero los que no… ¡cómo se esmeran en darle la razón al Dr. House! Es por esa gente que la cita, aunque técnicamente equivocada, sigue siendo graciosa.

A grandes rasgos la plática salió muy bien. La asistencia fue excelente (lamentablemente esto significó que mucha gente se quedó de pie, en los pasillos o afuera), todo estuvo en su lugar al momento que debía estar y, salvo un par de excepciones, los asistentes se comportaron con decoro y respeto. La sesión de preguntas también fue nutrida, aunque como era de esperarse el tiempo era poco y el tema daba para mucho, así que me encontré cortando las preguntas y comentarios de la gente, por más provocativos o halagadores que fueran. Como suele suceder, en el camino a casa se me ocurrieron las cosas que debí decir en lugar de las que dije. Esperé un par de días antes de escribir esto, para estar seguro de lo que quería agregar, si es que acaso. Al final me decidí por tres comentarios que quisiera hacer sobre unas preguntas específicas que hubo:

1)  Un compañero hizo la observación de que, si bien le gustó mucho mi presentación, no logré justificar su título. Tiene toda la razón. Como mencioné al principio, lo que quise decir pasó por varias mutaciones en el transcurso de que me comprometí al título Ateísmo: justo y necesario y de que por fin concreté el mensaje que, era mi intención, quedaría bien implicado por un bonito monólogo que había pensado para la última diapositiva, parecido al final del ensayo aquí arriba. Justo en la transición a esa última diapositiva, una señora muy alterada (y que ya había interrumpido a gritos antes a media plática, dejándonos pasmados brevemente) decidió que era su momento de invocar a toda voz a Dios, Jesús y el Espíritu Santo como explicación del por qué estamos aquí y cómo eso le daba sentido a nuestras vidas. La reflexión optimista e inspiradora que dejaría claro cómo se conectaba el contenido de mi plática con “justo y necesario” quedó algo mutilada y no me salió del todo bien. Lección aprendida: ejecuta o al menos define el contenido de la plática antes del título. Un título ideal hubiera sido La Ciencia es Atea.

2)  Otra compañera psicóloga mencionó que la falta de religión en la vida de las personas y el vacío existencial resultado de contemplar nuestra insignificancia dejaría a la gente sin sustento emocional. No formuló alguna pregunta hacia mí específicamente y yo tenía prisa por darle más oportunidad de preguntar a más personas. Le dí la palabra a ella porque acababa de cortar la pregunta/discusión de otra compañera (esto lo comento en el punto que sigue) y tenía prisa, así que acabé por tomar su aportación solo como un comentario y no respondí.

Lo que sí debí contestar es que ya hay millones de personas alrededor del mundo que vivimos sin creer en ningún dios y nuestras vidas siguen adelante, gracias. El número de ateos que “quisiera creer” pero no puede es minúsculo y lo que extrañan no es lo sobrenatural, sino las comunidades y familias que perdieron (o que los desterraron) cuando perdieron la fe, si es que alguna vez la tuvieron (yo nunca he creído, así que no sé lo que se siente dejar de hacerlo). Los ateos alrededor del mundo son gente con vidas plenas y muchas cosas que hacer—no necesitamos encontrar razones para evitar suicidarnos diariamente al estilo Camus, ni lamentamos la pérdida de la superstición que mantenía el orden moral al estilo Nietzche. Aprovechamos el tiempo que tenemos al máximo porque entendemos que la vida es frágil y este no es un ensayo para lo que viene después, sino que es el acto único y principal. Creo que en algún punto mencioné que esta visión se llamaría algo así como ‘bueno-ya-que-estamos-aquí-ismo’. Lección aprendida: detente a pensar si hay algo que contestar aunque no te hagan una pregunta con la puntuación indicada, "¿…?".

3) Una compañera musulmana inauguró la sesión de preguntas y aprovechó al máximo, soltando lo que en estrategias de debate se llama un Gish Gallop (no necesariamente lo estaba haciendo a propósito). Esto consiste en decir un montón de cosas o preguntas rápidamente, dejándole la responsabilidad al oponente de refutarlas todas y, si no lo hace, cantar victoria. Como es más fácil y rápido decir cosas que explicar por qué esas cosas están mal, esto lo deja a uno en desventaja de parecer lento, confundido por las preguntas o simplemente de no saber qué decir. El problema no fue ese—en cierto modo estoy acostumbrado y me ha pasado antes. El problema fue que, para mi desgracia, ella inició sus comentarios declarando así nomás que yo no había leído suficiente (el Corán, las Hadith y la Sunna, me imagino) y por eso yo decía las cosas que decía. Esto fue sumamente desquiciante para mí, pues aparte de que estoy familiarizado con los textos islámicos y la religión en general, ahora resultaba que telepáticamente ella concluyó que no. Contesté las preguntas que hizo punto por punto (aunque inmediatamnte después de cada una ella hacía otra, continuando con el galope) y acabé por cortarla en favor de pasar a otra persona. Otros asistentes del público siguieron discutiendo con ella, pero ya no supe en qué quedó todo porque le presté mi atención a la psicóloga del punto anterior.

Sus preguntas se centraban en malas representaciones de la cosmología actual y en la idea de que el Corán supuestamente anticipa conocimiento científico, incluyendo al Big Bang (que se decidan de una vez, ¿no? Por un lado dicen que la cosmología moderna tiene ideas absurdas (“ustedes creen que todo apareció de la nada”) y por otro dicen que claro, eso es lo que ellos han estado diciendo todo el tiempo). Esto es ridículo (ver las referencias de abajo) y, aunque lo que expliqué de cosmología era correcto y respondía directamente a sus preguntas, otras respuestas hubieran sido mejores.

Por ejemplo, pude haber dicho que, si vamos a contar las "predicciones" acertadas de un texto religioso como puntos a su favor (véanlas, verán que convenientemente son tan ambiguas que pueden "predecir" lo que sea), entonces debemos 1) considerar las "predicciones" de otras religiones como puntos a su favor también; y 2) debemos considerar las predicciones fallidas y contradicciones en los textos como puntos en contra, además de preguntar por todas las cosas que no fueron predichas o explicadas para nada. Por ejemplo, en los Vedas de los hindús se habla de que el universo tiene millones de años de antigüedad. Les falló por un factor de mil, pero ellos también lo presumen como una anticipación de la ciencia. Si de veras su tiempo y masoquismo les alcanza para meterse en esto del islam y la ciencia, con esto tienen para rato:

https://infidels.org/library/modern/theism/islam/
https://infidels.org/kiosk/article/predicting-modern-science-epicurus-vs-mohammed-362.html
http://www.skepticsannotatedbible.com/quran/
https://infidels.org/library/modern/richard_carrier/islam.html
https://infidels.org/library/modern/denis_giron/islamsci.html
https://mm-gold.azureedge.net/Articles/super_scientific_scriptures.html
https://rationalwiki.org/wiki/Qur%27anic_contradictions
https://kafirgirl.wordpress.com/archive/

...y el genial podcast de los Secular Jihadists.

Lección aprendida: identificar el galop y no tener miedo a pensar dos segundos antes de contestar. Debí mantener desapego emocional (se dice fácil) porque no se trata de ganar, sino de tener una conversación productiva. Alternativamente, pude contestar con "¿Cómo sabes lo que he leído y lo que no?" Tip: la forma más rápida de hacerse ateo es leer por sí mismos las escrituras de las distintas religiones y el Corán lo pueden terminar en un fin de semana.

En fin, todo lo demás salió bien y parece que a la gente que sí le gustó la plática le gustó mucho. Como expliqué ahí, preferiría no salir de mi cubículo y/o mi casa a encontrarme con gente, pero el tema es importante y alguien tiene que decir lo que se tiene que decir.

Via SMBC comics.

