2019-12-10

Quiero mi neoliberalismo como estaba




Se acaba de cumplir el primer año de la presidencia de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en México y, aunque ya habrá a estas alturas incontables evaluaciones por periodistas y politólogos profesionales al respecto, quisiera agregar la mía a la lista. Me parece una oportunidad para sintetizar muchas de las ideas que ya están argumentadas aquí en otras partes de AutóMata, ahora señalando algunos ejemplos concretos del México actual. Aún así, creo que habrá mucho material útil para escuchas de otros países, pues mucho de lo que quisiera discutir es aplicable a nivel global y especialmente latinoamericano.

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Como introducción, voy a condensar mucho material que pueden consultar aquí mismo en AutóMata, en los artículos El Opio de los intelectuales, ¿Qué queda de la izquierda?, El centro de la herradura, Chairocracia y Proteger a la democracia. Los puntos principales los puedo agrupar en tres:

Primero, hay que redefinir al centrismo. Casi siempre, se entiende por centrismo la práctica de mirar hacia ambos lados del espectro político, encontrar el punto medio, pararse ahí, y cantar victoria. También casi siempre, esto es percibido por todos como una manera perezosa y/o cobarde de mantenerse en la indefinición política, “ni muy muy ni tan tan”, como decimos en México. Pero el centrismo, como yo lo voy a usar de aquí en adelante, es completamente distinto: se refiere a desacoplar la discusión de políticas públicas de las etiquetas que éstas pudieran tener. En principio, es irrelevante si un argumento es de izquierda o derecha, moderado o extremo, socialista o libertario. Lo que importa son dos cosas: cuál es el argumento y cuál es la evidencia que lo respalda. Su lugar en el espectro político, como lo entiende casi todo mundo, es irrelevante. Hace un siglo era una posición extrema decir que las mujeres deberían poder votar, pero ya no. Así que la percepción de una posición como extrema o moderada me es indistinta; lo mismo que si proviene de un punto de vista socialista, libertario, teológico, anarquista, feminista, o lo que fuere. Sigo queriendo saber las mismas dos cosas: cuál es el argumento, cuál es la evidencia.

Ahora, en la práctica, como la vida es corta y hay argumentos y autores que una vez tras otra demuestran su competencia o falta de ella, hay argumentos que sí voy a mover al frente de la fila de mi consideración y otros que pondré al final usando su etiqueta o su autor. Por morbo o curiosidad acabo leyendo algunos de esos de todos modos, nomás para saber qué creen los idiotas del mundo. A veces hasta salgo sorprendido para bien.

El segundo punto es que el espectro político no es una línea que va de extrema izquierda a extrema derecha, con comunistas de un lado y fascistas de otro. Probablemente no es una línea sino un paisaje de muchas dimensiones, en el que se dan todo tipo de combinaciones de posturas que no encajan en la visión tradicional de izquierda y derecha. Si uno insistiera en una imagen sencilla que reemplazara al espectro izquierda-derecha, esta imagen no sería una línea, sino una herradura: en sus extremos, la izquierda y derecha se juntan, porque creen y quieren muchas de las mismas cosas y ambas están lejos, más que una de la otra, del centro. Al centrismo soso que mencioné antes le tienen desprecio; al que propuse en el punto anterior, le tienen miedo.

La herradura política también es útil para introducir un segundo eje en el que se mueven las posturas políticas: la ideologización de la política. Es imposible llegar llegar a las posturas de los extremos políticos sin algún tipo de ideología, entendida ésta como una visión y comprensión total de cómo funciona el mundo y cómo debería funcionar, a partir de un sistema creado por algún intelectual, político o líder religioso. Los ideólogos creen entender lo que los expertos no, o haber descubierto secretos políticos o humanos que los hacen superiores a la gente común y, sobre todo, a los expertos tradicionales. Una manera rápida de entender lo que digo es que las ideologías son el análogo político de las pseudociencias. El centrismo político al que me suscribo puede resumirse fácilmente como el rechazo a la ideología. Por eso los extremos lo odian tanto: nada es tan molesto para ellos como alguien que hace preguntas específicas sobre lo que creen y por qué, como: ¿cómo lo vas a pagar? ¿puedes dar un ejemplo de cuándo ha funcionado eso antes? ¿qué van a hacer con los que estén en desacuerdo?

El tercer punto que hay que mencionar antes de hablar propiamente de México es algo que yo describiría como empirismo político: la humanidad ya intentó cientos de combinaciones de sistemas políticos, económicos, culturales y religiosos y a estas alturas ya sabemos lo que funciona y lo que no. Los detalles específicos pueden variar de un país a otro, pero básicamente los lugares donde la gente sí quiere vivir tienen un capitalismo fuerte y una república democrática, también fuerte, que le cobra impuestos para financiar un estado de bienestar (educación, salud, seguridad...). Esos países donde la gente sí quiere vivir, esos que uno ve en listas de los más felices, los más libres, los de mayor calidad de vida, todos son así. Los países que explícitamente rechazan ese modelo son los países de los que la gente se sale nadando, y donde nada funciona bien mas que la maldita policía secreta y los campos de concentración. Esto no es una cuestión de opinión: es algo que a estas alturas ya sabemos, porque tenemos los datos.

Entre los países desarrollados, Estados Unidos está a media tabla en muchas medidas porque tiene capitalismo y democracia pero sin estado de bienestar—algo muy parecido a Chile, por cierto—. Suecia y Dinamarca siempre están en los primeros lugares porque tienen mucho de los tres, seguidos de cerca por los otros países nórdicos, Canadá y Australia. Ciento ochenta países más abajo están Venezuela y Corea del Norte porque no tienen ninguna de las tres cosas y activamente se esmeran por no tenerlas.

En la herradura política, el eje ideología-centrismo bien pudiera traducirse a incompetencia-competencia: competencia para implementar el modelo que ya sabemos que funciona y que comunismo, fascismo, anarquismo y demás son incompetentes para implementar por definición, precisamente porque lo rechazan, o al menos alguno de sus elementos fundamentales. En esta visión, ubicar al populismo en el mapa político es fácil, porque se caracteriza por su rechazo a los expertos: expertos de la política y de todo lo demás. Siendo caritativos, su ideología es que una persona cualquiera debería estar a cargo de la política y podría lograr grandes cosas usando su sentido común, si las élites malvadas tan solo se hicieran a un lado y la dejaran. Siendo más duros, la ideología del populismo es la incompetencia y la inexperiencia como virtudes. En cualquier caso, en la herradura está del mismo lado que fascistas y comunistas.

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De los tres ingredientes, México tiene los comienzos de cada uno. La parte capitalista es la que se ha desarrollado por más tiempo, pero aún le faltan elementos básicos como medidas antimonopólicas, sindicatos que realmente protejan a sus trabajadores y, hoy más que nunca, condiciones básicas de seguridad para poder operar en paz, entre otras. Pero el capital humano, los recursos naturales y la inversión a la espera de buenas oportunidades están ahí, latentes.

La democratización del país es lo que más rápido ha avanzado en los últimos 25 o 30 años, aunque eso no es mucho decir porque pasamos de democracia cero a solo un poco. Ya existe una pluralidad de partidos en el poder a todos los niveles de gobierno—cosa impensable en el México de los 70s, digamos—pero, salvo algunos ligeros matices en sus posiciones sociales, gobiernan de la misma manera semi-incompetente y corrupta. Algunas elecciones son impugnadas en cada ciclo, pero básicamente hay confianza de que los votos son contados y, a grandes rasgos, gana el que más votos obtuvo, aunque quizá los haya comprado. En particular, en los últimos años hemos visto algunas instancias de una verdadera separación de poderes, sobre todo con decisiones de la Suprema Corte contrarias a la voluntad del Presidente y el Legislativo (un caso reciente fue la Ley de Seguridad Interior en el sexenio pasado, que fue declarada inconstitucional por la Corte).

El estado de bienestar siempre ha sido raquítico aquí. Aunque todos los que tengan un empleo formal tengan derecho a atenderse en centros de salud pública, esto solo lo hacen quienes viven en la precariedad económica. Quienes pueden pagar por atenderse con privados lo hacen casi sin excepción. La educación es un caso similar, aunque la diferencia entre privado y público está más en el estatus social que en el contenido: en ambos, México está reprobado. Igual que en el resto del mundo, la pirámide demográfica se está invirtiendo lentamente en México y se ha transitado a un sistema individual de ahorro para el retiro, con el pequeño gran problema de que la cultura de ahorro en México es escasa. Cantidades raquíticas del sueldo bruto de un trabajador se destinan automáticamente a su retiro, salud y vivienda a menos que éste voluntariamente las aumente, disminuyendo su ingreso neto mensual. Además, prácticamente la mitad de quienes trabajan en México lo hacen en la informalidad—un eufemismo para la ilegalidad—por lo que muchos no tendrían acceso ni siquiera a estos míseros mecanismos de ahorro y seguridad social y, además, contribuyen poco o nada a la construcción de servicios e instituciones públicas.

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Con todo y lo anterior, México ha logrado mejoras importantes en su camino a salir del subdesarrollo. Si te fuera asignado tu lugar de nacimiento por sorteo y te tocara México, podrías estar mucho peor. La frustración que tenemos los mexicanos es que llevamos décadas—no, quizá todo el siglo pasado—pensando que ahora sí, dentro de poco, al fin vamos a subir de categoría. Sí hay algunas mejoras, pero no nos vemos más cerca de los países desarrollados que antes: la brecha se mantiene. En los tres ingredientes aplican múltiples expresiones mexicanas: “ahí la llevamos”, “ni muy muy, ni tan tan”, “estamos menos peor”, “peor es nada”, “ya merito”. En reportajes extranjeros siempre he notado que se resalta a México por su estabilidad. Para los que estamos adentro, México es establemente mediocre.

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Y entonces, en el verano de 2018, con más del 50% de los votos en elecciones libres y limpias (al menos a nivel presidencial), ganó AMLO en su tercer intento y tras casi 18 años de campaña formal o informal ininterrumpida. Igual que Trump en 2016, AMLO no ganó porque fuera el mejor candidato. Ganó por la frustración general entre quienes habían votado por los otros "mejores" candidatos en elecciones anteriores sin resultado. Yo voté por él en 2006 y 2012, primero convencido de que era el mejor candidato y después como voto de protesta contra el tipo claramente incompetente y corrupto que entonces iba a ganar, Enrique Peña Nieto. En esta última ocasión me pareció claro, dado todo lo que he expuesto arriba y tras ver muchos debates y entrevistas con AMLO previo a la elección, que era necesario votar activamente contra él. Me apreté la nariz y voté por el que entonces iba en segundo lugar. No quedó ni cerca.


