2019-06-01

Harari 1: Breve historia de la humanidad



Antes de haber leído una sola página de los libros de Yuval Noah Harari ya había digerido docenas de horas de entrevistas con él en audio y video, en foros públicos, académicos y, sobre todo, en podcasts, y me parecía un tipo razonable, elocuente y, en general, muy erudito y agradable. No me sentía tan atraído a leerlo, dado tanto que ya había absorbido de él, hasta que empecé a ver algunas críticas que me parecieron injustas y deshonestas en redes sociales (esto todavía era antes de que yo las abandonara) e inclusive en algunos medios tradicionales. Así que me propuse adquirir sus libros, Sapiens, Homo Deus y 21 Lessons for the 21st Century, y leer por mí mismo lo que, sospecho, los críticos de Harari no (tengo la intención de un proyecto similar con Steven Pinker y Sam Harris, que son constante objeto de calumnias y críticas deshonestas por parte de quienes se empeñan en atribuirles posiciones que no tienen para poder hacerse los muy virtuosos intelectuales).

De aquí en adelante las citas que haga de los libros son traducciones mías, no de las versiones "oficiales" en español por parte de la editorial Debate, que por lo que veo se venden bien en las librerías mexicanas. En general procuro leer a autores en sus propias palabras y no las de traductores cuando puedo y, aunque Harari originalmente escribió Sapiens en hebreo, él mismo escribió la versión en inglés también.

*   *   *

No todo mundo sabe, o sabe pero sin entender las implicaciones, que hubo en la Tierra varias especies distintas de homínidos al mismo tiempo, a veces en los mismos territorios. La visión popular de la evolución como una secuencia progresiva siempre ha sido fácil de recordar, y siempre ha sido equivocada. No hay una "dirección" en la evolución, y no hay bordes claramente definidos entre las especies más cercanas, como un "primer humano" cuya madre era otra cosa distinta. Nosotros, los Homo sapiens, estamos aquí pero los Homo soloensis, Homo denisova y Homo neanderthalensis, que fueron todos contemporáneos nuestros en algún momento, no. (Aún así conservamos entre 1 y 4% de ADN heredado de neandertales, y los aborígenes australianos tienen hasta 6% de ADN denísovo.)

Nadie está del todo seguro qué fue lo que la provocó, pero parece que la responsable de lo anterior fue la Revolución Cognitiva, hace unos 100,000 años: lo que ocurrió antes de ella es competencia de la Biología; lo posterior, de la Historia. Fue la mente de los sapiens, quizá no muy distinta a la de los demás homínidos, la que les dio la capacidad de planear y ejecutar acciones coordinadas, formar grupos mayores y más unidos, cooperar a gran escala y renovar sus convenciones sociales rápidamente. Quizá los otros homínidos pudieron hacer estas cosas en cierta medida también, pero Sapiens pudo hacerlo mejor. En resumen, la habilidad que adquirieron los sapiens fue la capacidad de crear historias que podían compartir entre ellos para coordinarse y motivarse. No era relevante si las historias eran ciertas o no, sino que éstas le dieron a los sapiens una ventaja sobre las demás especies.
Nunca podrías convencer a un mono de que te diera su banano prometiéndole bananos infinitos después de la muerte en el cielo de los monos.
Sapiens fue capaz de crear realidades imaginadas, como lo hubieran sido en aquel entonces los dioses, los espíritus animistas que había en toda la naturaleza, o como lo son ahora las religiones e inclusive el dinero y las naciones. Gracias a su capacidad cognitiva, Sapiens fue capaz de formular y compartir estas realidades (algunas menos imaginadas que otras), indispensables para lograr cooperación y control. No se sabe si la exterminación de los otros humanos por parte de los sapiens fue directa o indirecta, pero los restos de los últimos denísovos y neandertales datan de hace unos 40,000 años, y desde entonces los sapiens han sido los únicos homínidos sobrevivientes.

Reconstrucción de una niña neandertal.
¿Cómo serían las cosas si, digamos, hubieran sobrevivido aquellas otras especies de humanos? Quizá nos habríamos fusionado ya en una sola especie, o quizá las diferencias raciales que tanto nos dividen ahora hubieran sido aún peores, con no solamente razas sino especies enteras de humanos como esclavos. Quizá las brutales limpiezas étnicas que tanto han marcado a nuestra especie palidecerían en comparación con lo que hubiera acontecido entre especies; quizá esos genocidios ya ocurrieron. Uno pudiera imaginar política, cultura y religión que incorporara la lucha no de razas o de clases, sino de especies.
¿Hubiera Cristo muerto también por los pecados de los denísovos?

*   *   *

Haya sido como haya sido, mayor capacidad cognitiva le permitió a Sapiens experimentar con cosas que otros animales no podrían, como la agricultura. La siguiente revolución, la Revolución Agrícola, no necesariamente mejoró la vida de los humanos—de hecho, aunque esto es algo que se da por hecho hoy, la evidencia es al contrario, al menos para los primeros agricultores. Algunos sapiens descubrieron, de manera independiente en las Américas, Medio Oriente y China, que el maíz, el trigo y el arroz no solamente eran fáciles de recolectar, sino de cultivar también. Y entonces la evolución, despiadada, siguió su curso y los cultivos domesticaron a los humanos.

Desde un punto de vista biológico, el éxito es abundancia de reproducción. En esta óptica, no ha habido un mejor momento para ser maíz, trigo o arroz que a partir de que los humanos se ocuparon de cuidarlos, consentirlos, irrigarlos y protegerlos de parásitos y herbívoros. El trigo pasó de ser solo una especie más de pasto en algunas partes de Mesopotamia a monopolizar millones de hectáreas alrededor del mundo; lo mismo para el maíz y el arroz. Por otro lado, antes los humanos dedicaban unas pocas horas diarias a la recolección y la cacería; a partir de la agricultura, la mayoría se dedicó a cargar cubetas de agua y deshacerse las manos y la espalda trabajando la tierra de sol a sol. ¿Qué ganaron los sapiens? De nuevo, la evolución no optimiza bienestar, sino reproducción: una fuente constante de comida (y muchas veces comida en exceso) permitió que Sapiens también aumentara sus números, independientemente de su calidad de vida, y el modelo se perpetuó por el mundo.
La discrepancia entre el éxito evolutivo y el sufrimiento individual es quizá la lección más importante que nos deja la Revolución Agrícola.
La agricultura hizo necesario pensar acerca del futuro y planear para él. También hizo posible, a través de los excesos de comida, que surgieran la política, la guerra y la cultura (en Economía sin Corbata Yanis Varoufakis agrega la economía a esta lista.)
La Historia es algo a lo que muy pocas personas se han estado dedicando mientras todos los demás estaban arando los campos y cargando cubetas.
Desde nuestro punto de vista, en el mundo de tractores, pesticidas, agua corriente y fertilizantes esto ya no es cierto, pero por casi 10,000 años así fue, hasta todavía muy entrado el siglo XX.

*   *   *

Peregrinos musulmanes en la Kaaba, en Meca.
Una advertencia constante que he absorbido de los historiadores que he estudiado es que uno no debería introducir teleología a la historia. La historia no tiene un propósito, no hay alguna corriente que lleve a los eventos en una dirección inevitable, no hay un evento que desde el punto de vista histórico debía suceder. Las cosas se hacen y deshacen y, aunque hay hitos que una vez logrados ya no se pueden revertir, el desarrollo a partir de ellos es caótico. Sin embargo, Harari ofrece una visión al menos descriptiva de lo que sí ha sido tendencia hasta ahora: la Unificación de la Cultura.

Antes mencionamos que la humanidad se estudia con Historia a partir de la Revolución Cognitiva, pero eso fue una simplificación retórica. No hubo un momento en el que la biología "dejara de actuar" y de ahí en delante los sapiens hayan estado libres de ella. Lo que sí hay es una complicada interacción entre todo lo que es animal y lo que no, que es la cultura, entendida sucintamente como una red de instintos artificiales. En este sentido, la Historia ha tenido una dirección clara hacia la unificación.

