2020-03-17
Avisos
Ha coincidido que, al mismo tiempo que se ha paralizado la economía mundial paulatinamente por un virus nuevo, a mí me dio el típico virus viejo que me da por estas fechas cada año y que presenta síntomas usualmente llamados resfriado o gripe. Al mismo tiempo el servicio de internet de mi casa se cortó por completo, lo cual no ha sido del todo malo porque ha limitado la cantidad de estupideces y pánico a las que he estado expuesto. Dos o tres veces al día me he dirigido al café que me queda cerca (me he quedado justo afuera, lejos, para no contagiar a nadie, parado como idiota con mi teléfono), me he dado una dosis de información, desinformación y, por supuesto, memes, y he vuelto a mi casa a convalecer, afónico y, eso sí, con un libro genial que será el material del siguiente episodio formal de AutóMata.
Aquí vale la pena un aviso sobre un cambio en la estructura del podcast que he implementado, pero no había hecho explícito: habrá un episodio “principal” o “grande” el primer lunes de cada mes; los demás serán audiocolumnas cortas, como esta, dos o tres veces más, a lo largo del mes. La intención es que salgan los días lunes (aunque a veces fallo en eso), por lo que esto dejaría un lunes de cada mes (o a veces dos) sin publicación de ningún tipo. Voy a tratar que sean en lunes consecutivos, pero tampoco lo garantizo.
He optado por este cambio para permitirme episodios más ambiciosos en su contenido y, si un episodio requiere libros, poder leer más de estos o más difíciles. Por ejemplo, los episodios dedicados a la obra de Yuval Noah Harari pudieron haberse integrado en un solo episodio grandote, en vez de repartirlos en tres y alternarlos con otros episodios. Antes del podcast, solamente leyendo, podía completar lo equivalente a un libro por semana cómodamente (unas 50 páginas diarias, dependiendo del libro). Con podcast, ahora también debo dedicar tiempo a escribir, documentar, grabar y editar; para producir algo sustancioso y escuchable cada dos semanas, este es un ritmo muy intenso que me provoca más presión y ansiedad, me permite leer menos para mi propio gusto y derrota el propósito original del proyecto, que era hacer algo útil y creativo que además me gustara.
Este será un formato más flexible y me permitirá una semana o más de lectura, escritura o producción sin presión por entregar o, en su caso, una semana de descanso o lectura recreacional: también me gusta leer ficción y tengo libreros completos de cuentos y novelas que quiero leer para mi propia satisfacción y no necesariamente para AutóMata. Un libro bueno pero cortito, que usualmente no daría para un episodio grande, también pudiera caber en una reseña dentro de una columna. Si quisiera abordar un tema complicado en el que un solo libro no bastara, podría leer dos o tres y hacer algo más completo para un episodio largo. Por otro lado, si un solo libro sumamente nutritivo y difícil me tomara más de una semana en leer y digerir (como el de ahora), también podría hacerlo podcast cómodamente. Otros artículos viejos de AutóMata también los iré pasando a audio según tenga tiempo. Creo que este modelo es más sostenible y resultará en que los episodios principales sean más completos y mejor producidos, a cambio de que sean menos. Ni modo, no todo se puede y esta es una labor básicamente por amor al arte que de por sí pocos escuchan, así que voy hacer lo que a mí me convenga más.
Es muy probable que de las dos columnas mensuales además opte por dejar solo una columna pública y la otra privada para suscriptores que apoyen al podcast. Por ahora las columnas de suscriptores se han dedicado a explicar algunos temas de física, pero seguramente se irá ampliando su temática poco a poco (y creo que les debo algunas para el mes pasado).
Todo parece indicar que las próximas semanas serán idóneas para quedarse en casa y ponerse los audífonos. Espero nos estemos escuchando.
Lávense las manos.
2020-02-29
Materialismo del bueno
No existe lo sobrenatural ni mucho menos lo divino. Decir que existe algo inmaterial es en el mejor de los casos un atajo del lenguaje y en el peor una incoherencia. No existe el propósito o significado de la vida, ni mucho menos alguna dirección moral en la que se mueva el Cosmos. Vivimos en un mundo amoral, puramente mecánico, y nosotros mismos somos robots hechos de carne. Todas estas son buenas noticias.
A excepción de la última frase, todas las anteriores son consecuencias directamente derivadas de lo que se conoce como naturalismo (no confundir con naturismo) que discutimos extensamente en los episodios 7 y 11 de AutóMata, y que se puede resumir como la postura de que no existe más que el mundo natural. A veces al término naturalismo se le intercambia con fisicalismo, que es algo más específico, o con materialismo, que es equivalente pero tiene otra connotación en el lenguaje popular, fuera de la filosofía y ciencia, como sinónimo del consumismo. En esta ocasión voy a hablar del materialismo como la postura de que no existe más que el mundo material; ya habrá oportunidad para hablar de consumismo y su papá, el capitalismo, más tarde en AutóMata.
* * *
No tengo recuerdo de haber creído en nada sobrenatural en mi vida, pero sí recuerdo haber creído que era al menos una cuestión debatible. Eso fue hace muchos años y, muchos libros, artículos, ensayos, debates, documentales y horas de cavilación después, ya no me parece que valga la pena tomar en serio la posición dualista de que existe algo aparte de lo material. Como mencioné antes, los argumentos a favor de que el mundo es puramente material los pueden encontrar en otros episodios. En esta ocasión quisiera enfocarme en las consecuencias de que esos argumentos sean correctos, desde mi propia experiencia como alguien que ha vivido asumiéndolos así desde siempre.
Sobra decir que mi posición es, y siempre ha sido, minoritaria. Recuerdo cuando era niño que siempre estaba confundido por tanto dios, espíritu y fantasma que todos veían menos yo. No solamente otros niños, sino adultos alrededor de mí, en persona o en los medios, hablaban de estas cosas como si fueran algo tan obvio. No sabía nada de lógica ni epistemología aparte de la que ya tenía programada de fábrica en mí, pero podía detectar que algo no cuadraba. Pocas veces me animé a decir lo que pensaba en voz alta—de por sí no hablaba de casi nada con nadie—y el resultado siempre fue... subóptimo. Incluso cuando encontraba a alguien que simpatizara con mi posición (casi siempre era específicamente con mi ateísmo) sus motivos para no creer eran ortogonales a los míos, pues solían estar motivados por la conspiración más que por la verdad. Que la religión sirviera para controlar a la gente o pagar los abogados de pederastas no me interesaba tanto como saber si era cierta, que es algo muy distinto y, curiosamente, relativamente más fácil de contestar (la respuesta es no).
Más frustrante para mí era la palabra "espiritual". Nunca entendí qué quería decir la gente que la usaba y me confundía más que ellas tampoco. Una cosa era que otras personas supieran algo que yo no y otra era que no lo supieran pero le pusieran nombre de todos modos. Hasta ahora no he encontrado un solo ejemplo del uso de esa palabra que caiga en el primer caso. En la mejor de las situaciones, la palabra "espiritual" colapsa a términos puramente terrenales como "reconfortante" o "recreativo". Para no decepcionarme de la gente, cuando dicen "hacer X es una actividad espiritual para mí" en mi mente lo traduzco como "hacer X me gusta"; no hay diferencia efectiva. Sin embargo, muchas veces la palabra designa un cúmulo de supersticiones y sinsentidos que me indican que la conversación va a ser muy corta, muy frustrante, o ambas. Ahora simplemente escucho lo mínimo necesario por educación y en cuanto puedo cambio de tema o me voy. La mayoría de las veces me voy.