2018-02-04

Estoy vivo


Escribir es para mí una labor cognitiva altamente demandante que requiere, primero, vencer la inercia de decidirme a hacerlo y, después, superar la frustración de no hacerlo tan bien o tan fácilmente como quisiera. La gratificación es ante todo personal, parecido a lo que uno siente cuando termina de lavar el coche uno mismo o cambiar la plomería del baño sin destruir la casa. A mí me importa y me siento muy chingón, pero casi nadie más siquiera se da cuenta. Procrastinar, en cambio, no requiere ningún esfuerzo y la gratificación es instantánea. Si además uno agrega una serie de tareas de prioridad alta, como ser papá y estudiar un doctorado, alemán y piano, tiene un costo alto dedicar horas y horas a sufrir de forma gratuita.

Por necedad, masoquismo, o una combinación de ambos, pienso persistir.

Hay algunos artículos y ensayos en fila para ser publicados en este mi humilde sitio, pero primero tienen que encontrar su camino a través de la fila de artículos y ensayos que logran ser escritos en primer lugar. Como un punto medio entre hacer nada o escribir algo sustacioso, opté en esta ocasión por degradar mi producción de un "artículo" a meramente un "post" donde doy señales de vida y avisos que pudieran o no ser de interés para los cuatro ávidos lectores que tengo. No sé cómo medir el éxito de este tipo de publicaciones, pero me dan un pretexto para escribir sin tener que pensar demasiado.

*   *   *

Primeramente, el viernes 2 de marzo daré una plática titulada Ateísmo: justo y necesario como parte de los Viernes de Ciencia en el Instituto de Astronomía y Meteorología (IAM) de la Universidad de Guadalajara (pueden agrandar haciendo clic):


El organizador de las pláticas, Alejandro Márquez (ojo que participa también) me volvió a invitar y de nuevo acepté. Como lo hice el año pasado, pienso aprovechar la oportunidad al máximo y hablar de cosas que considero importantes y que rara vez tienen un foro gratuito y accesible. Mi idea es cubrir lo básico del tema en cuanto a definiciones, estadísticas, otros "-ismos" relacionados (o no) con el ateísmo y, lo más importante, qué tiene que ver con ciencia. No es una plática sobre por qué dios no existe, aunque necesariamente tocaré algunos de los argumentos para ello que tienen que ver con ciencia (además, necesito material para llenar unos 30 a 40 minutos, no solo 15).

El año pasado ocurrió que la recepción "en vivo" de la plática fue muy buena y hasta recibí algunas felicitaciones de gente con la que hacía años no intercambiaba palabra. Me valió nuevas amistades, contactos e invitaciones, y en general el saldo neto fue favorable. Sí hubo, como supongo que habrá ahora, críticas de las típicas que recibe quien habla del tema con un punto de vista desfavorable para la religión. Hace casi 10 años ya, en un debate contra el nefasto Chris Hedges, Sam Harris identificó las tres maneras de salir a la defensa de la religión: 1) defender la verdad de alguna o varias religiones (ya casi nadie lo hace porque significa quedar en ridículo); 2) defender la supuesta utilidad de alguna o varias religiones, dejando de lado su veracidad; y 3) hacer todo lo posible por descalificar al ateísmo.

En los años posteriores ha surgido, y me ha tocado ya vivir un poco desde mi plática del año pasado, la cuarta estrategia: quejarse de que se discuta el tema en primer lugar y, como corolario, evitar a toda costa discutir el contenido de lo que uno dice y concentrarse en ataques ad hominem que siempre son una variante de "¿Y quién es él para hablar de ese tema?" Siempre a mis espaldas, por supuesto. No sé qué esperar esta vez pero ya estoy preparando el contenido de la plática y espero publicar una versión escrita aquí como lo hice para mi participación del año pasado. En fin, me preocuparé cuando presenten un buen argumento y no solamente un berrinche.

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Abandonar las redes sociales ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en los últimos años. Me distraigo menos, estoy menos irritable, pienso mejor de los humanos que me rodean y mi ansiedad en general ha disminuido. Me informo visitando directamente las páginas que solían interesarme de todos modos y a través de subscripciones a circulares por correo y muchos, pero muchos podcasts. También he agregado unas capas más de aislamiento que me han resultado, como quitar la aplicación de correo de la pantalla principal de mi teléfono y hacer uso generoso de las funciones de silenciar y bloquear aplicaciones y personas (recomendación para usuarios Android: Should I Answer?).

Hablando de redes y publicaciones, el lector atento habrá notado que este sitio tiene una página asociada en Facebook y quizá esto amerite una aclaración. Bien, pues resulta que la mayor parte de los lectores que dan con mis artículos lo hacen a través de esa plataforma y, cuando cometí mi suicidio digital, la preservé. Seré  masoquista, pero no tonto. Sí, Facebook requiere que haya una persona "real" administrando la página, por lo que tuve que crear una cuenta personal dedicada exclusivamente a ello—una cuenta sin contactos, amigos, publicaciones ni nada. Esa cuenta "boba" tiene la privacidad puesta en el nivel máximo y nadie puede siquiera buscarme para mandarme solicitudes de contacto, amistad, ni nada. Soy más difícil de contactar, pero eso me beneficia más de lo que me perjudica. Cuando comparto artículos como este, lo hago a través del sitio/aplicación Buffer, que además me permite programar publicaciones automáticas sin tener que ingresar a Facebook.

*   *   *

En la introducción mencioné una fila de artículos que quisiera escribir. Aparte de reseñas y comentarios como los que ya se encuentran en este sitio tengo otra idea con la que he estado entreteniéndome, que es producir una serie de artículos sobre física—no solo divulgación, sino educación. Quisiera hacer un puente entre el nivel divulgativo y el nivel técnico, y creo que tengo algunas ideas de cómo hacerlo. Se supone que mi área de especialidad es la física teórica y, más específicamente, la que concierne a la Relatividad General y la Teoría de Campo (el área de intersección entre éstas es mejor conocida como Gravitación Cuántica). Pero también hay muchos temas interesantes en la física más "mundana" y que creo que serían nutritivos para un público más general dispuesto a un poco de esfuerzo. Hay un trecho enorme entre lo último que ve de física la gente en la preparatoria y lo que se hace de manera profesional, y creo que a lo largo de ese trecho hay mucho espacio para hacer algunas paradas provechosas.

Otra versión de esta idea es hacer una especie de bitácora de mis propios estudios e investigación, que sería casi como hacer una versión "para dummies" del contenido de mi doctorado. Como obviamente no podría empezar tal cosa simplemente con "Consideremos una teoría de campo sobre una malla discreta y un lagrangiano dado por...", acabaría haciendo un repaso de mucha física en lo que lo puedo traducir a algo entendible. Todavía no he decidido ejecutar algo concreto, pero ya casi está lo abstracto.

*   *   *

No tiene nada que ver con nada de lo anterior, pero he dado un par de pláticas sobre agujeros negros y apenas me encontré con las simulaciones relativísticamente correctas de Andrew Hamilton y su equipo en la Universidad de Colorado, y ahora me siento como un idiota por no haberlas encontrado antes. En fin, aquí está una para un agujero negro tipo Schwarzschild (perfectamente esférico, sin rotación ni carga). El horizonte de eventos se cruza aproximadamente a los 37 segundos:



También ésta animación de la región de acreción justo afuera de un agujero negro en rotación es muy bonita y es por parte de los colegas de Hamilton en la Universidad de Virginia:

Simulación magneto-hidrodinámica relativísticamente correcta de un agujero negro en rotación.

2017-11-26

Misántropo Esquizoide





He evitado a cuantas personas he podido desde mi infancia. Recuerdo a mi madre y mi abuela, todavía cuando vivíamos en el Distrito Federal—perdón, Ciudad de México—presentándome a una hermana de una prima de no se quién que me quería conocer, y que mi respuesta fue sentir miedo y preguntar para qué quería conocerme. Debí tener unos cuatro o cinco años y estábamos en alguna fiesta, tal vez una posada navideña. Había piñatas, dulces, música, muchas personas y muchos otros niños.  No recuerdo si conocí a la persona a fin de cuentas. No quería conocer a nadie. Sólo quería irme a mi casa.