Sigo la política en Estados Unidos igual o más que la mexicana, y los paralelos con Trump son extraordinarios y, a veces, AMLO lo supera de manera preocupante. Decía Woody Allen que lo bueno de ser inteligente es que puedes fingir ser tonto cuando te conviene, mientras que al revés es imposible. Trump demuestra lo que pasa cuando un idiota pretende ser un genio; AMLO demuestra lo que pasa cuando ni siquiera lo intenta. Trump cree que es altamente competente cuando no lo es; AMLO de plano dice que la competencia no importa, porque gobernar no tiene ciencia. Trump tiene algunos libros a su nombre, obviamente escritos por alguien más, porque él no puede completar un enunciado hablado ni escrito correctamente y no tiene ideas propias; para desgracia de AMLO, parece ser que sí fue él quien escribió sus libros, plasmando su conspiranoia e ignorancia para la posteridad, con todo y faltas de ortografía. Trump alardea de la genialidad que no tiene; AMLO, de la ignorancia que sí tiene. Para AMLO y su partido, MORENA, la competencia es un corrupto requisito burgués neoliberal.

De hecho, todos los problemas de México son, dice AMLO, por culpa del neoliberalismo. Dudo que él pueda definir el término, aunque en cierto modo ya no importa mucho porque es solo un insulto para la política que no le gusta, que en el caso de AMLO es todo antes de que estuviera él. Basta con decir que su opinión la comparte con fascistas y socialistas por igual. Lo mismo ocurre con la palabra "conservador", que para AMLO significa todos los que quieran preservar lo que había antes de su gobierno (incluyendo todo lo que en otras partes del mundo sería visto como progresista, como las estancias infantiles y refugios para mujeres víctimas de violencia doméstica, ambos ya dejados sin financiamiento).

Sabemos que no conoce el significado de esas las palabras porque él mismo tiene políticas neoliberales y, sobre todo, conservadoras. Los recortes gubernamentales, sean de personal o de financiamiento a programas públicos, son thatcherianos en su neoliberalismo. El uso de recursos públicos para adoctrinamiento religioso es un ejemplo clásico de conservadurismo. En una declaración extraordinariamente reveladora del embrollo que es su mente ignorante y conservadora, culpó al neoliberalismo del aumento en los divorcios. Ya muchos han señalado que sus conferencias de prensa son básicamente homilías, con todo y referencias religiosas explícitas y comparaciones de sí mismo con Cristo.

La lista de desaciertos en AMLO, su gabinete y sus seguidores es interminable. Lo más preocupante para mí ha sido su constante descalificación de la prensa y el desprecio por el conocimiento y quienes lo poseen, especialmente científicos e intelectuales. Eso, y que no parece haber un plan coherente en lo que hace. Cuando los socialistas se proponen arruinar un país, al menos tienen un plan. AMLO es tan incompetente que ni siquiera es socialista.

Pero bueno: ¿tras todo esto, estamos más cerca de completar los tres ingredientes con AMLO? ¿Será, quizá, el genio que juega ajedrez en cuatro dimensiones como sus sicofantes alegan? Al menos con Trump, por mérito suyo o no, la economía de E.U. ha crecido en cada año que él ha estado. Acá no hay señales de que las cosas vayan bien: ni a la mediocridad anterior, eso que yo quise preservar con mi mediocre voto, llegamos ahora. El 2% de crecimiento anual que teníamos es ahora 0% (si tomamos en cuenta el crecimiento de la población en lo que va del año, ya estamos en números negativos). Tras haber prometido en campaña 6% de crecimiento anual, luego revisarlo a la baja a 4% ya en el poder, ahora AMLO pide más tiempo y, para colmo, dice que no importa el crecimiento y que ahora la riqueza está mejor distribuida, gracias a su incansable lucha contra la corrupción (¿cuál?) y la mejor distribución de la riqueza (repartiendo dinero).

(Un pequeño experimento con una calculadora y un poco de imaginación ayuda a entender por qué esto es ridículo: si tomáramos los 60 mil millones de dólares de Carlos Slim, hombre más rico de México, los convirtiéramos a pesos suponiendo 20 pesos por dólar y los repartiéramos entre 120 millones de mexicanos, ¿cuánto nos tocaría? Respuesta: un pago único de 10 mil pesos, o 830 pesos al mes por un año. Es mejor que nada, pero nadie va a salir de la pobreza con eso, y además se habrán creado muchos pobres más, empezando por el mismo Slim y sus (des)empleados, en México y más allá. Redistribuir no es sustituto para crecer, y la igualdad económica no sirve de nada si es igualdad de miseria.)

Por el lado de la república democrática que le cobre impuestos a esa magra economía las cosas no se ven bien tampoco, porque AMLO, supuestamente de izquierda, se niega a aumentar impuestos. Y menos cuando su jefe de gabinete es uno de los principales contratistas de su propio gobierno (y de los anteriores, esos corruptos neoliberales que nada hacían bien). Ya tuvimos dos ejemplos de votaciones en el Legislativo en las que se siguió la línea directamente marcada por el presidente: la presidenta de la Comisión Nacional de Derechos Humanos fue votada (con fraude) a pesar de violar la ley claramente: es abiertamente aduladora del presidente y militante de MORENA, partido de AMLO. Y para la Suprema Corte AMLO mandó, y logró que se aprobara, ¡a la abogada del antes mencionado jefe de gabinete contratista! Eso no es separación de poderes...

En el estado de bienestar, tenemos la abierta simulación, en el mejor de los casos. AMLO se ha enfocado a desmantelar los programas que realmente funcionaban y ayudan gente (como las antes mencionadas estancias infantiles y los albergues para mujeres violentadas), pero al mismo tiempo reparte dinero en una estrategia que hasta un populista reconocería como compra de votos a la antigua: hoy te doy una limosna, mañana votas por mí. La estrategia es igual que la de Chávez en Venezuela: que los pobres sigan pobres, pero contentos.

Ilustración: Víctor Solís en Nexos.

El de por sí preocupante número de homicidios llegará este año a un máximo histórico de 34,500, unos 29 homicidios por cada 100 mil habitantes. Para comparar, en Estados Unidos, ese país loco con más armas que habitantes y tiroteos en escuelas, en 2018 se tuvieron 16,000 homicidios repartidos entre 330 millones de habitantes, dando una tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes de 5. Así que, por la parte de seguridad, el bienestar no va a llegar tampoco.

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Sé de muchas personas, algunas nada tontas, que votaron por AMLO y ya están arrepentidas. Algunas pocas todavía se aferran, o reconocen los desaciertos pero inventando pretextos, como que iba a ser igual con los otros candidatos o que AMLO necesita más tiempo. Como sea, su popularidad ha bajado muy poco a poco y todavía se mantiene por arriba del 60%. He escuchado a varios analsitas decir que AMLO es un genio de la comunicación, cosa que explica su popularidad relativamente estable. A mí esto me parece ridículo. Una cosa es que sea un genio de la comunicación política, y otra es que haya millones de personas igual de tontas e ignorantes que él, que en México sobran: los chairos, que básicamente ya no tienen remedio y constituyen el voto duro de AMLO, usualmente de un 25 a 30%, unidos a gente simplemente desinformada. Se entiende: Trump nomás no baja de un 35 a 40% tampoco. Y eso que es Trump.

En fin, creo que ahora solo queda prepararse para la siguiente ronda de elecciones, en 2021, y siempre teniendo en mente los ingredientes necesarios: capitalismo, república democrática, estado de bienestar. Ante todas las políticas propuestas por los candidatos, la pregunta siempre debería ser qué tanto nos acercan o nos alejan de avanzar en esos tres rubros. Todos los votos son voto útil.

AMLO tipo estuvo jode y jode y jode por 18 años con que él sabía qué hacer, y resulta que llegó al trabajo a pedir tiempo para aprender. A estas alturas ya está claro que los corruptos neoliberales, sea lo que sea que signifique eso, eran los menos peores. Si hubieran ganado la presidencia México hubiera seguido básicamente igual, jodido, pero cada vez menos. Venezuela es el ejemplo más reciente y claro de que siempre se puede estar peor. ¿Qué pensarán del neoliberalismo allá por estos tiempos, que no les alcanza ni para el alambre de púas?

Tomado del monero Calderón.

2019-11-25

Naturalismo



La ontología más general típicamente asociada al ateísmo es el naturalismo: existe solamente un mundo, el mundo natural, que exhibe patrones que llamamos "las leyes de la naturaleza", y que se puede descubrir mediante los métodos de la ciencia y la investigación empírica. No hay un mundo aparte con lo sobrenatural, espiritual ni divino; no hay tampoco una teleología cósmica o propósito trascendental inherente en el universo ni en la vida humana. "Vida" y "conciencia" no denominan esencias aparte de la materia; son formas de hablar de los fenómenos que surgen de la interacción de sistemas extraordinariamente complejos. El propósito y el significado en la vida surgen fundamentalmente a través de actos de creación humana, y no son derivados de nada fuera de nosotros mismos. El naturalismo es una filosofía de unidad y patrones que describe a toda la realidad como una red continua.

—Sean Carroll, en The Big Picture
Usando a la religiosidad como un indicador indirecto de creencia en lo sobrenatural, el naturalismo—no confundir con naturismo—es por mucho una posición minoritaria. Inclusive entre la relativamente minúscula población de ateos existen alusiones insistentes a la espiritualidad, a trascender, a descubrir propósito. Esto es un impulso humano, probablemente, y difícil de evitar. Aún así está mal y no aporta nada que sea mejor que la alternativa: la visión naturalista no solamente es la correcta, sino que es la que más prosperidad y bienestar ofrece.

Antes que nada, creo conveniente establecer que lo sobrenatural—sea espiritismo, telequinesis, brujería, clarividencia, vida después de la muerte, fantasmas, dioses o lo que sea—no solamente no existe, sino que no puede existir, porque es incoherente. Quienes afirmen haber detectado algún fenómeno sobrenatural, necesariamente lo habrán hecho por medios naturales, es decir, físicos : vieron algo, oyeron algo, sintieron algo. Lo que sabemos del mundo físico va creciendo continuamente y quizá sea todavía poco comparado con lo que queda por saber, pero ya es más que suficiente para descartar todo lo sobrenatural.

Si alguien propone que grabó un fantasma en video, supongamos, y si se supone que ese fantasma está hecho de alguna sustancia—ectoplasma, materia espiritual o como le quieran llamar—¿cómo llegó al video si no mediante un fenómeno físico? Los detectores CCD de una cámara digital los hicimos usando lo que sabemos de electromagnetismo o, más específicamente, de electrodinámica cuántica. Quien afirme que logró capturar en video a un fantasma está haciendo la declaración, quiera o no, de que la electrodinámica cuántica está mal, incompleta o que, sin querer, automáticamente incluye también a la electrodinámica ectoplásmica. Tenemos los libros con las ecuaciones detalladas que, los creyentes dicen, están mal o incompletas. Pero curiosamente nunca pueden decir cuáles, ni en qué.

