2020-01-29

Escepticismo y Negacionismo



Hay mejores y peores maneras de llegar al conocimiento. Para propósitos de este artículo podemos dejar la definición en estatus de “lo reconozco cuando lo veo” y, en ese espíritu, también voy a suponer que tener más conocimiento, en general, es mejor (esto no es tan obvio en algunos casos). Si yo quisiera saber, por ejemplo, cuánto mide una pared en la que quiero poner un librero, hay mejores y peores maneras de hacerlo. Puedo, por ejemplo:
  • Medir la pared con cinta métrica, flexómetro o similar;
  • Obtener el dato a partir de los planos de la casa;
  • Proyectar sobras sobre la pared y determinar sus dimensiones por trigonometría;
  • Estimar “a ojo”;
  • Preguntar a otras personas;
  • Lanzar unos dados;
  • Leer cartas de Tarot;
  • Esperar la respuesta en un sueño o una aparición;
  • Rezar.
La calidad de la respuesta en cada caso, y lo apropiada y práctica que es para resolver el problema, al menos comparada con las demás, es obvia. Y sin embargo, en el mundo real, preguntas cualitativamente equivalentes a “¿cuánto mide mi pared?“ son abordadas con todas estas estrategias y más, cuando es claro que algunas dan mejores resultados que otras, y otras no dan resultado alguno. Aunque sean mucho más difíciles de contestar en la práctica, preguntas como qué deberíamos hacer sobre el cambio climático, cómo la mente es generada por el cerebro, qué modelo económico deberíamos seguir o cuánta vida hay en el universo se pueden responder de mejores o peores formas también.

El término escepticismo es ahora una especie de mancha de tinta cuyo significado depende de quién lo usa y para qué. Por un lado se refiere a la actitud loable de siempre procurar usar los mejores métodos para “medir” e interpretar al mundo. Por otro lado se le asocia con la falta de una virtud, específicamente, la fe (esto no es un problema para nada porque la fe no es una virtud, pero ese es otro artículo). Finalmente, es simplemente usado como un disfraz para el negacionismo. Que deberíamos usar los mejores métodos para medir y pensar parecería algo incontrovertible, hasta que uno especifica qué es lo que quiere medir y sobre qué quiere pensar y, entonces, siempre hay quienes se oponen a que se mida y se piense.

En su mejor versión el escepticismo tiene un efecto curioso: ¡el escéptico cree un montón de cosas y con gran convicción! Resulta que, por más limitados que pudiéramos ser como humanos, sabemos cada vez más y, poco a poco, aplicando los mejores métodos que tenemos para llegar al conocimiento, acumulamos mucho de éste y lo usamos para cambiar nuestro mundo y a nosotros mismos, así comprobando que algo sabemos. Ser escéptico en este sentido es, parafraseando a David Hume, creer en proporción a la evidencia. Y tenemos un montón de evidencia para un montón de cosas. Cada cosa que sabemos destapa otra que no, y así el proceso se repite continuamente y, con él, el conocimiento se acumula.

Por esto es tan frustrante para quienes nos suscribimos a esta forma de escepticismo—cual imperfectamente—ver el término usado por “escépticos” del cambio climático, la vacunación, la llegada a la Luna o incluso el Holocausto. Estos individuos saben del prestigio intelectual que tiene el escepticismo en el otro sentido y lo aplican a sí mismos, castrado, mutilado e invertido. Una cuidadosa consideración de la evidencia y de cómo pudiéramos estarla interpretando mejor o peor es precisamente lo que no están haciendo. Se escudan tras una actitud pseudocrítica para evitar ser, justamente, críticos (“¿Qué? Si yo solo estoy haciendo preguntas, como buen escéptico”). Su meta no es buscar el conocimiento, sino suprimirlo. Es por eso que, en el buen sentido del término, no hay tal cosa como un “escéptico del cambio climático” o “escéptico de la vacunación” o, mejor dicho, los escépticos son quienes más creen estas cosas, porque no solo han hecho las preguntas sino que también han considerado las respuestas y los métodos para obtenerlas, y han reconocido que algunas son realmente mejores que otras. Los otros son solamente negacionistas que, lejos de acumular conocimiento, en el mejor de los casos acumulan solamente superstición.

2020-01-19

Naturalismo poético



Introducimos el naturalismo en el Episodio 7, donde explicamos que es la posición de que solamente existe un mundo, que es el mundo natural: no existe tal cosa como lo sobrenatural, lo espiritual ni lo divino. En contextos más técnicos también se le conoce a esta visión como materialismo o fisicalismo, pero estos términos suelen ser usados menos porque se prestan a confusiones.

Una exposición moderna del naturalismo y sus consecuencias la encontramos en The Big Picture del físico teórico Sean Carroll.  Carroll presenta un naturalismo "poético", la idea de que hay una sola realidad natural, pero muchas distintas maneras de hablar de ella y, particularmente, de describirla en términos de historias que contamos los humanos. En el naturalismo poético, es equivalente e igualmente legítimo hablar de la realidad a distintos niveles, según lo que quisiéramos describir o explicar. Una laptop es un montón de átomos, pero también lo es de circuitos integrados; de procesadores, disco y memoria; o es un aparato con un sistema operativo y aplicaciones que nos permiten realizar múltiples actividades. Todas son maneras equivalentes de describir al mismo objeto o fenómeno. Lo mismo aplica para seres vivos incluyendo, por supuesto, a los humanos.

Algo notable del libro de Carroll es que, contrario a otros libros comparables escritos por científicos "duros", es explícitamente interdisciplinario y, en particular, filosófico. Y no me refiero en el sentido de darnos un repaso de la física desde los antiguos  griegos: me refiero a que piensa como filósofo, en al menos dos sentidos: primero, que es sumamente bien leído en el tema de la filosofía en sí (algo escaso entre muchos científicos "duros"); y segundo, en que busca entender la realidad y sus consecuencias para nosotros los humanos, en el espíritu—descrito por Wilfred Sellars—de reconciliar el mundo humano con el mundo científico. En palabras de Carroll (mi traducción):
Y sin embargo debemos vivir y actuar. Somo colecciones de campos cuánticos vibrantes, unidos en patrones persistentes y alimentándonos de energía libre del ambiente y según leyes de la naturaleza impersonales e indiferentes, y somos también seres humanos que toman decisiones y se preocupan por lo que nos pasa a nosotros y a los demás. ¿Cuál es la mejor manera de pensar acerca de cómo deberíamos vivir?
De todos modos Carroll dedica una parte sustancial de su libro al nivel fundamental de lo que existe, hasta nuestro mejor entendimiento: el mundo descrito por la Teoría Central, o Core Theory, mejor conocida como la combinación del Modelo Estándar de la física de partículas con la Relatividad General (el área general en el que yo hice mis estudios de doctorado). A estas alturas he perdido algo de perspectiva en cuanto a qué es un texto de divulgación entendible por el público general, habiendo estado inmerso en los detalles técnicos por unos años, pero me parece que Carroll hace una labor tan buena como se pudiera pedir (debo señalar que es uno de los pocos científicos en activo que son además grandes comunicadores, y que incluirían a una lista muy corta con gente como Janna Levin, Brian Greene, Hannah Fry, Adam Rutherford, Brian Cox, Neil deGrasse Tyson y, todavía, Richard Dawkins).

La Teoría Central es el resultado de echar a andar la maquinaria matemática de la Teoría Cuántica de Campos, en la que los bloques fundamentales de los que está hecho el universo son campos : objetos físicos distribuidos en todo el espaciotiempo y con un valor particular en cada punto. Existe un campo para cada partícula y fuerza de la naturaleza: los campos fermiónicos del electrón, muón, tau, electrón-neutrino, muón-neutrino, tau-neutrino, quark arriba, quark encanto, quark cima, quark abajo, quark extraño y quark fondo; y los campos bosónicos del gravitón, fotón, ocho tipos de gluones, los bosones W, Z  y el ahora conocido Higgs. Todo lo que un humano ve en su vida diara está hecho de esto, y el humano también. Los bosones se "amontonan" para crear campos de fuerza como el electromagnetismo y la gravitación. Los fermiones ocupan espacio y le dan estructura y "sustancia" a la materia. No hay más.
La Teoría Central en una sola ecuación. Es válida para regímenes de gravedad débil (todo menos agujeros negros y el Big Bang).
En palabras de Frank Wilczek, creador del término Teoría Central, en su libro A Beautiful Question:
La Teoría Central completa, para propósitos prácticos, el análisis de la materia. Usándola, podemos deducir qué clase de núcleos atómicos, átomos, moléculas—y estrellas—existen. Y podemos orquestar el comportamiento de grandes ensambles de estos elementos confiablemente para hacer transitores, láseres, o Grandes Colisionadores de Hadrones. Las ecuaciones de la Teoría Central han sido probadas con mucha mayor precisión, y bajo condiciones mucho más extremas, que las requeridas para su aplicación en química, biología, ingeniería o astrofísica. Aunque ciertamente hay muchas cosas que todavía no entendemos... sí entendemos la materia de la que estamos hechos y la que nos encontramos en la vida diaria.
O como dice el propio Carroll: las leyes fundamentales de la física subyacentes a la vida diaria son completamente conocidas. Faltan cosas por descubrir o entender, pero o no son fundamentales (turbulencia, materia condensada, etc.), o no son relevantes para la vida diaria de un típico humano (materia oscura, energía oscura, gravitación cuántica). Si una partícula durara lo suficiente para interactuar con la materia ordinaria, con suficiente fuerza como para posiblemente tener efectos observables en la vida diaria, ya la hubiéramos producido en experimentos a estas alturas (en teoría de campos a esto se le conoce como crossing symmetry, o simetría de cruzamiento).

Diagrama de Feynman de un electron y un positrón aniquilándose para crear un fotón que decae a un muón y antimuón (el tiempo pasa de izquierda a derecha).
Las consecuencias de esto son contundentes: no se pueden doblar cucharas con la mente, la homeopatía y la astrología no pueden ser ciertas, no hay fantasmas y tampoco vida después de la muerte. Cualquiera que esté en desacuerdo es bienvenido a estudiar teoría cuántica de campos, demostrar dónde está mal, y pasar por su premio Nobel.

*   *   *

Si nos alejamos del nivel de la física fundamental, observamos comportamiento interesante: a pesar de que las leyes de la física no distinguen la dirección del tiempo a nivel de partículas subatómicas, en el mundo macroscópico sí hay procesos irreversibles. Esto es por la segunda ley de la termodinámica, que dicta que la entropía de un sistema cerrado siempre aumenta y así marca la dirección de la flecha del tiempo. Podemos pensar en el Big Bang como un enorme resorte comprimido que repentinamente se soltó y hoy sigue expandiéndose, permitiendo que muchos procesos aprovechen el viaje mientras su energía se disipa poco a poco.

A algunos les inquieta cuál habrá sido la fuente de toda esa energía en primer lugar. La pregunta es ociosa y generalmente tiene la intención de postular un dios que ahí la puso, pero solamente recorre el problema un paso más (¿quién puso ahí al dios?). Además, hay un escenario perfectamente compatible con la evidencia, hasta donde sabemos, en el que la energía total del universo es cero :
En relatividad general tenemos una fórmula para la energía total del universo. Resulta que un universo uniforme—uno en el que la materia está distribuida de forma pareja por todo el espacio a grandes escalas—tiene energía precisamente cero. La energía de las "cosas" como la materia y la radiación es positiva, pero la energía asociada al campo gravitacional (la curvatura del espaciotiempo) es negativa, y exactamente suficiente para cancelar la energía de las cosas.
Ojo: decir que el universo provino de la nada y decir que tiene energía total cero no son lo mismo.  Este malentendido es fuente de mucha confusión tanto en el público general como entre expertos, ¡incluyendo algunos físicos! No es fácil de imaginar sin saber relatividad general y teoría cuántica de campo, pero la idea básica es esta: el costo de crear materia a partir del vacío es que también debes crear más espacio más vacío.

Captura de un video de minutephysics.
El universo tuvo un comienzo simple, en términos termodinámicos, y su final lo será aún más: su muerte entrópica. El caso es que mientras esto sucede se forman estrellas, planetas, galaxias y también vida. El aumento de la entropía del universo es perfectamente compatible con el aumento (temporal) de la complejidad dentro de él. La Tierra recibe energía del Sol que después vuelve a irradiar hacia el espacio, pero con unas 20 veces más entropía. Esa energía fue degradada para echar a andar, entre otras cosas, a pequeñas máquinas disipadoras de energía que llamamos vida. Tan siquiera definir qué es la vida es todo un tema aparte y pertenece a la filosofía de la biología, que se alimenta de múltiples disciplinas. De cualquier manera:
Hemos logrado un progreso sorprendente en entender qué es la vida y cómo llegó a ser, y hay muchas razones para estar optimistas de que los avances continuarán hasta que al fin lo entendamos. El trabajo por hacer requerirá química, física, matemáticas y biología, no magia.

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El subtítulo del libro es Sobre los orígenes de la vida, el propósito y el universo mismo. Es en el propósito, o significado, que Carroll plantea explícitamente y con lujo de detalle lo que otros autores prefieren rodear o meter bajo el tapete: no hay tal cosa aparte de la que inventemos nosotros los humanos y, quizá, otros seres inteligentes. Al universo no le importó que no estuviéramos aquí durante sus primeros 13 mil millones de años, y no le importará cuando dejemos de existir tampoco. El significado o propósito en nuestras vidas es algo que construimos nosotros mismos a nuestra conveniencia, una manera de darle coherencia a lo que hacemos mientras disipamos la energía del Sol.

Los sistemas éticos también son construidos por nosotros los humanos y no están basados en nada eterno o fundamental. A esta posición se le conoce como constructivismo moral. Una vez construidos los valores éticos, entonces hay respuestas objetivas de cómo cumplirlos, pero no antes. Qué valores éticos construyamos depende solamente de nosotros y lo que queramos hacer con nuestro tiempo aquí. Un error común es confundir a los valores construidos con valores arbitrarios, que es precisamente lo que no son. Solo porque los preceptos morales sean inventados no quiere decir que no sean reales, o que cualquier conjunto dé igual: el constructivista moral no titubea en corregir a otros sistemas morales, sobre todo si están equivocados acerca de cuestiones empíricas (como los sistemas que se basan en lo sobrenatural). En otras palabras, no es lo mismo constructivismo que relativismo.

Un ejemplo que no usa Carroll pero yo sí considero útil es el juego del ajedrez: podemos imaginar perfectamente un universo en el que no existe sin caer en incoherencias lógicas (nuestro propio universo fue así casi siempre). Queremos un juego lo suficientemente entretenido, fácil de aprender y complejo como para que valga la pena jugar. Si es portátil y puede hacerse con materiales sencillos, mejor. Poco a poco lo construimos y vamos definiendo las reglas que cumplen con estos criterios y, una vez que está creado, definitivamente hay maneras mejores y peores de jugar, y hasta una computadora puede calcularlas. Pero el juego en sí lo inventamos nosotros. (No recuerdo dónde lo vi, pero me resultó útil la distinción entre lo objetivo y lo absoluto: la ética puede ser perfectamente objetiva, pero no absoluta. Dadas las reglas y metas éticas, hay respuestas correctas e incorrectas de cómo cumplirlas; pero las reglas no existen en el mundo más allá de los acuerdos que hagamos quienes vivimos con ellas).

A muchos esto los dejará sintiéndose un tanto a la deriva. Pero es también sinónimo de libertad. Sí vi a Carroll usar un ejemplo muy útil en muchas pláticas pero no lo incluyó por alguna razón en su libro. Imaginamos a un artista ante un lienzo en blanco, preguntándose: "¡Oh no! ¿Pero dónde están las líneas y números que me dicen qué debo hacer? ¿Cómo saber qué es lo que debo pintar aquí?" Absurdo: el punto es que podemos pintar lo que queramos, para bien o para mal. Entonces, deberíamos aprovechar para hacer gran arte. Al universo no le importará, pero ¿y qué? A nosotros nos importa. ¿Qué más quieren?




2020-01-05

Esto no es propaganda


Y si no hay hechos que apunten al futuro que estás construyendo, ¿cuál es el atractivo de los hechos para ti? ¿Para qué quieres datos, si estos te dicen que tus hijos la tendrán más difícil que tú? ¿Y si dicen que ninguna versión del futuro es prometedora? ¿Y por qué deberías entonces confiar en los proveedores de estos hechos, los medios y académicos, centros de estudio, estadistas?

Así, el político que alardea de rechazar los hechos, que valida el placer de proferir sinsentidos, que se entrega a la completa, anárquica liberación de tener que ser coherente y lidiar con la sobria realidad, se vuelve atractivo.

El 17 de julio de 2014, el vuelo MH17 de Malaysia Airlines fue derribado al este de Ucrania por separatistas rusos, usando un sistema de misiles antiaéreo clase Buk introducido desde Rusia ese mismo día a través de la frontera y regresado después del ataque. Murieron 283 pasajeros y 15 tripulantes, la mayoría de Holanda, Australia y Malasia. Cuando los separatistas llegaron a la escena, tras creer que habían derribado un avión militar ucraniano y darse cuenta de su error, saquearon las pertenencias de los pasajeros y alteraron la escena, removiendo los fragmentos de misil que pudieron encontrar, incluyendo las esquirlas en los cuerpos de los pilotos. Esos son los hechos de lo que pasó.


A menos, esto es, que uno estuviera siguiendo la historia a través de un medio ruso, como RT, Sputnik o LifeNews, o el propio Ministerio de Defensa Ruso. En ese caso, los hechos anteriores fueron reportados solo como la versión "occidental" del suceso, contrapuesta con otras versiones: 1) MH17 fue derribado por un caza Su-25 ucraniano; 2) sí fue derrbiado por un Buk, pero ucraniano; 3) sí fue derribado por un Buk ruso, pero porque el control aéreo ucraniano lo desvió a propósito para provocar la confusión; 4) fue derribado por los ucranianos porque pensaron que era un avión ruso y en él viajaba ni más ni menos que Vladimir Putin; 5) MH17 era en realidad el otro avión de Malaysia Airlines, MH370, que desapareció meses antes sobre el Océano Índico, precargado con cadáveres cuando despegó desde Ámsterdam; 6) MH17 fue detonado por una bomba a bordo en un atentado terrorista; 7) lo voló la CIA, nomás porque sí; 8) fue un atentado para acabar con la carrera de dos importantes investigadores de VIH-SIDA que iban a bordo; 9) fueron los de siempre: Illuminati, Mossad, o incluso el Fondo Monetario Internacional (!?).

La desinformación no es nueva, pero lo que sí es nuevo en nuestros tiempos es el uso de la democratización de la información como un arma contra la democracia misma. Aprovechando libertad de expresión que no permiten en sus propios países, los tiranos de hoy inundan el ambiente público de "contenido" con mucha producción, gráficos, presentadores caristmáticos y bien hablados, y todo tipo de "expertos" que ofrecen, simplemente, mentiras. Saben que decir una idiotez o una mentira siempre es más rápido y más fácil que refutarla. Yo mismo conozco gente supuestamente inteligente que se las arregla para creer que George Orwell era un agente de la CIA y que los niños sirios se bombarderon a sí mismos con armas químicas para hacer quedar mal al pobrecito de Assad. En palabras de Mark Twain, siempre es más fácil engañar a la gente que hacerle ver que ha sido engañada.

Peter Pomerantsev, hijo de exiliados del régimen soviético y ahora profesor en la London School of Economics escribe en This is Not Propaganda :
[...] aunque a uno no le guste lo que escriben los trolls, las mentiras no son en sí ilegales. En el libre mercado de las ideas, la mejor información—el credo periodístico con el que fui criado—es el antídoto a la mentira. ¿Después de todo, no es exactamente la libertad de expresión por lo que los disidentes democráticos, como mis padres, habían luchado?
Antes, lo que se conoce como guerra de información tenía el propósito de convencer al público de alguna versión de los hechos: que la guerra sí se está ganando, que el enemigo sí es tal o cual régimen, que nosotros sí somos los buenos. Pero en This is Not Propaganda, Pomerantsev explica que hoy el propósito de la desinformación no es convencer, sino confundir. En el caso ruso, y particularmente desde la invasión de Ucrania, además se aprovecha para inyectar mensajes favorables al régimen:
Un motif del relato del Kremlin era este: que el deseo de libertad no lleva a la paz y prosperidad, sino a la guerra y la devastación (un mensaje dirigido antes que nada a su propia población, para que no les entusiasme mucho la idea). Para hacer este cuento realidad, había que asegurarse que Ucrania nunca pudiera lograr la paz. El país debía sangrar.
Las conspiraciones ridículas no están ahí para convencer a nadie, aunque siempre hay algunos idiotas útiles que creen lo que sea. Más bien, están ahí para sofocar la verdad. Alguna vez escuché en un debate—sobre física teórica, curiosamente—que en una democracia la verdad siempre va en desventaja, porque todo mundo tiene su propia versión de los hechos, pero verdad solo hay una, así que por pura probabilidad deberíamos esperar estar desinformados en alguna medida. Esto es desalentador, pero es mejor que el caso en un régimen autoritario, donde la verdad es algo que se considera inexistente a priori.

Ya hemos visto aquí en AutóMata que las grandes corrientes ideológicas del siglo XX están muertas o en crisis. Ahora, sin una visión clara para el futuro, más y más sociedades y gobiernos adoptan una postura de lo que yo llamaría nihilismo epistémico:
En los regímenes de hoy, que batallan para formar una ideología coherente, la idea de que uno vive en un mundo de conspiraciones se convierte en una visión del mundo en sí. La teoría de conspiración reemplaza a la ideología con una mezcla de auto-lástima, paranoia, vanidad y entretenimiento.
Los regímenes como el de Putin promueven tanto las conspiraciones porque buscan dejar a los ciudadanos exhaustos e impotentes, resignados a que no tiene caso creer ni pelear por nada.

*   *   *

El caso ruso es el más distópico, pero es solo uno entre muchos (la distopía rusa moderna la describió ampliamente el mismo Pomerantsev en su sublime Nothing is True and Everything is Possible). Propaganda... inicia con un reportaje sobre los fabricantes de noticias en Filipinas, donde las noticias falsas y la manipulación a través de redes sociales llevaron al nefasto Rafael Duterte a la presidencia. También estudia el caso de México durante la administración de Peña Nieto, relatando cómo infiltradores cibernéticos del gobierno sabotearon la organización de manifestaciones contra el gasolinzaso y espiaron a periodistas con el software Pegasus. La desinformación también fue central, como sabemos, para la elección de Trump, en sí una máquina perpetua de verdades alternativas o, mejor dicho, mentiras.

Pudiera decirse que la desinformación es ya un hecho consolidado, tanto en regímentes autoritarios como en sociedades libres. Basta ver cualquier discusión en línea y sobre el tema que sea para ver que todos tienen sus propias fuentes, sus propios expertos y sus propios hechos. En las sociedades libres, no hace falta una campaña gubernamental de desinformación, porque los ciudadanos se encargan de desinformarse solos. El Internet hace a la gente inteligente más inteligente y a la tonta más tonta. Las redes sociales bajan el nivel de todas las conversaciones hasta el del participante más deshonesto, tonto o desinformado y, en conversaciones con millones de participantes, eso es una pésima noticia.

El populismo es una estrategia informativa: gana uniendo a muchos grupos pequeños que de otra manera no tendrían por qué estar del mismo lado. Para lograr esto, recurre a explotar una identidad tan ambigua que pudiera significar lo que sea, de modo que cualquier elector potencial pudiera identificarse con ella, como pudiera ser "el pueblo" o "los muchos". Al mismo tiempo, la campaña populista lanza mensajes extremadamente específicos a cada grupo que, por el abrumador volumen de información, los otros grupos no ven. No es importante si el mensaje tiene algo de cierto o no. Presentando a Hillary Clinton como el perverso establishment (que tiene algo de verdad), la campaña Trump-Putin logró unir a la clase trabajadora blanca con los republicanos evangélicos, al tiempo que convenció a socialistas y afroamericanos a quedarse en casa el día de la elección. En México, la campaña de AMLO utilizó esta estrategia para lograr el apoyo de grupos supuestamente enemigos, como evangélicos, feministas y socialistas bolivarianos.
Los hechos se vuelven secundarios bajo esta lógica. Uno no está, después de todo, tratando de ganar un debate público sobre conceptos políticos en torno a la evidencia. El objetivo es aislar al público tras un muro verbal. Es lo opuesto al centrismo... aquí, los grupos de electores no necesitan unirse en torno a nada.

[...]

Ya perdida la posibilidad de equilibrio, imparcialidad y exactitud en la información, todo lo que queda es ser más "genuino" que el otro lado: más emocional, más subjetivo, más heroico.
*   *   *

Pomerantsev aprovecha su historia familiar para resaltar la ironía de nuestros tiempos. Varios miembros de su familia fueron encarcelados o exiliados por los soviéticos por poseer o compartir libros prohibidos, o por tratar de sintonizar estaciones de radio occidentales. En el autoritarismo aplastante que todavía existe en China la gente es desaparecida por sus comentarios en redes sociales. Mientras tanto, las sociedades libres y modernas están paralizadas por la inundación de desinformación, proveniente de fuera y dentro. Para colmo, la libertad de expresión en estas sociedades se usa cada vez más para hacer apologías del autoritarismo, sea pasado, actual o futuro.

*   *   *

Poco después de que fuera derribado MH17, varios reporteros y presentadores de la cadena rusa RT renunciaron, como Sarah Firth en Londres y Liz Wahl en E.U. Firth anunció su renuncia en redes sociales, mientras que Wahl aprovechó su propio noticiero para hacer su renuncia en vivo:


Aunque la lista de ex-reporteros de cadenas de propaganda rusa es larguísima, no todos han denunciado lo mismo. Algunos realmente creen lo que dicen, cosa que RT aprovecha siempre que puede para tratar de maquillar su imagen y presentarse como un medio supuestamente libre y serio. El modelo ya es ampliamente copiado por otras cadenas "noticiosas", como Fox News en E.U. y Telesur en Latinoamérica.

Uno ya no sabe qué si es atribuible a Voltaire y qué no, pero tenía razón quienquiera que haya dicho que para cometer atrocidades primero se tienen que creer absurdos. La propaganda moderna ha creado una variante de esta formulación: no pretende necesariamente que la gente actúe, digamos para acusar a sus vecinos con la Gestapo a la Stasi. Basta con lograr que se queden pasivos, resignados a que no tiene caso actuar, porque todas las manifestaciones son financiadas por intereses oscuros, todos los árbitros están comprados, todas las revoluciones son orquestadas por manipuladores extranjeros, todos los concursos de belleza están arreglados, todos los articulistas están en la nómina de algún supervillano y todas las noticias son solo propaganda. Entonces sí, cuando los ciudadanos renuncien a su propia libertad, el camino estará abierto para quienes sí van a hacer algo atroz.

No está claro qué se puede hacer. La observación de Mark Twain que cité antes parece cumplirse con más rigor que las leyes de la termodinámica. Personas inteligentes voluntariamente se hacen lobotomías con el scroll infinito de desinformación que llevan en el bolsillo. Sí estoy seguro que Bertrand Russell dijo con razón que la mayoría de la gente preferiría morirse antes que tener que pensar demasiado, y la mayoría así lo hace. Pequeños actos de heroísmo como renunciar al aire son mejor que nada, pero no veo por ahora algo cercano al punto crítico que se logró al final de la Guerra Fría, cuando millones de personas en el bloque soviético, hartas de las mentiras, salieron a la calle a marchar por los hechos bajo el liderazgo de poetas, dramaturgos e historiadores.
Checoslovaquia, 1989.
Yo crecí en un momento único en la historia: soy suficientemente antiguo para recordar un mundo completamente analógico y suficientemente joven para vivir los primeros momentos de la era digital, ahora ya consolidada. No pienso que el pasado necesariamente haya sido mejor; de hecho, estoy convencido de lo contrario. No quisiera vivir en otro tiempo anterior a este. Espero que esto resulte ser un breve periodo de transición hacia más prosperidad y libertad, pero no se ve claro por ahora. Pomerantsev no parece ser optimista tampoco. Su consuelo son la literatura y la historia:
Cuando comencé a trabajar en los pasajes acerca de mis padres que incluyo en este libro, empecé por notar cuánto ha cambiado entre los siglos [XX y XXI], cómo las palabras calcificadas "libertad", "democracia", "Europa", incluso géneros completos de arte han tenido sus significados robados o hackeados. Entonces, me encontré despertando a las experiencias que dieron a esas palabras su poder, lo que que abre la posibilidad de su regeneración en el futuro.
La historia no solo sirve para entender cómo fue el pasado y cómo es que llegamos a donde estamos hoy. Sirve, ante todo, para recordarnos cuál era el futuro por el que, se supone, tanto estuvimos luchando.






2019-12-30

120 millones de vecinos



Desde hace casi tres años participo en la mesa directiva de mi asociación de colonos. Bueno, es un decir, porque en casi tres años que la desarrolladora inmobiliaria nos cedió el control no hemos logrado que suficientes colonos paguen de manera constante para mantener vigilancia, alumbrado y mantenimiento, ni mucho menos para crear una asociación civil legal como se debe. Así que, por ahora, el “gobierno” de mi colonia es informal, patito, como casi todo en México.

Esta experiencia me ha servido para valorar más mi tiempo, del que cada vez soy más celoso y reniego más explícitamente en las juntas. Pero más, me ha dado una pequeña dosis de evidencia de que la gente que gobierna es, meramente, gente. Nuestros problemas son un microcosmos de los problemas de un gobierno nacional: la recaudación, la seguridad, la convivencia, la democracia o su ausencia.

De ciento treinta casas que abarca el fraccionamiento, contribuyen regularmente a las cuotas de mantenimiento unas treinta. No alcanza para pagar vigilancia, por lo que nos hemos visto limitados a solamente a mantener el alumbrado de la colonia y algunas reparaciones menores. Convocar a los vecinos a una asamblea urgente reúne a unas 15 personas a lo mucho, y la mitad somos los de la propia mesa directiva que los convocó. A pesar de las evidentes carencias de nuestra colonia, y de lo alcanzables que son las soluciones, no podemos vencer a la apatía y la morosidad. Hay quienes se escapan de pagar con el pretexto de que ellos solo están rentando y le toca pagar al dueño (lo cual es falso, porque le toca pagar al residente, sea dueño o no), o dicen que no quieren pagar hasta que paguen todos los demás, porque no quieren mantener a los morosos (los morosos son ellos). No hay manera de obligarlos a pagar si no tenemos la asociación civil en forma, para lo cual no hay dinero. Eso sí, no dejan de reclamar por la inseguridad, la jardinería, la recolección de la basura o el ruido de sus vecinos; comentan también, por cierto, que venden tamales y pizzas a domicilio, y que señalar que abusan del chat del fraccionamiento es intolerancia.

Dentro de nuestro pequeño “gobierno” tenemos también de todo: un presidente con mucha iniciativa pero ideas francamente ingenuas, una tesorera sumamente responsable pero que ya está harta y quiere dejar su puesto, varios vocales con participación caótica y yo, que formalmente soy secretario y segundo al mando, encargado de documentos e informes. Ya se imaginarán a un misántropo como yo escuchando el eterno debate izquierda-derecha pero al nivel de qué hacer sobre la jardinería y la caca de perro. En las juntas todos hablan menos yo, que miro al vacío pensando en que los robots ya se están tardando en aniquilarnos, excepto a la hora de votar, en cual caso yo hablo al último y, generalmente, con un breve resumen de por qué todos los demás están mal y mi voto es en contra de todas las propuestas que ellos expusieron. Generalmente cada junta solo sirve para ponernos de acuerdo en la fecha de la siguiente junta, donde lamentaremos nuestra situación con los mismos argumentos y propuestas y no llegaremos a nada más que acordar hacer otra junta.

Un país completo no es más que una grandísima asociación de vecinos. Hay buenos y malos vecinos, hay unos que solo quieren pagar su cuota y que los dejen en paz, hay otros que quieren autoridad para plantar sus girasoles a la entrada, estacionarse donde quieran o vender sus tamales, hay algunos extremadamente honrados y otros tramposos, unos con gustos musicales atroces, con cinco perros o, peor aún, cinco hijos, o que solo están rentando mientras se van a otro lado mejor. Puede haber gente valiosa y competente, pero generalmente llegan a la dirección solo por accidente. El presidente anterior, relativamente carismático y eficaz, acabó harto de todo y decepcionado por la apatía de sus vecinos; su entonces tesorera, antes meramente competente, es ahora una de las más notables morosas del fraccionamiento y aprovecha cada vez que puede para sabotear cualquier intento de hacer las cosas bien. Del secretario anterior casi nadie se acuerda, pues nunca participó después de su nombramiento inicial.

Se supone que mi periodo acaba en mayo y, en ese momento, espero finalmente pasar a ser un mero contribuyente más y salirme de todos los estúpidos chats de chismes, drama y caca de perro, para entregarle un montón de papeles inútiles al pobre tipo (o tipa) que me siga. Eso, si para entonces todavía no nos hemos convertido en un pequeño estado fallido. Con algo de suerte, quizá algunos imperialistas nos conquisten.

2019-12-23

Hitchens sobre la libertad de expresión



El siguiente texto es una traducción del que quizá sea uno de los mejores discursos de todos los tiempos acerca de la libertad de expresión. Originalmente esta traducción la hice en un blog antiguo, que curiosamente todavía recibe muchas más visitas que este. El discurso fue en 2006, en un debate sobre la libertad de expresión en la Universidad de Toronto. El debate fue sobre la moción: “El derecho de la libre expresión debe incluir el derecho a ofender a otros.” Hitchens, héroe intelectual de nuestros tiempos fallecido el 15 de diciembre de 2011, pronunció uno de los mejores discursos de todos los tiempos defendiendo la moción. Anexo el video original en inglés para quienes lo entiendan, pues siempre es mucho mejor escucharlo a él.


¡FUEGO! Fuego, fuego, fuego. Ahora lo han escuchado. No gritado en un teatro lleno, admitiré, al darme cuenta que al parecer estoy en el salón de cena de Hogwarts. Pero el punto está hecho. Todos conocen el fatuo veredicto del grandemente sobrestimado Juez Oliver Wendell Holmes quien, al ser cuestionado por un ejemplo de cuándo sería apropiado limitar la expresión, dio el ejemplo de gritar “fuego” en un teatro lleno.

Es frecuentemente olvidado que lo que estaba haciendo en esa ocasión era mandar a prisión a un grupo de socialistas yídish—cuya literatura estaba impresa en un lenguaje que la mayoría de los americanos ni podían leer—, quienes se oponían a la participación en la Primera Guerra Mundial que proponía el Presidente Wilson, y el arrastre de los Estados Unidos a este sanguinario conflicto que los mismos socialistas yídish habían escapado desde Rusia.

De hecho, podría ser plausiblemente argumentado que los socialistas, que habían sido encarcelados por el excelente y sobreadulado Oliver Wendell Holmes, eran los verdaderos bomberos, y que eran los que estaban gritando “fuego” cuando realmente había un fuego en un teatro ciertamente muy abarrotado.

¿Y quién va a decidir? Bien, mantengan esta cuestión—damas y caballeros, hermanos y hermanas—y espero poder decir—,camaradas y amigos—en mente.

Yo me exento de la amable oferta de protección del anterior orador que fue tan generosamente ofrecida al inicio de esta noche. Cualquiera que quiera decir algo abusivo de mí, o a mí, es bastante libre de hacerlo e inclusive bienvenido, bajo su propio riesgo.

Pero antes de hacerlo deben haber tomado, como estoy seguro todos deberíamos, un curso de repaso de los textos clásicos sobre ésta cuestión. Éstos son la Aeropagítica de John Milton, siendo ésta la gran Loma de Atenas para la discusión y libre expresión; la introducción a La Edad de La Razón, de Thomas Paine; y también diría el Ensayo Sobre la Libertad de John Stuart Mill, en los que se dice—seré muy atrevido e intentaré resumir a estos tres grandes caballeros de la gran tradición de libertad inglesa de un plumazo:

Lo que dicen es que no solamente es derecho de la persona que habla el ser escuchado, sino que es además derecho de todos en la audiencia oírlo y escucharlo. Y cada vez que se silencia a alguien se hace a otro un prisionero de esa acción, por negarse el derecho a escuchar algo. En otras palabras, tu propio derecho de escuchar y ser expuesto está tan involucrado en estos casos como el derecho del otro de dar voz a su punto de vista.

En efecto, como John Stuart Mill dijo, si en toda la sociedad estamos de acuerdo sobre la belleza y valor de una propuesta, todos excepto una persona, sería de la mayor importancia que ese herético solitario sea escuchado, porque todavía podríamos beneficiarnos de su quizá escandalosa o atroz opinión.

En tiempos más modernos esto se ha enunciado, creo, de la mejor manera, por una heroína personal mía, Rosa Luxemburg, quien dijo que la libertad de expresión es insignificante a menos que signifique la libertad de la persona que piensa distinto.

Mi gran amigo John O'Sullivan—antes editor del National Review—y quien considero es quizá mi más conservador y reaccionario amigo católico, alguna vez me dijo: “En un pequeño experimento mental, si oyes que el Papa dice que cree en Dios, piensas que bueno, hoy el Papa está haciendo su trabajo. Si oyes que el Papa dice que está empezando a dudar de la existencia de Dios, piensas que quizá ya se dio cuenta de algo.”

Bien, si todos en Norteamérica fueran forzados a tomar en la escuela un entrenamiento en sensibilidad sobre el Holocausto, y se les enseñara el estudio de la Solución Final—acerca de la cuál nada fue realmente hecho por este país, ni en Norteamérica, ni el Reino Unido mientras estaba sucediendo—;y si este estudio se volviera de carácter obligatorio como relato oficial e infalible de cómo sucedieron los hechos; y si fuese enseñado como el gran ejemplo moral, a manera de destilar nuestra conciencia impura acerca de aquel combate; si este es el caso, como suele ser con casi todos, y una persona se levanta y dice: “¿Saben? Esto del Holocausto, no estoy seguro de que haya sucedido. De hecho, estoy bastante seguro de que no. En efecto, comienzo a considerar que, si acaso, los judíos se merecían algo de violencia.” Esa persona no solamente tiene derecho a hablar, sino que su derecho de hablar debe tener protección extra. Porque lo que tiene que decir debe haberle tomado cierto esfuerzo, podría contener un grano de verdad histórica, o puede por lo menos hacer que la gente reconsidere cómo es que saben lo que dicen saber. “¿Cómo sé que sé esto, aparte de que siempre me lo han enseñado y no he escuchado nada más?”

Es valioso partir de principios básicos. Siempre es provechoso preguntarse qué se haría si se encontrara con un miembro de la Sociedad de la Tierra Plana. Ahora que lo pienso, ¿cómo puedo demostrar que la Tierra es redonda? ¿Estoy seguro acerca de la Evolución? Sé que se supone que es cierta. Acá hay alguien que dice que no hay tal cosa y todo es Diseño Inteligente. ¿Qué tan seguro estoy de mis propios puntos de vista? No se refugien en la falsa seguridad del consenso, ni del sentimiento que cualquier cosa que se crea está bien, siempre que uno se encuentra en la mayoría moral.

Uno de los momentos más orgullosos de mi vida—esto es decir, en el pasado reciente—, ha sido defender al historiador británico David Irving, quien está ahora en una prisión en Austria por nada más que la posibilidad de proferir un pensamiento no bienvenido en tierra austriaca. Ni siquiera fue acusado de decir algo. Fue acusado de quizá planear decir algo que violaba una ley austriaca, que dice que solamente una versión de la Segunda Guerra Mundial puede ser enseñada en su pequeña y valiente república tiroleana. La república que nos dio a Kurt Waldheim como Secretario General de las Naciones Unidas, un hombre buscado en varios países por crímenes de guerra. El mismo país que nos dio a Jörg Haider, líder de su propio partido político fascista, y miembro del gabinete que mandó a Irving a la cárcel.

¿Saben las dos cosas que hacen famosa a Austria y le dan su reputación, de casualidad? Aprovechando que aquí los tengo. Espero que haya algunos austriacos aquí para que se molesten. Bueno, lástima si no los hay, pero los dos grandes logros de Austria son convencer al mundo que Hitler era alemán y que Beethoven era vienés.

Ahora, a este orgulloso registro pueden agregar que tienen la valentía de finalmente enfrentar su pasado y encerrar a un historiador británico que no ha cometido ningún crimen más que el de pensar y escribir. Y eso es un escándalo. No puedo encontrar quien me haga segunda cuando argumento esto, pero no me interesa. No necesito quién me haga segunda. Mi propia opinión es suficiente para mí y reclamo el derecho a defenderla contra cualquier consenso, cualquier mayoría, en cualquier lugar y tiempo. Cualquiera que esté en desacuerdo puede formarse, tomar una ficha, y besarme el culo.

Ahora, no sé cuántos de ustedes crean no ser suficientemente maduros para decidir por sí mismos y piensan que tienen que ser protegidos de la edición de Irving de los Diarios de Goebbels, por ejemplo—de los que aprendí más del Tercer Reich que del estudio de Hugh Trevor-Roper y A.J.B. Taylor combinados cuando estuve en Oxford. Pero para aquellos de ustedes que sí, les recomiendo otro breve curso de repaso.

Vayan de nuevo y vean no sólo la película y la obra de teatro, sino también lean el texto de la magnífica obra de Robert Bolt, A Man For All Seasons; algunos deberán haberla visto. En ella, Sir Thomas More decide que preferiría morir que mentir o traicionar su fe. Y en una escena, More está discutiendo con un fiscal cazador de brujas particularmente vil; un sirviente del rey y un hombre hambriento y ambicioso.

Y More le dice a este hombre: “¿Romperías la ley para atrapar al Diablo, cierto?”

Y el cazador de brujas le responde: “¿Romperla? ¡Acabaría con todas las leyes de Inglaterra si pudiera con eso capturarlo!”

“Sí, seguro que lo harías. Y cuando hayas acorralado al Diablo, y se diera vuelta para enfrentarte, ¿a dónde acudirías por protección? Todas las leyes de Inglaterra habrían sido cortadas y aplanadas. ¿Quién te protegería entonces?”

Tomen en cuenta, damas y caballeros, que cada vez que violan—o proponen violar—el derecho de libre expresión de alguien más, están en potencia haciendo una lanza para su propia espalda. Porque la otra cuestión que mencionó el Juez Oliver Wendell Holmes es simplemente esta: ¿quién va a decidir? ¿A quién se le concede el derecho de decidir qué expresión es dañina, o quién es el orador dañino? ¿A quién comisionamos el determinar con anticipación cuáles son las malas consecuencias que queremos prevenir? ¿A quién se le daría este trabajo? ¿A quién se le adjudicará la labor de ser el censor?

¿No es famosa la historia en la que el hombre que tiene que leer toda la pornografía, para decidir qué pasa y qué no, es el que más probablemente acabará depravado?

¿Han oído algún orador de los oponentes a ésta moción, elocuentes como fueron, a quién le delegarían la tarea de decidir por ustedes lo que pueden leer? ¿A quién le darían el trabajo de decidir por ustedes, de relevarlos de esta responsabilidad de escuchar lo que pudieran? ¿Saben de alguien? Manos arriba. ¿Saben de alguien a quién darle este trabajo? ¿Hay algún nominado?

¿Quieren decirme que no hay nadie en Canadá lo suficientemente bueno para decirme qué puedo leer? ¿O escuchar? No tenía idea. Pero hay una ley que dice que debe existir tal persona—o una insignificante sub-sección de una ley; les está invitando a ser mentirosos e hipócritas y de negar lo que evidentemente ya saben.

Acerca de este instinto censurador: ya básicamente sabemos todo lo que debemos saber, y lo hemos sabido por un largo tiempo. Viene de una vieja historia de otro gran inglés—mis disculpas por ser tan particular sobre esto esta noche—, el Doctor Samuel Johnson, el gran lexicógrafo, compilador del primer gran diccionario del idioma inglés. Cuando estuvo completo, el Dr. Johnson fue visitado por varias delegaciones de personas para felicitarlo: por los nobles, los comunes, los Lords y también por una delegación de respetables damas de Londres, que atendieron a sus aposentos y lo felicitaron.

“Dr. Johnson,” dijeron, “queremos felicitarlo por no incluir palabras indecentes ni obscenas en su diccionario.”

“Damas,”respondió Johnson, “quiero felicitarlas por ponerse a buscarlas”.

Cualquiera que pueda entender esa broma—y me complace ver que aproximadamente 10 por ciento de ustedes pueden—entiende la cuestión sobre la censura, especialmente la restricción previa, como se le conoce en los Estados Unidos, y donde está prohibida por la Primera Enmienda de la Constitución. No puede ser determinado con anticipación cuáles expresiones pueden ser aptas o no aptas. Nadie tiene el conocimiento que se requeriría para hacer esa determinación y, más al grano, uno tiene que sospechar los motivos de aquellos que dicen que sí. En particular, aquellos que están determinados a ser ofendidos, aquellos que hurgarán un tesoro de inglés como el primer diccionario del Dr. Johnson en busca de palabras sucias, para satisfacerse a sí mismos y algún instinto del que no me atrevo a especular...

Ahora, estoy absolutamente convencido de que la principal fuente de odio en el mundo es la religión y la religión organizada. Absolutamente convencido. Y estoy feliz de que aplaudan, porque es un gran problema para quienes se oponen a esta moción. ¿Cómo van a prohibir la religión? ¿Cómo van a detener la expresión del odio religioso, el desprecio y el prejuicio?

Hablo como alguien que es un blanco regular de esto, y no sólo de forma retórica. He sido objeto de varias amenazas de muerte y puedo decir que, a poca distancia de donde vivo actualmente en Washington, hay dos o tres conocidos míos y de ustedes que no pueden ir a ningún lado sin un contingente de seguridad, debido a las críticas que han hecho de un monoteísmo en particular. Y esto, en la ciudad capital de los Estados Unidos.

Así que sé de lo que estoy hablando. Y también debo notar que las personas que me llaman y me dicen que saben dónde vivo y dónde mis hijos van a la escuela (y obviamente saben mi teléfono); y que me cuentan lo que van a hacerles a ellos, a mí y a mi esposa; y a quienes debo tomar en serio, porque ya se lo han hecho a personas que conozco; son justamente éstas las personas que van a buscar la protección de una ley contra la libre expresión si digo lo que pienso de su religión, lo cuál ahora voy a hacer.

Esto, porque no tengo lo que pudiera llamarse un prejuicio étnico, ni ningún rencor de ese tipo; puedo llevarme bien con prácticamente cualquiera de cualquier origen, orientación sexual o lenguaje—excepto gente de Yorkshire, por supuesto, que son completamente intratables—y estoy empezando a resentir la confusión que se nos está imponiendo ahora—y ha habido algo de ella ésta noche—entre creencia religiosa, blasfemia, etnia, profanidad y lo que uno pudiera llamar “etiqueta multicultural”.

Es muy común estos días que la gente use la expresión “racismo anti-islámico”, como si un ataque sobre una religión fuera un ataque sobre una etnia. La palabra islamofobia está de hecho comenzando a adquirir el oprobio que alguna vez se reservó para el prejuicio racial. Esta es una sutil y muy molesta insinuación que debe ser enfrentada de frente.

¿Quién dijo 'y qué si Falwell odia a los jotos'? ¿Qué tal si la gente actúa en base a eso? La Biblia dice que hay que odiarlos. Si Falwell dice que lo dice en la Biblia, tiene razón. Y sí, podría hacer que la gente salga y use violencia. ¿Qué van a hacer al respecto? Están en contra de un grupo de gente que dirá: “Si tocan nuestra Biblia nosotros le llamamos a la policía de las expresiones de odio.” ¿Y qué van a hacer cuando se hayan creado esa trampa para ustedes mismos?

Alguien dijo que la noche de Kristallnacht en Alemania fue el resultado de diez años de odio contra los judíos. ¿¡Diez años!? ¡Deben estar bromeando! Fue el resultado de 2000 años de cristianismo, basados en un verso de un capítulo del Evangelio de San Juan, que llevó a un pógrom tras otro, cada Pascua de cada año, durante cientos de años. Y esto, porque dice que los judíos demandaron que la sangre de Cristo se derramara sobre sus cabezas y las de sus hijos hasta la última generación. Esa es la licencia y la incitación para los pógromes contra los judíos. ¿Qué van a hacer acerca de eso? ¿Dónde está su insignificante sub-sección ahora? ¿Dice que hay que censurar a San Juan?

¿Creo yo, que he leído a Freud y entiendo cuál es el futuro de una ilusión, y que sé que la creencia religiosa es inerradicable siempre que seamos una estúpida, pobremente evolucionada especie mamífera, que una ley Canadiense va a resolver este problema? ¡Por favor!

No, nuestro problema es éste: nuestros lóbulos prefrontales son demasiado pequeños. Y nuestras glándulas adrenales son demasiado grandes. Y nuestro pulgar oponilble no es tan fabuloso. Estamos asustados de la oscuridad, y asustados de morir, y creemos en verdades de libros sagrados tan estúpidas y tan fabricadas, que cualquier niño puede—y todos lo hacen, como se nota por sus preguntas—ver a través de ellas. Y creo que debería—hablando ahora de la religión—ser tratada con burla, odio y desprecio. Y reclamo ese derecho.

Ahora, no nos andemos con rodeos. No todos los monoteísmos son iguales, por el momento. Todos están basados en la misma ilusión, todos son plagios uno del otro, pero hay uno que al momento está proponiendo una seria amenaza no solo para la libertad de expresión, sino para otras libertades también. Y esta es la religión que exhibe el terrible trio de auto-desprecio, auto-rectitud y auto-lástima. Hablo del Islam militante.

Globalmente, es un poder gigante. Controla una gran fortuna petrolera, varios países grandes y de gran fortuna; bombea una ideología de Wahabismo y Salafismo alrededor del mundo, envenenando sociedades a donde vaya; arruina la mente de los niños, atrofiando a los jóvenes en sus madrasas; entrena a la gente en la violencia, creando una cultura de la muerte, el suicidio y el homicidio. Éso es lo que hace globalmente, y es bastante fuerte. En nuestra sociedad, posa como una rastrera minoría, cuya fe pudiera uno ofender, y que merece toda la protección que un grupo pequeño y vulnerable pudiera necesitar.

Hace declaraciones bastante grandiosas para sí, ¿verdad? Dice que es la revelación final. Dice que Dios habló con un comerciante analfabeta en la Península Arábiga tres veces, a través de un arcángel; y que el material resultante—que fue evidentemente plagiado en gran parte del Viejo y Nuevo Testamento, ineptamente—ha de ser aceptado como revelación divina, última e inalterable; y que quienes no acepten esta revelación deben ser tratados como ganado, infieles, propiedad, esclavos y víctimas.

Bien, pues les digo algo: no creo que Mahoma haya escuchado esas voces. No lo creo. Y la probabilidad de que yo tenga razón, opuesta a la de que un comerciante que no sabía leer tuviera pedazos del Viejo y Nuevo Testamento re-dictados a él por un arcángel, me da la posición mucho más cercana de estar objetivamente en lo cierto.

¿Pero quién está bajo amenaza? ¿La persona que propaga esto y dice que más vale que escuche porque si no estoy en peligro? ¿O yo, que digo que esto es tan absurdo que hasta se le puede hacer una caricatura?

Y ahí van las pancartas y los gritos: “¡Decapítenlos!” Esto es en Londres, en Toronto, en Nueva York, están entre nosotros ya. “¡Decapiten a quienes ofendan al Islam!”


¿Se les arresta por expresiones de odio? No. ¿Puedo estar en problemas por lo que acabo de decir sobre el profeta Mahoma? Sí, podría. ¿Dónde están sus prioridades, damas y caballeros? Están regalando lo que es más preciado en su propia sociedad, y lo están regalando sin siquiera dar pelea, y hasta están enalteciendo a quienes les quieren negar el derecho a resistirlo. Deberían avergonzarse de esto. Hagan lo mejor que puedan con el tiempo que queda. Esto es realmente serio.

Ahora, vean donde quieran—porque hemos tenido invocaciones de una tonta y enferma especie hoy a nuestra simpatía: “¿Qué hay de los pobres jotos? ¿Qué hay de los pobres judíos, las mujeres que no pueden con el abuso, los esclavos y sus descendientes, y las tribus que no sobrevivieron y a quienes se les dijo que su tierra estaba perdida?”

Miren la esclavitud del mundo, la sumisión de las mujeres como ganado, la quema y ejecución de homosexuales, la limpieza étnica, el antisemitismo; para todo esto, basta con mirar no más allá de un libro famoso en cada púlpito de esta ciudad, y en cada sinagoga y en cada mezquita. Y entonces vean si pueden cuadrar el hecho que la fuente de todo este odio es también el agente que más pide censura. Y cuando den cuenta que, por lo tanto, esta noche están enfrentados con una gran falsa antítesis, espero que eso de todos modos no los detenga de darle a la moción ante ustedes el entusiasta respaldo que merece.

Muchas gracias.

Buenas noches.



2019-12-10

Quiero mi neoliberalismo como estaba




Se acaba de cumplir el primer año de la presidencia de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en México y, aunque ya habrá a estas alturas incontables evaluaciones por periodistas y politólogos profesionales al respecto, quisiera agregar la mía a la lista. Me parece una oportunidad para sintetizar muchas de las ideas que ya están argumentadas aquí en otras partes de AutóMata, ahora señalando algunos ejemplos concretos del México actual. Aún así, creo que habrá mucho material útil para escuchas de otros países, pues mucho de lo que quisiera discutir es aplicable a nivel global y especialmente latinoamericano.

*   *   *

Como introducción, voy a condensar mucho material que pueden consultar aquí mismo en AutóMata, en los artículos El Opio de los intelectuales, ¿Qué queda de la izquierda?, El centro de la herradura, Chairocracia y Proteger a la democracia. Los puntos principales los puedo agrupar en tres:

Primero, hay que redefinir al centrismo. Casi siempre, se entiende por centrismo la práctica de mirar hacia ambos lados del espectro político, encontrar el punto medio, pararse ahí, y cantar victoria. También casi siempre, esto es percibido por todos como una manera perezosa y/o cobarde de mantenerse en la indefinición política, “ni muy muy ni tan tan”, como decimos en México. Pero el centrismo, como yo lo voy a usar de aquí en adelante, es completamente distinto: se refiere a desacoplar la discusión de políticas públicas de las etiquetas que éstas pudieran tener. En principio, es irrelevante si un argumento es de izquierda o derecha, moderado o extremo, socialista o libertario. Lo que importa son dos cosas: cuál es el argumento y cuál es la evidencia que lo respalda. Su lugar en el espectro político, como lo entiende casi todo mundo, es irrelevante. Hace un siglo era una posición extrema decir que las mujeres deberían poder votar, pero ya no. Así que la percepción de una posición como extrema o moderada me es indistinta; lo mismo que si proviene de un punto de vista socialista, libertario, teológico, anarquista, feminista, o lo que fuere. Sigo queriendo saber las mismas dos cosas: cuál es el argumento, cuál es la evidencia.

Ahora, en la práctica, como la vida es corta y hay argumentos y autores que una vez tras otra demuestran su competencia o falta de ella, hay argumentos que sí voy a mover al frente de la fila de mi consideración y otros que pondré al final usando su etiqueta o su autor. Por morbo o curiosidad acabo leyendo algunos de esos de todos modos, nomás para saber qué creen los idiotas del mundo. A veces hasta salgo sorprendido para bien.

El segundo punto es que el espectro político no es una línea que va de extrema izquierda a extrema derecha, con comunistas de un lado y fascistas de otro. Probablemente no es una línea sino un paisaje de muchas dimensiones, en el que se dan todo tipo de combinaciones de posturas que no encajan en la visión tradicional de izquierda y derecha. Si uno insistiera en una imagen sencilla que reemplazara al espectro izquierda-derecha, esta imagen no sería una línea, sino una herradura: en sus extremos, la izquierda y derecha se juntan, porque creen y quieren muchas de las mismas cosas y ambas están lejos, más que una de la otra, del centro. Al centrismo soso que mencioné antes le tienen desprecio; al que propuse en el punto anterior, le tienen miedo.

La herradura política también es útil para introducir un segundo eje en el que se mueven las posturas políticas: la ideologización de la política. Es imposible llegar llegar a las posturas de los extremos políticos sin algún tipo de ideología, entendida ésta como una visión y comprensión total de cómo funciona el mundo y cómo debería funcionar, a partir de un sistema creado por algún intelectual, político o líder religioso. Los ideólogos creen entender lo que los expertos no, o haber descubierto secretos políticos o humanos que los hacen superiores a la gente común y, sobre todo, a los expertos tradicionales. Una manera rápida de entender lo que digo es que las ideologías son el análogo político de las pseudociencias. El centrismo político al que me suscribo puede resumirse fácilmente como el rechazo a la ideología. Por eso los extremos lo odian tanto: nada es tan molesto para ellos como alguien que hace preguntas específicas sobre lo que creen y por qué, como: ¿cómo lo vas a pagar? ¿puedes dar un ejemplo de cuándo ha funcionado eso antes? ¿qué van a hacer con los que estén en desacuerdo?

El tercer punto que hay que mencionar antes de hablar propiamente de México es algo que yo describiría como empirismo político: la humanidad ya intentó cientos de combinaciones de sistemas políticos, económicos, culturales y religiosos y a estas alturas ya sabemos lo que funciona y lo que no. Los detalles específicos pueden variar de un país a otro, pero básicamente los lugares donde la gente sí quiere vivir tienen un capitalismo fuerte y una república democrática, también fuerte, que le cobra impuestos para financiar un estado de bienestar (educación, salud, seguridad...). Esos países donde la gente sí quiere vivir, esos que uno ve en listas de los más felices, los más libres, los de mayor calidad de vida, todos son así. Los países que explícitamente rechazan ese modelo son los países de los que la gente se sale nadando, y donde nada funciona bien mas que la maldita policía secreta y los campos de concentración. Esto no es una cuestión de opinión: es algo que a estas alturas ya sabemos, porque tenemos los datos.

Entre los países desarrollados, Estados Unidos está a media tabla en muchas medidas porque tiene capitalismo y democracia pero sin estado de bienestar—algo muy parecido a Chile, por cierto—. Suecia y Dinamarca siempre están en los primeros lugares porque tienen mucho de los tres, seguidos de cerca por los otros países nórdicos, Canadá y Australia. Ciento ochenta países más abajo están Venezuela y Corea del Norte porque no tienen ninguna de las tres cosas y activamente se esmeran por no tenerlas.

En la herradura política, el eje ideología-centrismo bien pudiera traducirse a incompetencia-competencia: competencia para implementar el modelo que ya sabemos que funciona y que comunismo, fascismo, anarquismo y demás son incompetentes para implementar por definición, precisamente porque lo rechazan, o al menos alguno de sus elementos fundamentales. En esta visión, ubicar al populismo en el mapa político es fácil, porque se caracteriza por su rechazo a los expertos: expertos de la política y de todo lo demás. Siendo caritativos, su ideología es que una persona cualquiera debería estar a cargo de la política y podría lograr grandes cosas usando su sentido común, si las élites malvadas tan solo se hicieran a un lado y la dejaran. Siendo más duros, la ideología del populismo es la incompetencia y la inexperiencia como virtudes. En cualquier caso, en la herradura está del mismo lado que fascistas y comunistas.

*   *   *

De los tres ingredientes, México tiene los comienzos de cada uno. La parte capitalista es la que se ha desarrollado por más tiempo, pero aún le faltan elementos básicos como medidas antimonopólicas, sindicatos que realmente protejan a sus trabajadores y, hoy más que nunca, condiciones básicas de seguridad para poder operar en paz, entre otras. Pero el capital humano, los recursos naturales y la inversión a la espera de buenas oportunidades están ahí, latentes.

La democratización del país es lo que más rápido ha avanzado en los últimos 25 o 30 años, aunque eso no es mucho decir porque pasamos de democracia cero a solo un poco. Ya existe una pluralidad de partidos en el poder a todos los niveles de gobierno—cosa impensable en el México de los 70s, digamos—pero, salvo algunos ligeros matices en sus posiciones sociales, gobiernan de la misma manera semi-incompetente y corrupta. Algunas elecciones son impugnadas en cada ciclo, pero básicamente hay confianza de que los votos son contados y, a grandes rasgos, gana el que más votos obtuvo, aunque quizá los haya comprado. En particular, en los últimos años hemos visto algunas instancias de una verdadera separación de poderes, sobre todo con decisiones de la Suprema Corte contrarias a la voluntad del Presidente y el Legislativo (un caso reciente fue la Ley de Seguridad Interior en el sexenio pasado, que fue declarada inconstitucional por la Corte).

El estado de bienestar siempre ha sido raquítico aquí. Aunque todos los que tengan un empleo formal tengan derecho a atenderse en centros de salud pública, esto solo lo hacen quienes viven en la precariedad económica. Quienes pueden pagar por atenderse con privados lo hacen casi sin excepción. La educación es un caso similar, aunque la diferencia entre privado y público está más en el estatus social que en el contenido: en ambos, México está reprobado. Igual que en el resto del mundo, la pirámide demográfica se está invirtiendo lentamente en México y se ha transitado a un sistema individual de ahorro para el retiro, con el pequeño gran problema de que la cultura de ahorro en México es escasa. Cantidades raquíticas del sueldo bruto de un trabajador se destinan automáticamente a su retiro, salud y vivienda a menos que éste voluntariamente las aumente, disminuyendo su ingreso neto mensual. Además, prácticamente la mitad de quienes trabajan en México lo hacen en la informalidad—un eufemismo para la ilegalidad—por lo que muchos no tendrían acceso ni siquiera a estos míseros mecanismos de ahorro y seguridad social y, además, contribuyen poco o nada a la construcción de servicios e instituciones públicas.

*   *   *

Con todo y lo anterior, México ha logrado mejoras importantes en su camino a salir del subdesarrollo. Si te fuera asignado tu lugar de nacimiento por sorteo y te tocara México, podrías estar mucho peor. La frustración que tenemos los mexicanos es que llevamos décadas—no, quizá todo el siglo pasado—pensando que ahora sí, dentro de poco, al fin vamos a subir de categoría. Sí hay algunas mejoras, pero no nos vemos más cerca de los países desarrollados que antes: la brecha se mantiene. En los tres ingredientes aplican múltiples expresiones mexicanas: “ahí la llevamos”, “ni muy muy, ni tan tan”, “estamos menos peor”, “peor es nada”, “ya merito”. En reportajes extranjeros siempre he notado que se resalta a México por su estabilidad. Para los que estamos adentro, México es establemente mediocre.

*   *   *

Y entonces, en el verano de 2018, con más del 50% de los votos en elecciones libres y limpias (al menos a nivel presidencial), ganó AMLO en su tercer intento y tras casi 18 años de campaña formal o informal ininterrumpida. Igual que Trump en 2016, AMLO no ganó porque fuera el mejor candidato. Ganó por la frustración general entre quienes habían votado por los otros "mejores" candidatos en elecciones anteriores sin resultado. Yo voté por él en 2006 y 2012, primero convencido de que era el mejor candidato y después como voto de protesta contra el tipo claramente incompetente y corrupto que entonces iba a ganar, Enrique Peña Nieto. En esta última ocasión me pareció claro, dado todo lo que he expuesto arriba y tras ver muchos debates y entrevistas con AMLO previo a la elección, que era necesario votar activamente contra él. Me apreté la nariz y voté por el que entonces iba en segundo lugar. No quedó ni cerca.


Sigo la política en Estados Unidos igual o más que la mexicana, y los paralelos con Trump son extraordinarios y, a veces, AMLO lo supera de manera preocupante. Decía Woody Allen que lo bueno de ser inteligente es que puedes fingir ser tonto cuando te conviene, mientras que al revés es imposible. Trump demuestra lo que pasa cuando un idiota pretende ser un genio; AMLO demuestra lo que pasa cuando ni siquiera lo intenta. Trump cree que es altamente competente cuando no lo es; AMLO de plano dice que la competencia no importa, porque gobernar no tiene ciencia. Trump tiene algunos libros a su nombre, obviamente escritos por alguien más, porque él no puede completar un enunciado hablado ni escrito correctamente y no tiene ideas propias; para desgracia de AMLO, parece ser que sí fue él quien escribió sus libros, plasmando su conspiranoia e ignorancia para la posteridad, con todo y faltas de ortografía. Trump alardea de la genialidad que no tiene; AMLO, de la ignorancia que sí tiene. Para AMLO y su partido, MORENA, la competencia es un corrupto requisito burgués neoliberal.

De hecho, todos los problemas de México son, dice AMLO, por culpa del neoliberalismo. Dudo que él pueda definir el término, aunque en cierto modo ya no importa mucho porque es solo un insulto para la política que no le gusta, que en el caso de AMLO es todo antes de que estuviera él. Basta con decir que su opinión la comparte con fascistas y socialistas por igual. Lo mismo ocurre con la palabra "conservador", que para AMLO significa todos los que quieran preservar lo que había antes de su gobierno (incluyendo todo lo que en otras partes del mundo sería visto como progresista, como las estancias infantiles y refugios para mujeres víctimas de violencia doméstica, ambos ya dejados sin financiamiento).

Sabemos que no conoce el significado de esas las palabras porque él mismo tiene políticas neoliberales y, sobre todo, conservadoras. Los recortes gubernamentales, sean de personal o de financiamiento a programas públicos, son thatcherianos en su neoliberalismo. El uso de recursos públicos para adoctrinamiento religioso es un ejemplo clásico de conservadurismo. En una declaración extraordinariamente reveladora del embrollo que es su mente ignorante y conservadora, culpó al neoliberalismo del aumento en los divorcios. Ya muchos han señalado que sus conferencias de prensa son básicamente homilías, con todo y referencias religiosas explícitas y comparaciones de sí mismo con Cristo.

La lista de desaciertos en AMLO, su gabinete y sus seguidores es interminable. Lo más preocupante para mí ha sido su constante descalificación de la prensa y el desprecio por el conocimiento y quienes lo poseen, especialmente científicos e intelectuales. Eso, y que no parece haber un plan coherente en lo que hace. Cuando los socialistas se proponen arruinar un país, al menos tienen un plan. AMLO es tan incompetente que ni siquiera es socialista.

Pero bueno: ¿tras todo esto, estamos más cerca de completar los tres ingredientes con AMLO? ¿Será, quizá, el genio que juega ajedrez en cuatro dimensiones como sus sicofantes alegan? Al menos con Trump, por mérito suyo o no, la economía de E.U. ha crecido en cada año que él ha estado. Acá no hay señales de que las cosas vayan bien: ni a la mediocridad anterior, eso que yo quise preservar con mi mediocre voto, llegamos ahora. El 2% de crecimiento anual que teníamos es ahora 0% (si tomamos en cuenta el crecimiento de la población en lo que va del año, ya estamos en números negativos). Tras haber prometido en campaña 6% de crecimiento anual, luego revisarlo a la baja a 4% ya en el poder, ahora AMLO pide más tiempo y, para colmo, dice que no importa el crecimiento y que ahora la riqueza está mejor distribuida, gracias a su incansable lucha contra la corrupción (¿cuál?) y la mejor distribución de la riqueza (repartiendo dinero).

(Un pequeño experimento con una calculadora y un poco de imaginación ayuda a entender por qué esto es ridículo: si tomáramos los 60 mil millones de dólares de Carlos Slim, hombre más rico de México, los convirtiéramos a pesos suponiendo 20 pesos por dólar y los repartiéramos entre 120 millones de mexicanos, ¿cuánto nos tocaría? Respuesta: un pago único de 10 mil pesos, o 830 pesos al mes por un año. Es mejor que nada, pero nadie va a salir de la pobreza con eso, y además se habrán creado muchos pobres más, empezando por el mismo Slim y sus (des)empleados, en México y más allá. Redistribuir no es sustituto para crecer, y la igualdad económica no sirve de nada si es igualdad de miseria.)

Por el lado de la república democrática que le cobre impuestos a esa magra economía las cosas no se ven bien tampoco, porque AMLO, supuestamente de izquierda, se niega a aumentar impuestos. Y menos cuando su jefe de gabinete es uno de los principales contratistas de su propio gobierno (y de los anteriores, esos corruptos neoliberales que nada hacían bien). Ya tuvimos dos ejemplos de votaciones en el Legislativo en las que se siguió la línea directamente marcada por el presidente: la presidenta de la Comisión Nacional de Derechos Humanos fue votada (con fraude) a pesar de violar la ley claramente: es abiertamente aduladora del presidente y militante de MORENA, partido de AMLO. Y para la Suprema Corte AMLO mandó, y logró que se aprobara, ¡a la abogada del antes mencionado jefe de gabinete contratista! Eso no es separación de poderes...

En el estado de bienestar, tenemos la abierta simulación, en el mejor de los casos. AMLO se ha enfocado a desmantelar los programas que realmente funcionaban y ayudan gente (como las antes mencionadas estancias infantiles y los albergues para mujeres violentadas), pero al mismo tiempo reparte dinero en una estrategia que hasta un populista reconocería como compra de votos a la antigua: hoy te doy una limosna, mañana votas por mí. La estrategia es igual que la de Chávez en Venezuela: que los pobres sigan pobres, pero contentos.

Ilustración: Víctor Solís en Nexos.

El de por sí preocupante número de homicidios llegará este año a un máximo histórico de 34,500, unos 29 homicidios por cada 100 mil habitantes. Para comparar, en Estados Unidos, ese país loco con más armas que habitantes y tiroteos en escuelas, en 2018 se tuvieron 16,000 homicidios repartidos entre 330 millones de habitantes, dando una tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes de 5. Así que, por la parte de seguridad, el bienestar no va a llegar tampoco.

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Sé de muchas personas, algunas nada tontas, que votaron por AMLO y ya están arrepentidas. Algunas pocas todavía se aferran, o reconocen los desaciertos pero inventando pretextos, como que iba a ser igual con los otros candidatos o que AMLO necesita más tiempo. Como sea, su popularidad ha bajado muy poco a poco y todavía se mantiene por arriba del 60%. He escuchado a varios analsitas decir que AMLO es un genio de la comunicación, cosa que explica su popularidad relativamente estable. A mí esto me parece ridículo. Una cosa es que sea un genio de la comunicación política, y otra es que haya millones de personas igual de tontas e ignorantes que él, que en México sobran: los chairos, que básicamente ya no tienen remedio y constituyen el voto duro de AMLO, usualmente de un 25 a 30%, unidos a gente simplemente desinformada. Se entiende: Trump nomás no baja de un 35 a 40% tampoco. Y eso que es Trump.

En fin, creo que ahora solo queda prepararse para la siguiente ronda de elecciones, en 2021, y siempre teniendo en mente los ingredientes necesarios: capitalismo, república democrática, estado de bienestar. Ante todas las políticas propuestas por los candidatos, la pregunta siempre debería ser qué tanto nos acercan o nos alejan de avanzar en esos tres rubros. Todos los votos son voto útil.

AMLO tipo estuvo jode y jode y jode por 18 años con que él sabía qué hacer, y resulta que llegó al trabajo a pedir tiempo para aprender. A estas alturas ya está claro que los corruptos neoliberales, sea lo que sea que signifique eso, eran los menos peores. Si hubieran ganado la presidencia México hubiera seguido básicamente igual, jodido, pero cada vez menos. Venezuela es el ejemplo más reciente y claro de que siempre se puede estar peor. ¿Qué pensarán del neoliberalismo allá por estos tiempos, que no les alcanza ni para el alambre de púas?

Tomado del monero Calderón.

2019-11-25

Naturalismo



La ontología más general típicamente asociada al ateísmo es el naturalismo: existe solamente un mundo, el mundo natural, que exhibe patrones que llamamos "las leyes de la naturaleza", y que se puede descubrir mediante los métodos de la ciencia y la investigación empírica. No hay un mundo aparte con lo sobrenatural, espiritual ni divino; no hay tampoco una teleología cósmica o propósito trascendental inherente en el universo ni en la vida humana. "Vida" y "conciencia" no denominan esencias aparte de la materia; son formas de hablar de los fenómenos que surgen de la interacción de sistemas extraordinariamente complejos. El propósito y el significado en la vida surgen fundamentalmente a través de actos de creación humana, y no son derivados de nada fuera de nosotros mismos. El naturalismo es una filosofía de unidad y patrones que describe a toda la realidad como una red continua.

—Sean Carroll, en The Big Picture
Usando a la religiosidad como un indicador indirecto de creencia en lo sobrenatural, el naturalismo—no confundir con naturismo—es por mucho una posición minoritaria. Inclusive entre la relativamente minúscula población de ateos existen alusiones insistentes a la espiritualidad, a trascender, a descubrir propósito. Esto es un impulso humano, probablemente, y difícil de evitar. Aún así está mal y no aporta nada que sea mejor que la alternativa: la visión naturalista no solamente es la correcta, sino que es la que más prosperidad y bienestar ofrece.

Antes que nada, creo conveniente establecer que lo sobrenatural—sea espiritismo, telequinesis, brujería, clarividencia, vida después de la muerte, fantasmas, dioses o lo que sea—no solamente no existe, sino que no puede existir, porque es incoherente. Quienes afirmen haber detectado algún fenómeno sobrenatural, necesariamente lo habrán hecho por medios naturales, es decir, físicos : vieron algo, oyeron algo, sintieron algo. Lo que sabemos del mundo físico va creciendo continuamente y quizá sea todavía poco comparado con lo que queda por saber, pero ya es más que suficiente para descartar todo lo sobrenatural.

Si alguien propone que grabó un fantasma en video, supongamos, y si se supone que ese fantasma está hecho de alguna sustancia—ectoplasma, materia espiritual o como le quieran llamar—¿cómo llegó al video si no mediante un fenómeno físico? Los detectores CCD de una cámara digital los hicimos usando lo que sabemos de electromagnetismo o, más específicamente, de electrodinámica cuántica. Quien afirme que logró capturar en video a un fantasma está haciendo la declaración, quiera o no, de que la electrodinámica cuántica está mal, incompleta o que, sin querer, automáticamente incluye también a la electrodinámica ectoplásmica. Tenemos los libros con las ecuaciones detalladas que, los creyentes dicen, están mal o incompletas. Pero curiosamente nunca pueden decir cuáles, ni en qué.

Llama la atención, hablando de electrodinámica cuántica, cuánto las creencias en lo sobrenatural dicen basarse en ciencia, cuando es ésta la que más las contradice. En un debate en Caltech en 2006, el confundidísimo charlatán Deepak Chopra se la pasó vomitando ensaladas de palabras con aderezo cuántico y no se le ocurrió que había entrado a una madriguera de físicos teóricos. En la sesión de preguntas, el físico Leonard Mlodinow lo confrontó (muy amablemente), diciéndole "...entiendo lo que significa cada una de las palabras que dices, pero todavía no entiendo de qué estás hablando". Obviamente, Chopra no pudo hacer más que cambiar de tema con más ensaladas de palabras, sobre el infinito y quién sabe qué más:


La lección de la mecánica cuántica—que ya exploraremos aquí en AutóMata—no es, ni de cerca, que el materialismo esté limitado u obsoleto. Al contrario, como todos los descubrimientos científicos, la lección es que el mundo material es mucho más interesante que cualquier superstición "espiritual" que se le pudiera ocurrir a un humano. Una y otra vez, la explicación de un fenómeno resulta ser un patrón en el mundo natural. No hay una sola explicación natural de un fenómeno que haya sido reemplazada por otra explicación sobrenatural mejor. En toda la historia de la humanidad, ni una.

Cada vez que lo sobrenatural tiene la oportunidad de ganarse un Nobel de física, química o medicina, fracasa. Todo lo que se pudiera explicar proponiendo la existencia de lo sobrenatural puede explicarse, con menos suposiciones y muchísima más evidencia, proponiendo la existencia de gente confundida. Los videntes, por alguna razón, no se ganan la lotería; por la misma razón, los curanderos no se acercan ni por accidente a una sala de quemaduras o amputaciones en un hospital.

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Sobra decir que el alma no existe tampoco, siguiendo el mismo modo de argumentación aplicado a los fantasmas: ¿cómo puede una entidad física, como el cuerpo humano, interactuar con algo no-físico, como el alma? Algún componente físico es necesario para, digamos, mover un brazo o abrir los ojos, porque estos movimientos son físicos. ¿Cómo "empuja" o "jala" el alma a los mecanismos del cuerpo o el cerebro, si no está hecha de nada físico? ¿Qué está haciendo el alma que no haga por sí solo el cerebro?

Ya que andamos en eso, sabemos que la mente (a veces usada como sustituto del alma) es una función del cerebro. Es un proceso físico, o químico o biológico, si así lo prefieren, que es ejecutado por el cerebro. Faltan muchos detalles, pero aún lo más burdo de lo que sabemos es ya incontrovertible: dañas al cerebro y dañas a la mente. Si no, ¿qué creen que hace el Alzheimer? ¿Qué creen que hace una lobotomía? ¿Cómo creen que funciona la anestesia?

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Aunque todo se pueda reducir, en principio, a objetos y mecanismos de física fundamental, esto no siempre es lo más práctico. La física de partículas debe ser consistente con, digamos, la economía, pero sería imposible e impráctico tratar de derivar la economía a partir de la física de partículas. Afortunadamente, puede describirse el mundo en términos perfectamente naturales a distintos niveles, algo que el físico Sean Carroll llama naturalismo poético. Por ejemplo, podemos hablar de un smartphone como un dispositivo con un cierto sistema operativo y aplicaciones, o como una colección compleja de circuitos integrados y otros componentes electrónicos, o como moléculas y partículas fundamentales. Todas las descripciones son válidas y equivalentes. En el naturalismo poético, algo es "real" si juega un papel esencial en una descripción natural coherente.

Lo que conecta un nivel de descripción natural con otro es la emergencia, en el sentido de emerger, definida como la presencia de propiedades en una descripción natural que no se encuentran en otra descripción más fundamental. Un caso fácil de entender es la temperatura de un objeto, propiedad que emerge de la energía cinética de las partículas individuales que lo componen pero que no existe en ninguna de ellas (es un sinsentido hablar de la temperatura de una sola molécula). Una vez que uno se ubica en un nivel que en principio se puede derivar de otro más fundamental, puede tomar sus propiedades básicas como fundamentales y seguir describiendo al mundo en ese nivel sin problema. En principio, todas las propiedades de un nivel de descripción se podrían derivar de los niveles que le son más fundamentales (algo conocido como reduccionismo), pero no es necesario hacerlo para empezar a estudiar. El concepto de temperatura se usó, incluso de manera científica, mucho antes de que se supiera su origen en la energía cinética de las partículas.

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En nuestras vidas diarias, inclusive los naturalistas más radicales nos movemos con propósitos, tomamos decisiones, planeamos para el futuro, tratamos de darle sentido a lo que hacemos. Ninguna de esas cosas existe en las descripciones naturales del mundo, especialmente las más científicamente rigurosas, a ningún nivel. El filósofo Wilfred Sellars propuso que una visión moderna de lo que hace la filosofía es reconciliar, en la medida posible, el mundo como se nos manifiesta con el mundo como realmente es. Los humanos nos contamos historias, le atribuímos sentido a nuestra existencia y la de los demás, sentimos, pensamos, planeamos para el futuro. Las partículas fundamentales, obviamente, no.

Al principio mencioné que no había que confundir el naturalismo con el naturismo: la creencia de que lo natural es bueno y que es una falacia sumamente común, irónicamente, entre quienes veneran a lo sobrenatural. Saber cómo son las cosas no nos dice nada acerca de cómo deberían ser, y por lo tanto explicar que algún fenómeno sea natural no implica excusarlo : la violencia parece ser parte de la naturaleza de todos los primates, incluyéndonos a los humanos, pero hemos optado por usarla cada vez menos y, (casi) todos estamos de acuerdo, eso es bueno.  También hemos manipulado a lo natural para deshacernos de la viruela, y para aprovechar la física y la química para producir energía que de otra manera no existiría.

El filósofo y físico Tim Maudlin cuenta una parábola interesante. Imaginemos que hay dos jugadores de ajedrez, hombre y mujer, que son pareja  y tienen una hija. Deciden inculcarle el juego cuanto antes, enseñándole todo lo que pueden, llevándola con maestros e inscribiéndola en torneos. Tienen grandes visiones y ambiciones para su hija como ajedrecista y sí, la niña se hace muy, muy buena para el ajedrez. Pero hay un problema: a ella no le gusta el ajedrez. Le parece solo un juego aburrido e inútil. Ella quiere hacer otra cosa, dedicarse a algo más. Quizá las artes, o una ingeniería o lo que sea, menos ajedrez.

¿Concluiríamos que su vida carece de propósito, por haber rechazado el plan de sus creadores? ¿Y qué si hubiera sido libre, desde el principio, de hacer su propio propósito? En un mundo puramente natural, no existe propósito, ni bien ni mal, aparte del que nosotros hagamos. ¿Y para qué queremos más?

La gente creyente en espiritualidad o religiones no se imagina cómo sería vivir así, libre. Los filósofos existencialistas consideraban una especie de absurdo tener que enfrentar semejante situación (que, por cierto, consideraban la situación real). ¿Por qué levantarse por la mañana—preguntan—si todo esto es para nada? ¿Por qué vivir en lo absoluto, si todo terminará y, además, terminará en la nada? Como dijo Albert Camus, ¿debería suicidarme o tomarme un café?

Con una visión natural del mundo, uno se levanta por la mañana por la misma razón que todos los demás: porque tiene el estómago vacío y la vejiga llena. Eso, y para tomar café. Y para hacer cosas que nos gustan o nos pagan dinero. Inclusive la gente que tiene pósters de Camus y Nietzche en su cuarto lo hace. Conocer cómo funciona el mundo es lo que nos permite manipularlo a nuestra conveniencia y disfrutarlo, le importe o no a quien sea, o a nadie. Aparte de lo que digan las leyes fundamentales del universo, nada es obligatorio ni está prohibido. No tenemos que hacer nada aparte de lo que decidamos hacer.

Que nuestras vidas sean finitas no implica, de ninguna manera, que sean poco valiosas, sino al contrario. Deberíamos, ya que estamos aquí, aprovechar. Nadie escucha una pieza de música genial, como una sinfonía, y a mediados del tercer movimiento dice "Ah, pero esto no tiene caso, porque llegará el cuarto movimiento y luego se terminará. Buuu." Por otro lado, en la peor miseria humana, a nadie le consolará que le digan "Lamento lo de tu cáncer, niño, pero no te preocupes, porque es para nada y luego se acaba." Precisamente porque estamos en un mundo puramente físico, estas experiencias son reales. Cuando alguien muere, realmente se muere. La vida no es una ilusión, ni un ensayo para el número estelar que le sigue. Este es el número estelar. Tenemos todo por ganar—o perder—si lo entendemos así.