En algún momento me ofrecieron pegar a la piñata y sentí pánico de pasar frente a todos; había estado mirando con miedo de que me fueran a dar un palazo. No recuerdo si lloré o solamente me abracé de la pierna de mi madre y sacudí la cabeza, pero a fin de cuentas me salvé de pasar. Traté de evitar la atención de la gente y, como resultado, todos me estaban mirando de todos modos, el niño que no quería pegarle a la piñata. Mi madre me dijo que ella podía ir a recoger dulces por mí cuando la rompieran, y que me podía quedar a ver solamente. No recuerdo qué contesté, pero sí recuerdo que si no había llorado antes, en ese punto ya lo estaba haciendo y quería esconderme en algún lado inmediatamente. Ahora que lo pienso no parece gran cosa desde fuera ver a un niño tímido que no quiere pasar al frente, 'pobrecito, ya se le pasará'. Pero en aquel entonces me sentía desnudo en el patíbulo de la plaza pública.

Probablemente mis padres notaron que sufría en eventos muy concurridos, porque poco a poco me fueron evitando el sufrimiento de tener que ir, ya fuera dejándome en casa de algún familiar que me cuidara a mí y a mi hermana menor, o permitiéndome quedarme solo en casa cuando incluso ella quería salir. Después de mudarnos a Guadalajara cuando tenía 5 años y dejar atrás a toda la familia extendida, fue menos necesario hacer arreglos para que me pudiera quedar en casa. Pero, para mi desgracia, al poco tiempo de llegar a la nueva ciudad mis padres hicieron amigos y a veces llegaban de visita. Entonces adopté la estrategia de hacerme el dormido cada vez que hubiera visitas, lo que seguramente no engañó a nadie muchas veces pero daba el resultado efectivo de que mis papás preferían no arriesgarse a parecer tiranos interrumpiendo el sueño de un inocente niño. Después de un tiempo ni siquiera fue necesario hacerme el dormido. Solamente me quedaba en mi cuarto en silencio y era entendido que no iba a bajar a saludar a nadie.


*   *   *

Pero esa no era una opción disponible en el colegio. El pinche colegio. Cruel, cabrón y obligatorio.
Olvidamos que no hay nada sagrado en el aprendizaje en salones y grupos grandes, y que organizamos a los estudiantes de este modo porque es lo más eficiente en costo, ¿y qué más se supone que haríamos con nuestros hijos cuando los adultos están en el trabajo? Si tu hijo prefiere el trabajo autónomo y socializar uno a uno, no tiene nada de malo; solo no encaja con el modelo predominante. El propósito de la escuela debería ser preparar a los niños para el resto de su vida, pero muchas veces los niños acaban necesitando prepararse para sobrevivir a la escuela misma.

—Susan Cain en Quiet.
Rodeado de gente pendeja, abusiva, insoportable, o combinaciones de las anteriores a la vez, fue en la escuela donde la timidez y ansiedad forjaron mi franca misantropía. ¿Sabe qué es peor que ser terrorizado por otros niños? Ser exasperado por ellos. Para mí la muerte era tener que soportar las lecturas compartidas en las que la maestra pedía a cada niño leer un párrafo de algún texto. Las manecillas del segundero del reloj en la pared se paralizaban mientras el pinche Richard (de veras, así se llamaba el güey) no podía pronunciar una sola palabra de dos sílabas o más sin trabarse, volver al principio, pronunciar perfectamente una palabra que no era la que estaba en la hoja, ser corregido por la maestra, y repetir el proceso con la siguiente palabra. La maestra le preguntaba qué quería decir lo que acababa de leer y obtenía como respuesta solamente una mirada en blanco porque, si de por sí pronunciar era una labor cognitiva demasiado intensa para Richard, comprender era francamente imposible. Luego la profe hacía la pregunta a los demás y obtenía lo mismo, obviamente, porque los demás hacía mucho que ya habían recurrido a dibujar en su cuaderno o pasarse papelitos o, como yo, a soñar despiertos con que un mundo mejor debía existir en algún lado. Y entonces era el turno del niño siguiente y así, hasta completar el tiempo de clase.

Los recreos no eran mucho mejores. De hecho, estoy seguro que eran peores. Uno escapaba de lo inane para caer en lo pavoroso. Tenía miedo constante de que otros niños me fueran a quitar mis cosas, que me humillaran, que me jugaran bromas pesadas o me golpearan. Vi cómo esto pasaba a otros niños, en particular los más callados o aplicados en la escuela, y todo el tiempo miraba sobre mi hombro. Creo que mis temores solo se vieron justificados en una o dos ocasiones cuando mucho, y ni siquiera recuerdo qué fue lo que me pasó, pero siempre tuve miedo. Durante la primaria no fui un buen alumno, meramente cumplía y ya. No llamaba la atención aparte de que no llamaba la atención. Recuerdo que tenía solamente un amigo, Humberto, que entonces era bajito y gordito y la pasó muy mal. Yo era muy delgado y poco a poco crecía más que los demás, pero en general pasé desapercibido. Aún así, el temor de ser detectado como víctima potencial permaneció y cada vez que llegaba a casa de la escuela sin ningún incidente suspiraba de alivio. A la inevitable pregunta de mi papá de cómo me iba en la escuela, siempre contestaba 'bien' y eso era todo.

En un principio me refugié en el deporte y llevaba mi balón de basquet para tirar en los recreos. Lamentablemente para mí, el basquet es un deporte de equipo y otros niños se acercaban a jugar conmigo y, como eran muchos y generalmente más grandes, pues jugaba, aunque quisiera decirles que no. Poco a poco fui yo el que creció más, mejoró en el basquet y luego empezó a ir al gimnasio, aunque para entonces los otros niños ya estaban interesados en otras cosas (las niñas) y por fin pude quedar solo. Para la secundaria ya era el único con un balón tirando durante el recreo, a veces compartiendo la cancha con los de la escolta que ensayaban a esa hora. Dado que tenía toda la tarde para jugar basquet y más, opté por dejar el balón en casa y dedicar mis recreos a refugiarme en la biblioteca, y frecuentemente terminaba mi tarea minutos después de que me fuera asignada. Ésta comúnmente era solicitada después por otros alumnos porque, decían, estaba muy difícil o no habían tenido tiempo de hacerla. Y si no se las pasaba, pues era 'mala onda', ¿y quién quería ser mala onda? Pues yo, naturalmente.

Y es que hacer las cosas como se deben y seguir las reglas es suficiente para hacerlo a uno mala onda ante los demás, o amargado, o como sea que se le diga. Si había que leer algo pues yo lo hacía y, si al día siguiente el profesor preguntaba quién había leído, yo levantaba la mano sin entusiasmo, pero con seguridad. Si los demás no habían hecho la tarea de cálculo por haber estado toda la tarde y noche chateando, y si la maestra preguntaba cómo nos había ido con las derivadas que nos había dejado, yo decía que bien, que habían estado fáciles y que me había tardado 15 minutos, porque así había sido y pues ella preguntó. A la hora de los exámenes nos daban hora y media, pero yo entregaba todo a los 20 minutos. Cuando el profe me preguntaba si estaba seguro y si había revisado mi trabajo, yo le decía que ya lo había hecho y estaba todo bien. En la preparatoria ya sacaba 9 y 10 en todo sin mayor esfuerzo.

Aprendí a quedarme callado cuando era momento de trabajar en equipo. Si había que hacer algo en conjunto con otros alumnos, yo no decía nada hasta que quedara solo y pues ni modo, qué lástima, lo acababa haciendo solo. Muchas veces mis maestros no se enteraban que estaba por mi cuenta hasta el momento de entregar el trabajo o pasar al frente a exponer. Me preguntaban por qué estaba solo si habían dicho que el trabajo era en equipos de tres o lo que fuera, a lo que yo contestaba que así trabajaba mejor, que los otros dos o tres solamente hacían mi trabajo más lento, que se hacían pendejos de todos modos y que mi trabajo individual era igual o mejor al trabajo grupal de los demás. Y me tenían que dejar en paz, porque era cierto.

Recuerdo una materia de historia en la preparatoria en la que la profesora nos asignó a grupos de tres por dedazo para exponer un tema. Me tocó con dos compañeros ineptos, para variar. El tema era la Revolución Rusa. Convenientemente había leído el ladrillo A People's Tragedy de Orlando Figes el verano anterior (porque para eso es el verano, naturalmente), así que mi parte ya estaba resuelta. Entonces hice lo mejor para todos: hablé con los compañeros y les dije 'no se preocupen, déjenme hablar a mí, nomás dicen que ustedes hicieron la investigación y que me la dieron a mí para que la presentara en 40 minutos'. "Sacamos" diez.

*   *   *
Creo que mi misantropía esquizoide llegó a su ápice en un par de incidentes al inicio de la preparatoria, cuando mis compañeras de año celebraban sus sendas fiestas de 15 años. Fui invitado a una y, sin saber en lo que me estaba metiendo, acepté. La invitación decía que todo comenzaba a las 8:00 p.m. y a esa hora llegué. No había nadie más que la cumpleañera (que ni siquiera estaba lista), su familia, y unos pocos meseros (nadie es puntual para estas cosas en México, lo usual es poner una hora y dar por entendido que es conveniente llegar hora y media después, al menos).

Después de pasar una hora más o menos tomando refresco y comiendo cacahuates solo, los demás compañeros empezaron a llegar a cuentagotas. No recuerdo exactamente cuándo comenzó la música, pero inmediatamente me paralicé y me sentí como a los cuatro años, aterrado. Igual que como habían llegado, poco a poco los compañeros se levantaron para ir a la pista de baile y me volví a quedar solo con mis cacahuates. Un par de veces una compañera trató de rescatarme y me invitó a bailar, lo cual solo me produjo más desesperación, y luego me dijo que bueno, que no bailara con ella, pero que seguro debía bailar con Fulanita que por ahí andaba. En cuanto tuve la oportunidad hice como que iba al baño y, sin decir nada a nadie, salí a la calle a esperar a que pasaran por mí (no sabía manejar todavía, y no había celulares en aquel tiempo). Me senté a esperar en una jardinera, escondido en la oscuridad, y un par de horas después llegó mi mamá a la hora acordada. ¿Todo bien? Sí, todo bien.

El segundo incidente fue el complemento del primero. Habían pasado ya varias fiestas similares a las que había sido invitado y simplemente no acudí. Ni siquiera le comunicaba las invitaciones a mis papás. Guardaba los boletos, fingía demencia hasta que llegara la fecha y simplemente no iba. Poco a poco las invitaciones empezaron a escasear y el ciclo de fiestas de 15 a terminarse, y yo sentía alivio. Pero hubo una compañera de las más populares que, un día temprano cuando entramos al salón, nos invitó a todos y repartió boletos para su fiesta. Cuando recibí el mío ni siquiera lo miré y tardé menos de medio segundo en voltearme con el compañero de al lado y, sin disimulo alguno, le dije 'Toma, lleva a un amigo'. No supe si la muchacha se dio cuenta, y a esas alturas era claro que me invitaba solo por compromiso y educación, pero deduje por las risas y miradas de los demás que no fue socialmente aceptable hacer eso. Pero no me importó. Al confirmar mi inasistencia a una fiesta más, solo sentí alivio.

*   *   *

Nadie escoge ser como es. La gente cree que uno se despierta una mañana y piensa: ¿Saben qué sería buena idea? Pelear con todos, odiar a todos, sentirme aburrido por todos, ser excluido por todos. Tener como refugio solo mi propia mente, que al cabo la puedo llevar conmigo a todos lados, y abandonar este mundo a conveniencia con los ojos fijos en la nada. Sentir ansiedad cada vez que alguien me jala de regreso al mundo y me pregunta qué estaba pensando. Tener miedo constante de ser lastimado y de estar aburrido. Desesperación constante por la ineptitud, la impuntualidad, el desperdicio del tiempo de uno. Urgencia, porque la vida es corta y la maldita cajera del Oxxo está haciendo corte de caja con diez personas en una fila y la otra caja atendiendo a un idiota que va a pagar diez recibos y hacer dos depósitos. Rascarme la cabeza, morderme las uñas, tamborilear los dedos índice y medio contra el pulgar hasta deshacer la piel. Dar vueltas en la cama. Apretar los dientes todo el día durante años hasta deformarme el maxilar inferior y necesitar un guarda bucal para dormir. Hablarle golpeado a la gente, especialmente a la que más me quiere. Considerar una invitación a bailar como un crimen de lesa humanidad. Hacer chistes que nadie entiende y ser víctima de chistes que yo no entiendo. Tener que ir a terapia para aprender a saludar a la gente. Tomar antidepresivos y sedantes y antipsicóticos para poder siquiera estar en condiciones de saludar a la gente. Sí, claro que eso es lo que quiero hacer con mi vida. Suena fabuloso.

*   *   *

Las cosas mejoraron después del colegio. En la ingeniería pude conocer gente nueva y la mayoría era mucho más agradable que la del colegio. Después de eso hice la transición hacia la educación pública para estudiar música y eventualmente física, y me encontré con que el más desagradable probablemente era yo. Fui a dar al desarrollo de software un tiempo y ahí también me di cuenta que era uno de muchos bichos raros de la sociedad. Aún así, prefería pasar el tiempo dedicado a mis estudios y mis libros. La mayoría de la gente pasó de ser irritante a meramente aburrida y las cosas mejoraron. Hasta pude tener una que otra novia y una inclusive se casó conmigo. Viendo solo los metadatos de mi vida, creo que mucha gente estaría dispuesta a cambiar lugares conmigo. Frecuentemente escuchamos historias de cómo los niños y niñas más introvertidos crecen y acaban siendo no solamente exitosos, sino prácticamente dueños e inventores de todo. Esto se considera como una especie de transformación milagrosa, cuando simplemente es reflejo de que a medida que uno crece es más fácil escoger su entorno y compañía.

Después de la primer vez que mi psiquiatra me mencionó la frase 'personalidad esquizoide' llegué a casa a investigar en Internet, aunque ella me había recomendado en particular un libro que ya no recuerdo. Al parecer la literatura sobre la gente como yo es escasa, porque generalmente preferimos no llamar la atención y muchos aprenden a 'actuar' como gente bien adaptada a la sociedad. Lo que sí encontré fueron listas de síntomas y me parecieron como que no encajaban conmigo inicialmente. Debía cumplir con al menos cuatro para ser considerado de personalidad esquizoide, pero cumplía con solo dos según mis cuentas. Le mostré las listas a mi esposa y me dijo 'uy, pues yo te cuento como siete.' Chale. Y es que esos síntomas son lo que se percibe desde fuera, no lo que uno oye en su monólogo interno. Por ejemplo, una de las señales es una aparente indiferencia a la crítica o la alabanza de parte de otras personas hacia uno, pero yo siento que reacciono profundamente y me agovio por cualquier comentario. Desde fuera, sin embargo, apenas muestro reacción. Si me dicen que me veo bien o que me muera yo digo 'ah, ok' por igual.

Como en el colegio, todavía siento irritación y aburrimiento con la mayoría de la gente, y me cuesta trabajo pasar tiempo o compartir espacio con gente tonta. Igual que con Richard en el colegio, que no podía pronunciar las palabras simples que tenía enfrente y que yo podía ver, me desespero cuando la gente no puede juntar las ideas simples que tiene enfrente. Dicen tres palabras y ya sé todo lo que van a decir después, pero son incapaces de decirlo competentemente y me exaspero. A todos les pasa, por más inteligentes que sean, que se atoran de vez en cuando en expresar una idea relativamente simple. No es eso a lo que me refiero: me refiero a que pierdo la paciencia con las mentes simples, que es muy distinto. Esto es algo instintivo y no lo puedo controlar. Quizá la mejor analogía que puedo hacer es con el desprecio que uno le tiene al reggaetón o la música de banda una vez que sabe que existe el rock y la música clásica o, en algunos casos, aún si saberlo.