Considere que hoy en día casi todos los humanos poseen, o aspiran a poseer, el mismo
  • sistema geopolítico,
  • sistema económico,
  • sistema legal, y
  • sistema científico.
Una sola cultura global no es necesariamente homogénea, pero todas sus piezas hablan los mismos idiomas culturales. Esta unidad fue propiciada por el imperialismo, el comercio y las religiones, entendidas en el sentido amplio:
Si una religión es un sistema de normas y valores humanos fundadas en la creencia en un orden sobrehumano, entones el Comunismo Soviético es tanto una religión como el Islam.
Propaganda religiosa.
Este proceso ya no es reversible, salvo que la humanidad realmente destruyera todo y empezara desde cero. El comercio ha logrado unir a Sapiens en torno a la creencia en un recurso global: el dinero. El dinero sirve para convertir cualquier bien en cualquier otro, cosa imposible con el simple trueque. En cuanto al imperialismo,
La crítica contemporánea a los imperios comúnmente toma una de dos formas:
  1. Los imperios no funcionan. A la larga, no es posible gobernar efectivamente sobre un gran número de pueblos conquistados.
  2. Inclusive si se pudiera, no debería hacerse, porque los imperios son motores de destrucción y explotación. Cada pueblo tiene derecho a su autodeterminación y nunca debería ser subyugado por otro.
Desde a perspectiva histórica, el primer punto es una simple tontería y el segundo es profundamente problemático.
Ha habido imperios literalmente milenarios en todo el mundo, que han empleado una variedad de estrategias y crueldad para mantenerse, perpetuarse y expandirse. De hecho, la mayor parte del territorio que habita la humanidad ha pertenecido a un imperio u otro desde que la agricultura lo hizo posible. El segundo punto es de particular importancia para nuestro momento global:
Hay escuelas de pensamiento y movimientos políticos que buscan purgar a la cultura humana de todo rastro de imperialismo, dejando lo que ellos consideran una civilización auténtica, pura, inmaculada. Estas ideologías son en el mejor caso ingenuas; en el peor caso, son decoración para un nacionalismo crudo y la discriminación. Quizá se pudiera argumentar que alguna de las miles de culturas que emergieron al alba de la historia era pura, impoluta por el pecado y sin adulterar por otras sociedades. Pero ninguna cultura desde ese entonces puede hacerse esa atribución, ciertamente ninguna cultura que exista ahora. Todas las culturas humanas son en parte el legado de imperios y de civilizaciones imperialistas, y ninguna cirugía académica ni política puede extirpar estos legados sin matar al paciente.
Todas las naciones de hoy son o fueron víctmas y victimarias imperialistas en algún momento, y nadie elige en qué lugar ni época nace. Sí, por supuesto que los atropellos del pasado son lamentables y debemos evitar nuevas atrocidades en el futuro, ahora que podemos reflexionar sobre el pasado. Pero no hay un lugar mítico al que podamos regresar y quedarnos solo con lo bueno que tenemos hoy, y debemos aceptar al mundo como es y no como quisiéramos que hubiera sido. (Creo que son pasajes como el anterior que, si bien es perfectamente claro y razonable para quien lo lee en contexto, puede ser usado por actores deshonestos para calumniar con algo como "Harari apoya el imperialismo".)

Si la evolución biológica tiene como mecanismo la reproducción de genes, la evolución cultural se lleva a cabo por la propagación de memes, que son unidades de información cultural. En analogía a la biología, las culturas exitosas son aquellas que logran esparcir sus memes, independientemente de los efectos que éstos tengan sobre sus huéspedes humanos.
Las culturas son parásitos mentales que emergen accidentalmente, y de ahí en delante se aprovechan de toda la gente infectada por ellos.
(Los postmodernistas desdeñan esta explicación, llamada memética, pero en realidad la creen: simplemente sustituyen "discurso" por "memes").

*   *   *

El último gran cambio que ha vivido la humanidad ha sido la Revolución Científica. Desde el año 1500, la población mundial se ha incrementado en un factor de 15, la productividad es 240 veces mayor y el consumo energético se ha multiplicado por 115. Esto no es solamente debido al auge de nuevos descubrimientos y aplicaciones que trajo la ciencia moderna, sino también es debido a la relación simbiótica—ojo que no siempre benéfica para todos los  sapiens—entre ciencia y capitalismo. Por primera vez en la historia, los frutos de la producción se usaron no para que los ricos pudieran construirse pirámides, palacios y estatuas a sí mismos, sino para reinvertirlos en la producción misma.

Los imperios europeos dejaron mordiendo el polvo a los demás durante la Revolución Científica no porque tuvieran tecnología inalcanzable, sino porque tenían valores, mitologías, aparatos judiciales y estructuras sociopolíticas que tomaron siglos en formarse: tenían Ciencia y Capitalismo. El imperialismo europeo fue distinto a los demás en que buscaba no solamente adquirir nuevo territorio, sino nuevo conocimiento. Otros imperios habían buscado a lo mucho esparcir su propia visión del mundo, que ya era considerada necesariamente correcta.

Los descubrimientos de la ciencia producen brotes de innovaciones económicas constantemente, lo que permite que la gente pueda confiar en el futuro. Esta confianza se traduce en sistemas de crédito, mediante el cual se traslada valor del futuro al presente, se paga con producción y deja como resultado crecimiento. Los países que protegieron a sus sistemas financieros tanto como a su territorio ahora son los más desarrollados, gracias a que los avances de la ciencia fueron convertidos en avances económicos. De nuevo, algo relevante para nuestros tiempos:
Las calificaciones crediticias indican la probabilidad de que un país podrá pagar sus deudas. Además de datos puramente económicos, toman en cuenta factores políticos, sociales y hasta culturales. Un país rico en petróleo pero con un gobierno tiránico, guerra endémica y un sistema judicial corrupto usualmente recibirá una calificación baja. Como resultado, es probable que se mantenga pobre, ya que no podrá acceder al capital necesario para desquitar su riqueza petrolera. Un país carente de recursos naturales, pero que disfruta de paz, un sistema judicial justo y un gobierno libre, es propenso a recibir una calificación alta. Como tal, puede juntar suficiente capital barato para financiar un buen sistema educativo y fomentar una industria tecnológica floreciente.
Es necesario tomar en cuenta que tanto la ciencia como el capitalismo por sí solos son mecanismos completamente amorales: pueden producir buenos o malos efectos por igual. La humanidad pasó tantos siglos en la escasez abyecta que la abundancia necesariamente mejoró su situación en términos de esperanza de vida, mortalidad infantil, tiempo para ocio y muchas métricas más. Pero ahora llegamos a un punto donde los padecimientos debido a los excesos son cada vez más prevalecientes. Es mayor la probabilidad de que uno muera por su propia mano que las probabilidades de morir en una guerra, crimen, o atentado terrorista juntas. Por primera vez en la historia, la obesidad es un mayor problema que el hambre:
La obesidad es una doble victoria para el consumismo. En vez de comer poco, que llevaría a la contracción económica, los humanos comen demasiado y luego compran productos para adelgazar—contribuyendo así al crecimiento económico dos veces.
*   *   *

Harari da una visión panorámica e integradora de lo que estamos haciendo como humanidad. El tono ambivalente prevalece en casi todos los temas, dando la impresión ya mencionada por otros que es como si el autor fuera un biólogo extraterrestre (mira, están haciendo pirámides, qué lindos). Pero no es un libro desapegado o clínico, sino ameno y, con frecuencia, con sarcasmo e ironía salpicados entre las opiniones poco convencionales aunque metódicamente argumentadas. Harari supone que el lector es principiante pero no tonto, admite cuando los expertos están en desacuerdo, y presenta los argumentos que compiten entre sí en sus formas más fuertes. Su estilo sí es tan sutil que a veces no se nota cuándo pasa de lo metafórico a lo literal, o de lo irónico a lo sincero. Pero siempre hay algo uno o dos párrafos más adelante que deja claro qué es lo que sí está diciendo y qué no. Sapiens (en español le pusieron De animales a dioses, tomado del título del epílogo), condensa la historia de la humanidad de manera amena y reveladora a unas 400 páginas, que mucho valen la pena y pueden usarse para rápidamente ponerse al corriente de qué estamos haciendo en este planeta, mientras estamos en él.


2019-05-29

Ansiedad



¿Es esto vida? No estoy viviendo, sino esperando un evento, que constantemente se posterga más y más.
—Anna, en Anna Karenina de Tolstoy

La mayoría de los hombres llevan vidas en la desesperación silenciosa.
—Henry David Thoreau, en Walden

La "desesperación silenciosa" que menciona Thoreau provoca en algunos una reacción nula. Hay personas, que no sé bien qué proporción sean de la población, que son completamente incapaces de la menor introspección (se les nota en sus ojos que no hay gran cosas detrás de éstos) y se dejan llevar por la vida como ganado, pasivos, rumiando con la boca abierta, a veces rejegos, pero nunca rebeldes. Para las demás personas, la desesperación silenciosa es la realidad diaria, la luz que colorea todo lo que ven.

En una cosa tienen la razón los budistas: sufrimos porque deseamos. El ser humano tiene una asombrosa capacidad para recalibrar sus expectativas y su reacción a su frustración o satisfacción. Por eso es que la gente a todas luces exitosa se suicida por igual, o más aún, que aquella en la miseria. Sea cual sea la situación, la mente la adopta eventualmente como la normalidad y desea a partir de ahí. Es nuestra naturaleza que, en cuanto a nuestro sitio en la vida se refiere, al poco tiempo de acostumbrarnos a un lugar quisiéramos estar en otro.

Cuando era muchacho mis preocupaciones eran el basquet, las tareas, las ideas que absorbía de los libros, las muchachas que me distraían de ellas. Siempre había mucho tiempo por delante, mucho margen de error para hacer y deshacer lo que quisiera o, al menos, eso decían los adultos. A mí no me parecía así, pero tenían razón. No era gran cosa lo que uno tenía que enfrentar, objetivamente, en una infancia y adolescencia de clase media a finales del siglo XX. Pero yo igual sentía que sí lo era, como lo ha sentido, creo yo, cualquier joven de entonces y de ahora.

Pero hay un punto, que para todos es distinto y que nadie detecta ni en sí mismo, donde los márgenes de error comienzan a estrecharse, las oportunidades perdidas dejan de ser repuestas por oportunidades nuevas, y las decisiones reversibles se convierten en finales. Es solamente cuando uno emerge de esta transición que siquiera se percata de que sucedió, y eso es usualmente años más tarde.
Tired of lying in the sunshine
Staying home to watch the rain
You are young and life is long
And there is time to kill today

And then the one day you find
Ten years have got behind you
No one told you when to run
You missed the starting gun
Time, de Pink Floyd

No importa dónde termine uno, después de este punto es inevitable preguntarse ¿qué he hecho? Uno dice No, esperen, esto no es lo que quería—no está tan mal pero, a ver, quiero regresarme un poco. Pero no se puede. El que usó su tiempo para trabajar, desea haberse consentido más en su juventud; quien usó su tiempo para viajar, lamenta no haber echado raíces y construido un patrimonio; el que estudió sin parar, se angustia de ser un experto sin experiencia; solteros y casados se envidian en silencio, igual que patrones y asalariados, académicos y empresarios, prácticos y teóricos, especialistas y todólogos. Todos se preguntan qué es lo que han hecho, para qué, si ha valido la pena.

Y para todos es demasiado tarde. No siempre es claro lo que sí quisieran en la vida, aquello que harían si pudieran regresar sabiendo lo que saben ahora, o lo que seguramente quisieran hacer a partir de ya. Pero aún cuando sí lo saben, no pueden actuar. Sus planes necesitan tiempo, pero están repletos de compromisos; dinero, pero los ahogan las deudas; y libertad, pero están anclados por responsabilidades. Están atorados.

Planean cómo zafarse para volver a empezar o corregir el rumbo, pero no pueden superar la etapa de planeación. Y cada día se ven en el espejo y tienen más canas, más ojeras, más kilos. Un día aparece de la nada un dolor nuevo, un análisis clínico con un "valor fuera de rango". Comienza la desesperación, en todos los sentidos: ya no pueden esperar más para cambiar sus vidas, y se les va la esperanza de que puedan hacerlo. La desesperación es, en ese punto, la nueva normalidad. Pero lo hacen en silencio, porque hay que ir a la chamba, llevar a los niños, ir a ver el partido con los amigos, renovar la licencia de conducir, pagar los recibos. A nadie le gustan los llorones. Mira a Fulano, aprende de Sutana, dicen, que hacen su chamba y no se quejan. Pero Fulano y Sutana sí se quejan: callados, estoicos, se consumen desde dentro en cámara lenta.

*   *   *

Entre quienes sienten esto, supongo, habrá grados. Buena parte de mis pensamientos diarios están dedicados a estas cuestiones, aunque he deducido indirectamente que probablemente soy un caso extremo. Todos los días me digo alguna versión de Ahora sí, me voy a organizar, activaré el modo ultradisciplinado de mi adolescencia y voy a estudiar, trabajar, leer, escribir y hacer ejercicio como una máquina, ya verán qué chingón soy. Pongo libros sobre mi escritorio, acomodo partituras sobre el piano, programo mi despertador temprano, dejo lista la ropa de ejercicio, los trastes lavados, el café puesto.

Pero nada. No puedo hacer nada. Procrastinación. Parálisis por análisis. ¿Qué he hecho? ¿Qué creo que estoy haciendo? Me rasco la cabeza, me froto la sien. Esto no va a funcionar, no puedo. No soy suficiente listo, no tengo suficiente tiempo, ya no soy lo suficientemente joven. Reviso la hora, mi correo, las noticias. El país se va a la mierda y lo que queda de mi juventud también. Bueno, al menos hay promoción en Starbucks. Mira, esa serie en Netflix se ve que está buena. Mierda. Está bien, empezaré mañana, que al cabo no hay prisa. Mierda, mierda, mierda.



*   *   *

Pero volvamos al budismo. A la ansiedad no le puedes ganar, pero sí puedes rehusarte, por intervalos, a competir contra ella. Con práctica, uno puede aprender a salirse del partido y sentarse en la banca por un rato. Si estás sufriendo, es porque estás pensando. Entonces, deja de pensar. Medita.

Se dice fácil y, la verdad, cuando yo lo oí por primera vez me pareció tonto. Una manera de hacer trampa, en el mejor de los casos. ¿Cómo se supone que uno lo hace y, en todo caso, acabaría como un zombi, como los vacunos de los que me burlé antes? Sin embargo, fue demasiada la gente respetable que lo recomendaba para que lo pudiera ignorar más y, hace unos tres años, lo intenté al fin. Descargué una aplicación para meditar, me apunté para la prueba gratis de diez días, me puse los audífonos, aguanté la risa y lo hice.

Al final de la primer sesión de diez minutos quedé conmovido al borde de las lágrimas por el alivio. Era posible, de manera breve e imperfecta pero real, desconectarme de mí mismo y descansar. El efecto es como el de estar en el tráfico y luego pasar a verlo desde lejos. Dado el tráfico que hay en mi cabeza, esta diferencia es abismal. No es apagar el motor de la mente—es ponerlo en neutral.

Pero no es milagroso. De hecho, muchas veces es difícil, por no decir agobiante. No es fácil explicar cómo es ni cuál es el objetivo pero, si estás perdido en tus pensamientos, estás fracasando. Entonces te das cuenta, te molestas por estar distraído pensando—y eso es fracasar más. Pensar que no deberías pensar es malentender de lo que se trata. Uno está acostumbrado a evaluar y juzgar todo, hasta los propios pensamientos. En la meditación los ves llegar y los dejas ir, sin más. Hola, Pensamiento, ya te vi. Eso es todo.

De nuevo, los resultados son mixtos. Pero son mejor que hacer nada. Me he sorprendido perdiendo la paciencia—digamos, en el supermercado, esperando a una cajera cuya incompetencia es superada solamente por la de la persona antes de mí en la fila—e inmediatamente una voz en mí dice Ah, Impaciencia. Entonces la impaciencia no desaparece, pero se diluye. Lograr este tipo de efectos requiere práctica constante, y a los pocos días de no hacerlo me encuentro de vuelta al inicio. Me cuesta trabajo retomar las sesiones regulares y me regaño por no poder ser constante inclusive en lo que sé que me da alivio de no ser constante.

Carajo, ni siquiera dejar de pensar lo puedo hacer bien. Ya sé lo que tengo que hacer, y sé que lo puedo hacer, y sé que no me estoy haciendo más joven. Y aún así no lo hago. Con cada meta cumplida vuelvo a recalibrar y aterrizo en una nueva normalidad, la de no cumplir, o a veces sí, como estar a dieta para siempre. A lo mejor esto es solo una moda, pienso, un impulso patético como el del cuarentón que se compra un deportivo rojo, la cincuentona que se opera el busto, el ama de casa que se pone a escribir una novela, o el banquero entusiasmado repentinamente por el ciclismo. Pero no se le puede ganar a la ansiedad, tanto como no se le puede ganar a la entropía. Tiempo, dinero, libertad—ya están casi agotados para cuando uno realmente los valora. Es demasiado poco, demasiado tarde. No te puedes decepcionar si no tienes expectativas, así que te conviene rendirte mientras todavía puedes. Aprovecha, confórmate con la vida mediocre en la que estás atorado y ve Netflix hasta atragantarte con las palomitas.

Pero ya te vi, Desesperación Silenciosa. Ya te vi.

2019-02-02

Chairocracia



La democracia es la peor forma de gobierno, excepto por todas las demás.
-Winston Churchill

Es fácil para ti escupirle a la libertad, porque no sabes lo que es no tenerla.
-Ayaan Hirsi Ali

México tiene todo para ser un gran país, pero los mexicanos no quieren.
-Yo mero
El capitalismo colapsaría por sus inherentes ironías y contradicciones, según Marx. Identificar esas ironías y contradicciones fue uno de sus grandes aciertos; aquello de predecir su colapso, no tanto. Peor aún, autoproclamados seguidores y herederos del marxismo, tanto en lo político como en lo cultural, exhiben sus propias ironías y contradicciones. A veces éstas se manifiestan como un meme gracioso sobre el derrocamiento del capitalismo que necesita vender playeras del Ché para recaudar fondos. Otras veces resulta en la nada graciosa cantidad de 100 millones de muertos durante el siglo XX, todo fuera por defender a las utopías comunistas del imperialismo. (Parentéticamente, creo que es un escándalo que esta cifra sea tan desconocida entre el público general y, ante todo, en el mexicano, que glorifica todo lo que huele a que se opone a Estados Unidos. Murió más gente tan solo en la China de Mao que en toda la Segunda Guerra Mundial, y el día de hoy existe ahí un número indeterminado de personas, probablemente numerando los cientos de miles, en campos de concentración. El número de personas muertas o en campos de concentración por oponerse al neoliberalismo es, precisamente, cero.)
(...y qué bueno.)
A estas alturas la humanidad ya ha inventado el hilo negro muchas veces en cuanto a política se refiere, y no es un misterio qué funciona y qué no. La libertad de expresión, la separación de poderes, constituciones que protejan las garantías individuales, instituciones que vigilen que éstas protecciones se respeten—estas cosas funcionan y no hay excepciones. La centralización del poder, el dominio ideológico de la política, el nepotismo, la falta de contrapesos, la ausencia de una sociedad civil—estas cosas llevan al fracaso y tampoco hay excepciones. Hay docenas de ejemplos de países que gradualmente han pasado de la miseria a la prosperidad simplemente implementando lo que funciona, y docenas más de ejemplos de países fracasando por hacer lo contrario. No quiere decir que sea fácil, pero es claro cómo implementar los mejores modelos (o los menos peores, como diría Churchill y decimos en México). Lo misterioso en todo caso es por qué, pudiendo ser prósperas, tantas sociedades con tanto potencial optan por el autosabotaje.

Y es que el chairo, como se le conoce en México, no está completamente equivocado: sí hay pobreza y desigualdad, y sí hay intervenciones imperialistas, y hay gente que trabaja todo el día para producir bienes que no puede pagar con su sueldo. El problema está en que detiene su análisis justo ahí y empieza a proponer soluciones sin preguntar cómo es que llegamos a donde estamos, qué alternativas se han probado y—horror—qué posibles beneficios tiene que las cosas sean como son. Por supuesto que la humanidad pudiera estar mejor. Pero también podría estar—y en general siempre había estado—peor. La aristocracia más opulenta de hace 100 años sabía menos y vivía menos que la clase obrera de hoy. Sé que ese no es un gran consuelo para la trabajadora doméstica que trabaja siete días a la semana por un mes para poder arreglar su refrigerador, pero es la realidad. La pregunta es, dada esa realidad, cómo podemos hacer para que los avances globales de la humanidad se puedan ver reflejados en la vida diaria de más personas.

Con una varita mágica podríamos convertir a todo el mundo en Finlandia, Suecia, Suiza, Dinamarca, Holanda o Corea del Sur. Pero no tenemos tal cosa. Lo que tenemos es más rústico, pero a la larga también funciona: podemos entender cómo es que esos países, en la medida en que sean modelos a seguir, llegaron a serlo. Y si hay algo que se interpone al entendimiento, propongo yo, es el falso entendimiento: la ideología. Cuanto más he leído sobre historia y política, más se ha reforzado en mí el sentido peyorativo de esa palabra. Cada vez que un país ha caído en desastre, fue por alguien que dijo alguna variante de "No se preocupen, ya entendí todo. Tengo las ideas que van a resolver todos nuestros problemas. Todo lo que hay que hacer es implementarlas correctamente, que de eso también me encargo yo. Permítanme explicarles..."

Y es que, curiosamente, la mayoría de los avances que la humanidad sí ha logrado han sido graduales, a base de accidentes afortunados, prueba y error y, en gran medida, con una desconfianza sistemática acerca de la naturaleza humana y las ideas que produce. Por eso la pluralidad de pensamiento y los contrapesos son tan protagónicos en los países más prósperos del mundo. Miles de problemas se han resuelto sin que hubiera un plan maestro por parte de un intelectual o líder carismático. Muy al contrario, la evidencia apunta a que los planes maestros ideológicos en general se interponen al progreso.

Pobreza extrema a nivel mundial (clic para agrandar). Fuente: https://ourworldindata.org/extreme-poverty.
Pero lo anterior no significa que no haya rol para una autoridad o gobierno (eso sería caer en el pensamiento maniqueo que antes le critiqué al chairo). Hay problemas que no se pueden resolver si todo mundo se dedica a lo suyo, sino que requieren cierta coordinación, regulación y/o la creación o destrucción de incentivos (el ejemplo clásico es el cuidado del medio ambiente). Mediante el uso inteligente de la ley, un gobierno puede hacer ajustes—siempre graduales, apegados a la constitución y con estudios técnicos de por medio—para resolver cuestiones que los individuos no pueden. Lo importante es que aún cuando un gobierno actúa para dirigir a su sociedad de un lugar a otro mejor, lo hace en base a lo que indica la evidencia y siempre con contrapesos. Los gobiernos de los países exitosos son lentos y burocráticos a propósito—porque cuando son ágiles y eficientes es más fácil que se desvíen hacia el autoritarismo, sea de izquierda o de derecha. Ser lento tiene la ventaja de que es más fácil cambiar de rumbo cuando las cosas van mal. En este sentido, lo valioso de las democracias liberales no es tanto lo que pueden hacer, sino lo que previenen. Tenemos múltiples ejemplos de lo que pasa cuando se logra "derrocar al sistema" y, casi siempre, lo que resulta es algo peor.  Cambiar al sistema gradualmente desde adentro es mucho más eficaz.

En México nos hemos encontrado, una y otra vez, con malas y peores opciones al momento de las elecciones. Pero es ridículo decir que no hemos avanzado nada. Hoy hay instituciones que hace décadas no había. Hay una pluralidad de partidos políticos, cuando antes solo había uno. Tenemos una Comisión Nacional de Derechos Humanos casi simbólica, pero antes no había ninguna. Antes era impensable, pero ahora uno puede criticar al gobierno todo lo que quiera, en la calle o desde su casa. Sí, todavía hay mucho por hacer, pero México cada vez está, muy poco a poco, menos jodido. Hasta los chairos tienen que reconocer que nuestra democracia avanza (después de todo, pudieron ganar). Antes de proponer "derrocar al sistema" hay que valorar lo que en él sea rescatable y, en la medida posible, conservarlo y fortalecerlo.

Omitir estos matices es precisamente lo que orilla al chairo (o su contraparte, el derechairo, pero eso es otro artículo) a una visión simplista y rígida del mundo. Es por eso que está plagado de ironías y contradicciones. El mundo es más complicado de lo que piensa y, cuando no lo es, es contrario a lo que cree. En la realidad a veces el capitalismo soluciona problemas y a veces no, pero para el chairo siempre es sinónimo de explotación. En la realidad Estados Unidos a veces hace bien y a veces hace mal, pero para el chairo siempre es El Imperio. En la realidad la migración es desde los países menos neoliberales hacia los que lo son más, pero para el chairo esos migrantes son solamente traidores. En la realidad muchas cosas sin relación suceden a la vez, pero para el chairo todo es una cortina de humo para ocultar una conspiración. En la realidad...

*   *   *


...en la realidad, ahora los chairos tienen el poder en México. Y vaya que tal como chairos están gobernando. El pensamiento conspiratorio, el discurso maniqueo, la propaganda en lugar de la información, la rendición de cuentas simulada, la denuncia del periodismo como un instrumento del enemigo, la sustitución de los argumentos a favor de los insultos, el respaldo tácito y a veces explícito a dictadores, los cambios en la Constitución a conveniencia, el reemplazo de funcionarios por lacayos... Todos los días, el actual presidente de México, su gabinete, su partido y sus seguidores dan tantos ejemplos de esto que ya ni sé cuál usar. Me da tentación simplemente poner un enlace a un periódico mexicano cualquiera y que lean las primeras cuatro o cinco notas y, si les queda algo de masoquismo, que lean los comentarios. Por ejemplo, regresando a ironías y contradicciones: ¿qué más irónico, más contradictorio, más surrealista inclusive, que un hippie obsesionado por explotar cada gota de petróleo que pueda? Eso es como vender playeras del Ché en Starbucks y mucho más, y es también lo que quiere nuestro presidente y millones más que lo apoyan (hasta los árabes están tratando de dejar el petróleo, caray).

Desde hace años he seguido de cerca la política en Estados Unidos, y me preocupa que estamos siguiendo el mismo camino de polarización y deterioro de la vida pública. Me preocupa más que, a diferencia de Estados Unidos, nosotros no tenemos instituciones fuertes ni mucho menos la cultura cívica correspondiente. He estado desconectado de las redes sociales desde hace más de un año, y aún así percibo el odio que ha surgido no solo entre adversarios políticos, sino entre amigos y familiares que caen en distintos puntos del espectro. El chairismo es ya su propia religión, sobre la que la gente prefiere no hablar por temor a ofender a alguien y acabar peleado a gritos.

En E.U. se ha formado lo que algunos allá llaman "la mayoría exhausta": aquellos que no están gritando insultos políticos todo el tiempo a todo mundo, que no son ni Trumpistas ni SJWs (los chairos de allá), y que solo quisieran que la política volviera a ser aburrida como antes y seguir con sus vidas. Esa gente va a decidir la siguiente elección allá, y ya se ven algunas señales para ser optimistas.

Pero acá no veo nada parecido. Las pocas voces cuerdas que encuentro son inmediatamente denunciadas y hostigadas. Hoy, en México, o eres un chairo, o un conservador imperialista neoliberal fifí.  Aunque no quieras.



Para entender porqué mi preocupación:


2018-10-28

Crónica de una apostasía anunciada

Como si fuera un mal chiste sobre el colmo de un ateo, a mí me bautizaron dos veces. La primera fue en el hospital pocos días después de nacer, porque iba a entrar a cirugía para corregir un píloro intestinal cerrado, y se tenía que hacer de emergencia y por si acaso (el bautizo, no la cirugía—esa era de rutina inclusive en 1982—). La segunda, ya formal, ocurrió unos meses después. Aparte de eso, ya no tuve contacto más con la fe católica, sino apenas por lo que oía de compañeritos en la escuela. Yo nací ateo como todos pero, a diferencia de la mayoría, yo así me quedé.

Así que imaginarán mi indignación unos años después cuando, al preguntarme mi madre si quería ir al catecismo y hacer mi primera comunión, yo, el ateo de ateos de siete años, contesté que obviamente no, y que era ridícula la pregunta dado que yo ni era creyente y ni siquiera estaba bautizado. Entonces ella me contó la triste historia del párrafo anterior y me indigné tanto como puede un chamaco de aquella edad. De todos modos mis padres honraron mi decisión y no tuve que hacer ningún sacrificio de mi infancia en el catecismo.

Muchos años después haría presencia en algunas pocas misas al año por acompañar a alguna novia, pero mi relación con la iglesia era solamente eso, presencial y bajo cierta coerción. En aquellas ocasiones, supuestamente por respeto, me sometía al humillante ritual de sentados-parados-sentados-hincados-parados... (en la iglesia nadie piensa en respetar a los feligreses, al parecer), pero ya de adulto solamente me quedaba sentado en silencio, lo que me valió uno que otro codazo femenino en las costillas. En fin, mi disimulo llegó a tal habilidad que, cuando lo encontré conveniente, pude disimular ser sumamente pendejo y hacer mi comunión y confirmación a la tierna edad de 28 años, para casarme (ese es otro artículo ya antiguo y lo pueden consultar aquí).

Dice la Ley de Poe que, entre un creyente sincero, alguien que está fingiendo, y alguien que meramente está insano, no hay manera de distinguir. También dice Woody Allen que lo bueno de ser inteligente es que cuando te conviene te puedes hacer pendejo, mientras que al revés es imposible. Hacerse pasar por católico es una combinación de estos dos preceptos, y sospecho que es común en otras religiones. Uno pensaría que la eterna salvación requeriría algo más de compromiso y sinceridad que lo que tuve que hacer yo, pero supongo que si subieran los estándares rápidamente se quedarían sin gente en el cielo. Así que pendejo me hice.

*   *   *

A casi diez años de ese acto de disimulo, por alguna razón—tal vez por la edad—me encuentro cada vez menos y menos dispuesto a hacerme pendejo. Para incomodidad de la gente a mi alrededor, me he dedicado a pequeños actos de heroísmo ético, como contestar honestamente en encuestas sobre el kinder de mi hijo que la directora es una estúpida; o recordarle calmadamente a vendedores por teléfono que la vida es corta y deberían buscar otro empleo después de que les cuelgue en 3,2,1...; mandar a mis vecinos fotos de sus perros cagando en jardines ajenos; y dar pláticas de divulgación en las que le recuerdo a la gente que dios no existe, entre otros actos de misantropía virtuosa.

Desde hace algunos años había escuchado un rumor—bueno, leído, más bien—en internet, respecto a cómo abandonar formalmente a la Iglesia Católica. El trámite se llamaba apostasía latae sententiae (algo así como "ya consumada") y era un trámite que uno podía hacer, al menos en Europa. En aquel tiempo me había parecido un trámite difícil, pues mencionaba la gente que uno necesitaba ir al templo donde lo habían bautizado por primera vez. Viviendo en Guadalajara, no veía manera de trasladarme a Ciudad de México para hacer el trámite, y además necesitaba sacar cita con los del arzobispado de allá, o tal vez los de aquí, o tal vez todos, y encontrar mi fe de bautizo original o una reciente o ambas. En fin, no estaba clara la información de cómo hacer el trámite y me parecía más difícil hacerlo que hacerme pendejo.

Pero ya no más.

Gracias a la atención que ganó el trámite de apostasía en Argentina hace unos meses en respuesta al voto fallido para legalizar el aborto, me puse a investigar y, para mi alegría, la apostasía ya es una realidad en México y en principio ya tenía todo lo necesario para tramitar la mía. Seguí las instrucciones que me encontré en varios sitios web, empezando por buscar mi fe de bautizo original (la tenía a la mano gracias a que la usé unos años antes cuando me casé) y luego hice algunas llamadas. Pensando que tendría que hacer el trámite en la Ciudad de México, llamé a la notaría del arzobispado de allá. Yo iba a ir a CDMX de todos modos por un par de semanas, así que estaba preparado para aprovechar, pero la mujer que me atendió me dijo que era posible hacer el trámite en Guadalajara, aunque mi bautizo no hubiera sido ahí.

Tras algo de investigación fui a dar con el teléfono del Pbro. Jesús García Zamora, Vicario General del Arzobispado de Guadalajara, con quien tuve una breve conversación por teléfono:

 —Hola, ¿Jesús García Zamora?

 —Sí, a sus órdenes.

 —Quiero hacer un trámite y todo parece indicar que es con usted.

 —Sí, ¿qué trámite?

 —Quiero tramitar mi apostasía.

 —Ah sí... eso. Bueno, pues tráete tus documentos y vente de lunes a jueves para platicar un rato, de 10:00 a 13:30...

Me explicó que la fe de bautizo sí debía ser reciente y que la podía pedir por paquetería llamando a la parroquia donde me bautizaron. Decidí aprovechar mi viaje a CDMX para acudir en persona por el documento. Quedé de aparecer en su despacho en tres semanas.

 —Ándele pues, aquí lo esperamos.

* * *

San Jacinto, San Ángel, Ciudad de México.

La parroquia de San Jacinto en San Ángel es un lugar bonito, si se deja de lado que es una parroquia. Tras algunas vueltas por fuera, al fin encontré la entrada a la notaría, donde una mujer bizca me preguntó en qué me podía ayudar. Le dije que necesitaba un acta de bautizo reciente y que traía la original con los datos.

 —¿Para qué trámite la quiere?

¿Para qué le importa? es lo que le iba a contestar, pero lo pensé mejor. En el registro civil uno pide un acta de nacimiento y no le preguntan para qué es. Pensé que sería así, pero meterse en la vida de las personas es la chamba de esta gente. Rápidamente busqué el nombre del trámite en mi teléfono y se lo mostré:

 —Es para una apostasía—dije, acercando el teléfono a ella—, se escribe en latín, mire...

Era evidente que no tenía idea de lo que era una apostasía ni sabía nada de latín, pero eso nunca había detenido a un católico de hacer lo que se le dicía antes, así que lo anotó en la solicitud.

 —¿Para qué parroquia es?

 —Es para el Vicario General en Guadalajara, Jesús García...

A la salida, me encontré en un edificio cuadrado con un bonito jardín en el centro, con pilares sosteniendo los pisos de arriba. Como mal guión de cine, encontré los clichés apropiados esperándome:

De qué sirve al hombre ganar todo el mundo, si al fin pierde su alma? Mateo 16:26.
El que es incrédulo, no tiene dentro de sí una alma justa. El justo, pues, en su fe vivirá. Habacúc 2:4. Curiosamente, el primer enunciado no está en el original, sino que se lo inventaron, supongo, los de la parroquia.  
Creo que el justo preferiría a sus niños sin violar, gracias. Yo me voy de aquí.

*   *   *

Junto con la fe de bautizo, a uno le piden llevar a la entrevista una copia de su identificación oficial (porque quizá un impostor podría darlo de baja de la Santa Iglesia, ha de saber usted) y una carta explicando los motivos para abandonar la iglesia.  Reproduzco íntegro el texto de la carta que llevé:

Pbro. Jesús García Zamora, Vicario General

Me dirijo a usted para manifestar mi deseo de formalizar mi apostasía de la Iglesia Católica, siendo que nunca he creído en ninguno de sus preceptos pero aún así fui bautizado, sin mi consentimiento, en mi infancia. Recaigo en los cánones 381.1 y 393 del Código de Derecho Canónico, con el objeto de solicitarle iniciar mi proceso de excomunión latae sententiae.

Esta es una decisión que he tomado y ratificado, mas no ejecutado, desde que tengo memoria. Yo nací ateo como todos pero, a diferencia de muchos más, así permanecí. Nunca he creído en ningún dios, la salvación, el pecado, ni nada más allá de lo material. Siempre he considerado a la Iglesia Católica una reliquia oscurantista del pasado supersticioso de la humanidad y, además, promotora de ideas altamente nocivas para nuestra sociedad.

Las revelaciones cada vez más frecuentes del encubrimiento deliberado de pederastas han sido lo que me ha llevado a, por fin, alinear mis acciones con mis convicciones. Dentro de muchos años, cuando la gente me pregunte qué hice mientras niños eran violados y sus victimarios protegidos, quisiera poder contestar con algo mejor que encoger los hombros. Habiendo ya hecho mi parte al no participar en el catolicismo en lo práctico, lo último que me queda es manifestar mi desacuerdo de manera oficial, terminando así con más de una treintena de años de desidia y conflicto interno. Haga lo que haga la Iglesia de aquí en adelante, no será a mi nombre.

El sustento legal de mi petición lo menciono por formalidad, ya que usted seguramente ya lo conoce. Primeramente se encuentran las normas nacionales e internacionales a las que está suscrito nuestro país y que declaran y protegen la libertad de creer o no según se desee, como por ejemplo el Artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas y el Artículo 18 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de las Naciones Unidas. Nuestra propia Constitución en su artículo 24 garantiza la libertad de credo. Entonces, ratifico que no deseo pertenecer a la Iglesia Católica Apostólica Romana, ni estar vinculado a ella de manera alguna, ni autorizar a esa institución a que lleve registro alguno sobre mis creencias ni mucho menos que me cuente entre los suyos.

Hasta aquí se cubre a lo que yo tengo derecho, pero además la Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de los Particulares indica qué procede de su parte, ya que protege los datos personales asentados en archivos, registros, bancos de datos, u otros medios técnicos de tratamiento de datos, informatizados o no, y considera datos personales sensibles a aquellos que revelen las convicciones religiosas, filosóficas o morales de las personas. Por esto, siendo no más un miembro de la Iglesia Católica Apostólica y Romana, tengo pleno derecho de solicitar la cancelación mis datos en posesión de dicha institución.

Agradeceré su respeto y atención para completar este trámite de forma expedita.

Pablo Héctor Mata Villafuerte
Tras más de dos horas de hacer fila, por fin me recibió el vicario en su oficina. Se había retrasado y ya eran más de las dos, por lo que yo tenía mucha hambre y estaba algo malhumorado, pero me comporté lo mejor que pude. Fue muy amable, me invitó a sentarme con calma a pesar de que ya era mucho más tarde que su hora de salida, y comenzamos a platicar mientras leía el texto anterior. Empezó por preguntarme varias veces si estaba seguro y me recordó todos los sacramentos a los que perdería derecho y todo eso. Yo dije que sí a todo. Luego preguntó:

 —Dime, ¿qué te llevó a querer hacer este trámite por escrito? Es decir, tú no crees ni nada, ¿no te basta con eso?

La misma pregunta harán muchos lectores e inclusive ateos: ¿Si no crees en la iglesia, por qué sí crees en su trámite? Y respondo lo que le contesté al vicario en ese momento y a lo que alude parcialmente la carta: no creo que escribir unas palabras en latín junto a mi nombre en alguna lista vaya a tener efecto en mi salvación o falta de ella. Pero la iglesia sí. Por eso lo estoy haciendo. Para llamarle la atención a ellos. Dentro de años, cuando mi propio hijo me pregunte qué hice yo mientras miles de niños eran violados y sus victimarios protegidos, quisiera poder contestar con algo mejor que decir "Uuu, pues yo qué hacía, al cabo no creía en eso." La iglesia sí cree que las palabras en latín son mágicas y, si no se reforma, la gente como yo usaremos esas palabras y otras para obligarla.

Quiso entonces el vicario cambiar de tema, preguntándome que qué era peor, si la pederastia o el aborto. Pensé por un momento en todos los argumentos al respecto, pero opté por la salida diplomática y dije:

 —Mire, podemos entrar en todos los argumentos uno por uno si quiere, pero ya es muy tarde y me quiero ir a comer, seguramente usted también. Pero órale, si quiere podemos empezar con algunos escenarios hipotéticos. Imagínese que...

Movió la mano, en ademán de decir "basta" y, a continuación, me despidió invitándome a buscar la verdad y reconsiderar (en esto se tardó varios minutos, explicando que debía ponerme a investigar y aprender más sobre el tema; logré contenerme y lo dejé terminar—por eso soy ateo, idiota, quería decir—). Finalmente, me firmó de recibido y reiteró que, si cambiara de opinión, sería bienvenido de regreso:


*   *   *

Lo que pasa a continuación es esperar al documento "oficial" en el que quedo formalmente excomunicado de la Iglesia Católica. Por lo que investigué esto puede tomar varias semanas (supongo que para darme oportunidad de reconsiderar). En cierto modo está fuera de mis manos el trámite de aquí en adelante, aparte de llamar o ir en persona a hacer presión. Cuando tenga ese documento lo agregaré a este artículo como una actualización. Aún así, espero que mi experiencia hasta este punto sirva a otros para tomar la iniciativa y hacer al mundo un poco mejor. Es más lío, al menos en México, sacar una licencia de conducir o tramitar el pasaporte.

Leí en algún lado a la gente del arzobispado en CDMX diciendo que eran cada vez más los que hacían este trámite, unos 10 o 15 al año. Para mí eso es escandalosamente bajo: deberían ser 10 o 15 diarios en cada parroquia en todo el mundo. Eso sí que los haría reaccionar. Pero no vamos a llegar a ese nivel encogiéndonos de hombros.

2018-04-27

Reporte Androide #2

Parafraseando a Daniel Dennett, siento un gran resentimiento ante el hecho de que la política domine el discurso actual. Cada momento gastado entre chairos y derechairos, revolucionarios y reaccionarios y neoliberales, o como se llamen las distintas tribus ahora, me llena de hastío y, ante todo, aburrimiento. Cualquier opinión, bien informada o no, es inmediatamente tratada como evangelio por unos y blasfemia por otros, sin importar en lo más mínimo el mérito de los argumentos en cuestión. Las opiniones más informadas son más difíciles y tardadas de exponer, así que los demagogos llevan ventaja por default. Isaac Asimov observó este fenómeno hace décadas: demasiada gente cree que "democracia" significa que las opiniones que parten de la ignorancia y del conocimiento son igualmente valiosas.

En fin, me he propuesto leer a fondo las propuestas de los candidatos a nuestras elecciones presidenciales a manera de ejercicio intelectual y cívico. Si estoy equivocado en algo, pues quiero saberlo, para dejar de estar equivocado. Temo por el sacrificio de tiempo que esto me implique, pero si logro hacerlo de la manera más imparcial posible y además lo documento aquí, puede ser útil para otras personas. O puede ser útil para que más gente me odie, quién sabe. Afortunadamente estoy acostumbrado.

Un último punto sobre este tema. Desde hace algunos años he llegado gradualmente a un cambio sustancial en la reacción que me provocan las opiniones contrarias a la mía. Antes, cuando una persona estimada o respetada por mí decía algo que me pareciera equivocado inmediatamente pensaba menos de ella. No era algo voluntario, sino visceral. Ya valió madre, pensaba, este güey es un [insulto ideológico].

Cuando me pasó con Christopher Hitchens, de quien ya he leído prácticamente todo lo que escribió, mi admiración por el personaje no me permitió descalificarlo tan fácilmente. En literatura, política, ateísmo, historia y prácticamente cualquier cosa que se me ocurría, él parecía siempre tener algo brillante y elocuente que decir. Y luego escribió que no solamente la invasión de Irak en 2003 había sido algo bueno, sino que era de las pocas cosas nobles que EU había hecho en cuestión de política externa.

Hitchens no era nada tonto. No era posible, me dije, que tal punto de vista fuera propuesto por error. Y sin embargo me era claro que era un error. Así que hice algo inusual para mí en ese momento: me dí la oportunidad de escuchar los argumentos contrarios a mi posición, hechos en su mejor versión y por su mejor representante. ¿Y saben qué? Funciona. Funciona porque, como había observado John Stuart Mill hace siglos, quien se sabe solo su lado del argumento no sabe ni siquiera eso. Funcionó para aprender a entretener una idea sin necesariamente aceptarla y crecer. Ahora, cuando escucho puntos de vista contrarios a los míos, siento más bien curiosidad. De nuevo, no me interesa quedar bien con una u otra tribu. Me interesa tener la razón, y si tengo la oportunidad de dejar de estar equivocado o desinformado acerca de algo, procuro tomarla.

Eso sí, cuando escucho argumentos contrarios y además entiendo por qué están mal, pierdo la paciencia rápidamente. Algunas opiniones sí son idiotas, y algunas personas idiotas opinan. Pero ahí la llevo.

*  *  *

Si el modelo de inflación cosmológica caótica es correcto, existe un universo paralelo en el que soy un gran pianista. En este universo, sin embargo, empecé demasiado tarde, con dedos torcidos por el basquet y justo cuando se me ocurría también estudiar un doctorado en física. Así que pago mi inoportunio en unidades de frustración y mediocridad.

Afortunadamente, en este universo sí existen grandes genios musicales que puedo escuchar e imaginar que soy yo quien toca. Por azares de las sugerencias de YouTube, hice clic en un video de una pianista clásica tocando Led Zeppelin. Dos días después, ya he hecho un rip a mp3 de unos 40 arreglos suyos, impactantemente ejecutados, y me he atrasado considerablemente en todos mis demás asuntos. Pero ha valido la pena. Si les gusta la música clásica, el rock clásico y sobre todo el metal, el canal de Viktoria Yermoleva les va a consumir unos días de su tiempo. Cuando lleguen los extraterrestres y nos pregunten por qué no deberían exterminarnos, debemos señalar a esta mujer. O quizá se la lleven y nos exterminen de todos modos. Van dos ejemplos:




Como pilón, también dejo esta joya de arreglo de Radiohead por parte de Josh Cohen, que también ya se ganó unos cuantos megabytes dedicados a él en mi Android:


* * *

Demasiada belleza por hoy. Debo estar titulado a principios de enero de 2019 y ya puedo sentir cómo mi asesor empieza a apretar más, se acumulan las ideas raras que debo esclarecer y escribir en forma de tesis, los exámenes que debo aprobar y una estancia de investigación que requiere una Visa que no tengo aún. Además a principios de año me inscribí a un curso de Python en línea planeado para 16 semanas de duración y llevo completado un gran total de 2 horas. La fecha para terminar es el 30 de agosto.

Mi índice de neurotismo (IN) deberá ir aumentando gradualmente el resto del año. Ahora lo coloco en 7.5/10. La pregunta no es si va a llegar a 10, que es seguro, sino si la escala es logarítmica y cuántas víctimas colaterales habrá.

2018-04-08

Reporte Androide #1

Quiero aprovechar los últimos momentos de mis vacaciones de primavera para escribir un poco sobre un tema que capturó mi atención pero no llegó a ser un artículo "completo". Quizá esto se vuelva algo más habitual y por eso añadí el "1" en el título. Tenía algunos artículos en mente que ameritaban miles de palabras cada uno pero, entre la procrastinación y la parálisis por análisis, llegué al fin de la Pascua sin redactar ninguno. Así que aquí va un comentario exprés, que tal vez sea más cómodo para algunos lectores que prefieran textos más cortos a los que usualmente produzco.

*   *   *
Las Tres Derechas
Para nuestra desgracia colectiva, México se verá inundado por las campañas presidenciales por los próximos 100 días aproximadamente. Para mi desgracia personal, he escuchado ya varias entrevistas y debates con los candidatos, y puedo concluir que esta vez que estamos jodidos. Desde hace más de un año le he seguido la pista a Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y he estado cada vez más y más preocupado. Primero fue la entrevista con León Krauze el año pasado, luego a principios de este año con Jorge Ramos y hace unas semanas con los periodistas de Milenio. Las entrevistas con Krauze y Ramos me parecieron más que suficientes para exponer a AMLO como un candidato desastroso. Sincero y carismático tal vez, pero senil y anticuado también. Cuando te preguntan a quemarropa si Maduro y Castro son dictadores, la respuesta de un demócrata es un simple , pero AMLO no pudo más que insistir en cambiar de tema. Lo mismo va para el aborto o matrimonio igualitario. Siendo honestos, el desempeño de AMLO con el grupo Milenio parece relativamente decoroso, si uno no sabe nada de nada. Me hubiera gustado ver más preguntas de Carlos Puig y Jesús Silva-Herzog, que son periodistas competentes. Carlos Marín fue, como siempre, absolutamente abominable.

Yo voté por AMLO en 2006 convencido de que era el mejor candidato, y luego en 2012 convencido al menos de que los otros dos eran peores. Ahora no podrá ser la tercera vez. Es claro que vive separado de la realidad, que no entiende lo que es no solamente una democracia sino, crucialmente, una república constitucional—no puedes simplemente poner a consulta todo. El mexicano promedio es homófobo, misógino, xenófobo y algo racista, sumamente mocho y retrógrada en asuntos científicos varios. Yo no quiero que decidan por mí la política energética o los derechos humanos personas que no saben siquiera separar la basura. Sí, es una posición elitista. También es una posición cuerda.

MORENA es un partido de oposición, pero no es para nada de izquierda, a menos que se considere "de izquierda" culpar de todo a Estados Unidos, que es lo único que parece unir a sus militantes. El uso de la palabra "neoliberalismo" sin sarcasmo o ironía es una señal de podredumbre intelectual que no puedo dejar pasar tampoco. Destaca en el punto ideológico también su alineación con la ultraderecha a través de su alianza con el partido Encuentro Social y su inclusión de militantes panistas de los más nefastos como Germán Martínez, Gabriela Cuevas y Napoleón Gómez Urrutia.

Así, me encuentro en una situación inaudita como elector: llegaré a las urnas a escoger mi veneno de entre puros partidos y/o coaliciones de derecha. Las ratas corportatistas inmundas del PRI, los mochos pirruris del PAN y la Zavala (el PRD ya es un partido zombi), y los mochos hippies de MORENA. El conservadurismo económico, social y populista representados ampliamente—y nada más. No hay una opción moderna y cosmopolita que enfrente al mundo como es y no como quisiera que fuera. Esta vez la ventaja de AMLO parece insuperable y tiene la experiencia de 2006 y 2012 para, presumiblemente, protegerla mejor.

En el podcast de Jorge Ramos pueden ver entrevistas a Anaya y Zavala, que tampoco salen tan bien. Zavala en particular me provoca repulsión. A Anaya le noto mucha indignación y no es nada tonto, pero no tiene una sola propuesta aparte de "voten por mí, no soy AMLO". Meade es el más competente en cuanto a preparación y experiencia, pero cualquiera que levante la mano para representar el PRI queda descalificado automáticamente por cuestiones éticas. Ahora me inclino por anular mi voto, pues no puedo quitarme el asco de la boca al pensar en votar por el PRI o el PAN. Quisiera estar equivocado acerca de AMLO, pero las señales son demasiado claras.

2018-03-17

Los Hipsters vs. Hawking


A Fulanita solo le dieron el premio por ser mujer. Sutanito solo ganó el concurso porque es hijo de Perengano. El equipo ABC solo ganó porque los árbitros están comprados. El artista X solo es famoso porque se fusiló a Y. Stephen Hawking solo es mercadotecnia.

No entiendo a la gente que piensa así. Quizá sea un mecanismo de defensa ante su propia mediocridad o envidia. Si tan solo estuviera en silla de ruedas, parecen decir, la gente comprendería que soy un genio. Si tan solo Hawking no hubiera tenido una enfermedad discapacitante, la gente entendería que fue mediocre o meramente bueno. Mucha de esta gente la veo y escucho entre supuestos escépticos, divulgadores de ciencia e inclusive físicos. Sus críticas hipster tienen un denominador común: ninguno se dedica a la cosmología ni a los agujeros negros, ni siquiera a nivel divulgativo.

Cuando me enteré de la noticia de su muerte este martes, revisé las reacciones de los investigadores que sigo y que sí trabajaron con él o usan su trabajo. Lo primero que vi fue una breve entrada de Sabine Hossenfelder, enumerando los resultados destacados de Hawking y cómo influyeron en ella. Luego vi el comentario de Scott Aaronson y seguí sus enlaces a los obituarios escritos por Roger Penrose y John Preskill. En Youtube encontré un video del canal Sixty Symbols (lo incluyo más abajo) sobre los logros de Hawking y algunas anécdotas divertidas. Más tarde me encontré con un artículo que Sean Carroll había preparado la última vez que Hawking estuvo a punto de morir, y eso me llevó a otros dos artículos por el mismo Carroll y la periodista Amanda Gefter, a quien yo no conocía. Este último artículo me gustó sobre todo porque explica cómo es que a Stephen Hawking no se le valoró lo suficiente y comienza literalmente con
Debo hacer una confesión. Por mucho tiempo—años, en verdad—pensé que Stephen Hawking estaba sobrevalorado.
Si leen en inglés les recomendaría que pasen a esos artículos de una vez o que se brinquen al final de éste texto a las referencias. Para los escépticos hipsters que pudieran seguir leyendo, les planteo lo siguiente:

Si un científico realmente brillante cayera enfermo con esclerosis lateral amiotrófica y a pesar de eso lograra seguir adelante por décadas contra todos los pronósticos para producir trabajo genial, ¿cómo se vería? ¿Cómo sería distinto eso a lo que tuvimos con Hawking?

Breve Historia del Tiempo es de 1989, pero Hawking ya era reconocido en la física desde 20 años antes, entre otras cosas por demostrar que 1) los agujeros negros emiten radiación y tienen temperatura; 2) los agujeros negros deben evaporarse lentamente a medida que emiten la radiación del punto anterior; 3) las singularidades en un espaciotiempo clásico con presencia de masa son auténticas (no son solo artefactos matemáticos) e inevitables, ya se trate de agujeros negros o universos completos; y 4) el área del horizonte de eventos de un agujero negro clásico siempre debe aumentar, aunque se le logre extraer trabajo. Cualquiera de estos logros por sí solo hubiera convertido en una eminencia a un físico sin silla de ruedas. Múltiples resultados de esa calidad ya se han logrado antes por una sola persona, y muchas veces: Einstein, Fermi, Dirac, Feynman, Bethe, von Neumann, Dyson, Weinberg, Witten, Wilson, DeWitt, Wheeler, Maldacena... Pero mágicamente, cuando una misma persona que sí está en silla de ruedas los logra, es solo mercadotecnia. Por favor.

Piensen lo que están diciendo. ¿Cuántos colegas, alumnos y rivales de Hawking tuvieron que conspirar para mantener en secreto que realmente no era tan bueno y que todo era solamente una maquiavélica estrategia para vender libros de cosmología? ¿Cuántos artículos se tuvieron que publicar en los que Hawking meramente prestó su nombre sin que quienes 'realmente' hicieron el trabajo no protestaran, y a cambio de qué? (Abajo incluyo un enlace a una lista de sus artículos, para que los revisen y me digan cuáles no pasan su criterio clarividente.) ¿Cómo pueden reírse de los negacionistas de cambio climático y tierraplanistas y al mismo tiempo creer semejantes estupideces?



En fin. No sé cuanto tiempo estén disponibles, pero pueden echarle una hojeada a todos los artículos de Hawking publicados en Physical Review. No deben tardarse mucho, son solo 55. O pueden revisar su artículo en Nature de 1974, es cortito y elegante. Una lista exhaustiva de sus publicaciones está en su sitio también. Yo tengo PDFs de muchos de esos artículos, si no estuvieran disponibles de forma gratuita se los puedo hacer llegar.

El libro clásico (que se sigue citando en artículos hoy) que escribió con Ellis está disponible en PDF también (legal y gratuito): The Large Scale Structure of Spacetime (1973).

De Sixty Symbols: ¿Por qué es gran cosa Stephen Hawking?

También de Sixty Symbols: