2019-09-21

Nuevos ejes políticos



Un tema recurrente en AutóMata será la teoría de la herradura política: esto es que, en sus extremos, la izquierda y derecha se juntan y son lo mismo, porque quieren muchas de las mismas cosas y recurren a las mismas tácticas para lograrlas. Crucialmente, se enfrentan férreamente no la una con la otra, sino ambas contra el centro, que es además el que ideológicamente y en la práctica les queda más lejos. Esta teoría no es nueva ni es perfecta, pero explica mucho más que el tradicional espectro lineal de izquierda a derecha y es muy útil para entender qué implican las etiquetas políticas que las personas se ponen (que ellas mismas las entiendan es otro asunto).

Tras la caída del Muro de Berlín, Francis Fukuyama se aventuró a usar la frase “el fin de la historia” para describir el momento. Es desafortunado que la escogiera no porque estuviera equivocado, sino porque los últimos 30 años ha tenido que defenderse de gente que no la leyó en contexto y que insiste en atribuirle posiciones que nunca tuvo. El punto general que estaba tratando de hacer sí es correcto y es lo que rápidamente discutiré hoy, con algunas extensiones.

En cuanto a los distintos modelos de país en el que uno pudiera vivir, existe uno, a grandes rasgos, que sí funciona y ya sabemos bien cuál es: consta de un capitalismo fuerte en conjunto con una república democrática, también fuerte, que le cobra impuestos para pagar salud, educación e infraestructura. Ése es el modelo. Los países donde la gente quisiera vivir todos son así. Los países de los que la gente se va nadando o cruzando alambres de púas y guardias armados son los que no son así. Podemos debatir si deberíamos adoptar un sistema más presidencial o más parlamentario; podemos discutir sobre cuántos diputados y senadores tener; estaremos en desacuerdo sobre cuántos jueces debería tener la suprema corte, que si cinco o siete o nueve; podemos probar con distintas tasas de impuestos marginales, o ingresos básicos universales o incluso tasas negativas; deberíamos considerar si el mandato del banco central autónomo será controlar la inflación o promover el crecimiento, o ambas cosas o ninguna. Pero si vamos a hablar de construir un país donde la gente sí quisiera vivir, no vamos a debatir que deberían existir esas cosas y muchas otras que las complementan.

Entonces, la cuestión importante no es la distinción izquierda o derecha (este ya soy yo argumentando, no Fukuyama). Lo relevante es la competencia o incompetencia para implementar el modelo que ya sabemos es por mucho el mejor, aunque no sea perfecto. Por supuesto, aunque la gente se coloca felizmente en la izquierda y a veces también en la derecha, nadie va a levantar la mano a decir que son orgullosos incompetentes. Por eso, es necesario crear dentro de nosotros un diccionario de sinónimos políticos para estas posiciones que, en tiempo real, esté traduciendo los debates obsoletos entre izquierdas y derechas a cuestiones de competencia e incompetencia para implementar El Modelo. Para lograr implementarlo, hay cosas que no funcionan actualmente y hay que cambiar, y hay otras que ya están funcionando bien y hay que conservar. En la medida en que izquierda y derecha sirvan para eso, uno puede votar por unos o por otros (o por ninguno).

Por supuesto, lo mejor sería que más personas que votan y son votadas optaran por simplemente implementar el modelo y ya, sin las etiquetas inútiles que solo distraen de la cuestión importante, que es la capacidad para hacer lo que sí funciona. A estas alturas, ya sabemos qué cosas definitivamente no funcionan: cientos de millones de muertos en el Siglo XX y otros miles más en lo que va del XXI son un recordatorio constante de lo que ha costado aprender esas lecciones. La labor ante nosotros no es poca cosa, porque requiere una gran cantidad de educación, sobre todo histórica y cívica. Por si fuera poco, hay que hacerlo entre la cacofonía de demagogia, propaganda y desinformación que inunda nuestros tiempos y en países, como México, en los que la mayoría de la gente no lee ni tres libros al año (y suelen ser burradas de autoayuda).

¿Y cuál es la alternativa? ¿Hacer nada? Eso es lo que, sin duda, llevaría al fin de la historia.

2019-09-13

Puritanos de derecha e izquierda



Puritanismo: El perturbador temor de que alguien, en algún lado, pudiera estar feliz.
—H.L. Mencken

La derecha social, es bien sabido, detesta que la gente pueda experimentar placer sin consecuencias. Actos perfectamente consensuales entre adultos, o por parte de un adulto por sí mismo, y en los que no hay ninguna víctima, son denunciados como faltas a la moral, al pudor o, clásicamente, como “libertinaje”. El libertinaje es solamente un insulto para la libertad que no les gusta de otras personas, por estar ellos, los derechosos, mentalmente castrados para poder ejercerla y, horror, quizá disfrutar de algo en la vida.

Esta privación de placer masoquista y casi siempre motivada por la superstición solamente solo se puede perpetuar por el lavado de coco desde la infancia, en la que supuestamente es una virtud privarse del placer porque, supuestamente, al ser supremo que lo creó no le gusta. Al contrario, el masoquismo inútil se glorifica y a cualquier señal de gozo, sobre todo corporal, se le demoniza. El ejemplo extremo de esto es el Islam más conservador, pero también se presenta en el judaísmo ortodoxo y varias ramas del cristianismo.

Como este asceticismo inane es imposible de mantener para un típico animal humano, inevitablemente produce derechosos hipócritas que, en cuanto pueden darse una escapada, se dejan llevar por placeres de la carne que no se ven ni en una orgía de hippies, y no pocas veces acaban incurriendo en francos delitos como pederastia o trata de personas. El mojigatismo es inevitable.

Esta actitud de horror, envidia o rencor ante el placer de los demás tiene su espejo del lado izquierdo del espectro político, donde los placeres económicos reemplazan a los carnales como objeto de desprecio. Quienes disfrutan—con razón—de hacer con su cuerpo lo que más les plazca mientras no haya consecuencias negativas para otros, frecuentemente denuncian a quienes se atreven a hacer con su propio dinero lo que quieren. El libertinaje económico es el peor pecado del que uno puede ser acusado desde la izquierda; no hay nada más deleznable para ellos que ser económicamente exitoso y disfrutarlo porque, al igual que en la derecha se considera un pecado disfrutar del cuerpo, en la izquierda se considera un pecado disfrutar del dinero. Análogamente, se hace de la pobreza una virtud—cuanto más fracasado sea uno, mejor. Hacer algo por sacar a la gente de la pobreza, no.

Y claro, hay mojigatos de izquierda también, porque igualmente son una consecuencia inevitable de negar la realidad. Hasta el Ché tenía que comer, carajo. Los ejemplos abundan entre políticos supuestamente socialistas y críticos del neoliberalismo que, oh sorpresa, tienen múltiples casas y departamentos en el extranjero, acciones en diversas empresas y se pagan sus sueldos en dólares—frecuentemente sin siquiera trabajar, para colmo.