No hay cura para la gente como yo, y ni siquiera hay consenso de que debamos ser curados. El enfoque preferido es el método adaptativo, que consiste en conceder que no voy a 'encajar' haga lo que haga y no vale la pena hacerlo. Es preferible saber cómo relacionarse con la gente y no necesitarlo, que necesitarlo y no saberlo, así que una cierta cantidad de entrenamiento en terapia es recomendable. Los medicamentos no son obligatorios pero casi siempre recomendables, y los he usado para lubricar la interacción de mi mente con la de los demás y con el mundo real. Pero en general, si una persona me molesta, pues la evito y ya. Sí, pueden resultar heridas, pero lo que ellas sufren por mi rechazo es insignificante comparado con lo que sufro yo por tener que aguantarlos. Si yo fuera así de molesto para alguien, le comprendería que me hiciera a un lado también. Es solo cuestión de autocompasión. Pedirme que me esfuerce por alivianarme o convivir es como pedirle a un paciente con Alzheimer que se esfuerce por recordar. Pero a diferencia de alguien con Alzheimer, yo no desarrollé lo que sea que tengo. Así soy.
Melvin Udall, interpretado por Jack Nicholson en Mejor, Imposible (As Good as it Gets). El personaje es una exageración, pero no por mucho. Si hablara menos sería prácticamente como yo.



Para una visión 'pop' de la introversión ligera, pueden ver el sitio de Susan Cain, Quiet Revolution. Inicialmente este artículo comenzó como una reseña de su libro pero lo encontré, irónicamente, sumamente superficial. Está bien escrito y muy bien investigado, pero a pesar de eso no menciona al autismo, esquizoidismo, misantropía, Apsergers ni nada remotamente interesante en casi 400 páginas y más de 70 referencias. Es un buen libro si no te interesa saber mucho de la introversión hardcore y te gustan los equivalentes literarios de luz y sonido, pero para mí fue una oportunidad desperdiciada por parte de Cain.

Hablando de introversión hardcore, los detalles los pueden encontrar, en una versión algo burda, en el fascinante (y aveces perturbador) sitio esquizoide.net, de parte del psicólogo y esquizoide extremo Mikel Martínez. En cierto modo este ensayo es un breve punto medio entre la introversión light de Cain y la supercargada de Martinez. (Actualización 2019: parece que ha desaparecido el sitio de Martínez, pero se puede encontrar una versión archivada aquí.)

2017-08-29

¿Qué queda de la Izquierda?

Reseña de What's Left? de Nick Cohen
Londres, 2003
Crecí en países sin democracia, así que no me puedo dar el mismo lujo que tú. Tú creciste en libertad, y puedes escupirle a la libertad porque no sabes lo que es no tenerla.

Ayaan Hirsi Ali
No hay que subestimar las ventajas que tiene la ausencia de una agenda política de principios para los liberales e izquierdistas. Su filosofía—o falta de ella—se acomoda al consumismo moderno. No hace falta comprometerla a una visión social ni ponerla a prueba en elecciones. No es necesario tener camaradas qué defender cuando las cosas se pongan difíciles. Igual que en un centro comercial, no hay lealtades ni deberes y uno puede entrar a la tienda que se le antoje. Todo lo que uno tiene que hacer es estar en contra de su gobierno occidental local y sobre todo estar en contra de Estados Unidos. Como el gobierno de uno será tonto e injusto a veces, y como EU naturalmente atrae sospecha y resentimiento porque es la única superpotencia del mundo, y también puede actuar tonta e injustamente a veces, estos no son estándares altos para un consumidor de política.

—Nick Cohen, en What's Left
En 2006 apareció en la web un breve documento delineando la visión de lo que debería ser la Izquierda política, según una lista de académicos, reporteros y analistas políticos que se identificaban de algún modo con ella. El Manifesto de Euston, como fue bautizado, es una destilación de lo que Nick Cohen y otros izquierdistas consideraban incontrovertible y necesario creer (también está en español si así lo prefieren). Yo mismo lo leo y lo encuentro básicamente intachable—si esa es la Izquierda, pues que me digan dónde firmar y a qué número de cuenta depositar. Curiosamente, al mismo tiempo que estaba ayudando a editar y firmar ese documento, Cohen le explicó a los autores que no creía que éste fuera a ser tomado en serio sino lo contrario y, de hecho, estaba a punto de publicar un libro con las razones por las que esa noble visión de la Izquierda había fracasado e iba a seguir fracasando. Ese libro fue What's Left? y, diez años después, me atrevo a decir que su pesimismo inclusive se ha quedado corto. El mismo Cohen también ve que la situación va de mal en peor. La gente como yo permanece políticamente huérfana, con la sensación de ser los únicos sobrios en un auto manejado por ebrios que no se hacen a un lado. What's Left? es un diagnóstico y explicación de cómo y con qué se emborracharon esos conductores y los caminos que debieron haber tomado.

Una nota sobre terminología: en este artículo adoptaré la convención que usa Cohen de usar el término 'liberal' con la connotación americana, es decir, lo opuesto de 'conservador' o 'tradicionalista' y por lo tanto en la izquierda política, así con minúscula. En Europa el 'liberalismo' se refiere más bien a la defensa de libertades individuales que se originó en la Ilustración, con énfasis en que el individuo debe ser libre de su gobierno, y es considerada una posición centrista, apolítica o, en ciertos contextos, inclusive de derecha.
*   *   *
Cuando digo que 'la situación' va de mal en peor, ¿a qué me refiero? El asunto es que cuanto más a la izquierda del espectro político se encuentre alguien, más tiende a creer algo como lo siguiente. Primero, las masas han rechazado a la Izquierda debido al lavado de coco que las grandes corporaciones mediáticas les han aplicado para que acepten la globalización y, aún peor, el neoliberalismo (la 'manufactura del consenso', según Chomsky). La democracia es realmente una estafa, todos los partidos políticos son iguales y los derechos humanos son arbitrarios. Lo que los tontos llaman libertad o democracia es en realidad una cortina de humo para esconder las maquinaciones de los verdaderos amos de este mundo, que quieren ante todo vender petróleo y Coca-Cola. El fascismo es el peor enemigo de la humanidad siempre y cuando los fascistas sean blancos; de lo contrario, es meramente una respuesta comprensible al imperialismo del poder hegemónico de Occidente, personificado ante todo por Estados Unidos e Israel. Solamente hay dos virtudes: ser víctima de Occidente y odiar a Occidente en nombre de sus víctimas. Las víctimas de Stalin, Hussein, Putin, Mao, Castro, Mugabe y Assad no cuentan, porque realmente ellos luchan por la libertad y la verdadera democracia. Cuanto más embrollado e incomprensible sea el razonamiento para llegar a estas creencias, mejor. Lo único que debe decirse claramente es que todo es culpa de los Masones y, por supuesto, los Judíos.

Pero vamos por partes.
*   *   *

En el camino a la utopía se pueden lograr muchas cosas buenas, aún si el destino final es inalcanzable. Así, el mundo occidental es, hoy en día, un mundo en el que los valores liberales han triunfado o al menos se reconocen como ideales a alcanzar. Las mujeres tienen el voto y cada vez más autonomía sobre sus cuerpos y sus carreras. Las jornadas laborales son limitadas en cantidad y duración y, si tenemos suerte, pronto las máquinas harán todo el trabajo sucio y peligroso. La salud y educación públicas existen y, sean como sean sus deficiencias, son mejor que la nada que había antes en su lugar. Por otra parte, las minorías sexuales han ganado terreno que inclusive ellas mismas daban por utópico, como el matrimonio igualitario y la adopción. Las fuerzas retrógradas del cristianismo en todas sus variantes han sido reducidas a una versión homeopática de lo que alguna vez fueron, y los estragos que todavía causan son reconocidos como patadas de ahogado. El racismo sigue existiendo, pero en forma de esclavitud y colonialismo, nunca más. Los países desarrollados han logrado estándares de vida nunca antes vistos y el resto del mundo los alcanza poco a poco. No es perfecto, pero es cada vez mejor. Si se le hubiera dicho al socialista más radical de 1900 que estas cosas serían hechos mundanos en el mundo desarrollado un siglo después, quizá estaría dispuesto a reconocer que sería un mundo mejor.

Pero el pensamiento utópico, por definición, no está satisfecho con simples mejorías. Las democracias liberales siempre se quedarán cortas de una utopía socialista, así que siempre habrá algo más qué criticar. El problema para el marxismo fue que en lo económico y político fue sistemáticamente derrotado por la realidad y las evidentes mafufadas de su 'teoría'.  A medida que perdían la batalla intelectual, los 'teóricos' de esta disciplina comenzaron a diversificarse y así nació el Posmodernismo. Habiendo fracasado en llamar la atención de la clase obrera, el énfasis se movió hacia la clase media y de lo económico a lo cultural. La clase trabajadora que tanto habían adorado en tiempos anteriores los intelectuales se convirtió en la más odiada debido a sus actitudes sexistas, racistas y homofóbicas, por no decir nada de su ocasional patriotismo. La desigualdad económica pasó de moda a favor de las 'relaciones de poder', en las que la única virtud era ser una víctima.

Cuando la utopía socialista se alejó más hacia lo imposible y se acabaron las opciones para ser un hipster disidente serio, la estrategia constó en criticar a la democracia liberal, que era (es) vista como una forma de gobierno ilegítima y usurpadora, promotora del colonialismo y la represión en general. Cuando la oposición al liberalismo democrático provista por la Unión Soviética se esfumó cuando ésta cayó, lo más natural para los 'disidentes' fue adoptar la estrategia de 'el enemigo de mi enemigo es mi amigo' y se aliaron con otros regímenes y movimientos anti-liberales y anti-democráticos. Lo más importante, ante todo, era no sucumbir ante la hegemonía (neo)liberal. En palabras de Judith Butler, 'teórica' suprema de esta forma de 'pensar':
El movimiento desde un recuento estructuralista en el que el capital es entendido como la estructura de las relaciones sociales en formas relativamente homólogas hacia una visión de la hegemonía en la que las relaciones de poder son sujetas a repetición, convergencia y rearticulación, trajo en cuestión de temporalidad hacia el pensamiento de la estructura, y marcó un desplazamiento de una forma de teoría Althussiana que toma totalidades estructurales como objetos teóricos, a una en la que las pericias de la posibilidad contingente de la estructura inauguran una nueva concepción de la hegemonía como envuelta con los sitios contingentes y estrategias de la rearticulación del poder.

(citada por Cohen. Pueden ver ese y más ejemplos aquí.)
(Cuando piense que odia su trabajo, recuerde que hay gente que se dedica a traducir libros enteros de eso que acaba de leer.) Cuando se molestan en ser más claros, los posmodernistas dejan ver sus alianzas y prioridades más claramente. Por ejemplo, Michel Foucault, interrogado sobre el destino de las mujeres y los iraníes liberales (es decir, la Izquierda iraní) que quedarían subyugados por la Revolución Islámica de 1979, contestó que Irán "no se regía por el mismo régimen de la verdad que nosotros." Temo que la palabra 'verdad' no significa lo que Foucault cree que significa.
Foucault, culpable.
No todo es oscurantismo entre los intelectuales de la izquierda disidente. También cuentan con figuras que rechazan el posmodernismo y hablan con claridad y elocuencia, pero efectivamente llegan a las mismas conclusiones. En abril de mayo pasado, Bashar al-Assad le restregó en la cara al mundo que podía usar armas químicas contra su propia población y los medios de izquierda occidentales hicieron el trabajo sucio propagandístico por él. Más que eso, las cadenas de propaganda siempre pudieron contar con los 'intelectuales' de izquierda como Noam Chomsky para culpar a los propios sirios, que aparentemente se habían bombardeado solos para manchar el buen nombre de un 'presidente' que lleva en el poder desde 2000, en un país donde es el único candidato del único partido, y donde antes de él su padre hizo lo propio desde que tomó el poder por la fuerza en 1970. Democráticamente electos, mis huevos. Pero para Chomsky esos son detalles menores que desvían la atención del verdadero problema, que es alguna de varias teorías de conspiración que lleva literalmente décadas promoviendo.

A principios de los 90, cuando emergieron las imágenes del campo de concentración en Trnopolje y el mundo comprendió la magnitud de lo que pasaba en la desintegración de Yugoslavia, Chomsky se dedicó a promover la conspiración de que las imágenes eran un montaje, porque los prisioneros estaban, según él, del lado equivocado del alambre de púas(!). Los reporteros occidentales habían 'manufacturado el consenso' de que había campos de concentración en Serbia cuando, en realidad, decía Chomsky, solo eran Bosnios naturalmente delgados casualmente posando junto a un alambre de púas en un campo de refugiados, no de prisioneros. Mamando no estoy.

'Refugiados', según Chomsky.
Se pone peor la cosa. El caso más documentado de esta conducta por parte de Chomsky fue después de la masacre en Srebrenica durante la Guerra de los Balcanes (que finalmente terminó gracias a EU, y donde no había petróleo ni intereses estratégicos ni regionales ni nada). Chomsky argumentó primero que el asesinato de 8000 hombres y jóvenes musulmanes por parte de los fascistas serbios de Milósevic fue inventado por completo, luego que sí pasó pero eran combatientes, luego que la guerra era un asunto sucio y pues qué esperaban que pasara, y luego que sí había sucedido pero técnicamente no aplicaba el término 'genocidio' y... ¡miren allá, un imperialista!

No era la primera vez, y no estaba limitado meramente a comentar sobre conflictos donde EU estuviera activo. Por años después de la intervención y derrota de EU en Vietnam en los 60s y 70s, Chomsky siguió defendiendo al régimen comunista de Pol Pot en Cambodia, Vietnam y Laos, inclusive cuando exterminó a la quinta parte de su población. Junto con su colaborador, Edward Herman, dedicó las décadas de los 70s y 80s a difamar a reporteros de la región que lograron escapar con imágenes y datos del exterminio, por no decir con sus vidas. Cuando por fin concedió que las atrocidades habían sucedido, las describió como una reacción natural a la intervención imperialista de EU.

Cohen documenta cómo Chomsky siempre se puso del lado de fascistas y terroristas islámicos (que son fascistas también, solo que de otro color) cuando luchaban en intervenciones contra Estados Unidos. Al parecer el trauma de las bombas en Hiroshima y Nagasaki fue demasiado para el Noam Chomsky adolescente y nunca se recuperó. Chomsky pensaba que Japón estaba a punto de rendirse (falso) y que el uso de las bombas atómicas era inadmisible (cierto). Pero Chomsky, a pesar de su (aparente) erudición, nunca se detuvo a pensar en que el mundo es complicado y que simplemente odiar a tu país sobre todas las cosas no te da una visión coherente, sobre todo al encontrarte con cosas peores. En resumen,
[Chomsky] teme a las consecuencias psíquicas de admitir que hay cosas peores en el mundo que las que pudiera provocar la democracia occidental.

*   *   *

¿Por qué [los liberales] no podían apoyar la democracia en Iraq, Siria, Irán y África del Norte—por no mencionar a China o Corea del Norte—junto con la retirada de las fuerzas y colonizadores israelíes? ¿Por qué ellos, al igual que los gobiernos occidentales en sus peores momentos, ignoran regímenes autoritarios y genocidas? Ningún izquierdista quisiera vivir en un país gobernado por al-Qaeda o la Hermandad Musulmana. Liberales, socialistas, mujeres, gays, librepensadores y cristianos no podrían prosperar en una Palestina Islámica, ni un Donde Sea Islámico. En vez de reflexionar sobre cómo sería la vida bajo la nueva extrema derecha, revivieron la vieja creencia racista de Izquierda de que lo intolerable para gente de piel blanca era aceptable para razas menores.
El 15 de febrero de 2003, un millón de personas marcharon en las calles de Londres para oponerse al derrocamiento de un régimen fascista. ¿Saben quiénes adoran el pacifismo? Los dictadores y genocidas, por supuesto. Saddam Hussein ordenó que su televisora estatal retransmitiera las protestas y que miles salieran dentro de su propio país a celebrar el consenso mundial de que El Gran Líder debía seguirlo siendo. Disidentes iraquíes refugiados en países occidentales no podían comprender lo que estaban viendo. Kanan Makiya, autor de Republic of Fear y activista pro-democrático iraquí, estaba devastado. Había pasado décadas de su vida documentando las atrocidades de Saddam Hussein y ahora todo su trabajo se estaba esfumando en una cacofonía contra el imperialismo y el petróleo.

En 2003, el régimen de Hussein era directamente responsable del exterminio de al menos 400 mil de sus propios ciudadanos, además de otro millón de iraníes durante la Guerra Iraquí-Iraní en los 80s. Kurdos, socialistas y todas las minorías políticas, étnicas y sexuales fueron brutalizadas durante décadas en el Iraq de Saddam con impunidad, y disidentes como Makiya eran asesinados y desaparecidos en sus países de exilio rutinariamente. La vida de los ciudadanos comunes consistía en constantemente mirar sobre su hombro y cuidar lo que decían. Padres eran obligados a aplaudir la ejecución de sus hijos por crímenes inventados (usualmente espionaje) y además recibían por correo una factura por las balas. Iraq violó prácticamente todas las normas internacionales en cuanto a armamento y derechos humanos múltiples veces, varias de las cuales justificaban intervención internacional. El momento ideal para remover a Hussein fue en 1990 cuando invadió Kuwait, pero se le permitió seguir bajo sanciones que causaron estragos en su población mas no en su régimen. Y ese día de febrero de 2003, entre 6 y 10 millones de personas alrededor del mundo salieron a protestar... a favor de Hussein.


Lo más temerario del libro de Cohen es lo mucho que usa la Guerra de Irak como un punto para criticar el comportamiento de la Izquierda. La abominable presidencia de Bush y Cheney, y la ineptitud con la que condujeron la guerra hasta 2006, cuando Cohen estaba escribiendo este libro, hacían que argumentar cualquier cosa a favor de la intervención fuera absolutamente tóxico. Aún así, Cohen le supo sacar mucho jugo y sus críticas permanecen válidas hasta hoy. Iraq era una oportunidad para la Izquierda de demostrar de lo que estaba hecha, y en general no paró de decepcionar (recuerden que, con todo y todo, Bush ganó una reelección en 2004). La Izquierda tenía dos opciones ante la inminente invasión de Iraq por EU y sus aliados:
La política de no abandonar a los iraquíes era tan claramente la única opción moral, que nunca se me ocurrió que pudiera haber otra opción. Sí me encontré con un liberal especialista en política externa muy eminente que me dijo que 'vamos a tener que olvidarnos de las víctimas de Saddam', pero pensé que no hablaba en serio. Desde el punto de vista liberal, el único terreno que tendrían que ceder si se apegaran a sus principios en Iraq hubiera sido un reconocimiento de que la guerra tenía cierto grado de legitimidad. Todavía hubieran podido decir que fue administrada catastróficamente, que era una provocación a al-Qaeda y todo el resto. Hubieran podido condenar las atrocidades de las tropas americanas, Guantánamo, y la defensa del uso de la tortura por parte de Bush. Quizá hubieran podido unir fuerzas con simpatizantes iraquíes, que querían apoyo internacional para resistir la insistencia americana de privatizar sus industrias, por ejemplo. Todo lo que tenían que hacer era aceptar que el intento de crear un Iraq mejor valía la pena y ellos podían hacer una contribución positiva.

Un precio pequeño por pagar. Un precio que sus principios liberales les obligarían a pagar. O eso parecía.

La segunda opción para los liberales era hacer lo equivocado por las razones correctas. Podían mirar a los civiles iraquíes y las tropas americanas y británicas muriendo en una guerra cuya premisa resultó ser falsa, y ponerse frenéticos; podían permitir que la ira justificada los llevara hacia 'atragantos de posicionamiento y ultra-radicalismo' como los liberales de los 60s habían hecho cuando ellos se descarrilaron. Como comentó un crítico, tendrían que hacer de cuenta que 'Estados Unidos era el problema e Iraq era problema de él'. Hubieran tenido que mantener que la guerra no era el intento de liberar a una región de la tiranía, sino el resultado sangriento de 'una manía financiera por lograr el control del petróleo de Medio Oriente, y la cruzada por apalear la Luna Creciente con la Cruz'.

Eligieron ponerse frenéticos.

*   *   *

Los posmodernistas y nihilistas de izquierda no son, por mucho, los que más odian a Occidente, pero son aliados de los que sí: los islamistas. Aprovechándose de las libertades civiles que no pueden tener en sus propios países, como la libertad de asociación y expresión, grupos como la Hermandad Musulmana han sabido aprovechar el masoquismo liberal para instalarse cómodamente en Europa. A diferencia de los posmodernistas, los islamistas odian las cosas buenas de Occidente. Ven a Occidente con resentimiento por sus logros tecnológicos y buena calidad de vida a pesar de lo que consideran su supuesta decadencia moral, fallando ver que uno es resultado de lo otro. Al mirar a sus propios países y encontrarse con las peores sociedades del mundo, donde nada crece y vivir bajo dictaduras es el mejor de los casos, se convencen de que debe haber una conspiración en su contra. Después de todo, se dicen, están siguiendo las instrucciones de Alá a la letra.

Si la política externa de Occidente, en particular hasta el fin del colonialismo tras la Segunda Guerra Mundial, fuera la responsable de estos resentimientos, ¿por qué no hay ataques terroristas contra civiles por parte de latinos o africanos? ¿Cuántos chilenos claman 'Allende' antes de volarse en medio de un autobús de niños gringos? ¿Cuántos mexicanos arrollan transeúntes reclamando que California es tierra que siempre les ha pertenecido? Las culturas alrededor del mundo no solamente son distintas—también son mejores o peores. Si el Occidente es una civilización tan represiva y decadente, ¿por qué toda la migración internacional es en su dirección?  Es un gran mérito a reconocerle a disidentes de Izquierda como Makiya que admitieran que sus países pudieran ser mejores, y que la libertad y modernidad no son solamente para los blancos. Pero el legado de relativismo dejado por el posmodernismo ha dejado a la clase intelectual de Occidente lobotomizada, incapaz de ayudarles. No entienden que la libertad que tanta sangre les tomó ganar ante el cristianismo y el nacionalismo y que anhelan tantos en el mundo musulmán ahora la están cediendo, sin pelea, a los fascistas más viles del mundo moderno.

Londres, 2013
Los mismos fascistas islámicos lo admiten, pero antes de que puedan terminar llega algún liberal a arrebatarles el micrófono y disculparse por los crímenes de sus tatarabuelos y conceder demandas que los islamistas ni siquiera han hecho. Ven el odio de los islamistas y los hacen representantes de la lucha de todo lo que ellos odian de Occidente. Los homosexuales ateos socialistas serían los primeros ejecutados bajo la ley islámica, pero pues alguien tiene que luchar contra el imperialismo, ¿no? 

Y en EU:
Solo una facción en la política estadounidense se ha visto capaz de hacer excusas a favor del fanatismo religioso que nos amenaza en el aquí y el ahora. Y esa facción, me duele y enfurece decir, es la Izquierda. Desde el primer día de la inmolación del World Trade Center, hasta el día de hoy, una galería de pseudointelectuales ha resuelto presentar la peor cara del Islam como la voz de los reprimidos. ¿Cómo soporta esta gente leer su propia propaganda? Asesinos suicidas en Palestina—desheredados y denunciados por el nuevo líder de la OLP—descritos como víctimas de la 'desesperanza'. Las fuerzas de al-Qaeda y el Talibán representados como meros voceros contra la globalización. Los sádicos sangrientos de Iraq, que prefieren derrumbar un edificio lleno de gente antes que permitirles el voto, descritos como 'insurgentes' o inclusive, por Michael Moore, como el equivalente moral de nuestros propios Padres Fundadores.

—Christopher Hitchens, citado en WL?

*   *   *

¿Y qué podemos hacer? Cohen no lo menciona explícitamente, pero algo así como seguir la ruta del Manifesto de Euston de manera consistente es lo que pude rescatar. Después de todo, el propósito de What's Left? era explicar los males de la Izquierda, no dar la receta de la cura.

En este tipo de polémicas contra la Izquierda, a veces queda la impresión que uno preferiría entonces a la Derecha; ni Cohen ni yo ni millones de personas liberales quisiéramos eso. De hecho, lo principal es precisamente evitar el impulso reaccionario de decir 'bueno, al menos los de derecha saben gobernar' (que además es falso). El camino de la humanidad hacia la prosperidad, imperfectamente distribuida como esté ahora, no se recorrió encogiéndose de hombros con la esperanza de que derribaran la puerta del vecino y no la de nosotros. La Izquierda ha logrado cosas buenas, y muchas. En varias categorías pudiera decirse que ganó y para bien. Pero la historia, aunque exhibe patrones, no es inexorable ni tiene una dirección bien definida hacia el progreso y la prosperidad. Bajar la guardia en este momento es exponerse a que siglos de trabajo y sangre se evaporen. Antes que identificarnos con un partido u otro, o con una ideología, raza o religión, deberíamos alzar la mano y llamarnos ciudadanos.


Nick Cohen en entrevista en el Rubin Report (1 hr):



Podcast de Ex-Musulmanes: Secular Jihadists from the Middle East

Revista Dabiq del Estado Islámico, número 15. Ver la página 30, Why We Hate You and Why We Fight You. (Ojo con las imágenes de decapitados.)

2017-08-20

Desenredado

Me robé esta imagen del artículo en The Atlantic (ver texto más adelante).

Dentro de (ojalá) muchos años, cuando esté por morir, voy a volver la mirada a mi vida y reflexionar sobre las cosas a las que debí dedicar más tiempo. Vivimos como si fuéramos a vivir para siempre, y solamente cuando estamos cerca del fin, o de alguien cercano a su fin, recapacitamos y pensamos en las cosas realmente importantes que quisiéramos haber hecho con nuestro tiempo. Para muchos, eso casi siempre es haber pasado más tiempo con seres queridos, viajando, creando o disfrutando arte, o aprendiendo algo que siempre quisieron pero no se animaron a intentar. Puedo imaginarme pensando algo como "debí pasar más tiempo con mi hijo cuando estaba chiquito" o "debí dedicarle más tiempo a un instrumento musical." Por otro lado, la idea de usar más tiempo de nuestras cortas vidas haciendo algo innecesario y/o desagradable a propósito nos parece absurda, y por supuesto que nadie piensa en eso en su lecho de muerte. Nadie piensa "debí haber pasado más tiempo en el tráfico." Y de la misma manera, nadie va a pensar: "Debí pasar más tiempo en Facebook."

Y sin embargo, millones de personas alrededor del mundo pierden tiempo en actividades desagradables de manera completamente voluntaria, al ritmo de dos o tres horas diarias, para lograr... ¿qué, exactamente? No lo sé, a pesar de haber sido usuario de Facebook desde 2007 y de Twitter desde 2015. Bueno, hay algunos datos acerca de las redes sociales que pude encontrar, irónicamente, en las redes sociales:
  • Un adulto promedio pasa dos horas diarias en redes sociales.
  • Los adolescentes actuales pasan hasta nueve horas diarias en redes sociales.
  • Con el tiempo que se dedica a las redes sociales, un lector promedio podría terminar 200 libros en un año.
Personalmente, yo empecé a pensar que algo no andaba bien a principios de este año, cuando me encontré con que pasaba cada vez más tiempo irritado cuando estaba en redes sociales. Bueno, suelo ser irritable en lo general, pero se supone que las redes son, en teoría, un escape o entretenimiento. Pero siempre que reflexionaba sobre cómo me sentía al estar en las redes, y sobre todo después, me daba cuenta de que siempre me sentía peor. Teorías conspiranóicas, defensas de dictadores asesinos, memes repetidos cientos de veces, comentarios estúpidos sobre noticias deprimentes y gente idiota en general que se supone son mis amigos. Las pocas cosas que valían la pena las podía encontrar por otros medios, como noticias, humor y artículos interesantes. Pero una y otra vez, actuando en contra de mi propio interés, volvía a entrar y volvía a pasar 20 o 30 minutos de mi vida absorbiendo pendejadas. Datos como los de arriba ya me hacían dudar de que estuviera recibiendo algún retorno sobre mi inversión (de tiempo) en redes sociales. ¿Estaba más informado, o más entretenido, o más "conectado" como para que valiera la pena el dolor en el cuello, el mal humor, o el tiempo perdido en estar meramente distraido?

En los últimos meses, Cal Newport, Tristan HarrisJean Twenge y Andrew Sullivan me han convencido de que no lo vale. Puedo mantenerme informado de las cosas que me interesan suscribiéndome a alertas por correo, que puedo revisar cuando quiera o no. No necesito interrumpir mi concentración cada 10 minutos "por si pasa algo", porque casi nunca pasa y, cuando sí, hay más desinformación que información al principio (piense en cualquier ataque terrorista, por ejemplo). No es mi trabajo estar al tanto de todo, y probablemente no sea sano siquiera aspirar a ello. Además, en un mundo en el que cada vez más gente queda cognitivamente discapacitada, la capacidad de concentrarse ininterrumpidamente en tareas difíciles dará cada vez más resultados para quienes sí la tienen.
Creo que este comportamiento es erróneo. En una economía capitalista, el mercado recompensa las cosas escasas y valiosas. El uso de redes sociales es decididamente no-útil y no-valioso. Cualquiera con 16 años y un teléfono puede inventar un hastag o compartir un artículo viral. La idea de que dedicarse a esta actividad de bajo valor lo suficiente de algún modo acabará sumándole valor a nuestra carrera es la misma alquimia dudosa que forma el núcleo de la mayoría de las estafas y trivialidades en los negocios.

(Newport en el New York Times, mi traducción)
Quizá no sea el mejor físico teórico en términos de intelecto bruto pero, si logro ser el que no está distraído con pendejadas, puedo aventajar a los demás solamente haciendo lo que se supone que tengo que hacer sin distraerme. Ya cerré mi cuenta de Twitter hace un par de días y estoy desactivando la de Facebook en estos momentos. Se supone que el servicio de mensajería instantánea con mis contactos puede sobrevivir la desactivación de la cuenta. Vamos a ver. Si no, que muera. Ya estoy convencido de que no vale la pena en términos de costos y beneficios.

Puede que la audiencia en este blog disminuya hasta casi morir, ya que depende mucho de que lo comparta en Facebook. Aún así seguiré escribiendo, y probablemente hasta lo haga más seguido. Se supone que puedo mantener la página del blog activa (ver Contacto) e ingresar por medio de una aplicación externa, Buffer, que me permite publicar en redes sociales de manera automática sin tener que ingresar a ellas. De nuevo, vamos a ver. De cualquier modo, algo me dice que no ve voy a arrepentir.



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Sitio de Tristan Harris

Modern Media is a DoS Attack on Your Free Will, entrevista con James Williams, ex-diseñador en Google.