Entre los artículos más antiguos aquí en AutóMata está uno sobre la inexistencia del libre albedrío, que próximamente grabaré en audio también y que tiene que ver con el título de este proyecto. Esta es otra cosa en la que mucha gente cree (incluso algunos ateos y otros materialistas) que a mí me parece, cuando mucho, una discusión sobre semántica. El argumento completo de que el libre albedrío no existe lo encuentran en aquel artículo y en muchos lados más; el resumen de mi postura es que tenemos albedrío en cuanto a que somos los autores de nuestas decisiones, pero éstas no son "libres" en el sentido de que estén mágicamente exentas de las reglas del mundo natural, porque la magia no existe. La palabra "decisión" es un atajo para procesos puramente mecánicos que, por más complicados y desconocidos que sean por ahora, no controlamos voluntariamente. La distinción entre mente y cuerpo no me es más significativa que la que hay entre software y hardware en una computadora.
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Me levanto cada mañana por la mismas razones que todos: el sueño no me alcanza para suprimir la incomodidad de un estómago vacío y una vejiga llena, suena mi alarma o, más recientemente, un perro me mordisquea y me lame la cara o el pie. Incluso los admiradores más fanáticos de los existencialistas o nihilistas, esos que tienen pósters de Albert Camus y Nietzche en su cuarto, se levantan de la cama cada mañana por las mismas razones físicas. A estas alturas la gente como yo numeramos en los cientos de millones alrededor del mundo, y cada día nos levantamos a enfrentarlo como los demás. Si estuviéramos en la desesperación existencial, cometiendo actos de vandalismo y suicidio colectivo, ya se hubieran enterado. Basta con ver las noticias para notar que la mayor parte de los desmanes que sufre la humanidad es cometida por la gente que más cree en la magia. En palabras del neurocientífico Sam Harris, ninguna sociedad ha caído en la tiranía y el caos porque sus habitantes se volvieron demasiado razonables.
Una vez que ya me levanto de la cama sigo con la búsqueda de café y alimento y, dependiendo del día de la semana, me preparo psicológicamente para el tráfico que me espera. Hago cosas porque me gustan, porque me gusta suficiente lo que me pagan por hacerlas, o ambas. No necesito un amigo imaginario con un látigo que me diga que tengo que hacer estas cosas y otras más, como hacer una donación mensual a Save the Children o simplemente tirar la basura en su lugar. Es precisamente porque creo que este mundo es el único que procuro cuidarlo y mejorarlo. Si hago las cosas porque me gustan o me convienen eso es suficiente: de todos modos las hice y sus consecuencias son igual de reales. No gano nada con decir que estoy cumpliendo con mi propósito al hacerlas, en primer lugar porque no hay tal cosa y en segundo porque es innecesario. Decir que estoy haciendo mi deber sería todavía peor, porque no se puede ser virtuoso si solamente se está siguiendo órdenes, aparte de que no se puede seguir órdenes de un ser imaginario.
Cuando escucho música como Muerte y Transfiguración de Strauss o el final de la Segunda de Mahler se me pone el pelo de punta igual que a cualquier creyente, y tamborileo los dedos y hasta canto con una rola de Creedence. Disfruto del cine y del deporte, y he tenido mis momentos de felicidad, sublime o sencilla, por enorgullecer a mis padres o acariciar a mi perro. Nada de esto requiere nada más allá de lo mecánico y lo material.
Esta observación tiene un corolario importantísimo: lo material es mucho más interesante que cualquier superstición dualista que se le haya ocurrido a un humano "espiritual". La profundidad que ofrece no solamente es mayor que la de cualquier místico, sino que además tiene la ventaja de ser real y autoconsistente. Hay cosas que no sabemos, pero eso es muy distinto a decir que creemos cosas incoherentes o de plano falsas. De todas las preguntas que ha tenido la humanidad, sobre sí misma y su mundo, todas las que han sido respondidas han tenido una respuesta natural. No ha habido una sola explicación material de un fenómeno—ni una, en toda la historia—que haya sido desbancada por otra explicación sobrenatural mejor.
Esta es una visión, además, profundamente optimista: si el mundo es un mecanismo, lo podemos comprender. Si lo podemos comprender, lo podemos manipular a nuestra conveniencia. Sin dioses ni espíritus que nos impongan sus reglas somos libres de definir lo que nos conviene.
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Hay una complicación menor, que son las personas psicópatas que realmente quieren destruirlo todo al estilo Joker, por diversión, porque por qué no. Afortunadamente, entre los demás podemos ponernos de acuerdo para tratar a estos individuos de manera humana al mismo tiempo que los relegamos a instituciones o los ayudamos a aprender a convivir, de modo que todos ganamos o al menos no todos perdemos. El problema real son las personas que tienen creencias dañinas a pesar de que no son psicópatas, porque sufren la patólogía (curable) del pensamiento mágico, al que consideran una especie de virtud. Para efectos prácticos da igual si éste se manifiesta como Esoterismo, Ley de la Atracción, Islam o Comunismo: es una incomprensión del mundo que ve fuerzas y motivos sobrenaturales o al menos sobrehumanos donde no los hay. Los argumentos son miles y muy interesantes, pero para llegar a la conclusión basta con ver la evidencia de la realidad: si esta gente pudiera realmente divinar el futuro, ya se hubiera ganado la lotería; si estuvieran construyendo paraísos terrenales y utopías la gente no se les saldría nadando.
Es precisamente porque los resultados del pensamiento materialista dan resultados materiales que cualquiera, sea de la religión, superstición o ideología que sea los puede ver. Hay solo una realidad y tiene solo un conjunto de reglas, que son las mismas que hacen que la física nuclear funcione y el comunismo no, sin importar lo que crean quienes los practiquen. Obviamente la política o la economía no se van a estudiar con física fundamental o biología, pero sí deben al menos ser consistentes con ellas. Fundamentalmente, no puedes crecer tu economía solamente imprimiendo billetes por la misma razón que no puedes doblar cucharas solamente pensando. Algunas cosas sí son realmente absurdas.
El hambre y el dolor son reales porque son fenómenos físicos. También lo son la saciedad y el placer. Como no hay nada metafísico que nos lo impida, podemos ponernos de acuerdo y procurar tener menos de los primeros y más de los segundos, para lo cual necesitamos resolver problemas como ya lo hemos hecho hasta ahora. Nungún problema que ha solucionado la humanidad—ni uno—ha tenido una solución inmaterial. Por otro lado, las preguntas que supuestamente no tienen una respuesta natural ni siquiera son coherentes, como el significado de la vida y otras tarugadas pseudoprofundas similares.
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El filósofo y neurocientífico Joshua Greene tiene una analogía muy útil para el razonamiento moral que se dedica a estudiar. Una cámara fotográfica moderna tiene varios modos automáticos predefinidos que permiten configurar la cámara rápidamente para muchas situaciones comunes: un modo nocturno, retratos, interiores y cosas así. Por otro lado, si uno quisiera también se puede usar la cámara en modo manual, en el que uno mismo define una docena de variables cuidadosamente con los controles de la cámara y quizá recursos adicionales como iluminación o vestuario especial. Es más complicado que usar el modo automático pero a veces se requiere y puede dar resultados geniales en manos de un experto. De la misma manera, los humanos navegamos de una situación a otra pasándonos de modo automático a manual según sea conveniente, no solo en el razonamiento moral, sino en nuestras vidas profesionales y personales. Para la mayoría de las cosas el modo automático es suficiente, pero a veces tenemos que detenernos, poner el modo manual, y pensar cuidadosamente.
Si me preguntan cómo deberíamos tratar a un psicópata que ha cometido un crimen horrendo, entonces me paso a modo manual y recuerdo que nadie "escoge" ser un psicópata, con todo lo que eso implica en cuanto a encarcelamiento y rehabilitación. Lo mismo va para la legalización de drogas, política energética, violaciones a derechos humanos o mi voto en elecciones. Entonces sí, me paso a modo manual ultramaterialista y hago lo mejor que puedo por pensar en términos claros sobre qué existe y qué no, qué es una cuestión empírica y para dónde apunta la evidencia, qué suposiciones se están haciendo a escondidas y todo lo demás.
Pero la mayor parte del tiempo la paso en modo automático. Pienso sobre mi vida en muchos de los mismos términos que todos, incluyendo propósitos, logros, decisiones y deberes (aunque sin nada de religión ni espiritualidad). Si tuviera que calcular y justificar todo en términos de partículas fundamentales y sus patrones realmente no podría levantarme cada mañana. Cuando me invitan a comer y me preguntan qué quiero, lo digo; no me pongo a pensar sobre la incoherencia del libre albedrío. Si veo una película de horror o fantasía no me pongo a tratar de hacer una teoría de la ectoplasma. Simplemente me quedo en modo automático y disfruto la comida y la película como cualquiera.
Esta flexibilidad es permitida, precisamente, porque a la materia no le importa cómo viva uno su vida. Que la vida sea en sí un mecanismo permite imaginar que la podemos entender, ajustar y mejorar como queramos, cosa impensable bajo los dogmas y supersticiones de la religión. Sí, algunas cosas son imposibles pero, dentro de lo que sí es posible, tenemos mucho más control de lo que cualquier sacerdote o ideólogo pensaría. Y eso es una excelente noticia.
2020-02-22
Elitismo del bueno
Lo único peor que un político profesional es un político no profesional. Le escuché esta frase al autor e historiador Héctor Aguilar Camín hace mucho, pero creo que él estaba citando a alguien más. En el momento populista que vive el mundo, y en particular México, creo que es oportuno hacer una pequeña desambiguación del término "élite". He escuchado gente de distintas persuasiones políticas usar el término tanto para criticarlo como para defenderlo y me parece que suelen equivocar el significado a conveniencia.
Por un lado está referirse al alto desempeño como una señal de élite: lo mejor de lo mejor, como pudiera decirse de fuerzas armadas de élite, o un maratonista de élite y así. Cuando uno busca a un doctor para un asunto crítico, uno se vuelve sumamente elitista en este sentido. Queremos pilotos de élite volando nuestros aviones y maestros de élite enseñando en nuestras escuelas. El elitismo en este sentido es algo deseable y a lo que uno debería aspirar siempre.
Por otro lado, los discursos políticos—predominantemente los provenientes de populistas y sus idiotas útiles—denuncian incansablemente a "las élites". Pero lo que el electorado objetivo de estos discursos entiende no es "lo mejor de lo mejor", sino que ve en el término "élite" un sinónimo para "aristocracia". Se refiere a un grupo pequeño de personas acomodadas y/o privilegiadas, sean cuales sean sus méritos. Este sentido de la palabra también se usa en otros contextos económicos y sociales, como cuando se habla de "la élite financiera", "la élite partidista" o "la élite clerical".
Para complicar las cosas, algunas veces una élite lo es en ambos sentidos, como pudiera pasar con miembros de la élite intelectual o la deportiva. Un deportista profesional de élite tiene tanto méritos como estatus: un ejemplo fácil es Michael Jordan, quien gracias a ser el más grande basquetbolista de la historia también es considerado básicamente realeza.
La trampa de la que hay que cuidarse en el contexto político es que los populistas, a propósito o no, se oponen por igual a las élites aristocráticas que a las competentes. Le llaman igual al alto estatus que al alto desempeño—sobra decir que son incapaces de considerar que a veces una cosa pudiera deberse a la otra—y arrasan con todo. Por supuesto que no queremos una aristocracia o, al menos, quisiéramos que hubiera un alto índice de movilidad desde y hacia ella. Pero es obvio que lo que sí queremos son políticos competentes, tanto como quisiéramos doctores o maestros competentes. Tenemos muchos ejemplos inspiradores y trágicos, históricos y contemporáneos, de la diferencia entre dejar la política en manos competentes o incompetentes.
2020-02-03
Gravitación Cuántica
La física fundamental moderna está construida sobre dos grandes y robustos pilares: la Relatividad General (GR por sus siglas en inglés) y la Teoría Cuántica de Campos (QFT). La GR describe a la gravedad como un efecto geométrico: es la curvatura del espaciotiempo debido a la presencia de materia o energía en él. La QFT describe a la materia, combinando y generalizando a la Mecánica Cuántica (QM) con Relatividad Especial (SR), mas no con GR (a algunas partes de QFT se les conoce también como Mecánica Cuántica Relativista, pero esto incluye solamente SR o, equivalentemente, partículas en espaciotiempos sin gravedad).
Entonces, si uno quisiera obtener una descripción completa y unificada de la física fundamental que incluya tanto los efectos de la GR como de la QFT, pues uno tendría que arreglárselas para combinar estas dos teorías. Sabemos que hay alguna manera de hacerlo porque la naturaleza lo hace todo el tiempo, como podemos comprobar cada día cuando nos levantamos de la cama. Y sin embargo, dependiendo del punto donde uno comenzara a llevar la cuenta, está cumpliéndose casi un siglo de intentos de unificarlas sin éxito. A la variedad de estrategias para lograr esta unificación se les conoce en conjunto como gravitación cuántica (QG). Cuando uno dice que se dedica a la gravitación cuántica siempre espera que la segunda pregunta sea "¿En qué enfoque?" o "¿Usando qué técnica?" En este momento (2020) hay aproximadamente unas 30 familias distintas de estrategias para unificar GR y QFT:
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| (Clic para agrandar) Líneas de investigación en QG, imagen tomada de Mielczarek, J. & Trześniewski, T. “Towards the map of quantum gravity”. In: General Relativity and Gravitation 50.6 (2018). |
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¿Cómo es que llegamos a esta situación, y qué nos mantiene atorados? Para esto hay que revisar un poco de la historia de GR y QM. La GR y, antes de ella, SR, surgieron de continuar el trabajo de resolver inconsistencias entre el electromagnetismo y la mecánica newtoniana. Aunque estaban perfectamente al tanto de la existencia de átomos y otros efectos que después se incorporarían a QM, Einstein y otros colaboradores como Lorentz y Poincaré siguieron el camino clásico—es decir, no cuántico—para resolver estas cuestiones. De manera paralela, Planck, Bohr, Pauli, De Broglie y muchos otros se enfocaron en estudiar problemas que acabarían siendo completamente irresolubles dentro del paradigma clásico y, de paso, confirmaron no solamente la existencia de átomos sino también de muchas otras partículas nuevas que seguían leyes distintas a las del electromagnetismo y mecánica conocidas hasta ese entonces.
Ambas líneas de investigación se desarrollaron de manera paralela y, aparte de las aportaciones que Einstein hizo a ambas, de manera prácticamente independiente. Cada una se ancló a datos experimentales distintos, postulados distintos, y la suposición de que, al menos en lo fundamental, no se ganaba gran cosa con tomar en cuenta lo que estaba haciendo la otra. ¿Cuál sería la distorsión en el espaciotiempo generada por un electrón? Era más práctico dejar esas preguntas para después y avanzar sin complicar las cosas más de lo necesario (y para casi todos los problemas que uno se encuentra en GR o en QM hasta hoy, no hace falta para nada tomar en cuenta a la otra). Aparte de la famosa ecuación \(E=mc^{2}\), no había ningún puente teórico entre las dos teorías y se desarrollaron por separado.
Al mismo tiempo, poco a poco, cada una de las teorías fue acumulando predicciones comprobadas experimentalmente, como la dilatación del tiempo en GR o el desarrollo de la física nuclear a partir de QM. A medida que ambas teorías quedaron mejor establecidas y se fueron llenando huecos y resolviendo inconsistencias, los físicos se enfocaron más en tratar de combinarlas. Paul Dirac logró un avance importante en formular una versión de QM que incluía efectos de SR y, en una labor de colaboración inmensa entre gente como Feynman, Schwinger, Wigner, Dyson y muchos otros, para los años 70s se consolidó lo que ahora se conoce como el Modelo Estándar de la física de partículas, que combina las teorías de QM, Teoría de Campos Clásica y SR. Juntas, les llamamos QFT.
El problema es que, cuando uno ingenuamente sigue las técnicas usuales que existen en QFT y las aplica a GR, obtiene respuestas absurdas: cantidades infinitas, espaciostiempo que no permiten que se forme materia y muchos problemas más. Cada una de las teorías tiene montones y montones de evidencia, medida con muchos decimales de precisión, a su favor. Cada una parece tener un rango de aplicabilidad bien definido y que, cuando se excede, apunta a la otra teoría. Y sin embargo, cuando se combinan, uno obtiene sinsentidos. Esto es complicado aún más por el hecho que los resultados experimentales que pudieran guiarnos, o al menos ayudar a descartar ideas que no funcionarán, están muy pero muy lejos de nuestro alcance.
Los fenómenos físicos en los que GR y QFT ambas deberían jugar un papel son los más extremos del universo: el centro de agujeros negros y el Big Bang mismo, para empezar. Sobra decir que no sería aconsejable tratar de crear esas cosas en un laboratorio incluso si se pudiera. Usando aceleradores de partículas como el LHC en Ginebra podemos reproducir condiciones extremas, pero no estamos ni cerca de llegar a las condiciones de energía necesarias para observar efectos de gravitación cuántica directamente. Con tecnología actual, podemos investigar propiedades de la materia cuando el universo era más o menos del tamaño de una manzana. Pero para llegar a estudiar el universo directamente a la escala de Planck—el punto en el que efectos gravitacionales y cuánticos deberían interactuar sin lugar a dudas, a escalas de unos \(10^{-35}\) metros—necesitaríamos un acelerador de partículas del tamaño del sistema solar.
Así que debemos recurrir a métodos experimentales más indirectos. Dentro de QG,la gente que se dedica a esto se dice que está estudiando la fenomenología de QG: cómo se verían los efectos de gravitación cuántica experimentalmente, quizá utilizando mediciones obtenidas de los "experimentos" extremos que hace la Naturaleza todo el tiempo en fenómenos astrofísicos, o rastros que pudieran haber quedado impresos en la radiación cósmica de fondo (CMB) estudiada por la cosmología. Por ahora estos estudios están en su infancia y no hay resultados claros. Mientras, no tenemos opción aparte de seguir adelante por el camino de la teoría.
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Antes mencioné que había una treintena de enfoques distintos para atacar el problema. Algunos se traslapan si los clasificamos de manera conveniente, pero de todos modos no alcanzaría a nombrarlos todos aquí. Por lo pronto mencionaré solo algunos de los principales, al menos en cuanto a que la mayoría de los investigadores en QG los consideran modelos maduros, prometedores, o al menos no completamente absurdos. (Un chiste sobre físicos teóricos criticándose unos a otros es que dicen "Tu idea es absurda y, además, a mí se me ocurrió primero.")
Quizá el intento más popular, aunque en relativo declive últimamente, es la Teoría de Cuerdas (String Theory). Originalmente comenzó como una propuesta para modelar la fuerza nuclear fuerte en los años 60, pero fue abandonada en favor de la Cromodinámica Cuántica, que es una parte importante del Modelo Estándar. En Teoría de Cuerdas las partículas fundamentales son modeladas con pequeños objetos unidimensionales (cuerdas) que pueden vibrar de distintas maneras, dando la apariencia de ser partículas cuando se ven desde más lejos. Distintas maneras de vibrar producen las distintas partículas y, con algunos ajustes, pueden producir hasta gravitones, que en QFT son las partículas encargadas de mediar la gravitación. Además, en Teoría de Cuerdas se pueden recuperar las otras interacciones fundamentales de la física y las partículas del Modelo Estándar.
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| Variedades Calabi-Yau microscópicas que contienen las dimensiones "extras" escondidas en Teoría de Cuerdas. |
El principal competidor de la Teoría de Cuerdas es Loop Quantum Gravity (LQG, algo así como Gravedad Cuántica de Bucles) que, a pesar de su nombre, tiene diferencias importantes con Cuerdas. Para empezar, en Teoría de Cuerdas el espaciotiempo es el fondo en el que viven las cuerdas que dan lugar a las partículas y sus interacciones; en contraste, LQG es una teoría en la que los bucles o lazos son los objetos que forman al espaciotiempo en sí. Esta es una fortaleza y desventaja de la teoría a la vez: aunque parece lograr una descripción consistente de un espaciotiempo formado por una espuma de lazos entrelazados, no ha podido demostrarse que se puede recuperar GR cuando éstos se ven "de lejos", ni se ha podido acoplar estos espaciostiempo a los campos de materia descritos en QFT.
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| En LQG, el espaciotiempo estaría formado de lazos entrelazados como una malla. |
Sin embargo, la seguridad asintótica no excluye, en principio, que pudiera haber física fundamental al estilo Cuerdas o Lazos más allá de QFT. Es una teoría efectiva, es decir, no sabemos exactamente qué más hay por debajo pero sí sabemos que a ese nivel funciona. Si QFT resulta el nivel más fundamental al que podemos llegar, ahí terminaría el problema. Si no, al menos sería útil para establecer ciertas condiciones que tendrían que cumplir teorías más fundamentales y acotarlas mejor.
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Para empezar, habría que atribuirle algún sentido a la idea de tener partículas de tiempo, o de que el tiempo pudiera ser discretizado de algún modo junto con el espacio. Después, hay que encontrar manera de "acomodar" las partículas de espaciotiempo para preservar las cualidades macroscópicas que queremos que tenga, es decir, las de GR. Tenemos que encontrar manera de formar curvatura y, especialmente, que esa curvatura sea en respuesta a la presencia de materia y energía.
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| Un "universo" construido a partir de CDT. |
La dificultad principal en estos modelos es atribuirle sentido a la noción de un evento, que es como en GR se le llama a un punto especificado por cuatro coordenadas: las tres espaciales y la temporal. Pareciera ser, entonces, que los "átomos" o "pixeles" de espaciotiempo tendrían que estar ordenados y conectados de cierto modo, para que la dirección del tiempo pudiera emerger de ellos de algún modo. Eso, y que estos pixeles tendrían que ser, de algún modo, objetos cuatridimensionales. La estructura del espaciotiempo tendría que emerger, entonces, de las conexiones entre estos elementos. Si dejamos a un lado la forma que pudieran tener estos pixeles y los representamos solamente por puntos, el espaciotiempo estaría formado por los triángulos cuatridimensionales que resultan de unirlos.
Yo mismo trabajé en mi doctorado en una extensión de estos modelos que utiliza Geometría no asociativa para construir espaciostiempo discretos. La bondad de esta herramienta es que trata a espacios continuos y discretos de manera unificada por diseño, convirtiendo ambos en álgebra y con recetas claras para pasarse de un lugar a otro y regresar. Empezando de una geometría muy sencilla—tan solo un triángulo—, podemos implementar un mecanismo para generar puntos de espaciotiempo de manera iterativa y así "crecer" nuestro espaciotiempo. Después de un gran número de pasos, obtenemos algo prácticamente liso.
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| Un espaciotiempo discreto "pulsante" que crece y se aproxima a uno continuo. |
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| Un miniuniverso en CDT, con el tiempo corriendo de manera horizontal y un Big Bang y Big Crunch en los extremos. |
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¿Y para qué sirve todo esto? Pues para obtener un doctorado en física, al menos. También me permitió viajar a congresos con todo pagado, lo cual no está nada mal. Además me invitaron a hablar en pláticas de divulgación y la gente se tomó fotos conmigo y todo. Cuando alguien te pregunta qué estudiaste y les contestas que física teórica, en GR y QFT te consideran muy inteligente, aunque no entiendan ni qué son. Tiene algunas desventajas, pero en general el efecto neto es positivo.
Hablando más en serio, esto sirve, o pudiera servir, para saber algo que antes no sabíamos. Pudiera tener aplicaciones prácticas o no, pero el punto es que esas son cuestiones secundarias para quienes lo estudian de manera profesional. El motivo principal es la curiosidad y el reto de entender algo difícil y que, de lograrse, es su propia recompensa. Nadie pregunta para qué sirve Anna Karenina o la Mona Lisa o las pirámides mayas o las Cascadas de Iguazú y, si alguien lo hiciera, nadie se sentiría obligado a responderle. Aprécialas y ya, idiota, mientras puedes. Si no quieres, puedes quitarte y dejar que otros lo hagan.
Una respuesta más diplomática la ofreció el gran físico de partículas y director del acelerador FermiLab, Robert Wilson. Cuando un congresista le preguntó en qué contribuye un nuevo acelerador de partículas a la defensa de la nación, le contestó que en nada, aparte de hacer que defender a la nación valga la pena.
2020-01-29
Escepticismo y Negacionismo
Hay mejores y peores maneras de llegar al conocimiento. Para propósitos de este artículo podemos dejar la definición en estatus de “lo reconozco cuando lo veo” y, en ese espíritu, también voy a suponer que tener más conocimiento, en general, es mejor (esto no es tan obvio en algunos casos). Si yo quisiera saber, por ejemplo, cuánto mide una pared en la que quiero poner un librero, hay mejores y peores maneras de hacerlo. Puedo, por ejemplo:
- Medir la pared con cinta métrica, flexómetro o similar;
- Obtener el dato a partir de los planos de la casa;
- Proyectar sobras sobre la pared y determinar sus dimensiones por trigonometría;
- Estimar “a ojo”;
- Preguntar a otras personas;
- Lanzar unos dados;
- Leer cartas de Tarot;
- Esperar la respuesta en un sueño o una aparición;
- Rezar.
El término escepticismo es ahora una especie de mancha de tinta cuyo significado depende de quién lo usa y para qué. Por un lado se refiere a la actitud loable de siempre procurar usar los mejores métodos para “medir” e interpretar al mundo. Por otro lado se le asocia con la falta de una virtud, específicamente, la fe (esto no es un problema para nada porque la fe no es una virtud, pero ese es otro artículo). Finalmente, es simplemente usado como un disfraz para el negacionismo. Que deberíamos usar los mejores métodos para medir y pensar parecería algo incontrovertible, hasta que uno especifica qué es lo que quiere medir y sobre qué quiere pensar y, entonces, siempre hay quienes se oponen a que se mida y se piense.
En su mejor versión el escepticismo tiene un efecto curioso: ¡el escéptico cree un montón de cosas y con gran convicción! Resulta que, por más limitados que pudiéramos ser como humanos, sabemos cada vez más y, poco a poco, aplicando los mejores métodos que tenemos para llegar al conocimiento, acumulamos mucho de éste y lo usamos para cambiar nuestro mundo y a nosotros mismos, así comprobando que algo sabemos. Ser escéptico en este sentido es, parafraseando a David Hume, creer en proporción a la evidencia. Y tenemos un montón de evidencia para un montón de cosas. Cada cosa que sabemos destapa otra que no, y así el proceso se repite continuamente y, con él, el conocimiento se acumula.
Por esto es tan frustrante para quienes nos suscribimos a esta forma de escepticismo—cual imperfectamente—ver el término usado por “escépticos” del cambio climático, la vacunación, la llegada a la Luna o incluso el Holocausto. Estos individuos saben del prestigio intelectual que tiene el escepticismo en el otro sentido y lo aplican a sí mismos, castrado, mutilado e invertido. Una cuidadosa consideración de la evidencia y de cómo pudiéramos estarla interpretando mejor o peor es precisamente lo que no están haciendo. Se escudan tras una actitud pseudocrítica para evitar ser, justamente, críticos (“¿Qué? Si yo solo estoy haciendo preguntas, como buen escéptico”). Su meta no es buscar el conocimiento, sino suprimirlo. Es por eso que, en el buen sentido del término, no hay tal cosa como un “escéptico del cambio climático” o “escéptico de la vacunación” o, mejor dicho, los escépticos son quienes más creen estas cosas, porque no solo han hecho las preguntas sino que también han considerado las respuestas y los métodos para obtenerlas, y han reconocido que algunas son realmente mejores que otras. Los otros son solamente negacionistas que, lejos de acumular conocimiento, en el mejor de los casos acumulan solamente superstición.
2020-01-19
Naturalismo poético
Introducimos el naturalismo en el Episodio 7, donde explicamos que es la posición de que solamente existe un mundo, que es el mundo natural: no existe tal cosa como lo sobrenatural, lo espiritual ni lo divino. En contextos más técnicos también se le conoce a esta visión como materialismo o fisicalismo, pero estos términos suelen ser usados menos porque se prestan a confusiones.
Una exposición moderna del naturalismo y sus consecuencias la encontramos en The Big Picture del físico teórico Sean Carroll. Carroll presenta un naturalismo "poético", la idea de que hay una sola realidad natural, pero muchas distintas maneras de hablar de ella y, particularmente, de describirla en términos de historias que contamos los humanos. En el naturalismo poético, es equivalente e igualmente legítimo hablar de la realidad a distintos niveles, según lo que quisiéramos describir o explicar. Una laptop es un montón de átomos, pero también lo es de circuitos integrados; de procesadores, disco y memoria; o es un aparato con un sistema operativo y aplicaciones que nos permiten realizar múltiples actividades. Todas son maneras equivalentes de describir al mismo objeto o fenómeno. Lo mismo aplica para seres vivos incluyendo, por supuesto, a los humanos.
Algo notable del libro de Carroll es que, contrario a otros libros comparables escritos por científicos "duros", es explícitamente interdisciplinario y, en particular, filosófico. Y no me refiero en el sentido de darnos un repaso de la física desde los antiguos griegos: me refiero a que piensa como filósofo, en al menos dos sentidos: primero, que es sumamente bien leído en el tema de la filosofía en sí (algo escaso entre muchos científicos "duros"); y segundo, en que busca entender la realidad y sus consecuencias para nosotros los humanos, en el espíritu—descrito por Wilfred Sellars—de reconciliar el mundo humano con el mundo científico. En palabras de Carroll (mi traducción):
Y sin embargo debemos vivir y actuar. Somo colecciones de campos cuánticos vibrantes, unidos en patrones persistentes y alimentándonos de energía libre del ambiente y según leyes de la naturaleza impersonales e indiferentes, y somos también seres humanos que toman decisiones y se preocupan por lo que nos pasa a nosotros y a los demás. ¿Cuál es la mejor manera de pensar acerca de cómo deberíamos vivir?De todos modos Carroll dedica una parte sustancial de su libro al nivel fundamental de lo que existe, hasta nuestro mejor entendimiento: el mundo descrito por la Teoría Central, o Core Theory, mejor conocida como la combinación del Modelo Estándar de la física de partículas con la Relatividad General (el área general en el que yo hice mis estudios de doctorado). A estas alturas he perdido algo de perspectiva en cuanto a qué es un texto de divulgación entendible por el público general, habiendo estado inmerso en los detalles técnicos por unos años, pero me parece que Carroll hace una labor tan buena como se pudiera pedir (debo señalar que es uno de los pocos científicos en activo que son además grandes comunicadores, y que incluirían a una lista muy corta con gente como Janna Levin, Brian Greene, Hannah Fry, Adam Rutherford, Brian Cox, Neil deGrasse Tyson y, todavía, Richard Dawkins).
La Teoría Central es el resultado de echar a andar la maquinaria matemática de la Teoría Cuántica de Campos, en la que los bloques fundamentales de los que está hecho el universo son campos : objetos físicos distribuidos en todo el espaciotiempo y con un valor particular en cada punto. Existe un campo para cada partícula y fuerza de la naturaleza: los campos fermiónicos del electrón, muón, tau, electrón-neutrino, muón-neutrino, tau-neutrino, quark arriba, quark encanto, quark cima, quark abajo, quark extraño y quark fondo; y los campos bosónicos del gravitón, fotón, ocho tipos de gluones, los bosones W, Z y el ahora conocido Higgs. Todo lo que un humano ve en su vida diara está hecho de esto, y el humano también. Los bosones se "amontonan" para crear campos de fuerza como el electromagnetismo y la gravitación. Los fermiones ocupan espacio y le dan estructura y "sustancia" a la materia. No hay más.
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| La Teoría Central en una sola ecuación. Es válida para regímenes de gravedad débil (todo menos agujeros negros y el Big Bang). |
La Teoría Central completa, para propósitos prácticos, el análisis de la materia. Usándola, podemos deducir qué clase de núcleos atómicos, átomos, moléculas—y estrellas—existen. Y podemos orquestar el comportamiento de grandes ensambles de estos elementos confiablemente para hacer transitores, láseres, o Grandes Colisionadores de Hadrones. Las ecuaciones de la Teoría Central han sido probadas con mucha mayor precisión, y bajo condiciones mucho más extremas, que las requeridas para su aplicación en química, biología, ingeniería o astrofísica. Aunque ciertamente hay muchas cosas que todavía no entendemos... sí entendemos la materia de la que estamos hechos y la que nos encontramos en la vida diaria.O como dice el propio Carroll: las leyes fundamentales de la física subyacentes a la vida diaria son completamente conocidas. Faltan cosas por descubrir o entender, pero o no son fundamentales (turbulencia, materia condensada, etc.), o no son relevantes para la vida diaria de un típico humano (materia oscura, energía oscura, gravitación cuántica). Si una partícula durara lo suficiente para interactuar con la materia ordinaria, con suficiente fuerza como para posiblemente tener efectos observables en la vida diaria, ya la hubiéramos producido en experimentos a estas alturas (en teoría de campos a esto se le conoce como crossing symmetry, o simetría de cruzamiento).
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| Diagrama de Feynman de un electron y un positrón aniquilándose para crear un fotón que decae a un muón y antimuón (el tiempo pasa de izquierda a derecha). |
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Si nos alejamos del nivel de la física fundamental, observamos comportamiento interesante: a pesar de que las leyes de la física no distinguen la dirección del tiempo a nivel de partículas subatómicas, en el mundo macroscópico sí hay procesos irreversibles. Esto es por la segunda ley de la termodinámica, que dicta que la entropía de un sistema cerrado siempre aumenta y así marca la dirección de la flecha del tiempo. Podemos pensar en el Big Bang como un enorme resorte comprimido que repentinamente se soltó y hoy sigue expandiéndose, permitiendo que muchos procesos aprovechen el viaje mientras su energía se disipa poco a poco.
A algunos les inquieta cuál habrá sido la fuente de toda esa energía en primer lugar. La pregunta es ociosa y generalmente tiene la intención de postular un dios que ahí la puso, pero solamente recorre el problema un paso más (¿quién puso ahí al dios?). Además, hay un escenario perfectamente compatible con la evidencia, hasta donde sabemos, en el que la energía total del universo es cero :
En relatividad general tenemos una fórmula para la energía total del universo. Resulta que un universo uniforme—uno en el que la materia está distribuida de forma pareja por todo el espacio a grandes escalas—tiene energía precisamente cero. La energía de las "cosas" como la materia y la radiación es positiva, pero la energía asociada al campo gravitacional (la curvatura del espaciotiempo) es negativa, y exactamente suficiente para cancelar la energía de las cosas.Ojo: decir que el universo provino de la nada y decir que tiene energía total cero no son lo mismo. Este malentendido es fuente de mucha confusión tanto en el público general como entre expertos, ¡incluyendo algunos físicos! No es fácil de imaginar sin saber relatividad general y teoría cuántica de campo, pero la idea básica es esta: el costo de crear materia a partir del vacío es que también debes crear más espacio más vacío.
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| Captura de un video de minutephysics. |
Hemos logrado un progreso sorprendente en entender qué es la vida y cómo llegó a ser, y hay muchas razones para estar optimistas de que los avances continuarán hasta que al fin lo entendamos. El trabajo por hacer requerirá química, física, matemáticas y biología, no magia.
* * *
El subtítulo del libro es Sobre los orígenes de la vida, el propósito y el universo mismo. Es en el propósito, o significado, que Carroll plantea explícitamente y con lujo de detalle lo que otros autores prefieren rodear o meter bajo el tapete: no hay tal cosa aparte de la que inventemos nosotros los humanos y, quizá, otros seres inteligentes. Al universo no le importó que no estuviéramos aquí durante sus primeros 13 mil millones de años, y no le importará cuando dejemos de existir tampoco. El significado o propósito en nuestras vidas es algo que construimos nosotros mismos a nuestra conveniencia, una manera de darle coherencia a lo que hacemos mientras disipamos la energía del Sol.
Los sistemas éticos también son construidos por nosotros los humanos y no están basados en nada eterno o fundamental. A esta posición se le conoce como constructivismo moral. Una vez construidos los valores éticos, entonces hay respuestas objetivas de cómo cumplirlos, pero no antes. Qué valores éticos construyamos depende solamente de nosotros y lo que queramos hacer con nuestro tiempo aquí. Un error común es confundir a los valores construidos con valores arbitrarios, que es precisamente lo que no son. Solo porque los preceptos morales sean inventados no quiere decir que no sean reales, o que cualquier conjunto dé igual: el constructivista moral no titubea en corregir a otros sistemas morales, sobre todo si están equivocados acerca de cuestiones empíricas (como los sistemas que se basan en lo sobrenatural). En otras palabras, no es lo mismo constructivismo que relativismo.
Un ejemplo que no usa Carroll pero yo sí considero útil es el juego del ajedrez: podemos imaginar perfectamente un universo en el que no existe sin caer en incoherencias lógicas (nuestro propio universo fue así casi siempre). Queremos un juego lo suficientemente entretenido, fácil de aprender y complejo como para que valga la pena jugar. Si es portátil y puede hacerse con materiales sencillos, mejor. Poco a poco lo construimos y vamos definiendo las reglas que cumplen con estos criterios y, una vez que está creado, definitivamente hay maneras mejores y peores de jugar, y hasta una computadora puede calcularlas. Pero el juego en sí lo inventamos nosotros. (No recuerdo dónde lo vi, pero me resultó útil la distinción entre lo objetivo y lo absoluto: la ética puede ser perfectamente objetiva, pero no absoluta. Dadas las reglas y metas éticas, hay respuestas correctas e incorrectas de cómo cumplirlas; pero las reglas no existen en el mundo más allá de los acuerdos que hagamos quienes vivimos con ellas).
A muchos esto los dejará sintiéndose un tanto a la deriva. Pero es también sinónimo de libertad. Sí vi a Carroll usar un ejemplo muy útil en muchas pláticas pero no lo incluyó por alguna razón en su libro. Imaginamos a un artista ante un lienzo en blanco, preguntándose: "¡Oh no! ¿Pero dónde están las líneas y números que me dicen qué debo hacer? ¿Cómo saber qué es lo que debo pintar aquí?" Absurdo: el punto es que podemos pintar lo que queramos, para bien o para mal. Entonces, deberíamos aprovechar para hacer gran arte. Al universo no le importará, pero ¿y qué? A nosotros nos importa. ¿Qué más quieren?
2020-01-05
Esto no es propaganda
Y si no hay hechos que apunten al futuro que estás construyendo, ¿cuál es el atractivo de los hechos para ti? ¿Para qué quieres datos, si estos te dicen que tus hijos la tendrán más difícil que tú? ¿Y si dicen que ninguna versión del futuro es prometedora? ¿Y por qué deberías entonces confiar en los proveedores de estos hechos, los medios y académicos, centros de estudio, estadistas?
Así, el político que alardea de rechazar los hechos, que valida el placer de proferir sinsentidos, que se entrega a la completa, anárquica liberación de tener que ser coherente y lidiar con la sobria realidad, se vuelve atractivo.
El 17 de julio de 2014, el vuelo MH17 de Malaysia Airlines fue derribado al este de Ucrania por separatistas rusos, usando un sistema de misiles antiaéreo clase Buk introducido desde Rusia ese mismo día a través de la frontera y regresado después del ataque. Murieron 283 pasajeros y 15 tripulantes, la mayoría de Holanda, Australia y Malasia. Cuando los separatistas llegaron a la escena, tras creer que habían derribado un avión militar ucraniano y darse cuenta de su error, saquearon las pertenencias de los pasajeros y alteraron la escena, removiendo los fragmentos de misil que pudieron encontrar, incluyendo las esquirlas en los cuerpos de los pilotos. Esos son los hechos de lo que pasó.
A menos, esto es, que uno estuviera siguiendo la historia a través de un medio ruso, como RT, Sputnik o LifeNews, o el propio Ministerio de Defensa Ruso. En ese caso, los hechos anteriores fueron reportados solo como la versión "occidental" del suceso, contrapuesta con otras versiones: 1) MH17 fue derribado por un caza Su-25 ucraniano; 2) sí fue derrbiado por un Buk, pero ucraniano; 3) sí fue derribado por un Buk ruso, pero porque el control aéreo ucraniano lo desvió a propósito para provocar la confusión; 4) fue derribado por los ucranianos porque pensaron que era un avión ruso y en él viajaba ni más ni menos que Vladimir Putin; 5) MH17 era en realidad el otro avión de Malaysia Airlines, MH370, que desapareció meses antes sobre el Océano Índico, precargado con cadáveres cuando despegó desde Ámsterdam; 6) MH17 fue detonado por una bomba a bordo en un atentado terrorista; 7) lo voló la CIA, nomás porque sí; 8) fue un atentado para acabar con la carrera de dos importantes investigadores de VIH-SIDA que iban a bordo; 9) fueron los de siempre: Illuminati, Mossad, o incluso el Fondo Monetario Internacional (!?).
La desinformación no es nueva, pero lo que sí es nuevo en nuestros tiempos es el uso de la democratización de la información como un arma contra la democracia misma. Aprovechando libertad de expresión que no permiten en sus propios países, los tiranos de hoy inundan el ambiente público de "contenido" con mucha producción, gráficos, presentadores caristmáticos y bien hablados, y todo tipo de "expertos" que ofrecen, simplemente, mentiras. Saben que decir una idiotez o una mentira siempre es más rápido y más fácil que refutarla. Yo mismo conozco gente supuestamente inteligente que se las arregla para creer que George Orwell era un agente de la CIA y que los niños sirios se bombarderon a sí mismos con armas químicas para hacer quedar mal al pobrecito de Assad. En palabras de Mark Twain, siempre es más fácil engañar a la gente que hacerle ver que ha sido engañada.
Peter Pomerantsev, hijo de exiliados del régimen soviético y ahora profesor en la London School of Economics escribe en This is Not Propaganda :
[...] aunque a uno no le guste lo que escriben los trolls, las mentiras no son en sí ilegales. En el libre mercado de las ideas, la mejor información—el credo periodístico con el que fui criado—es el antídoto a la mentira. ¿Después de todo, no es exactamente la libertad de expresión por lo que los disidentes democráticos, como mis padres, habían luchado?Antes, lo que se conoce como guerra de información tenía el propósito de convencer al público de alguna versión de los hechos: que la guerra sí se está ganando, que el enemigo sí es tal o cual régimen, que nosotros sí somos los buenos. Pero en This is Not Propaganda, Pomerantsev explica que hoy el propósito de la desinformación no es convencer, sino confundir. En el caso ruso, y particularmente desde la invasión de Ucrania, además se aprovecha para inyectar mensajes favorables al régimen:
Un motif del relato del Kremlin era este: que el deseo de libertad no lleva a la paz y prosperidad, sino a la guerra y la devastación (un mensaje dirigido antes que nada a su propia población, para que no les entusiasme mucho la idea). Para hacer este cuento realidad, había que asegurarse que Ucrania nunca pudiera lograr la paz. El país debía sangrar.Las conspiraciones ridículas no están ahí para convencer a nadie, aunque siempre hay algunos idiotas útiles que creen lo que sea. Más bien, están ahí para sofocar la verdad. Alguna vez escuché en un debate—sobre física teórica, curiosamente—que en una democracia la verdad siempre va en desventaja, porque todo mundo tiene su propia versión de los hechos, pero verdad solo hay una, así que por pura probabilidad deberíamos esperar estar desinformados en alguna medida. Esto es desalentador, pero es mejor que el caso en un régimen autoritario, donde la verdad es algo que se considera inexistente a priori.
Ya hemos visto aquí en AutóMata que las grandes corrientes ideológicas del siglo XX están muertas o en crisis. Ahora, sin una visión clara para el futuro, más y más sociedades y gobiernos adoptan una postura de lo que yo llamaría nihilismo epistémico:
En los regímenes de hoy, que batallan para formar una ideología coherente, la idea de que uno vive en un mundo de conspiraciones se convierte en una visión del mundo en sí. La teoría de conspiración reemplaza a la ideología con una mezcla de auto-lástima, paranoia, vanidad y entretenimiento.Los regímenes como el de Putin promueven tanto las conspiraciones porque buscan dejar a los ciudadanos exhaustos e impotentes, resignados a que no tiene caso creer ni pelear por nada.
* * *
El caso ruso es el más distópico, pero es solo uno entre muchos (la distopía rusa moderna la describió ampliamente el mismo Pomerantsev en su sublime Nothing is True and Everything is Possible). Propaganda... inicia con un reportaje sobre los fabricantes de noticias en Filipinas, donde las noticias falsas y la manipulación a través de redes sociales llevaron al nefasto Rafael Duterte a la presidencia. También estudia el caso de México durante la administración de Peña Nieto, relatando cómo infiltradores cibernéticos del gobierno sabotearon la organización de manifestaciones contra el gasolinzaso y espiaron a periodistas con el software Pegasus. La desinformación también fue central, como sabemos, para la elección de Trump, en sí una máquina perpetua de verdades alternativas o, mejor dicho, mentiras.
Pudiera decirse que la desinformación es ya un hecho consolidado, tanto en regímentes autoritarios como en sociedades libres. Basta ver cualquier discusión en línea y sobre el tema que sea para ver que todos tienen sus propias fuentes, sus propios expertos y sus propios hechos. En las sociedades libres, no hace falta una campaña gubernamental de desinformación, porque los ciudadanos se encargan de desinformarse solos. El Internet hace a la gente inteligente más inteligente y a la tonta más tonta. Las redes sociales bajan el nivel de todas las conversaciones hasta el del participante más deshonesto, tonto o desinformado y, en conversaciones con millones de participantes, eso es una pésima noticia.
El populismo es una estrategia informativa: gana uniendo a muchos grupos pequeños que de otra manera no tendrían por qué estar del mismo lado. Para lograr esto, recurre a explotar una identidad tan ambigua que pudiera significar lo que sea, de modo que cualquier elector potencial pudiera identificarse con ella, como pudiera ser "el pueblo" o "los muchos". Al mismo tiempo, la campaña populista lanza mensajes extremadamente específicos a cada grupo que, por el abrumador volumen de información, los otros grupos no ven. No es importante si el mensaje tiene algo de cierto o no. Presentando a Hillary Clinton como el perverso establishment (que tiene algo de verdad), la campaña Trump-Putin logró unir a la clase trabajadora blanca con los republicanos evangélicos, al tiempo que convenció a socialistas y afroamericanos a quedarse en casa el día de la elección. En México, la campaña de AMLO utilizó esta estrategia para lograr el apoyo de grupos supuestamente enemigos, como evangélicos, feministas y socialistas bolivarianos.
Los hechos se vuelven secundarios bajo esta lógica. Uno no está, después de todo, tratando de ganar un debate público sobre conceptos políticos en torno a la evidencia. El objetivo es aislar al público tras un muro verbal. Es lo opuesto al centrismo... aquí, los grupos de electores no necesitan unirse en torno a nada.
[...]
Ya perdida la posibilidad de equilibrio, imparcialidad y exactitud en la información, todo lo que queda es ser más "genuino" que el otro lado: más emocional, más subjetivo, más heroico.
* * *
Pomerantsev aprovecha su historia familiar para resaltar la ironía de nuestros tiempos. Varios miembros de su familia fueron encarcelados o exiliados por los soviéticos por poseer o compartir libros prohibidos, o por tratar de sintonizar estaciones de radio occidentales. En el autoritarismo aplastante que todavía existe en China la gente es desaparecida por sus comentarios en redes sociales. Mientras tanto, las sociedades libres y modernas están paralizadas por la inundación de desinformación, proveniente de fuera y dentro. Para colmo, la libertad de expresión en estas sociedades se usa cada vez más para hacer apologías del autoritarismo, sea pasado, actual o futuro.
* * *
Poco después de que fuera derribado MH17, varios reporteros y presentadores de la cadena rusa RT renunciaron, como Sarah Firth en Londres y Liz Wahl en E.U. Firth anunció su renuncia en redes sociales, mientras que Wahl aprovechó su propio noticiero para hacer su renuncia en vivo:
Aunque la lista de ex-reporteros de cadenas de propaganda rusa es larguísima, no todos han denunciado lo mismo. Algunos realmente creen lo que dicen, cosa que RT aprovecha siempre que puede para tratar de maquillar su imagen y presentarse como un medio supuestamente libre y serio. El modelo ya es ampliamente copiado por otras cadenas "noticiosas", como Fox News en E.U. y Telesur en Latinoamérica.
Uno ya no sabe qué si es atribuible a Voltaire y qué no, pero tenía razón quienquiera que haya dicho que para cometer atrocidades primero se tienen que creer absurdos. La propaganda moderna ha creado una variante de esta formulación: no pretende necesariamente que la gente actúe, digamos para acusar a sus vecinos con la Gestapo a la Stasi. Basta con lograr que se queden pasivos, resignados a que no tiene caso actuar, porque todas las manifestaciones son financiadas por intereses oscuros, todos los árbitros están comprados, todas las revoluciones son orquestadas por manipuladores extranjeros, todos los concursos de belleza están arreglados, todos los articulistas están en la nómina de algún supervillano y todas las noticias son solo propaganda. Entonces sí, cuando los ciudadanos renuncien a su propia libertad, el camino estará abierto para quienes sí van a hacer algo atroz.
No está claro qué se puede hacer. La observación de Mark Twain que cité antes parece cumplirse con más rigor que las leyes de la termodinámica. Personas inteligentes voluntariamente se hacen lobotomías con el scroll infinito de desinformación que llevan en el bolsillo. Sí estoy seguro que Bertrand Russell dijo con razón que la mayoría de la gente preferiría morirse antes que tener que pensar demasiado, y la mayoría así lo hace. Pequeños actos de heroísmo como renunciar al aire son mejor que nada, pero no veo por ahora algo cercano al punto crítico que se logró al final de la Guerra Fría, cuando millones de personas en el bloque soviético, hartas de las mentiras, salieron a la calle a marchar por los hechos bajo el liderazgo de poetas, dramaturgos e historiadores.
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| Checoslovaquia, 1989. |
Cuando comencé a trabajar en los pasajes acerca de mis padres que incluyo en este libro, empecé por notar cuánto ha cambiado entre los siglos [XX y XXI], cómo las palabras calcificadas "libertad", "democracia", "Europa", incluso géneros completos de arte han tenido sus significados robados o hackeados. Entonces, me encontré despertando a las experiencias que dieron a esas palabras su poder, lo que que abre la posibilidad de su regeneración en el futuro.La historia no solo sirve para entender cómo fue el pasado y cómo es que llegamos a donde estamos hoy. Sirve, ante todo, para recordarnos cuál era el futuro por el que, se supone, tanto estuvimos luchando.
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