Igual que para el placer físico, para el económico no existe alguna fuente limitada que, si algunos abusaran de ella, se agotaría. No existe un principio de conservación del placer, y el dinero es, a estas alturas, algo completamente inventado por los humanos a conveniencia para, aproximadamente, medir el mérito del trabajo de uno. De la misma manera que prohibirle a un individuo masturbarse no le traspasará su placer a otro por magia, ni en este mundo ni en otro, prohibir a otro comprarse el café que le gusta o un boleto VIP en el cine no se lo transferirá a otro que no lo puede o quiere pagar.

Las reglas de convivencia humana las inventamos, exclusivamente, los humanos. Al Universo no le importa. Esto es una magnífica oportunidad: hagamos las reglas que más nos gusten, basándonos en entender el mundo como es, para poder disfrutarlo mientras estamos aquí.

2019-09-08

Tu identidad te hace tonto



¿Por qué fracasan las conversaciones sobre política y religión? Todo mundo sabe que, por educación, esos temas no se tocan a menos que, por los medios más indirectos y sutiles, sepamos que nuestro potencial interlocutor es de mente afín a la nuestra.

El programador, autor y emprendedor Paul Graham sugiere en su artículo, Keep Your Identity Small (2009) que la respuesta no está en la educación de los interlocutores, ni en su paciencia, ni mucho menos en su inteligencia. La clave está en que son incapaces de separar los temas de la política y la religión de su política y su religión: los asocian con su identidad.
Los ánimos se calientan en estas conversaciones porque inmediatamente los desacuerdos son percibidos como ataques personales. Un buen argumento, que bajo otro contexto sería bienvenido con curiosidad, perplejidad o asombro, en esos temas es tomado como un insulto a uno o a su honor. Crucialmente, estos debates se estancan no porque falten respuestas correctas—sí, todo mundo tiene sus propias opiniones, pero algunas realmente están mal. Lo que es distinto acerca de las discusiones sobre religión y política es que las personas sienten que no necesitan mucho conocimiento para poder opinar y ser tomados en cuenta. Después de todo, están hablando de sí mismas.

Asumiéndose como perteneciente a una comunidad X, uno necesariamente limita sus opiniones acerca de X a las positivas, aunque objetivamente haya cosas legítimas que se le pudiera criticar a X. Por identificarme como ateo, por ejemplo, inmediatamente me ciego a las críticas legítimas que pudiera haber hacia el ateísmo. Pero si meramente me describo como ateo, si logro un cierto desapego o indiferencia hacia la identidad y la convierto en una mera etiqueta, podría lograr “captar” lo que mis críticos me están diciendo, sin miedo a que pudieran tener razón. Y esto aplica para todas las identidades que pudiera asumir: ser mexicano, hombre, físico, programador, heterosexual o lo que sea.

Transicionando de identidades, que son necesariamente prescriptivas, a identificadores o etiquetas, que son meramente descriptivas, puedo desacoplar lo intelectual de lo emocional y pensar más claro. Después de todo, lo que me importa a fin de cuentas es creer cosas ciertas por buenas razones o, dicho de otro modo, si estoy equivocado en algo, pues quisiera saber en qué, para dejar de estar equivocado. El pensamiento “puro” o “iluminado”, entonces, consiste en llegar a un punto en el que ni siquiera se tienen dichas etiquetas y se puede considerar los argumentos en su estado “puro”.

Obviamente, esto es sumamente difícil y más bien es de carácter aspiracional. Pero solamente tener esta idea ejecutándose en el fondo de mi sistema operativo me ha resultado ya en mucho material aprendido que antes hubiera desechado inmediatamente solo por mi identidad o la identidad de quien lo proponía. Aún más, al parecer sí tengo posiciones defendibles no solo porque pertenecen a mi tribu, sino porque realmente tienen mérito buenas (como el ateísmo). Y si no lo he evitado, al menos sí he reducido lo que más preocupa a Graham: cada etiqueta que te pones te hace más tonto.

2019-08-12

Próximamente: El AutóMata Podcast




Pronto iniciaré un experimento en este sitio, agregando una versión en audio de los artículos que aquí escribo. Los episodios comenzarán a partir de septiembre, con la intención de que sean dos por mes, digamos el primer y tercer lunes.  La idea es producir contenido predominantemente nuevo para este proyecto, aunque de vez en cuando pudiera rescatar algunos de los artículos más vistos o que más me gustan de este sitio.

Creo que puede ser algo valioso tener una versión en audio de buenos artículos, y a la vez creo que mucho contenido en audio se puede beneficiar de una versión escrita también. Lo primero facilita llegar a más personas, pues simplemente basta que tengan acceso a un smartphone y unos veinte o treinta minutos; lo segundo agrega el valor de que pueden revisar el contenido adicionado con enlaces, imágenes y videos complementarios.

En años pasados he disminuido mucho mi producción en este sitio, a pesar de ser perfectamente capaz de producir un artículo cada dos semanas con tiempo de sobra. He resuelto cumplir con ese potencial y ya tengo varios textos en fila. Además, con un poco más de disciplina, no solamente he podido hacer eso sino también acompañarlo de una versión en audio. Habiendo ya grabado unos episodios de prueba, ahora tengo cierta idea del esfuerzo que requerirá escribir un artículo de buena calidad y luego producir el audio correspondiente, y creo que un episodio cada dos semanas es un buen inicio.

¿Y a quién le interesaría lo que yo tuviera que decir acerca de lo que sea? Para empezar, estoy partiendo de un punto de vista emprendedor: he notado que un producto que yo quisiera no existe en el mercado, así que lo voy a hacer yo mismo. En este caso, el producto es una manera amena de saber todo tipo de cosas sobre cómo funciona el mundo, explicadas de manera que un principiante serio y entusiasta pueda entenderlas y seguirles la pista si quiere saber más. Los temas que a mí más me interesan son la ciencia, la tecnología, la historia, la filosofía y la política, aunque de vez en cuando me gusta aprender sobre economía o compartir alguna reflexión sobre alguna cuestión de la vida diaria. Si agregamos a esto que sea en español, creo que tengo buenas posibilidades.

No puedo complacer a todos y no vale la pena hacerlo, porque solo resultará en un producto descafeinado que dejará a todos inconformes. Por eso estoy apostando a hacer el contenido que yo quiero hacer y dejar que los lectores y escuchas decidan si les gusta o no. Tengo mis puntos de vista y no haré ningún intento de "neutralidad" donde considere que ésta no se amerite. Si estoy equivocado en algo pues lo quiero saber, para dejar de estarlo. Sin embargo, aunque mi curiosidad siempre ha sido inmensa en prácticamente todo, a estas alturas hay temas que para mí ya están prácticamente decididos y lo interesante en todo caso es el por qué seguimos atorados en ellos.