Llama la atención, hablando de electrodinámica cuántica, cuánto las creencias en lo sobrenatural dicen basarse en ciencia, cuando es ésta la que más las contradice. En un debate en Caltech en 2006, el confundidísimo charlatán Deepak Chopra se la pasó vomitando ensaladas de palabras con aderezo cuántico y no se le ocurrió que había entrado a una madriguera de físicos teóricos. En la sesión de preguntas, el físico Leonard Mlodinow lo confrontó (muy amablemente), diciéndole "...entiendo lo que significa cada una de las palabras que dices, pero todavía no entiendo de qué estás hablando". Obviamente, Chopra no pudo hacer más que cambiar de tema con más ensaladas de palabras, sobre el infinito y quién sabe qué más:


La lección de la mecánica cuántica—que ya exploraremos aquí en AutóMata—no es, ni de cerca, que el materialismo esté limitado u obsoleto. Al contrario, como todos los descubrimientos científicos, la lección es que el mundo material es mucho más interesante que cualquier superstición "espiritual" que se le pudiera ocurrir a un humano. Una y otra vez, la explicación de un fenómeno resulta ser un patrón en el mundo natural. No hay una sola explicación natural de un fenómeno que haya sido reemplazada por otra explicación sobrenatural mejor. En toda la historia de la humanidad, ni una.

Cada vez que lo sobrenatural tiene la oportunidad de ganarse un Nobel de física, química o medicina, fracasa. Todo lo que se pudiera explicar proponiendo la existencia de lo sobrenatural puede explicarse, con menos suposiciones y muchísima más evidencia, proponiendo la existencia de gente confundida. Los videntes, por alguna razón, no se ganan la lotería; por la misma razón, los curanderos no se acercan ni por accidente a una sala de quemaduras o amputaciones en un hospital.

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Sobra decir que el alma no existe tampoco, siguiendo el mismo modo de argumentación aplicado a los fantasmas: ¿cómo puede una entidad física, como el cuerpo humano, interactuar con algo no-físico, como el alma? Algún componente físico es necesario para, digamos, mover un brazo o abrir los ojos, porque estos movimientos son físicos. ¿Cómo "empuja" o "jala" el alma a los mecanismos del cuerpo o el cerebro, si no está hecha de nada físico? ¿Qué está haciendo el alma que no haga por sí solo el cerebro?

Ya que andamos en eso, sabemos que la mente (a veces usada como sustituto del alma) es una función del cerebro. Es un proceso físico, o químico o biológico, si así lo prefieren, que es ejecutado por el cerebro. Faltan muchos detalles, pero aún lo más burdo de lo que sabemos es ya incontrovertible: dañas al cerebro y dañas a la mente. Si no, ¿qué creen que hace el Alzheimer? ¿Qué creen que hace una lobotomía? ¿Cómo creen que funciona la anestesia?

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Aunque todo se pueda reducir, en principio, a objetos y mecanismos de física fundamental, esto no siempre es lo más práctico. La física de partículas debe ser consistente con, digamos, la economía, pero sería imposible e impráctico tratar de derivar la economía a partir de la física de partículas. Afortunadamente, puede describirse el mundo en términos perfectamente naturales a distintos niveles, algo que el físico Sean Carroll llama naturalismo poético. Por ejemplo, podemos hablar de un smartphone como un dispositivo con un cierto sistema operativo y aplicaciones, o como una colección compleja de circuitos integrados y otros componentes electrónicos, o como moléculas y partículas fundamentales. Todas las descripciones son válidas y equivalentes. En el naturalismo poético, algo es "real" si juega un papel esencial en una descripción natural coherente.

Lo que conecta un nivel de descripción natural con otro es la emergencia, en el sentido de emerger, definida como la presencia de propiedades en una descripción natural que no se encuentran en otra descripción más fundamental. Un caso fácil de entender es la temperatura de un objeto, propiedad que emerge de la energía cinética de las partículas individuales que lo componen pero que no existe en ninguna de ellas (es un sinsentido hablar de la temperatura de una sola molécula). Una vez que uno se ubica en un nivel que en principio se puede derivar de otro más fundamental, puede tomar sus propiedades básicas como fundamentales y seguir describiendo al mundo en ese nivel sin problema. En principio, todas las propiedades de un nivel de descripción se podrían derivar de los niveles que le son más fundamentales (algo conocido como reduccionismo), pero no es necesario hacerlo para empezar a estudiar. El concepto de temperatura se usó, incluso de manera científica, mucho antes de que se supiera su origen en la energía cinética de las partículas.

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En nuestras vidas diarias, inclusive los naturalistas más radicales nos movemos con propósitos, tomamos decisiones, planeamos para el futuro, tratamos de darle sentido a lo que hacemos. Ninguna de esas cosas existe en las descripciones naturales del mundo, especialmente las más científicamente rigurosas, a ningún nivel. El filósofo Wilfred Sellars propuso que una visión moderna de lo que hace la filosofía es reconciliar, en la medida posible, el mundo como se nos manifiesta con el mundo como realmente es. Los humanos nos contamos historias, le atribuímos sentido a nuestra existencia y la de los demás, sentimos, pensamos, planeamos para el futuro. Las partículas fundamentales, obviamente, no.

Al principio mencioné que no había que confundir el naturalismo con el naturismo: la creencia de que lo natural es bueno y que es una falacia sumamente común, irónicamente, entre quienes veneran a lo sobrenatural. Saber cómo son las cosas no nos dice nada acerca de cómo deberían ser, y por lo tanto explicar que algún fenómeno sea natural no implica excusarlo : la violencia parece ser parte de la naturaleza de todos los primates, incluyéndonos a los humanos, pero hemos optado por usarla cada vez menos y, (casi) todos estamos de acuerdo, eso es bueno.  También hemos manipulado a lo natural para deshacernos de la viruela, y para aprovechar la física y la química para producir energía que de otra manera no existiría.

El filósofo y físico Tim Maudlin cuenta una parábola interesante. Imaginemos que hay dos jugadores de ajedrez, hombre y mujer, que son pareja  y tienen una hija. Deciden inculcarle el juego cuanto antes, enseñándole todo lo que pueden, llevándola con maestros e inscribiéndola en torneos. Tienen grandes visiones y ambiciones para su hija como ajedrecista y sí, la niña se hace muy, muy buena para el ajedrez. Pero hay un problema: a ella no le gusta el ajedrez. Le parece solo un juego aburrido e inútil. Ella quiere hacer otra cosa, dedicarse a algo más. Quizá las artes, o una ingeniería o lo que sea, menos ajedrez.

¿Concluiríamos que su vida carece de propósito, por haber rechazado el plan de sus creadores? ¿Y qué si hubiera sido libre, desde el principio, de hacer su propio propósito? En un mundo puramente natural, no existe propósito, ni bien ni mal, aparte del que nosotros hagamos. ¿Y para qué queremos más?

La gente creyente en espiritualidad o religiones no se imagina cómo sería vivir así, libre. Los filósofos existencialistas consideraban una especie de absurdo tener que enfrentar semejante situación (que, por cierto, consideraban la situación real). ¿Por qué levantarse por la mañana—preguntan—si todo esto es para nada? ¿Por qué vivir en lo absoluto, si todo terminará y, además, terminará en la nada? Como dijo Albert Camus, ¿debería suicidarme o tomarme un café?

Con una visión natural del mundo, uno se levanta por la mañana por la misma razón que todos los demás: porque tiene el estómago vacío y la vejiga llena. Eso, y para tomar café. Y para hacer cosas que nos gustan o nos pagan dinero. Inclusive la gente que tiene pósters de Camus y Nietzche en su cuarto lo hace. Conocer cómo funciona el mundo es lo que nos permite manipularlo a nuestra conveniencia y disfrutarlo, le importe o no a quien sea, o a nadie. Aparte de lo que digan las leyes fundamentales del universo, nada es obligatorio ni está prohibido. No tenemos que hacer nada aparte de lo que decidamos hacer.

Que nuestras vidas sean finitas no implica, de ninguna manera, que sean poco valiosas, sino al contrario. Deberíamos, ya que estamos aquí, aprovechar. Nadie escucha una pieza de música genial, como una sinfonía, y a mediados del tercer movimiento dice "Ah, pero esto no tiene caso, porque llegará el cuarto movimiento y luego se terminará. Buuu." Por otro lado, en la peor miseria humana, a nadie le consolará que le digan "Lamento lo de tu cáncer, niño, pero no te preocupes, porque es para nada y luego se acaba." Precisamente porque estamos en un mundo puramente físico, estas experiencias son reales. Cuando alguien muere, realmente se muere. La vida no es una ilusión, ni un ensayo para el número estelar que le sigue. Este es el número estelar. Tenemos todo por ganar—o perder—si lo entendemos así.

2019-11-17

Sí a la Justicia, No a la Justicia Social



El término “justicia social” suena bien, al menos a primera vista. Pero me preocupa, por lo que he estudiado de la situación cultural y política en Estados Unidos y Europa, y que sigo de cerca desde algunos años. Ahora, en México y el resto del mundo se empiezan a adoptar plenamente los errores de aquella guerra cultural y, me temo, no tenemos las instituciones ni tradiciones intelectuales necesarias para hacerle frente a la polarización que nos espera (lo de ahora no es nada comparado con lo que viene, si tengo razón).

Tomando las palabras “justicia” y “social” por separado me parece inevitable, siendo la persona de mente cuadrada y literal que suelo ser, pensar en algo así como “impartición de recompensas y castigos según se merezcan” para la primera, y “a nivel de grupos a gran escala” para la segunda. Pensé que de lo que se trataba esto de la civilización—y ciertamente de la civilización desde la Ilustración—era dejar de lado culpar o recompensar a grupos enteros de personas basándonos en sus características más superficiales, que necesariamente son las únicas que se pueden discernir a nivel social. El sueño de Martin Luther King, de que sus hijos fueran juzgados no por el color de su piel sino por el contenido de su carácter, parece ahora ingenuo.

Seguramente, me digo, los chairos (equivalentes latinos a los Social Justice Warriors en E.U.) no quieren realmente recompensar o castigar gente basándose en raza, sexualidad o clase socioeconómica, y en realidad estoy entendiendo mal. Pero cada vez que tienen oportunidad de explicar qué es lo que sí están diciendo, confirman que no son menos racistas, inconsistentes ni hipócritas que sus homólogos de derecha. No les interesa combatir el racismo, sino solamente cambiarlo de dirección (para esto, hablen con ellos de cualquier cosa que tenga que ver con Estados Unidos o Israel y verán a qué me refiero). No les interesa ayudar a poblaciones marginadas como los indígenas a salir de su predicamento, sino que quieren glorificar y romantizar su marginación y rezago. Es como observó Christopher Hitchens acerca de la fraudulenta Madre Teresa: no ayudó a un solo pobre porque no era amiga de los pobres, sino de la pobreza.

Y no anticipan, ni de lejos, que muchas de las cosas que creen (muchas buenas, por cierto) como el empoderamiento de las mujeres, el respeto a la diversidad sexual y el combate al racismo, se van a estrellar contra un duro muro de disonancia cognitiva cuando descubran que entre los indígenas hay más misoginia, homofobia y racismo que en el típico panista “blanquito” que tanto odian. ¿Y qué van a hacer entonces? Quizá recurran a las maromas que tienen que recurrir los SJWs cuando tienen que hablar sobre el Islam, redefiniendo las palabras y adoptando de lleno el relativismo moral. La educación, la democracia, la ciencia y la libertad no aplican para la gente prietita, al parecer. Supongo que pronto lo veremos.

La politóloga de Harvard Amy Wax cuenta una historia que llama “La parábola del peatón”. Imagine que un peatón camina por la calle, siguiendo las reglas a la perfección. Cruza por las esquinas solamente cuando el semáforo se lo indica, cede el paso cuando le toca, voltea hacia ambos lados, no tira basura, ayuda viejitas a cruzar y todo. Desafortunadamente, un tipo manejando distraído o hasta ebrio, se pasa un alto y atropella a este inocente peatón, que sobrevive pero queda con lesiones gravísimas. El conductor resulta ser rico, y podría compensar económicamente a la víctima sin problemas. Está arrepentido y dispuesto a reparar el daño en cuanto pueda y, para la fortuna de todos, los médicos dicen que el atropellado se recuperará, aunque con algunas cirugías y mucha, mucha rehabilitación.

Pero la rehabilitación la tiene que hacer, precisamente, el atropellado. Por más que pague el conductor irresponsable, por más que viva con la culpa de lo que le hizo al pobre peatón, y por más que se le condene a cárcel, multas o estigma social, es la víctima la que tiene que pasar por las cirugías y la terapia física. Todo el castigo del mundo será inútil si no cumple con sus sesiones de rehabilitación y, eventualmente, supera lo que le pasó.

La “justicia social”, entonces, parece que pretende reparar todos estos incidentes de atropellos castigando a todos los conductores, hayan cometido infracciones o no, y recompensando a todos los peatones, hayan sido atropellados o no, e independientemente de su buen estatus como conductores o peatones. No solo eso: pretende castigar a los descendientes de todos los conductores y recompensar a los descendientes de todos los peatones. Esto, a pesar de que nadie escoge a sus padres, y los conductores y peatones y conductores frecuentemente cambian de lugar. Pero la justicia social, pervirtiendo su mandato de ser ciega y pareja, arrasa por igual.

Si alguien cometió atropellos contra otro, adelante, digo yo: que se le sancione y que se repare en la medida posible el daño. Que se haga justicia. Pero buscar otras víctimas inocentes, pero que sean de otro color, sexualidad o clase económica, con tal de “emparejar” la situación es un grave error y un retroceso. Nadie escoge sus padres, ni el color de su piel, ni el país en el que nació, ni su sexualidad, ni los abusos que impartieron o recibieron sus ancestros. La solución es buscar que no haya más víctimas, punto. Cambiar unos victimarios por otros no ayuda en nada.

2019-11-12

Introducción a la Cosmología



Concediendo todo sobre la humildad intelectual que la ciencia le exige a quienes la practican, y tomando en serio la idea de que todo o mucho de lo que sabemos pudiera cambiar en el futuro, es sorprendente cuanto sí sabemos. Hasta nuestra incertibumbre la podemos cuantificar con múltiples decimales de precisión. Supongo que es algo necesario para el marketing de nuestros tiempos, pero me frustra que todo acerca del Cosmos y su estudio siempre se discuta ante todo como un misterio, siendo que ya sabemos tanto. Parafraseando a Einstein, el milagro es que no hay milagros. Casi todo cuadra y, donde no, tenemos una buena idea de lo que habría que hacer para que cuadre (que esto vaya a ser fácil es otra cosa).

Mapeo logarítmico del Universo, con el presente en el centro y el pasado hacia las orillas.

*   *   *

La herramienta principal que se usa en la cosmología es la Relatividad General (RG), así que tendré que empezar por ahí. Las matemáticas necesarias para estudiarla como se debe sí son prohibitivas, pero algunos conceptos principales se pueden captar con algo de imaginación y analogía desde lo que podemos ver en el mundo cotidiano. Necesariamente tendré que cometer algunas imprecisiones que notarán los lectores que sí conozcan de la materia, pero es eso o decir nada.

Igual que en los problemas de física en la secundaria, en la RG se usan coordenadas que son útiles para calcular pero no tienen en sí un sentido físico. Si imagino ejes \(x-y-z\) a partir de donde estoy parado, éstos en general no van a coincidir con los de otra persona parada en otro lugar y con sus propios ejes. Mi "arriba" en México es algo así como "abajo y a la izquierda" para alguien en Australia. Mi "arriba" puede coincidir con alguien que está parado de frente a frente conmigo, pero mi "izquierda" es su "derecha". A fin de cuentas todas estas diferencias no son importantes a la hora de calcular los movimientos de bloques en planos inclinados, pelotas de beisbol, o la órbita de un planeta, porque todos entendemos que pudiéramos acomodar nuestros ejes de coordenadas con los de los demás girando y desplazándonos a su lugar (usando rotaciones y traslaciones, en lenguaje de físico), y la física es la misma en cualquier sistema de coordenadas.

El primer gran brinco conceptual que se hace en la RG es que el tiempo es tratado como otra dimensión de espacio. Para alinear mis coordenadas con las de alguien más, puedo hacer rotaciones y traslaciones de mi coordenada de tiempo también: lo que desde un punto en el Universo pudiera ser un movimiento en cierta distancia en \(x\) y  \(t\), desde otro pudiera ser visto como pasando por el doble de esa distancia en \(y\) y la mitad en \(t\). En otras palabras: la coordenada de tiempo, en RG, no tiene sentido físico por sí sola. Es solo otra coordenada más en una revoltura de cuatro dimensiones que llamamos espaciotiempo. Pero ojo: aunque las coordenadas no tengan sentido físico, el espaciotiempo que describen sí es un objeto físico real. Este punto será muy importante recordarlo más adelante.

Otro concepto que nos va a servir para empezar a hablar propiamente de cosmología es el uso que se hace en la RG de la curvatura. Todos podemos ver un objeto, una superfice o simplemente una línea, y apreciar si es curva o recta. Pero no es necesario ver ese objeto desde fuera: una persona pequeña viviendo sobre una superficie grande puede hacer experimentos en sus alrededores y determinar qué curvatura tiene su mundo (es por medidas así que sabemos desde hace miles de años que la tierra no es plana, por cierto). La manera más directa es dibujar triángulos grandes, con segmentos que sean lo más rectos posibles sin salirnos de la superficie. En un espacio plano (es decir, con curvatura cero), cuando terminemos y sumemos los ángulos interiores de nuestro triángulo el resultado debe ser 180°. Si nos da más, estamos en un espacio con curvatura positiva; menos, negativa.

De arriba hacia abajo: Curvatura positiva, negativa y nula. Más abajo se explica el significado de la letra Omega.

Entonces, la segunda gran idea a entender en RG es que la gravedad no es una fuerza: es curvatura. ¿Curvatura de qué? Curvatura del espaciotiempo: el objeto físico descrito por las coordenadas espaciales y temporales que mencionamos arriba. No es solamente que espacio y tiempo sean intercambiables: a diferencia de los ejes \(x-y-z\) que estamos acostumbrados a dibujar, los ejes de coordenadas en RG, incluyendo el de tiempo, además se pueden deformar. Lo que deforma al espaciotiempo es la presencia de materia o energía.

Va un ejemplo. En la física newtoniana, un objeto se mueve a velocidad constante hasta que una fuerza actúe sobre él. (Ojo que "velocidad constante" significa sin cambios en rapidez ni dirección—es igual de "constante" quedarse quieto que moverse en línea recta a paso fijo.) En su paso por el espacio, la Tierra se movería en línea recta, de no ser porque la gravedad del Sol la "jala" en su dirección, como si la tuviera agarrada de una cuerda, manteniéndola en órbita. Además, la Tierra también "jala" al Sol con la misma fuerza, aunque su efecto sobre el Sol sea minúsculo. En cambio, en RG, la Tierra sí está moviéndose a través del espacio en la línea más recta que puede a rapidez constante: pero el espacio mismo está torcido—por el Sol. Noten también que, si el Sol estuviera solo sin planetas, la deformación sobre el espacio a su alrededor sería la misma; para la gravedad newtoniana se necesitan dos objetos jalándose uno a otro, pero en RG un solo objeto puede deformar el espacio a su alrededor, esté quien esté.

La presencia de materia y energía deforma el espaciotiempo y esto es percibido como gravedad.
"La línea más recta posible" en un espacio curvo se llama una geodésica. Si han visto los mapas mundiales con rutas de vuelos entre continentes, esas rutas hacen geodésicas sobre la superficie de la Tierra. Técnicamente, las geodésicas son una distancia extrema entre puntos de una superficie, suponiendo que no te puedas salir de ella: el vuelo México-París se puede volar sobre la misma geodésica "en corto" a través del Atlántico, o también en la dirección contraria bajando hacia la Antártida, subiendo por China y bajando desde el Ártico: ambos sentidos están sobre el mismo círculo. En fin: en la RG, los objetos se mueven sobre geodésicas en el espaciotiempo a menos que una fuerza (electromagnetismo u otra cosa) actué sobre ellos. La gravedad es un efecto geométrico que resulta de torcer el espaciotiempo.
Geodésicas (líneas flechadas) sobre una esfera.
A la vez que la materia y energía deforman el espaciotiempo a su alrededor, se mueven por los caminos que éste les marca. Hay un mecanismo de feedback, por así llamarlo, entre el movimiento de la materia a través del espaciotiempo y la deformación del espaciotiempo por la materia (en física decimos que es una interacción no lineal ). Así como en física newtoniana usamos las leyes de Newton para calcular el movimiento de los objetos sujetos a fuerzas, en RG se usan las ecuaciones de campo de Einstein. En vez de tener fuerzas de un lado y aceleraciones de otro, tenemos geometría de un lado y densidad de de materia y energía del otro: \[R_{\mu\nu}-\frac{1}{2}Rg_{\mu\nu} = 8\pi G T_{\mu\nu}.\] Para estudiar RG como se debe se necesita geometría diferencial, que pueden entender como una generalización del cálculo vectorial a espacios de cualquier dimensión y curvatura.

*   *   *

Ahora sí: la cosmología moderna parte de algunas observaciones empíricas por el lado de la astrofísica, junto con algunas suposiciones teóricas que se usan para poder aplicar RG a la explicación de esas observaciones. Algunas de esas observaciones eran esperadas y otras fueron completamente sorpresivas.

Primero, desde los años 20s se encontró que había objetos masivos más allá de nuestra propia galaxia y que, en general, se estaban alejando de nosotros. Con telescopios de mayor resolución se confirmó que, además de ser galaxias enteras alejándose, las que estaban más lejos se alejaban más rápido. Usando el brillo de estrellas pulsantes conocidas como Cefeidas variables, uno puede ubicarlas en las galaxias lejanas y comparar su ritmo de pulsación con el que deberían tener si estuvieran quietas respecto a nosotros, deduciendo así distancia y velocidad. También puede hacerse esto con otras llamadas candelas estándar, que son objetos astronómicos cuyas propiedades intrínsecas como su luminosidad se conocen bien y se pueden comparar con lo que se observa en el cielo. Es el mismo caso que si uno sabe que un foco a lo lejos es de 100 Watts, por la intensidad de la luz que llega se puede deducir la distancia y la velocidad que tiene.

En una supernova de tipo Ia, una estrella enana blanca, extremadamente densa y con un campo gravitacional fuertísimo, poco a poco acumula material de otra estrella cercana. Cuando la enana blanca alcanza el punto conocido como límite de Chandrasekhar, acumula suficiente materia para colapsar, volar sus capas exteriores en una grandísima explosión, y finalmente desaparecer formando un agujero negro. A finales de los 90s se usaron las supernovas de este tipo como candelas estándar para determinar no solamente que el universo se estaba expandiendo, sino que lo hacía cada vez más rápido.  Esto fue contrario a lo que se esperaba desde que se observó el fenómeno a principios de siglo y por mucho tiempo los investigadores pensaron que habían cometido un error en sus mediciones o cálculos. Para entender lo sorprendente que es esto, imagina que lanzas una pelota de beisbol hacia arriba y, en vez de regresar, ¡se va al infinito cada vez más rápido!

Otra observación importante, que sí había sido anticipada, es la de la radiación cósmica de fondo. Esta es una radiación extremadamente uniforme que viene hacia nosotros de todas direcciones y está hecha de los primeros fotones (las unidades de luz más pequeñas posibles) que pudieron viajar libremente por el Universo. Se percibe como una temperatura de 2.7 K (unos -270 °C).

Radiación Cósmica de Fondo: Los puntos azules están 1 parte en 10,000 más fríos que los rojos.
Finalmente, la última observación importante que vale mencionar es que parece haber, tanto en galaxias como en cúmulos y supercúmulos de galaxias, muchísima más materia que la que se puede ver. Para que las galaxias giren tan rápido como lo hacen sin deshacerse, y para que los cúmulos de galaxias distorsionen el espacio a su alrededor tanto como lo hacen, debe haber mucha más materia que la que podemos detectar con telescopios.

El anillo deforme que se ve alrededor de las galaxias en el centro de la imagen es resultado de que éstas forman un lente gravitacional. El anillo es materia que está detras de las galaxias, mucho más lejos, y podemos verla porque las galaxias hacen un efecto de lente.
Todas estas observaciones son el punto de partida para lo que se conoce como el modelo cosmológico \(\Lambda\)CDM ("Lambda-CDM"), que es básicamente el consenso al que han llegado los cosmólogos modernos y que se encuentra todavía en proceso de completar.

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Como habrán imaginado, el punto inicial del modelo \(\Lambda\)CDM es el Big Bang. Sin embargo, hay que aclarar que, aunque la evidencia de arriba y mucha más que omití por cuestión de tiempo apunta abrumadoramente a que este evento definitivamente sucedió, la cuestión de si fue el principio absoluto no está decidida todavía. Por ahora, usando RG y algunas extensiones teóricas razonables, podemos llegar a unas billonésimas de segundo después del tiempo \(t = 0\) sin mayor problema. Los problemas comienzan cuando uno recuerda que la RG es una teoría clásica, es decir, no toma en cuenta los efectos cuánticos que deberían ser relevantes a energías grandísimas o, lo que es equivalente, distancias pequeñísimas.

Si tomamos la RG tal como está y no agregamos ninguna consideración cuántica, el Big Bang es una singularidad : un punto en el que la teoría está simplemente mal definida. Esta singularidad es inevitable en un Universo modelado clásicamente solamente con RG y marca un punto en el que nos topamos con pared y no podemos seguir. Casi ningún cosmólogo profesional cree que este sea el fin de la historia, sino que hay que lograr una teoría de gravitación cuántica que junte RG con mecánica cuántica o, mejor dicho, con la Teoría Cuántica de Campos. Está planeado abordar ese tema aquí en AutóMata (de eso se trató mi doctorado), pero hacerlo ahora sí nos desviaría mucho.


Afortunadamente, hay mucho material por discutir si cubrimos la historia del Universo de unas billonésimas de segundo después del inicio hasta ahora. Para empezar, uno puede rebobinar la película del Universo y deducir que, si las galaxias están alejándose unas de otras, en el pasado debieron estar más cerca y, más hacia el pasado, toda su materia estaba concentrada toda en un solo lugar infinitesimal. Pero aquí hay una trampa sutil en la que casi siempre caen los inexpertos: no había un "espacio vacío" que fue llenado por las galaxias. Es el espacio mismo el que se expande y, en ese sentido, el Unvierso siempre ha sido infinito. No había nada afuera, porque es un sinsentido estar "afuera" del espacio. Una cosa es moverse a través del espacio y otra es que el espacio se mueva. Esto sí va a ser difícil de explicar, pero va un intento:

Imagine la superficie de una esfera que se pueda expandir, digamos algo como un globo. Cualquier trayectoria que pueda dibujar con un plumón sobre el globo puede seguir para siempre, dando vueltas, aunque se cruce con los trazos que ya había dibujado. No hay una "frontera" donde deba toparse el plumón y terminar de rayar. Esta propiedad no cambia por más que se infla o desinfla el globo, suponiendo que su plumón puede ser tan fino como quiera y tiene tinta infinita. Ahora es donde va a fallar la analogía y no hay de otra mas que aprender geometría diferencial: lo que hace la superficie del globo lo puede hacer un volumen de cuatro dimensiones, sin que tenga interior o exterior como el globo. Lo siento. A veces esto se explica como chispas de chocolate incrustadas dentro de un pan que se infla cuando se cocina, pero eso tiene sus propios problemas, porque es un pan infinito de espaciotiempo.

Por eso en RG no se habla propiamente del "tamaño" del Universo en sus etapas tempranas, porque en cierto sentido el "tamaño" siempre es infinito. Más bien, hablamos de un factor de escala, que nos dice el tamaño relativo de una rebanada de universo comparada con otra rebanada anterior o posterior. La inflación cósmica propone un mecanismo mediante el cual el espacio se expandió exponencialmente en un inicio: su factor de escala crece por 1026 en trillonésimas de segundo. La inflación cósmica no es completamente aceptada por todos los cosmólogos, pero sí por una mayoría. Algunos detalles contenciosos los mencionaremos más abajo.

Lo que no hemos mencionado hasta ahora es qué significan las letras \(\Lambda\) y CDM, así que voy a pasar a eso. Lo menos difícil es CDM, que son las siglas para Cold Dark Matter, o Materia Oscura Fría. Se sabe poco de lo que es, aparte de que tiene un efecto gravitacional considerable en nuestro Universo: galaxias, cúmulos de galaxias y la estructura a gran escala del Cosmos dependen de que esté ahí. Por lo pronto, parece ser una especie de nueva partícula fundamental, no descrita por el Modelo Estándar de partículas, y tiene la propiedad curiosa de que no interactúa con el electromagnetismo: solo es detectable indirectamente por sus efectos gravitacionales. El nombre no es el más apropiado, ya que más bien es materia transparente y no oscura.


La materia oscura es indispensable para mantener unidas a las galaxias y dar forma a la estructura a gran escala del Universo, que parece una especie de telaraña hecha de galaxias. Sus efectos también se observan en la radiación cósmica de fondo.

Pasando a \(\Lambda\): en RG se usa la técnica de modelar la materia, sea una estrella o billones de galaxias, como un fluido. Desde la escala cósmica, podemos aproximar la distribución de materia en el Universo como si fuera la de partículas de un gas en una habitación. Entonces, tenemos fluidos de materia y radiación que se van moviendo dentro del Universo, arrastrados por el espaciotiempo en expansión. ¿Y cómo modelamos el espaciotiempo en expansión? ¡Pues como un fluido en expansión! También en RG, tenemos precisamente una ecuación para el modelado de fluidos: \[T_{\mu\nu} = (\rho + p) U_{\mu} U_{\nu} + p g_{\mu\nu},\] que relaciona la distribución de materia y energía \(T_{\mu\nu}\) con la densidad \(\rho\) y presión \(p\) del gas en cuestión. Si agregamos a esto la condición de que la energía de ese "gas" de espaciotiempo vacío no dependa de dónde esté ni cómo esté moviéndose, \(T_{\mu\nu} = -\rho \eta_{\mu\nu}\) (algo conocido como invarianza de Lorentz), obtenemos el curioso efecto de que el espaciotiempo vacío tiene presión de signo contrario a su densidad y, como la densidad siempre es positiva, tiene presión negativa: \( p = -\rho \) ¿Y qué significa esto? ¡Pues que el espacio vacío se expande!

Separando la presencia de materia y la de espaciotiempo en las ecuaciones de campo de Einstein, la energía del espacio vacío aparece como un término extra, que es la famosa \(\Lambda\)  correspondiente a la constante cosmológica: \[R_{\mu\nu}-\frac{1}{2}Rg_{\mu\nu} +\Lambda g_{\mu\nu} = 8\pi G T_{\mu\nu},\] una especie de "antigravedad" que en vez de juntar, separa. Así, hemos cubierto las letras del modelo \(\Lambda\)CDM.

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El escenario entonces es el siguiente: a partir del Big Bang, hace unos 14 mil millones de años, el espacio se ha estado expandiendo. Al principio, la materia y la radiación dominaron y mantuvieron la expansión relativamente lenta pero, a medida que se fueron diluyendo, la expansión del espacio vacío les empezó a ganar y el ritmo aumentó. Unos 380 mil años después del principio la materia estaba suficientemente diluida para permitir que la luz pudiera viajar, y esa luz hoy la vemos como radiación cósmica de fondo.

Durante millones de años, conocidos como la etapa oscura, hubo materia pero todavía no en forma de estrellas y galaxias. A medida que la materia se juntó por gravedad surgieron las primeras estrellas, unos 400 millones de años después del principio. Desde entonces, las estrellas han estado formando elementos pesados y reciclando material, aunque cada vez más queda atrapado, poco a poco, en agujeros negros. Contando toda la materia como su equivalente en energía, actualmente el Universo está compuesto por un 70% de energía oscura (la del espacio vacío), un 25% de materia oscura (esa que es más bien transparente) y menos del 5% de materia bariónica, es decir, la que está hecha de las partículas "normales" como átomos y sus componentes.

La cantidad total de materia en el Universo, incluyendo materia y energía oscura, será la que determine qué pasará a partir de aquí. Más específicamente, lo que importa es la densidad de materia, usualmente indicada por la letra griega \(\Omega\) (Omega). Cuando la densidad es menor que 1, nos encontramos en un Universo con curvatura negativa (o abierto); \(\Omega\) mayor que 1 indica un Universo con curvatura positiva (o cerrado); \(\Omega\) exactamente igual a 1 indica un Universo plano.

Hasta ahora, los mejores datos empíricos (midiendo triángulos cósmicos y analizando la radiación cósmica de fondo) apuntan a que la combinación de materia "común", materia oscura y energía oscura resultan en un valor de \(\Omega\) de prácticamente 1, hasta unos cuatro o cinco decimales. Parece ser que la atracción gravitacional debida a la materia es exactamente compensada por la expansión del espacio vacío. En términos prácticos, esto se traduce a un Unvierso plano que se expande para siempre.

Desde un punto de vista un tanto más filosófico, resulta interesante que nos encontremos justo en el punto en el que podemos apreciar nuestra situación. No tenemos la seguridad de que el Universo sea plano porque no había de otra, o porque justo ahorita que lo observamos es así, pero no siempre lo fue y quizá en un futuro no lo será. De cualquier modo, a medida que el Universo se expanda más y más, los objetos más lejanos dejarán de ser visibles y no quedará rastro de ellos. Esto es porque, aunque uno no puede viajar a través del espacio más rápido que la luz, el espacio sí puede expanderse suficientemente rápido para que ni siquiera la luz alcance a atravesarlo en un tiempo finito.


Sí existen algunos modelos de Universos cíclicos, en los que algún mecanismo aún desconocido pudiera hacer que la expansión disminuyera y se revirtiera, haciendo que el Universo "colapse" y luego "rebote" en un Big Bang nuevo. Entre cosmólogos profesionales no son muy populares estos modelos, pero no están del todo descartados tampoco. Otros modelos no son exactamente cíclicos, sino simétricos, en el sentido de que el Big Bang fue un evento único pero quizá con distintas direcciones:
Habíamos mencionado también al proceso de inflación cósmica. Éste también tiene sus propios problemas, como que parece un tanto ad hoc, y sus versiones más robustas que encajan bien con los datos también requieren que la inflación sea constante o, más bien, eterna. Dependiendo de cómo se interprete esto, una implicación puede ser que haya múltiples Universos, quizá con condiciones distintas, incluyendo física distinta, pero en principio imposibles de explorar. Esto ha propiciado un debate entre quienes abogan por seguir la teoría lleve hasta donde lleve, y quienes la acusan de bordar en la pseudociencia.

Por lo pronto, el escenario más probable a futuro es que nuestro Universo se expanda cada vez más, que las estrellas agoten su combustible y que más materia caiga en agujeros negros. En unos 1060 años estaremos en un mundo oscuro, donde los únicos habitantes serán agujeros negros lentamente evaporándose. Incluso esos objetos desaparecerán en unos 10100 años, dejando un vacío frío y oscuro con algunos fotones de bajísima energía, dispersos, para siempre. A este escenario se le conoce como la muerte térmica o entrópica del Universo.

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De aquí en adelante la cosmología tiene varios problemas en su agenda. Primero, establecer o descartar a la inflación cósmica como una teoría válida; después, incorporar, cuando se tenga, una teoría cuántica de la gravitación para poder tener certeza sobre los primerísimos momentos del Universo. Por el lado empírico, hay que recabar y analizar los datos que recolectarán los nuevos telescopios espaciales y terrestres para poder afinar aún más lo que sabemos y poder descartar algunos modelos. Cualquiera de estas tareas representa empleo de tiempo completo para físicos e ingenieros por varias décadas más.

2019-10-28

Harari 3: El liberalismo en crisis



Tras algo de introspección, he elegido la discusión libre en vez de la auto-censura. Sin criticar al modelo liberal, no podremos reparar sus fallas ni avanzar más allá de él. Pero por favor note que este libro solamente pudo ser escrito gracias a que la gente todavía es relativamente libre de pensar lo que quiera y expresase como desea. Si valora este libro, también debería valorar la libertad de expresión.

— Y. N. Harari, 21 Lessons for the 21st Century

En este momento hay grandes protestas alrededor del mundo, en democracias consolidadas y otras naciones que quisieran serlo. Uno puede recurrir a los periodistas, politólogos y otros expertos para entender los detalles de cada una de estas situaciones y tener un buena idea de qué está pasando en cada caso. (Aquí en AutóMata están en la agenda varios libros sobre esto, como The Strange Death of Europe de Douglas Murray, The Road to Unfreedom de Timothy Snyder y Why Nations Fail de Acemoglu y Robinson.) Pero las razones de fondo, al estilo de un observador extraterrestre que no está viendo los detalles particulares de cada situación, sea Chile, Líbano o Hong Kong, sino los fundamentales—los de la humanidad—no las encontrará en un típico artículo o programa de análisis político. Por fortuna, hay entre nosotros algunos humanos cuasi-extraterrestres como Yuval Noah Harari que a eso se dedican, como en su libro 21 Lessons for the 21st Century.

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El cronocentrismo es la percepción de que el momento actual es particularmente especial. Casi siempre es un error, si tomamos en cuenta la historia de la humanidad a gran escala. Por miles de años, las cosas fueron, básicamente, iguales. Si uno nacía en el año 1100, podía mirar doscientos o trescientos años en cualquier dirección y ver, básicamente, lo mismo. Los mismos sistemas políticos, las mismas historias de héroes y villanos, el mismo arte, la misma tecnología, si se le pudiera decir así. Uno podía predecir qué iba a ser necesario hacer o conseguir para que sus hijos pudieran estar igual o mejor y era fácil ser política y socialmente conservador, porque adaptarse al cambio no solamente era innecesario, sino que el cambio en sí era impensable. Había un rey amparado por un dios, una nobleza, y fieles súbditos que trabajaban para ellos a cambio de protección del otro rey, amparado por otro dios que estaba con sus súbditos en el reino de al lado. Sabiendo eso y un oficio, una persona común ya sabía prácticamente todo lo que se podía saber.

Todavía hace unas décadas, este modelo era suficiente. El paso del cambio aumentó desde la Revolución Científica, pero todavía era manejable. Uno no usaba las mismas herramientas para dedicarse a los mismos oficios que sus padres, pero básicamente había un cambio importante una vez por generación, cuando mucho. Era posible, en la mayoría de las profesiones y oficios, pertenecer a una familia que se dedicaba a lo mismo desde hacía siglos, ya fuera la agricultura o las leyes. Uno cambiaba los animales por tractores y las máquinas de escribir por computadoras, pero la naturaleza del trabajo era básicamente la misma.

Al alba del siglo XXI, esto ya no es cierto. Dejarse llevar por las corrientes del cambio es una receta para el naufragio seguro. Esto sí es, sin duda, un momento único en la historia de la humanidad. El liberalismo derrotó primero al fascismo y luego al comunismo, y parecía ser la única opción viable. Ahora, es el liberalismo el que está entrando en crisis, en parte debido a la misma abundancia material que facilitó. Aunque la crisis empezó hace décadas, los síntomas más agudos se han visto desde las elecciones en EU y Reino Unido en 2016. No parece haber una opción más disponible en caso de que falle el liberalismo.


Solía ser que el liberalismo tenía como protagonista a la persona común, valorando su libertad, su voto, su trabajo y su bienestar, a diferencia del fascismo y el comunismo. No era perfecto, pero el liberalismo ofrecía una marcada diferencia para bien ante los otros sistemas políticos, y la persona común en una democracia liberal podía confiar en que el futuro iba a ser mejor. Pero ahora, los temas en la agenda de la humanidad están muy alejados no solamente de la comprensión de la persona común, sino de las personas comunes en sí. El mundo está avanzando tan rápido que la gente ordinaria es completamente ignorada o, en el mejor de los casos, arrastrada por asuntos que le parecen remotos o incomprensibles, como la automatización, la inteligencia artificial, las criptomonedas, la bioingeniería y otros temas altamente especializados.

Antes, la tecnología desplazaba a los humanos en labores físicas y los humanos se adaptaban enfocándose a labores cognitivas. Pero una vez que éstas ya se deleguen a algoritmos e inteligencia artificial, no queda claro qué labor humana todavía será necesaria. En el pasado, inclusive los gobiernos fascistas y comunistas más autoritarios necesitaban cuidar algo a su gente: las necesitaban para que produjeran, que lucharan, que se reprodujeran. Con gran organización y valor, era posible coordinarse para hacer un paro y exigir mejoras en las condiciones de vida. Por más drástica que fuera la situación, uno podía refugiarse en que el régimen no los podía fusilar a todos y, por más censura y mano dura que aplicara, no podía leerles los pensamientos. Los disidentes escuchaban estaciones de radio extranjeras o tenían sus propias publicaciones clandestinas mientras se presentaba la oportunidad de cambiar de régimen o, al menos, de huir de él. En las sociedades democráticas, además se podía cambiar de rumbo mediante el voto.

¿Pero qué pasa con la gente común cuando ya es necesaria para nada? Si la innovación solo está al alcance de un puñado de genios, si la producción está hecha cada vez más por las máquinas y algoritmos que estos mismos manejan, y si las decisiones las toman élites que no necesitan responder a lo que la gente quiere, ¿qué queda para la persona común que ve su vida estancarse? Alrededor del mundo, la gente siente cada vez más que ya no es importante su voto ni su trabajo. Sí, tienen una máquina de entretenimiento instantáneo en su bolsillo, pero no entienden ni cómo funciona ni cuál fue su papel, en la sociedad, para ayudar a producirla. Al menos en el fascismo y el comunismo quedaba claro el lugar de uno en la lucha por defender al régimen o, más bien, en la lucha por defenderse de él.

* * *

Al mismo tiempo que son cada vez menos relevantes, los humanos pueden ver las diferencias entre distintos países y culturas, y están votando cada vez menos con las boletas y cada vez más con sus pies:
En mis viajes a través del mundo he encontrado mucha gente que quisiera emigrar a los Estados Unidos, Alemania, Canadá o Australia. He encontrado a algunos que quisieran ir a China o Japón. Por ahora no me encontrado con una sola persona que sueñe con irse a vivir a Rusia.
Mientras que la humanidad se enfrenta a los tres grandes problemas de disrupción tecnológica, cambio climático y la persistente amenaza de aniquilación nuclear, también está atorada con el viejo sistema político diseñado para actuar solamente cuando las cosas cambian lentamente y se ha logrado un consenso abrumador sobre el camino a seguir. Pueden ver cómo la tecnología cambia todo a su alrededor, pero también ven cómo sus gobiernos siguen iguales y sus niveles de vida también.

Ante la desesperación y la incertidumbre, los que pueden irse a los lugares donde las cosas son mejores lo hacen; los que ya están en esos lugares, percibiendo que no hay alternativas para salir de su estancamiento, y desconfiados de los recién llegados, ya no saben qué hacer. Resurgen los candidatos que prometen hacer las cosas simples como antes, cuando la gente ordinaria entendía cuál era su lugar y cuáles eran las reglas para asegurar que sus hijos vivieran mejor que ellos. En particular, tienen atractivo los candidatos que ofrecen volver a una política nacional, en la que no sea necesario pensar en las complejidades del mundo moderno global.

El nacionalismo tiene su lado bueno: para empezar, permite la cooperación con millones de extraños, que de otra manera sería imposible. Los países sin un sentido nacional fuerte se desmoronan, como es el caso de Afganistán, Congo, Somalia o Irak. Pero aún así,
Ahora tenemos una ecología global, una economía global, y una ciencia global—pero seguimos atorados con política a nivel nacional.
[…]
En el Siglo XXI, para cuidar de tus compatriotas, debes cooperar con extranjeros. Así que ahora los buenos nacionalistas deberían ser globalistas.
Ningún país puede, por sí solo, manejar la disrupción tecnológica. No hay muros ni políticas migratorias que mantengan fuera los gases invernadero ni la radiación nuclear. Es imperativo evitar que lleguen al poder políticos que no entiendan esto.

En el Siglo XXI, nos enfrentamos a tres tipos generales de problemas:

1. Problemas técnicos: ¿cómo debemos hacer las cosas?
2. Problemas políticos. ¿cuáles cosas deberíamos hacer?
3. Problemas identidad: ¿a quién nos referimos con “nos”?

Dividir al mundo en naciones, cada una resolviendo estas cuestiones por su lado, ya no es factible. Ningún nacionalismo tiene una respuesta para los problemas urgentes que enfrentamos, y ciertamente ninguna religión la tiene tampoco. ¿Cuál es la postura musulmana acerca de la inteligencia artificial? ¿Y la cristiana?

* * *
Por miles de años, filósofos y profetas nos han exhortado a conocernos a nosotros mismos. Pero este consejo nunca había sido tan urgente como en el Siglo XXI porque, a diferencia de los tiempos de Laozi o Sócrates, ahora tenemos competencia seria.

¿Qué sí podemos hacer ante todo esto?

Por ahora estamos en una etapa de transición, en la que todavía hay algo de trabajo hecho con manos y mentes humanas, aunque sea cada vez menos relevante, y los votos todavía cambian a los gobernantes, aunque casi todos sean iguales. Estamos pasando por un umbral de acceso a la información que todavía se puede, con algo de esfuerzo, procesar. Estamos a tiempo de evitar una distopía y asegurar nuestra superviviencia como especie.

Para empezar, debemos recordar que la desinformación y la propaganda no son fenómenos nuevos. El ejemplo más fácil es la religión, pero también los gobiernos se han dedicado a las fake news. Recordando lo explicado en Sapiens (episodio 2), hemos prosperado como especie gracias a nuestra capacidad para crear y creer historias. Ahora, ante la abrumadora cantidad de historias que nos inunda, debemos estar preparados para valorar la información de la que nos alimentamos—esto es, valorarla con dinero; y segundo, debemos estar dispuestos a esforzarnos por leer la ciencia correspondiente a los temas que nos interesan. A su vez, los científicos tienen que mejorar más la comunicación de su trabajo a la población. Como decía Carl Sagan, vivimos en un mundo cada vez más dependiente de la ciencia y la tecnología, en el que cada vez menos personas entienden de ciencia y tecnología.

En cuanto a nuestra capacidad de creer historias, debemos entender que no podremos, de aquí en adelante, derivar propósito o significado de ellas o, al menos, de las tradicionales. A nuestro mejor entendimiento científico, las historias religiosas, nacionalistas o tribales sencillamente no son ciertas. El Universo simplemente no funciona como una historia. La gente debe asimilar, de alguna manera, que no son una historia (y de una vez, que no tienen libre albedrío: quienes creen que lo tienen son los más fáciles de manipular). La pregunta importante no es el significado de la vida—porque no lo tiene—sino cómo aprovecharla ya que sí la tenemos.
...el verdadero misterio de la vida no es lo que pasa después de la muerte, sino lo que pasa antes.
Debemos ser especialmente precavidos con políticos que hablen de sacrificio, pureza, restauración o redención. Ante cualquier político, debemos preguntarle cuál es su propuesta para lidiar con el cambio tecnológico, el climático, y la amenaza nuclear. Los candidatos que no puedan articular una visión clara y global sobre estos tres temas deben ser descartados. En general,
… yo confío más en quienes admiten ignorancia que quienes dicen tener todas las soluciones. Si quieres que tu religión, ideología o visión del mundo lidere el mundo, mi primer pregunta para ti es: ¿Cuál ha sido el mayor error que tu religión, ideología o visión del mundo ha cometido? ¿En qué se ha equivocado? Si no puedes contestar algo serio, al menos yo no confiaría en ti.

2019-10-14

Harari 2: El Futuro de la Humanidad


El mayor descubrimiento científico ha sido el de la ignorancia.

Dios está muerto—pero está tomando tiempo deshacerse del cadaver.

Y. N. Harai, en Homo Deus

La capacidad de los humanos para crear y compartir historias ha sido su clave para dominar al mundo. Mientras que otros animales están atorados con las verdades objetivas y subjetivas del mundo—como es en realidad y como ellos lo perciben—el ser humano tiene una tercer alternativa: la realidad intersubjetiva. Es ahí donde existen las historias que los humanos cuentan y creen. Las corporaciones, las religiones, el dinero, las leyes y los derechos no existen en el mundo más allá de la imaginación de los humanos. Estas realidades imaginadas han permitido que millones de desconocidos cooperen por fines comunes—o que peleen hasta la muerte.

Las realidades imaginadas también han facilitado la descentralización de las labores humanas, logrando que éstas se organicen en módulos altamente especializados: unos se dedican a extraer petróleo, otros a los cultivos, otros a la manufactura, algunos cuantos a la ciencia y la tecnología, otros pocos a las artes. Así, Homo sapiens ha logrado desacoplar su antigua necesidad de pertenecer a una tribu de sus contribuciones directas a ella, para bien o para mal. Gracias a las realidades intersubjetivas, la tribu de un sapiens es la que quiera: la nación, la compañía, el barrio, el partido político, el equipo deportivo.

Al mismo tiempo, el conocimiento objetivo del mundo que ha logrado Sapiens le ha permitido entender y manipular las cosas que sí existen fuera de su imaginación, en la realidad objetiva. Los humanos pueden poner satélites en órbita, erradicar enfermedades y fusionar átomos en el mundo real, no sólo en su imaginación. Poco a poco, han descubierto que la vida misma es un sistema modular también. Sus cuerpos son colecciones de máquinas biológicas altamente especializadas que trabajan en conjunto, aunque no todas sepan o entiendan de las demás.

En resumen, el actual dominio humano de la Tierra se debe a la mancuerna de sus realidades intersubjetivas con su ciencia. La evolución que siga esta combinación será lo que determine el futuro de la humanidad.

*   *   *

No es lo que parece cuando uno ve las noticias, pero en términos absolutos la humanidad nunca había estado mejor. Ahora, una guerra a gran escala entre las mayores potencias es casi inimaginable, y mucha más gente muere por las consecuencias de la obesidad que por las de la desnutrición. Las enfermedades prevenibles son, casi siempre, prevenidas, y los brotes que hay suelen ser por la necia superstición de la gente y no por la falta de capacidad técnica. Habiendo derrotado a la hambruna, la guerra y la enfermedad en términos prácticos, ahora la humanidad se dedica cada vez más a lo que sigue: lograr la felicidad y, eventualmente, la inmortalidad. Un tercer gran objetivo de la humanidad en el siglo que comenzamos será adquirir poderes de creación y destrucción comparables con los de los dioses tradicionales, convirtiendo a Homo sapiens en Homo deus.

Antes de ver cómo es que hemos llegado a este punto y cómo pudiéramos seguir hacia delante, vale la pena revisar algunas aclaraciones que hace el mismo Harari:
  • Primero, no todos los miembros de la humanidad se dedicarán a estas cosas en el Siglo XXI;
  • Segundo, éstas son predicciones históricas, no manifiestos políticos;
  • Tercero, dedicarnos a estos objetivos no significa que los lograremos; y
  • Cuarto, éstas predicciones no son profecías tanto como puntos de partida para discutir las opciones ante nosotros en nuestro presente.
Cuanto más sabemos, más podemos usar nuestro conocimiento para cambiar nuestras acciones y prioridades y, por lo tanto, el futuro. Por esto se hace cada vez más difícil hacer predicciones, ya que nuestro conocimiento mismo sobre lo que es posible afecta lo que acabaremos haciendo. Dos citas más de Harari sobre este punto:
Los historiadores estudian el pasado no para evitar repetirlo, sino para liberarse de él.
Y:
Las predicciones salpicadas por este libro son solo un intento de discutir dilemas actuales y una invitación a cambiar el futuro. 
*  *  *

Llegamos a la posición en la que estamos ahora gracias al conocimiento. A diferencia de tiempos anteriores, en los que la riqueza de una nación se determinaba sacando cuentas de todos los recursos que poseía, ahora la fuente principal de riqueza y prosperidad es el conocimiento:
Mientras que uno puede conquistar yacimientos petroleros con la guerra, no puede adquirir conocimiento así. Por lo tanto, a medida que el conocimiento se convirtió en el recurso económico más importante, la rentabilidad de la guerra bajó, y ahora ésta ocurre principalmente en aquellas regiones del mundo—como el Medio Oriente y África central—donde las economías todavía siguen los modelos anticuados basados en recursos materiales.
El conocimiento ha facilitado este desacoplamiento de la prosperidad y los recursos materiales o, mejor dicho, en el mundo moderno los recursos son inútiles sin el conocimiento (véase a Venezuela) y hay casos de países prácticamente sin recursos que son de los más prósperos (véase a Singapur o a Israel). Dicho conocimiento ha sido obtenido, en todos los casos, de hacer ciencia: comparar lo que se cree contra la realidad, ajustar, y volver a comparar. Como se vio en Sapiens, la mancuerna de la ciencia y el capitalismo fue lo que hizo la diferencia entre el mundo desarrollado y el resto.

Las explicaciones naturales del mundo—por no decir materiales—han sido las que nos han llevado a su comprensión; lo sobrenatural ha quedado mordiendo el polvo en todas las áreas. Esto nos lleva a que
[...] con la excepción de algunas subdisciplinas de la filosofía, ningún artículo en una publicación científica con revisión por pares toma en serio la existencia de Dios. Los historiadores no argumentan que los Aliados ganaron la Segunda Guerra Mundial porque Dios estuvo de su lado, ni los economistas culpan a Dios por la crisis financiera de 1929, ni los geólogos invocan Su voluntad para explicar los movimientos de placas tectónicas.

El mismo fin le ha tocado al alma [...]
Ni una sola pieza de la prosperidad que la humanidad disfruta hoy se le puede atribuir al pensamiento mágico, sobrenatural o religioso. Aún así, ser capaces de distinguir entre la realidad y la ficción, y entre la ciencia y la religión, será cada vez más vital en el Siglo XXI, y cada vez más difícil. (Aquí hay que recordar que Harari usa "ficción" y "religión" en un sentido muy amplio, que incluye a cualquier forma de relato que la gente cuente y cualquier orden sobrehumano en el que crea. Para Harari, el Marxismo y el Islam caen en la misma categoría de fantasía religiosa.)

La modernidad es mejor entendida como un pacto entre la ciencia y el humanismo. La ciencia genera conocimiento para mejorar las condiciones materiales de la humanidad, a cambio de que el humanismo se las ingenie para darle a la gente un sentido de pertenencia y propósito en sus vidas, pero sin apelar a los esquemas de las religiones tradicionales. En un Universo puramente material carente de propósito, incluso las religiones tradicionales han tenido que cambiar sus argumentos a enfoques humanistas, y hablan cada vez más de los sentimientos, deseos, pensamientos y bienestar de los humanos más que los de Dios.

En el Siglo XX, el humanismo se dividió en tres ramas principales que pelearon a muerte: el humanismo liberal, el socialista y el fascista. Tras cientos de millones de muertos, prisioneros políticos y economías devastadas, al final el liberalismo triunfó. Todavía quedan algunos adeptos a cada uno de estos grupos derrotados, o inclusive muchos, pero ya sabemos que sus ideas están en la bancarrota total, tal y como lo sabemos de las ideas de las religiones tradicionales. Esto no significa que la victoria sea irreversible, ni mucho menos que el humanismo liberal sea perfecto (de hecho el tercer libro de Harari es justamente sobre ese tema).

Aunque las religiones tradicionales, junto con el socialismo y el fascismo sigan teniendo muchos adeptos—e incluso una mayoría abrumadora—Harari nos recuerda que
Cierto, cientos de millones pueden seguir creyendo en el Islam, el Cristianismo o el Hinduísmo. Pero los números no cuentan para mucho en la historia. La historia es formada por grupos pequeños de innovadores y no por las masas retrógradas. 
Las religiones tradicionales ahora son meramente reactivas, mientras que antes eran ellas las que daban forma al mundo. No ofrecen una alternativa viable al liberalismo si lo que se quiere es mantener nuestra prosperidad, y ni se diga de aumentarla.

*  *  *

El liberalismo sí enfrentará retos en al menos tres frentes:
  • Los humanos perderán su utilidad económica y militar
  • La individualidad del humano típico perderá su valor
  • Los individuos que sí sean valiosos probablemente pertenecerán a una clase de superhumanos
La producción industrial a gran escala ya no depende de labor humano a gran escala, sino de automatización a gran escala. Antes, era necesario tener miles de empleados altamente entrenados para poder hacer algo como un coche; ahora, las plantas automotrices son prácticamente puros robots. Lo mismo ha pasado en el frente militar: es mucho más letal un escuadrón de marines, con tecnología y soporte aéreo, que una división iraquí completa. Ahora pagamos nuestro estacionamiento a cajeros automáticos y no a personas a la salida, delegamos nuestro sentido de la orientación al GPS del teléfono, y ya contamos con algorítmos que pueden redactar artículos sobre un tema dado o hasta componer música, como el siguiente coral al estilo de Bach creado por los algoritmos del compositor y programador David Cope:


No es necesario que las máquinas hagan las cosas a la perfección (aunque algunas ya se acercan): tan solo basta con que las hagan mejor que los humanos, que no es tan difícil. Los avances tecnológicos irán desplazando a cada vez más personas, hasta crearse lo que Harari llama una clase inútil de personas: gente que no solamente no tiene empleo, sino que ni siquiera hay empleos que darles, porque no los podrían hacer mejor que las máquinas que sí los pueden hacer. Si un radiólogo humano pudiera detectar el 80% de los tumores y un algoritmo detectara el 99%, ¿pagaría usted el doble, solo por darle algo qué hacer al primero? Considere entonces que esto ya se logró para el cáncer de pulmón y la neumonía.


Los humanos que sí hayan atinado a elegir profesiones difíciles de automatizar tendrán que ingeniárselas para reentrenarse constantemente, para poder adaptarse a las nuevas tecnologías o cambiar de profesión por completo. Incluso esta clase de gente útil estará delegando cada vez más funciones y decisiones a algoritmos que les indiquen qué comprar, por quién votar, con quién salir y más. Los algoritmos no nos harán sus esclavos por la fuerza al estilo Matrix o Terminator, sino que serán tan buenos para evaluar y tomar decisiones que sería una locura no hacerles caso.

En el futuro podremos ver desigualdad biológica entre ricos y pobres, a medida que nuevos tratamientos o mejoras sean disponibles a precios estratosféricos. Considere el sencillo ejemplo del acné. ¿Cómo es la vida del típico adolescente que sufre de acné, comparada con la del que no lo sufre? Si pudiera uno garantizar que sus hijos estuvieran libres de acné para siempre, con una simple intervención al momento de una fertilización in vitro, ¿quién no lo haría? ¿Y si costara uno que otro millón de dólares? Ahora imagine lo mismo para la estatura, la inteligencia o rasgos de personalidad (¡y no me vayan a salir con que estas cosas no son importantes o que no dependen en algo de genética!).

Quizá el mayor impacto de esta disrupción tecnológica sea en la política—impacto que, por cierto, ya estamos viendo. Considere esta reflexión de Harari:
Precisamente porque la tecnología se mueve tan rápido, y los parlamentos y dictadores están tan sobrepasados por los datos que no pueden procesar suficientemente rápido, los políticos actuales piensan en escalas mucho menores que sus antecesores de hace un siglo. Consecuentemente, ahora la política ya no tiene grandes visiones. Gobernar se ha convertido meramente en administrar. Manejan el país, pero ya no lo lideran. El gobierno se encarga de que se le pague a los maestros y que los drenajes no se tapen, pero no tiene idea de dónde estará el país dentro de 20 años.
El liberalismo no solamente está en riesgo porque no ofrece más que observar pasivamente cómo la tecnología lo rebasa, sino que la misma tecnología puede fortalecer a sus competidores. Otra cita, ya casi para terminar:
El capitalismo no derrotó al comunismo porque fuera más ético, porque las libertades individuales sean sagradas o porque Dios estuviera enojado con los infieles comunistas. Más bien, el capitalismo ganó la Guerra Fría porque el procesamiento descentralizado de la información es más eficiente que el centralizado, al menos en los periodos de aceleración tecnológica.
Pero ahora es posible que las mejoras tecnológicas y de cómputo hagan más fácil el control centralizado, sinónimo de autoritarismo. Estamos en un periodo crítico, en el que las tecnologías pueden usarse para la comunicación y la democratización, o para el control y la censura totales. Lo mismo puede usarse una red social para comenzar una revolución (como en Egipto) que para identificar y aplastar a disidentes en cuanto salgan a las calles (como en Rusia o Venezuela) o incluso antes (como en Turquía y China).

*   *   *

No es claro qué podemos hacer personalmente para navegar estos cambios que vienen. Quizá el mejor enfoque sea el de los antiguos estoicos: no puedes controlar lo que te pasa, pero sí puedes controlar tu reacción a ello. Esto es difícil y, en este contexto, suena alarmista o paranóico. Pero las señales de lo que viene son claras: taxistas manifestándose contra aplicaciones en México, manifestantes usando máscaras para evitar ser identificados en Hong Kong, servicios de streaming que deciden por ti lo que te gustaría ver, aplicaciones de redes sociales en tu teléfono que no puedes desactivar aunque quieras, publicidad sobre algo que mencionaste casualmente por la mañana apareciendo por la tarde, y la competencia sin fin por ser un nodo con más y más conexiones dentro de una red, sea la que sea. La individualidad de uno se pierde entre tanto "contenido". Concluye Harari:
En tiempos antiguos, tener poder significaba tener acceso a todos los datos posibles. Hoy, tener poder significa saber qué es lo que hay que ignorar.



2019-10-06

Aborto legal: un argumento sencillo



En este momento, en todo el mundo y seguramente en nuestra propia ciudad, alguien necesita urgentemente un donador de sangre. La vida de esta persona depende de que esta sangre sea recibida cuanto antes, y debe ser del tipo correcto además. Afortunadamente, existen personas que donan su sangre cuando pueden, ya sea para responder a una emergencia en particular o como parte de un ritual cívico-ético que practican con regularidad. Pueden sentirse algo mareadas o cansadas al terminar, pero al poco tiempo de donar se recuperan por completo y tienen la satisfacción de haber ayudado a salvar a alguien.

También en este momento, también en todo el mundo y en nuestra propia ciudad, alguien necesita urgentemente un donador de riñón. En general uno puede vivir con un solo riñón tan bien como con dos, aunque definitivamente no es tan fácil desprenderse de uno como lo es con la sangre. Los requerimientos de compatibilidad son aún más estrictos, y es mucha menos la gente que ofrece un riñón así nomás, por ayudar, pero sí la hay. Es un paso tan grande donar un órgano—inclusive uno que se tiene por duplicado—que mucha gente no lo hace ni cuando está muerta, aunque entonces ya no les sirva para nada y aunque haciéndolo pudieran salvar la vida de otra persona.

Habiendo estos actos tan claros de máxima virtud, y de dificultad tan baja en el caso de la donación de sangre, solo una proporción minúscula de la población los practica. Aunque se celebre merecidamente a quienes donan sangre, a nadie se le reprueba si no lo hace; y de negarse a donar un riñón, ni se diga. ¿Pero quisiéramos vivir en un país donde la donación de sangre o de un riñón fuera obligatoria, bajo pena de cárcel o siquiera una multa? Suponiendo que tal cosa fuera posible, ¿qué pasaría con la virtud que tenían esos actos? ¿La virtud debería ser obligatoria?

Si no podemos, y ni siquiera queremos, hacer que sea obligatoria la donación de sangre o de órganos, ¿cómo podemos estar a favor de que sí sea obligatoria la donación de todo el cuerpo de una mujer durante un embarazo que ella no desea, y que no dejará su cuerpo como estaba antes? No hace falta debatir embriología, ni el estatus del feto de estar vivo, de ser humano o ser persona o lo que sea. Ya concedemos todas esas cosas con personas que necesitan sangre u órganos todo el tiempo y no hacemos obligatorio, bajo pena de cárcel, salvarlas. Incluso cuando alguien resulta herido gravemente a propósito por alguien más, digamos en un crimen, no le pedimos a ese criminal que repare el daño con su sangre ni con sus órganos, ni para la víctima ni para nadie más. ¿Por qué para las mujeres embarazadas sí? Cuando se dice que la posición pro-vida es misógina, ésta es la razón.

Ahora, yo en lo particular no concedo que una docena de células sea un humano ni mucho menos una persona, pero me frustra que tanto del debate se estanque en este punto, por el argumento que expuse arriba: aún si se concede por completo el estatus de persona al producto del embarazo, esto es irrelevante para el argumento. Los argumentos a favor del aborto legal suelen ser algo abstractos, basándose en debatir lo que dicen o no la bioética o la embriología, o basándose en la autonomía sobre el propio cuerpo y la salud reproductiva. Sí, estos argumentos son correctos, pero siento que no tienen efecto sobre los opositores porque no conectan con sus intuiciones y, más importante, no les provocan disonancia cognitiva: esa sensación incómoda de que dos o más cosas que uno cree están en tensión o claro desacuerdo y que es el primer paso para cambiar de opinión.



Nota: Esta audiocolumna sí será pública, pero otras audiocolumnas de este mes serán solo para suscriptores en patreon.com/automataPodcast.