Pueden revisar los artículos publicados en este sitio para darse una idea de quién soy y si les interesara saber lo que pienso. Rápidamente, les puedo contar que me ha gustado la ciencia, y en patícular la física, desde mi infancia. También he tenido un gusto por la lectura, lo que me llevó a apreciar la literatura clásica, la historia y algo de filosofía también. Cuando llegó el momento de decidir qué estudiar opté por algo "práctico", que fue la ingeniería química. Después de eso, estudié música clásica por un tiempo y acabé dedicándome al desarrollo de software.

A los pocos años de desempeño como desarrollador una crisis de salud me llevó al hospital, donde decidí que ya era hora de hacer algo con mi vida y, al día siguiente de que me dieron de alta, fui a la universidad pública más cercana y me inscribí al posgrado en física. Ahora, algunos años después, he terminado mi doctorado y al tiempo que empiezo este proyecto estoy desarrollando software de nuevo. No sé qué seguirá.

Lo que sí sé es que sigo leyendo a buen ritmo, y que escribir me cuesta trabajo pero al parecer no tanto como a otros. Así que, me dije, con un poco de disciplina adicional pudiera alcanzar a mucha gente más y hacer cosas más variadas y creativas, con la posibilidad de recibir una remuneración por ello. Y es que el "trabajo" lo estoy haciendo de todos modos—no paro de leer y llevo escribiendo en un blog u otro desde hace más de diez años.

Así que el proyecto es este: un episodio de podcast con su artículo correspondiente dos veces al mes, para empezar. Los temas son los que ya mencioné y, más específicamente, empezaré con: 1) un ensayo sobre la introversión; 2) reseñas de los tres libros del historiador Yuval Noah Harari; 3) una plática sobre ciencia y religión que di hace unos años; 4) un ensayo sobre el populismo apoyado en el libro de Yascha Mounk, y 5) un artículo sobre el naturalismo, apoyado en un libro del físico Sean Carroll. No necesariamente estarán en ese orden, pero al tiempo que escribo esto están ya en la línea de producción o saliendo de ella. Por lo pronto sería yo únicamente, no hay invitados programados y eso necesitaría algo más de inversión.

Pueden seguir la pubicación en Facebook o Twitter, o subscribirse a través de una aplicación que "capture" podcasts (yo uso Podcast Addict pero hay muchas). En cualquier caso, en este sitio se seguirán publicando las versiones escritas, ahora aumentadas con un reproductor con el audio correspondiente. No descarto algún día tener mi propio dominio, pero por ahora seguiré en Blogger. El alojamiento y distribución de los episodios será a partir de la plataforma Lybsin, que permite un fácil distribución a redes de podcasts como iTunes, Stitcher y muchas más.

Para apoyar al podcast, pueden hacerlo a través de donaciones por PayPal o, si prefieren, pueden subscribirse desde $1 USD mensual en Patreon. Ya están disponibles los botones correspondientes en el sitio, tanto en la columna izquierda como en la página "Donar". Lo común es que los subscriptores en Patreon reciban beneficios adicionales en agradecimiento a su apoyo. Después de pensar en varias opciones, he optado por una audiocolumna semanal breve exclusiva para subscriptores. Esto les devolverá un "plus" en agradecimiento, sin afectar el contenido del programa principal. Si siguen a columnistas de periódicos, básicamente sería eso pero en audio y el columnista sería yo. Haré comentarios sobre eventos recientes, política, o haré recomendaciones o reflexiones breves sobre lo que se me ocurra o lo que me pase. Durante el primer mes, tanto los episodios del podcast como las audiocolumnas estarán disponibles para todos. Después de eso, las audiocolumnas serán para subscriptores de Patreon solamente. (Aún no he descubierto una solución para hacerle llegar el contenido adicional a susbscriptores por PayPal, pero algo se me ocurrirá—tal vez un feed RSS privado que les envíe por correo.)

He optado por el modelo anterior, comúnmente conocido como crowdfunding, porque no quiero ser rehén de patrocinadores que ni siquiera me gustan, ni tampoco "ensuciar" mis episodios o mi sitio con anuncios horribles. También soy parte de un grupo cada vez más numeroso que está convencido de que el contenido financiado por anuncios ha pervertido y degenerado la cultura en el Internet, pues crea contenido sensacionalista para extraer la mayor cantidad de tiempo y datos de los usuarios. Yo mismo apoyo varios proyectos que me gustan, como podcasts y artistas, con una subscripción mensual.

Además, aunque se disemine mi trabajo a través de Facebook y Twitter, no responderé a los comentarios, por más halagadores o constructivos que sean (y ni qué decir de los odiosos). ¡Si lo hiciera, no tendría tiempo para producir los episodios! Aprecio a los lectores y escuchas de esas plataformas, pero aprecio más mi cordura. Por lo tanto, mantendré una política de ambigüedad al respecto: no confirmaré ni negaré que lea los comentarios en redes sociales, aunque no responderé a ninguno. La retroalimentación entonces será muy sencilla en esas plataformas: si no les gusta lo que hago, no lo tienen que escuchar. Obviamente, los subscriptores de Patreon recibirán toda la atención que pueda dedicarles sin que me atrase en la producción de contenido.

Este proyecto no será una obra maestra desde el inicio, e inclusive pudiera simplemente fracasar. Pero si me espero hasta el momento perfecto para hacer el proyecto perfecto, nunca lo voy a hacer. Así que prefiero empezar como pueda, comprometerme a invertir algunas semanas pase lo que pase, poco a poco ir mejorando y, en su caso, revalorar. Por ahora, los episodios comienzan el primer lunes de septiembre.


2019-06-01

Harari 1: Breve historia de la humanidad



Antes de haber leído una sola página de los libros de Yuval Noah Harari ya había digerido docenas de horas de entrevistas con él en audio y video, en foros públicos, académicos y, sobre todo, en podcasts, y me parecía un tipo razonable, elocuente y, en general, muy erudito y agradable. No me sentía tan atraído a leerlo, dado tanto que ya había absorbido de él, hasta que empecé a ver algunas críticas que me parecieron injustas y deshonestas en redes sociales (esto todavía era antes de que yo las abandonara) e inclusive en algunos medios tradicionales. Así que me propuse adquirir sus libros, Sapiens, Homo Deus y 21 Lessons for the 21st Century, y leer por mí mismo lo que, sospecho, los críticos de Harari no (tengo la intención de un proyecto similar con Steven Pinker y Sam Harris, que son constante objeto de calumnias y críticas deshonestas por parte de quienes se empeñan en atribuirles posiciones que no tienen para poder hacerse los muy virtuosos intelectuales).

De aquí en adelante las citas que haga de los libros son traducciones mías, no de las versiones "oficiales" en español por parte de la editorial Debate, que por lo que veo se venden bien en las librerías mexicanas. En general procuro leer a autores en sus propias palabras y no las de traductores cuando puedo y, aunque Harari originalmente escribió Sapiens en hebreo, él mismo escribió la versión en inglés también.

*   *   *

No todo mundo sabe, o sabe pero sin entender las implicaciones, que hubo en la Tierra varias especies distintas de homínidos al mismo tiempo, a veces en los mismos territorios. La visión popular de la evolución como una secuencia progresiva siempre ha sido fácil de recordar, y siempre ha sido equivocada. No hay una "dirección" en la evolución, y no hay bordes claramente definidos entre las especies más cercanas, como un "primer humano" cuya madre era otra cosa distinta. Nosotros, los Homo sapiens, estamos aquí pero los Homo soloensis, Homo denisova y Homo neanderthalensis, que fueron todos contemporáneos nuestros en algún momento, no. (Aún así conservamos entre 1 y 4% de ADN heredado de neandertales, y los aborígenes australianos tienen hasta 6% de ADN denísovo.)

Nadie está del todo seguro qué fue lo que la provocó, pero parece que la responsable de lo anterior fue la Revolución Cognitiva, hace unos 100,000 años: lo que ocurrió antes de ella es competencia de la Biología; lo posterior, de la Historia. Fue la mente de los sapiens, quizá no muy distinta a la de los demás homínidos, la que les dio la capacidad de planear y ejecutar acciones coordinadas, formar grupos mayores y más unidos, cooperar a gran escala y renovar sus convenciones sociales rápidamente. Quizá los otros homínidos pudieron hacer estas cosas en cierta medida también, pero Sapiens pudo hacerlo mejor. En resumen, la habilidad que adquirieron los sapiens fue la capacidad de crear historias que podían compartir entre ellos para coordinarse y motivarse. No era relevante si las historias eran ciertas o no, sino que éstas le dieron a los sapiens una ventaja sobre las demás especies.
Nunca podrías convencer a un mono de que te diera su banano prometiéndole bananos infinitos después de la muerte en el cielo de los monos.
Sapiens fue capaz de crear realidades imaginadas, como lo hubieran sido en aquel entonces los dioses, los espíritus animistas que había en toda la naturaleza, o como lo son ahora las religiones e inclusive el dinero y las naciones. Gracias a su capacidad cognitiva, Sapiens fue capaz de formular y compartir estas realidades (algunas menos imaginadas que otras), indispensables para lograr cooperación y control. No se sabe si la exterminación de los otros humanos por parte de los sapiens fue directa o indirecta, pero los restos de los últimos denísovos y neandertales datan de hace unos 40,000 años, y desde entonces los sapiens han sido los únicos homínidos sobrevivientes.

Reconstrucción de una niña neandertal.
¿Cómo serían las cosas si, digamos, hubieran sobrevivido aquellas otras especies de humanos? Quizá nos habríamos fusionado ya en una sola especie, o quizá las diferencias raciales que tanto nos dividen ahora hubieran sido aún peores, con no solamente razas sino especies enteras de humanos como esclavos. Quizá las brutales limpiezas étnicas que tanto han marcado a nuestra especie palidecerían en comparación con lo que hubiera acontecido entre especies; quizá esos genocidios ya ocurrieron. Uno pudiera imaginar política, cultura y religión que incorporara la lucha no de razas o de clases, sino de especies.
¿Hubiera Cristo muerto también por los pecados de los denísovos?

*   *   *

Haya sido como haya sido, mayor capacidad cognitiva le permitió a Sapiens experimentar con cosas que otros animales no podrían, como la agricultura. La siguiente revolución, la Revolución Agrícola, no necesariamente mejoró la vida de los humanos—de hecho, aunque esto es algo que se da por hecho hoy, la evidencia es al contrario, al menos para los primeros agricultores. Algunos sapiens descubrieron, de manera independiente en las Américas, Medio Oriente y China, que el maíz, el trigo y el arroz no solamente eran fáciles de recolectar, sino de cultivar también. Y entonces la evolución, despiadada, siguió su curso y los cultivos domesticaron a los humanos.

Desde un punto de vista biológico, el éxito es abundancia de reproducción. En esta óptica, no ha habido un mejor momento para ser maíz, trigo o arroz que a partir de que los humanos se ocuparon de cuidarlos, consentirlos, irrigarlos y protegerlos de parásitos y herbívoros. El trigo pasó de ser solo una especie más de pasto en algunas partes de Mesopotamia a monopolizar millones de hectáreas alrededor del mundo; lo mismo para el maíz y el arroz. Por otro lado, antes los humanos dedicaban unas pocas horas diarias a la recolección y la cacería; a partir de la agricultura, la mayoría se dedicó a cargar cubetas de agua y deshacerse las manos y la espalda trabajando la tierra de sol a sol. ¿Qué ganaron los sapiens? De nuevo, la evolución no optimiza bienestar, sino reproducción: una fuente constante de comida (y muchas veces comida en exceso) permitió que Sapiens también aumentara sus números, independientemente de su calidad de vida, y el modelo se perpetuó por el mundo.
La discrepancia entre el éxito evolutivo y el sufrimiento individual es quizá la lección más importante que nos deja la Revolución Agrícola.
La agricultura hizo necesario pensar acerca del futuro y planear para él. También hizo posible, a través de los excesos de comida, que surgieran la política, la guerra y la cultura (en Economía sin Corbata Yanis Varoufakis agrega la economía a esta lista.)
La Historia es algo a lo que muy pocas personas se han estado dedicando mientras todos los demás estaban arando los campos y cargando cubetas.
Desde nuestro punto de vista, en el mundo de tractores, pesticidas, agua corriente y fertilizantes esto ya no es cierto, pero por casi 10,000 años así fue, hasta todavía muy entrado el siglo XX.

*   *   *

Peregrinos musulmanes en la Kaaba, en Meca.
Una advertencia constante que he absorbido de los historiadores que he estudiado es que uno no debería introducir teleología a la historia. La historia no tiene un propósito, no hay alguna corriente que lleve a los eventos en una dirección inevitable, no hay un evento que desde el punto de vista histórico debía suceder. Las cosas se hacen y deshacen y, aunque hay hitos que una vez logrados ya no se pueden revertir, el desarrollo a partir de ellos es caótico. Sin embargo, Harari ofrece una visión al menos descriptiva de lo que sí ha sido tendencia hasta ahora: la Unificación de la Cultura.

Antes mencionamos que la humanidad se estudia con Historia a partir de la Revolución Cognitiva, pero eso fue una simplificación retórica. No hubo un momento en el que la biología "dejara de actuar" y de ahí en delante los sapiens hayan estado libres de ella. Lo que sí hay es una complicada interacción entre todo lo que es animal y lo que no, que es la cultura, entendida sucintamente como una red de instintos artificiales. En este sentido, la Historia ha tenido una dirección clara hacia la unificación.

Considere que hoy en día casi todos los humanos poseen, o aspiran a poseer, el mismo
  • sistema geopolítico,
  • sistema económico,
  • sistema legal, y
  • sistema científico.
Una sola cultura global no es necesariamente homogénea, pero todas sus piezas hablan los mismos idiomas culturales. Esta unidad fue propiciada por el imperialismo, el comercio y las religiones, entendidas en el sentido amplio:
Si una religión es un sistema de normas y valores humanos fundadas en la creencia en un orden sobrehumano, entones el Comunismo Soviético es tanto una religión como el Islam.
Propaganda religiosa.
Este proceso ya no es reversible, salvo que la humanidad realmente destruyera todo y empezara desde cero. El comercio ha logrado unir a Sapiens en torno a la creencia en un recurso global: el dinero. El dinero sirve para convertir cualquier bien en cualquier otro, cosa imposible con el simple trueque. En cuanto al imperialismo,
La crítica contemporánea a los imperios comúnmente toma una de dos formas:
  1. Los imperios no funcionan. A la larga, no es posible gobernar efectivamente sobre un gran número de pueblos conquistados.
  2. Inclusive si se pudiera, no debería hacerse, porque los imperios son motores de destrucción y explotación. Cada pueblo tiene derecho a su autodeterminación y nunca debería ser subyugado por otro.
Desde a perspectiva histórica, el primer punto es una simple tontería y el segundo es profundamente problemático.
Ha habido imperios literalmente milenarios en todo el mundo, que han empleado una variedad de estrategias y crueldad para mantenerse, perpetuarse y expandirse. De hecho, la mayor parte del territorio que habita la humanidad ha pertenecido a un imperio u otro desde que la agricultura lo hizo posible. El segundo punto es de particular importancia para nuestro momento global:
Hay escuelas de pensamiento y movimientos políticos que buscan purgar a la cultura humana de todo rastro de imperialismo, dejando lo que ellos consideran una civilización auténtica, pura, inmaculada. Estas ideologías son en el mejor caso ingenuas; en el peor caso, son decoración para un nacionalismo crudo y la discriminación. Quizá se pudiera argumentar que alguna de las miles de culturas que emergieron al alba de la historia era pura, impoluta por el pecado y sin adulterar por otras sociedades. Pero ninguna cultura desde ese entonces puede hacerse esa atribución, ciertamente ninguna cultura que exista ahora. Todas las culturas humanas son en parte el legado de imperios y de civilizaciones imperialistas, y ninguna cirugía académica ni política puede extirpar estos legados sin matar al paciente.
Todas las naciones de hoy son o fueron víctmas y victimarias imperialistas en algún momento, y nadie elige en qué lugar ni época nace. Sí, por supuesto que los atropellos del pasado son lamentables y debemos evitar nuevas atrocidades en el futuro, ahora que podemos reflexionar sobre el pasado. Pero no hay un lugar mítico al que podamos regresar y quedarnos solo con lo bueno que tenemos hoy, y debemos aceptar al mundo como es y no como quisiéramos que hubiera sido. (Creo que son pasajes como el anterior que, si bien es perfectamente claro y razonable para quien lo lee en contexto, puede ser usado por actores deshonestos para calumniar con algo como "Harari apoya el imperialismo".)

Si la evolución biológica tiene como mecanismo la reproducción de genes, la evolución cultural se lleva a cabo por la propagación de memes, que son unidades de información cultural. En analogía a la biología, las culturas exitosas son aquellas que logran esparcir sus memes, independientemente de los efectos que éstos tengan sobre sus huéspedes humanos.
Las culturas son parásitos mentales que emergen accidentalmente, y de ahí en delante se aprovechan de toda la gente infectada por ellos.
(Los postmodernistas desdeñan esta explicación, llamada memética, pero en realidad la creen: simplemente sustituyen "discurso" por "memes").

*   *   *

El último gran cambio que ha vivido la humanidad ha sido la Revolución Científica. Desde el año 1500, la población mundial se ha incrementado en un factor de 15, la productividad es 240 veces mayor y el consumo energético se ha multiplicado por 115. Esto no es solamente debido al auge de nuevos descubrimientos y aplicaciones que trajo la ciencia moderna, sino también es debido a la relación simbiótica—ojo que no siempre benéfica para todos los  sapiens—entre ciencia y capitalismo. Por primera vez en la historia, los frutos de la producción se usaron no para que los ricos pudieran construirse pirámides, palacios y estatuas a sí mismos, sino para reinvertirlos en la producción misma.

Los imperios europeos dejaron mordiendo el polvo a los demás durante la Revolución Científica no porque tuvieran tecnología inalcanzable, sino porque tenían valores, mitologías, aparatos judiciales y estructuras sociopolíticas que tomaron siglos en formarse: tenían Ciencia y Capitalismo. El imperialismo europeo fue distinto a los demás en que buscaba no solamente adquirir nuevo territorio, sino nuevo conocimiento. Otros imperios habían buscado a lo mucho esparcir su propia visión del mundo, que ya era considerada necesariamente correcta.

Los descubrimientos de la ciencia producen brotes de innovaciones económicas constantemente, lo que permite que la gente pueda confiar en el futuro. Esta confianza se traduce en sistemas de crédito, mediante el cual se traslada valor del futuro al presente, se paga con producción y deja como resultado crecimiento. Los países que protegieron a sus sistemas financieros tanto como a su territorio ahora son los más desarrollados, gracias a que los avances de la ciencia fueron convertidos en avances económicos. De nuevo, algo relevante para nuestros tiempos:
Las calificaciones crediticias indican la probabilidad de que un país podrá pagar sus deudas. Además de datos puramente económicos, toman en cuenta factores políticos, sociales y hasta culturales. Un país rico en petróleo pero con un gobierno tiránico, guerra endémica y un sistema judicial corrupto usualmente recibirá una calificación baja. Como resultado, es probable que se mantenga pobre, ya que no podrá acceder al capital necesario para desquitar su riqueza petrolera. Un país carente de recursos naturales, pero que disfruta de paz, un sistema judicial justo y un gobierno libre, es propenso a recibir una calificación alta. Como tal, puede juntar suficiente capital barato para financiar un buen sistema educativo y fomentar una industria tecnológica floreciente.
Es necesario tomar en cuenta que tanto la ciencia como el capitalismo por sí solos son mecanismos completamente amorales: pueden producir buenos o malos efectos por igual. La humanidad pasó tantos siglos en la escasez abyecta que la abundancia necesariamente mejoró su situación en términos de esperanza de vida, mortalidad infantil, tiempo para ocio y muchas métricas más. Pero ahora llegamos a un punto donde los padecimientos debido a los excesos son cada vez más prevalecientes. Es mayor la probabilidad de que uno muera por su propia mano que las probabilidades de morir en una guerra, crimen, o atentado terrorista juntas. Por primera vez en la historia, la obesidad es un mayor problema que el hambre:
La obesidad es una doble victoria para el consumismo. En vez de comer poco, que llevaría a la contracción económica, los humanos comen demasiado y luego compran productos para adelgazar—contribuyendo así al crecimiento económico dos veces.
*   *   *

Harari da una visión panorámica e integradora de lo que estamos haciendo como humanidad. El tono ambivalente prevalece en casi todos los temas, dando la impresión ya mencionada por otros que es como si el autor fuera un biólogo extraterrestre (mira, están haciendo pirámides, qué lindos). Pero no es un libro desapegado o clínico, sino ameno y, con frecuencia, con sarcasmo e ironía salpicados entre las opiniones poco convencionales aunque metódicamente argumentadas. Harari supone que el lector es principiante pero no tonto, admite cuando los expertos están en desacuerdo, y presenta los argumentos que compiten entre sí en sus formas más fuertes. Su estilo sí es tan sutil que a veces no se nota cuándo pasa de lo metafórico a lo literal, o de lo irónico a lo sincero. Pero siempre hay algo uno o dos párrafos más adelante que deja claro qué es lo que sí está diciendo y qué no. Sapiens (en español le pusieron De animales a dioses, tomado del título del epílogo), condensa la historia de la humanidad de manera amena y reveladora a unas 400 páginas, que mucho valen la pena y pueden usarse para rápidamente ponerse al corriente de qué estamos haciendo en este planeta, mientras estamos en él.


2019-05-29

Ansiedad



¿Es esto vida? No estoy viviendo, sino esperando un evento, que constantemente se posterga más y más.
—Anna, en Anna Karenina de Tolstoy

La mayoría de los hombres llevan vidas en la desesperación silenciosa.
—Henry David Thoreau, en Walden

La "desesperación silenciosa" que menciona Thoreau provoca en algunos una reacción nula. Hay personas, que no sé bien qué proporción sean de la población, que son completamente incapaces de la menor introspección (se les nota en sus ojos que no hay gran cosas detrás de éstos) y se dejan llevar por la vida como ganado, pasivos, rumiando con la boca abierta, a veces rejegos, pero nunca rebeldes. Para las demás personas, la desesperación silenciosa es la realidad diaria, la luz que colorea todo lo que ven.

En una cosa tienen la razón los budistas: sufrimos porque deseamos. El ser humano tiene una asombrosa capacidad para recalibrar sus expectativas y su reacción a su frustración o satisfacción. Por eso es que la gente a todas luces exitosa se suicida por igual, o más aún, que aquella en la miseria. Sea cual sea la situación, la mente la adopta eventualmente como la normalidad y desea a partir de ahí. Es nuestra naturaleza que, en cuanto a nuestro sitio en la vida se refiere, al poco tiempo de acostumbrarnos a un lugar quisiéramos estar en otro.

Cuando era muchacho mis preocupaciones eran el basquet, las tareas, las ideas que absorbía de los libros, las muchachas que me distraían de ellas. Siempre había mucho tiempo por delante, mucho margen de error para hacer y deshacer lo que quisiera o, al menos, eso decían los adultos. A mí no me parecía así, pero tenían razón. No era gran cosa lo que uno tenía que enfrentar, objetivamente, en una infancia y adolescencia de clase media a finales del siglo XX. Pero yo igual sentía que sí lo era, como lo ha sentido, creo yo, cualquier joven de entonces y de ahora.

Pero hay un punto, que para todos es distinto y que nadie detecta ni en sí mismo, donde los márgenes de error comienzan a estrecharse, las oportunidades perdidas dejan de ser repuestas por oportunidades nuevas, y las decisiones reversibles se convierten en finales. Es solamente cuando uno emerge de esta transición que siquiera se percata de que sucedió, y eso es usualmente años más tarde.
Tired of lying in the sunshine
Staying home to watch the rain
You are young and life is long
And there is time to kill today

And then the one day you find
Ten years have got behind you
No one told you when to run
You missed the starting gun
Time, de Pink Floyd

No importa dónde termine uno, después de este punto es inevitable preguntarse ¿qué he hecho? Uno dice No, esperen, esto no es lo que quería—no está tan mal pero, a ver, quiero regresarme un poco. Pero no se puede. El que usó su tiempo para trabajar, desea haberse consentido más en su juventud; quien usó su tiempo para viajar, lamenta no haber echado raíces y construido un patrimonio; el que estudió sin parar, se angustia de ser un experto sin experiencia; solteros y casados se envidian en silencio, igual que patrones y asalariados, académicos y empresarios, prácticos y teóricos, especialistas y todólogos. Todos se preguntan qué es lo que han hecho, para qué, si ha valido la pena.

Y para todos es demasiado tarde. No siempre es claro lo que sí quisieran en la vida, aquello que harían si pudieran regresar sabiendo lo que saben ahora, o lo que seguramente quisieran hacer a partir de ya. Pero aún cuando sí lo saben, no pueden actuar. Sus planes necesitan tiempo, pero están repletos de compromisos; dinero, pero los ahogan las deudas; y libertad, pero están anclados por responsabilidades. Están atorados.

Planean cómo zafarse para volver a empezar o corregir el rumbo, pero no pueden superar la etapa de planeación. Y cada día se ven en el espejo y tienen más canas, más ojeras, más kilos. Un día aparece de la nada un dolor nuevo, un análisis clínico con un "valor fuera de rango". Comienza la desesperación, en todos los sentidos: ya no pueden esperar más para cambiar sus vidas, y se les va la esperanza de que puedan hacerlo. La desesperación es, en ese punto, la nueva normalidad. Pero lo hacen en silencio, porque hay que ir a la chamba, llevar a los niños, ir a ver el partido con los amigos, renovar la licencia de conducir, pagar los recibos. A nadie le gustan los llorones. Mira a Fulano, aprende de Sutana, dicen, que hacen su chamba y no se quejan. Pero Fulano y Sutana sí se quejan: callados, estoicos, se consumen desde dentro en cámara lenta.

*   *   *

Entre quienes sienten esto, supongo, habrá grados. Buena parte de mis pensamientos diarios están dedicados a estas cuestiones, aunque he deducido indirectamente que probablemente soy un caso extremo. Todos los días me digo alguna versión de Ahora sí, me voy a organizar, activaré el modo ultradisciplinado de mi adolescencia y voy a estudiar, trabajar, leer, escribir y hacer ejercicio como una máquina, ya verán qué chingón soy. Pongo libros sobre mi escritorio, acomodo partituras sobre el piano, programo mi despertador temprano, dejo lista la ropa de ejercicio, los trastes lavados, el café puesto.

Pero nada. No puedo hacer nada. Procrastinación. Parálisis por análisis. ¿Qué he hecho? ¿Qué creo que estoy haciendo? Me rasco la cabeza, me froto la sien. Esto no va a funcionar, no puedo. No soy suficiente listo, no tengo suficiente tiempo, ya no soy lo suficientemente joven. Reviso la hora, mi correo, las noticias. El país se va a la mierda y lo que queda de mi juventud también. Bueno, al menos hay promoción en Starbucks. Mira, esa serie en Netflix se ve que está buena. Mierda. Está bien, empezaré mañana, que al cabo no hay prisa. Mierda, mierda, mierda.



*   *   *

Pero volvamos al budismo. A la ansiedad no le puedes ganar, pero sí puedes rehusarte, por intervalos, a competir contra ella. Con práctica, uno puede aprender a salirse del partido y sentarse en la banca por un rato. Si estás sufriendo, es porque estás pensando. Entonces, deja de pensar. Medita.

Se dice fácil y, la verdad, cuando yo lo oí por primera vez me pareció tonto. Una manera de hacer trampa, en el mejor de los casos. ¿Cómo se supone que uno lo hace y, en todo caso, acabaría como un zombi, como los vacunos de los que me burlé antes? Sin embargo, fue demasiada la gente respetable que lo recomendaba para que lo pudiera ignorar más y, hace unos tres años, lo intenté al fin. Descargué una aplicación para meditar, me apunté para la prueba gratis de diez días, me puse los audífonos, aguanté la risa y lo hice.

Al final de la primer sesión de diez minutos quedé conmovido al borde de las lágrimas por el alivio. Era posible, de manera breve e imperfecta pero real, desconectarme de mí mismo y descansar. El efecto es como el de estar en el tráfico y luego pasar a verlo desde lejos. Dado el tráfico que hay en mi cabeza, esta diferencia es abismal. No es apagar el motor de la mente—es ponerlo en neutral.

Pero no es milagroso. De hecho, muchas veces es difícil, por no decir agobiante. No es fácil explicar cómo es ni cuál es el objetivo pero, si estás perdido en tus pensamientos, estás fracasando. Entonces te das cuenta, te molestas por estar distraído pensando—y eso es fracasar más. Pensar que no deberías pensar es malentender de lo que se trata. Uno está acostumbrado a evaluar y juzgar todo, hasta los propios pensamientos. En la meditación los ves llegar y los dejas ir, sin más. Hola, Pensamiento, ya te vi. Eso es todo.

De nuevo, los resultados son mixtos. Pero son mejor que hacer nada. Me he sorprendido perdiendo la paciencia—digamos, en el supermercado, esperando a una cajera cuya incompetencia es superada solamente por la de la persona antes de mí en la fila—e inmediatamente una voz en mí dice Ah, Impaciencia. Entonces la impaciencia no desaparece, pero se diluye. Lograr este tipo de efectos requiere práctica constante, y a los pocos días de no hacerlo me encuentro de vuelta al inicio. Me cuesta trabajo retomar las sesiones regulares y me regaño por no poder ser constante inclusive en lo que sé que me da alivio de no ser constante.

Carajo, ni siquiera dejar de pensar lo puedo hacer bien. Ya sé lo que tengo que hacer, y sé que lo puedo hacer, y sé que no me estoy haciendo más joven. Y aún así no lo hago. Con cada meta cumplida vuelvo a recalibrar y aterrizo en una nueva normalidad, la de no cumplir, o a veces sí, como estar a dieta para siempre. A lo mejor esto es solo una moda, pienso, un impulso patético como el del cuarentón que se compra un deportivo rojo, la cincuentona que se opera el busto, el ama de casa que se pone a escribir una novela, o el banquero entusiasmado repentinamente por el ciclismo. Pero no se le puede ganar a la ansiedad, tanto como no se le puede ganar a la entropía. Tiempo, dinero, libertad—ya están casi agotados para cuando uno realmente los valora. Es demasiado poco, demasiado tarde. No te puedes decepcionar si no tienes expectativas, así que te conviene rendirte mientras todavía puedes. Aprovecha, confórmate con la vida mediocre en la que estás atorado y ve Netflix hasta atragantarte con las palomitas.

Pero ya te vi, Desesperación Silenciosa. Ya te vi.

2019-02-02

Chairocracia



La democracia es la peor forma de gobierno, excepto por todas las demás.
-Winston Churchill

Es fácil para ti escupirle a la libertad, porque no sabes lo que es no tenerla.
-Ayaan Hirsi Ali

México tiene todo para ser un gran país, pero los mexicanos no quieren.
-Yo mero
El capitalismo colapsaría por sus inherentes ironías y contradicciones, según Marx. Identificar esas ironías y contradicciones fue uno de sus grandes aciertos; aquello de predecir su colapso, no tanto. Peor aún, autoproclamados seguidores y herederos del marxismo, tanto en lo político como en lo cultural, exhiben sus propias ironías y contradicciones. A veces éstas se manifiestan como un meme gracioso sobre el derrocamiento del capitalismo que necesita vender playeras del Ché para recaudar fondos. Otras veces resulta en la nada graciosa cantidad de 100 millones de muertos durante el siglo XX, todo fuera por defender a las utopías comunistas del imperialismo. (Parentéticamente, creo que es un escándalo que esta cifra sea tan desconocida entre el público general y, ante todo, en el mexicano, que glorifica todo lo que huele a que se opone a Estados Unidos. Murió más gente tan solo en la China de Mao que en toda la Segunda Guerra Mundial, y el día de hoy existe ahí un número indeterminado de personas, probablemente numerando los cientos de miles, en campos de concentración. El número de personas muertas o en campos de concentración por oponerse al neoliberalismo es, precisamente, cero.)
(...y qué bueno.)
A estas alturas la humanidad ya ha inventado el hilo negro muchas veces en cuanto a política se refiere, y no es un misterio qué funciona y qué no. La libertad de expresión, la separación de poderes, constituciones que protejan las garantías individuales, instituciones que vigilen que éstas protecciones se respeten—estas cosas funcionan y no hay excepciones. La centralización del poder, el dominio ideológico de la política, el nepotismo, la falta de contrapesos, la ausencia de una sociedad civil—estas cosas llevan al fracaso y tampoco hay excepciones. Hay docenas de ejemplos de países que gradualmente han pasado de la miseria a la prosperidad simplemente implementando lo que funciona, y docenas más de ejemplos de países fracasando por hacer lo contrario. No quiere decir que sea fácil, pero es claro cómo implementar los mejores modelos (o los menos peores, como diría Churchill y decimos en México). Lo misterioso en todo caso es por qué, pudiendo ser prósperas, tantas sociedades con tanto potencial optan por el autosabotaje.

Y es que el chairo, como se le conoce en México, no está completamente equivocado: sí hay pobreza y desigualdad, y sí hay intervenciones imperialistas, y hay gente que trabaja todo el día para producir bienes que no puede pagar con su sueldo. El problema está en que detiene su análisis justo ahí y empieza a proponer soluciones sin preguntar cómo es que llegamos a donde estamos, qué alternativas se han probado y—horror—qué posibles beneficios tiene que las cosas sean como son. Por supuesto que la humanidad pudiera estar mejor. Pero también podría estar—y en general siempre había estado—peor. La aristocracia más opulenta de hace 100 años sabía menos y vivía menos que la clase obrera de hoy. Sé que ese no es un gran consuelo para la trabajadora doméstica que trabaja siete días a la semana por un mes para poder arreglar su refrigerador, pero es la realidad. La pregunta es, dada esa realidad, cómo podemos hacer para que los avances globales de la humanidad se puedan ver reflejados en la vida diaria de más personas.

Con una varita mágica podríamos convertir a todo el mundo en Finlandia, Suecia, Suiza, Dinamarca, Holanda o Corea del Sur. Pero no tenemos tal cosa. Lo que tenemos es más rústico, pero a la larga también funciona: podemos entender cómo es que esos países, en la medida en que sean modelos a seguir, llegaron a serlo. Y si hay algo que se interpone al entendimiento, propongo yo, es el falso entendimiento: la ideología. Cuanto más he leído sobre historia y política, más se ha reforzado en mí el sentido peyorativo de esa palabra. Cada vez que un país ha caído en desastre, fue por alguien que dijo alguna variante de "No se preocupen, ya entendí todo. Tengo las ideas que van a resolver todos nuestros problemas. Todo lo que hay que hacer es implementarlas correctamente, que de eso también me encargo yo. Permítanme explicarles..."

Y es que, curiosamente, la mayoría de los avances que la humanidad sí ha logrado han sido graduales, a base de accidentes afortunados, prueba y error y, en gran medida, con una desconfianza sistemática acerca de la naturaleza humana y las ideas que produce. Por eso la pluralidad de pensamiento y los contrapesos son tan protagónicos en los países más prósperos del mundo. Miles de problemas se han resuelto sin que hubiera un plan maestro por parte de un intelectual o líder carismático. Muy al contrario, la evidencia apunta a que los planes maestros ideológicos en general se interponen al progreso.

Pobreza extrema a nivel mundial (clic para agrandar). Fuente: https://ourworldindata.org/extreme-poverty.
Pero lo anterior no significa que no haya rol para una autoridad o gobierno (eso sería caer en el pensamiento maniqueo que antes le critiqué al chairo). Hay problemas que no se pueden resolver si todo mundo se dedica a lo suyo, sino que requieren cierta coordinación, regulación y/o la creación o destrucción de incentivos (el ejemplo clásico es el cuidado del medio ambiente). Mediante el uso inteligente de la ley, un gobierno puede hacer ajustes—siempre graduales, apegados a la constitución y con estudios técnicos de por medio—para resolver cuestiones que los individuos no pueden. Lo importante es que aún cuando un gobierno actúa para dirigir a su sociedad de un lugar a otro mejor, lo hace en base a lo que indica la evidencia y siempre con contrapesos. Los gobiernos de los países exitosos son lentos y burocráticos a propósito—porque cuando son ágiles y eficientes es más fácil que se desvíen hacia el autoritarismo, sea de izquierda o de derecha. Ser lento tiene la ventaja de que es más fácil cambiar de rumbo cuando las cosas van mal. En este sentido, lo valioso de las democracias liberales no es tanto lo que pueden hacer, sino lo que previenen. Tenemos múltiples ejemplos de lo que pasa cuando se logra "derrocar al sistema" y, casi siempre, lo que resulta es algo peor.  Cambiar al sistema gradualmente desde adentro es mucho más eficaz.

En México nos hemos encontrado, una y otra vez, con malas y peores opciones al momento de las elecciones. Pero es ridículo decir que no hemos avanzado nada. Hoy hay instituciones que hace décadas no había. Hay una pluralidad de partidos políticos, cuando antes solo había uno. Tenemos una Comisión Nacional de Derechos Humanos casi simbólica, pero antes no había ninguna. Antes era impensable, pero ahora uno puede criticar al gobierno todo lo que quiera, en la calle o desde su casa. Sí, todavía hay mucho por hacer, pero México cada vez está, muy poco a poco, menos jodido. Hasta los chairos tienen que reconocer que nuestra democracia avanza (después de todo, pudieron ganar). Antes de proponer "derrocar al sistema" hay que valorar lo que en él sea rescatable y, en la medida posible, conservarlo y fortalecerlo.

Omitir estos matices es precisamente lo que orilla al chairo (o su contraparte, el derechairo, pero eso es otro artículo) a una visión simplista y rígida del mundo. Es por eso que está plagado de ironías y contradicciones. El mundo es más complicado de lo que piensa y, cuando no lo es, es contrario a lo que cree. En la realidad a veces el capitalismo soluciona problemas y a veces no, pero para el chairo siempre es sinónimo de explotación. En la realidad Estados Unidos a veces hace bien y a veces hace mal, pero para el chairo siempre es El Imperio. En la realidad la migración es desde los países menos neoliberales hacia los que lo son más, pero para el chairo esos migrantes son solamente traidores. En la realidad muchas cosas sin relación suceden a la vez, pero para el chairo todo es una cortina de humo para ocultar una conspiración. En la realidad...

*   *   *


...en la realidad, ahora los chairos tienen el poder en México. Y vaya que tal como chairos están gobernando. El pensamiento conspiratorio, el discurso maniqueo, la propaganda en lugar de la información, la rendición de cuentas simulada, la denuncia del periodismo como un instrumento del enemigo, la sustitución de los argumentos a favor de los insultos, el respaldo tácito y a veces explícito a dictadores, los cambios en la Constitución a conveniencia, el reemplazo de funcionarios por lacayos... Todos los días, el actual presidente de México, su gabinete, su partido y sus seguidores dan tantos ejemplos de esto que ya ni sé cuál usar. Me da tentación simplemente poner un enlace a un periódico mexicano cualquiera y que lean las primeras cuatro o cinco notas y, si les queda algo de masoquismo, que lean los comentarios. Por ejemplo, regresando a ironías y contradicciones: ¿qué más irónico, más contradictorio, más surrealista inclusive, que un hippie obsesionado por explotar cada gota de petróleo que pueda? Eso es como vender playeras del Ché en Starbucks y mucho más, y es también lo que quiere nuestro presidente y millones más que lo apoyan (hasta los árabes están tratando de dejar el petróleo, caray).

Desde hace años he seguido de cerca la política en Estados Unidos, y me preocupa que estamos siguiendo el mismo camino de polarización y deterioro de la vida pública. Me preocupa más que, a diferencia de Estados Unidos, nosotros no tenemos instituciones fuertes ni mucho menos la cultura cívica correspondiente. He estado desconectado de las redes sociales desde hace más de un año, y aún así percibo el odio que ha surgido no solo entre adversarios políticos, sino entre amigos y familiares que caen en distintos puntos del espectro. El chairismo es ya su propia religión, sobre la que la gente prefiere no hablar por temor a ofender a alguien y acabar peleado a gritos.

En E.U. se ha formado lo que algunos allá llaman "la mayoría exhausta": aquellos que no están gritando insultos políticos todo el tiempo a todo mundo, que no son ni Trumpistas ni SJWs (los chairos de allá), y que solo quisieran que la política volviera a ser aburrida como antes y seguir con sus vidas. Esa gente va a decidir la siguiente elección allá, y ya se ven algunas señales para ser optimistas.

Pero acá no veo nada parecido. Las pocas voces cuerdas que encuentro son inmediatamente denunciadas y hostigadas. Hoy, en México, o eres un chairo, o un conservador imperialista neoliberal fifí.  Aunque no quieras.



Para entender porqué mi preocupación: